domingo, 31 de agosto de 2014

EL AMOR TENIA UN PRECIO - CAPITULO 13

El teléfono sonó cuando Shin Hye estaba sirviéndose una humeante sopa de tomate.
— Será para ti, Shin Hye —predijo Kia—Yong Hwa ha estado llamándote cada dos horas desde las diez de esta mañana. Y no, no pienso decirle que no estás.
A Shin Hye se le aceleró el pulso. Había estado deseando hablar con Yong Hwa durante todo el día. Pero no estaba segura de cómo iba a recibirla.
Shin Hye se había despertado aquella mañana alrededor de las seis y, durante unos frenéticos segundos, se había quedado desconcertada al descubrirse desnuda y en la cama con él. Pero, casi al instante, había recuperado los sensuales recuerdos de la noche anterior y había deseado, como nada en el mundo, volver a hacer el amor con él.
Pero no podía. Era sábado. Tenía que volver a su apartamento, ducharse e ir al hospital para pasar el día con Ji Min. No podía desilusionar a su hermana, le había prometido que pasaría el día con ella en el hospital.
De modo que a pesar de las protestas de su cuerpo, se había levantado y se había vestido rápidamente.
En aquel momento eran las nueve de la noche y acababa de volver a su apartamento después del largo día que había pasado en el hospital. Y Yong Hwa estaba al teléfono. Tomó el auricular y musitó un tembloroso «hola».
Incluso en la distancia, la voz de Shin Hye lo afectaba de forma visceral. Desde que se había despertado aquella mañana y se había descubierto solo en la cama, no podía pensar en otra cosa que en Shin Hye. A lo largo del día, había pasado por toda la gama posible de sentimientos: desde la preocupación al enfado. Y en aquel momento, cuando por fin la tenía al teléfono, tenía que contenerse para no gritarle cientos de preguntas.
— Me preguntaba si te apetecería salir a tomar algo —comentó Yong Hwa con una naturalidad completamente ajena a la tensión que atenazaba su cuerpo.
— ¿Esta noche?
— Sí, puedo pasar a buscarte dentro de un cuarto de hora.
Shin Hye bajó la mirada hacia sus viejos vaqueros y su sudadera. No se había maquillado y llevaba el pelo recogido en una coleta.
— ¿Podrían ser veinte?
¡A Yong Hwa le habría gustado que fueran diez!
— Pasaré a buscarte dentro de media hora —contestó con calculada indiferencia.
No quería que Shin Hye pensara que se moría de ganas de verla. Si ella había sido capaz de desaparecer durante todo el día sin darle ningún tipo de explicación, él podía mostrarse igualmente frío.
Media hora más tarde, Yong Hwa estaba llamando a la puerta del apartamento. Shin Hye se había puesto una minifalda y un jersey y se había dejado el pelo suelto. Al ver a Yong Hwa, deseó abalanzarse a sus brazos. Pero él parecía demasiado distante para tal recibimiento, así que se limitó a sonreír y a saludarlo con su tono más profesional.
Mientras Yong Hwa conducía, estuvieron hablando de banalidades.
— ¿Adonde vamos? —preguntó Shin Hye cuando agotaron el tema del tiempo.
— A mi casa —Yong Hwa tensó las manos sobre el volante— ¿Estás de acuerdo?
Shin Hye tragó saliva.
— Yo... mañana por la mañana tengo que estar en casa a las diez —susurró.
Los domingos, el horario de visitas del hospital era de doce a seis.
Yong Hwa alargó la mano para tomar la suya.
— Estarás a tiempo, te lo prometo.
Shin Hye esperaba que le preguntara por qué tenía que regresar a esa hora, o que se interesara por dónde había pasado al día. Había decidido que si se lo preguntaba le diría la verdad. Ji Min era una parte muy importante de su vida y el hecho de que Yong Hwa no supiera de su existencia limitaba seriamente su relación con él. Pero Yong Hwa no hizo preguntas y Shin Hye no iba a ofrecerle voluntariamente la información. No quería utilizar a Ji Min para reforzar su relación con él. En cuanto llegaron al departamento, Yong Hwa sirvió un par de copas de vino. Shin Hye bebió un sorbo, pero él dejó la copa sobre la mesa del café sin llevársela siquiera a los labios.
— Lo de la copa era una excusa —dijo con voz ronca—Desde que me he levantado esta mañana, tenía ganas de estar contigo. Y ahora estás aquí.
Shin Hye dejó la copa en la mesa y se levantó.
— Ahora estoy aquí, sí —dijo con la mirada resplandeciente.
Se miraron el uno al otro en silencio. Hasta que ambos se abrazaron simultáneamente y se besaron hasta quedarse sin respiración. Se acariciaban desesperadamente, alimentando el fuego de la pasión que los abrasaba.
La primera vez, ni siquiera llegaron al dormitorio. Se desprendieron precipitadamente de su ropa e hicieron el amor en el sofá prácticamente sin preliminares. Llevaban horas pensando el uno en el otro, deseándose, así que sus cuerpos estaban preparados para la consumación de aquel mutuo deseo.
— En este momento solo importan el aquí y el ahora —musitó Yong Hwa—Ni el falso compromiso, ni la compañía, ni mi familia... nada de eso tiene que ver con nosotros.
Pasaron el resto de la noche en aquel universo privado, tan absortos el uno en el otro que a la mañana siguiente la vuelta al mundo real fue mucho más dura de lo que ninguno de ellos había anticipado.
Mientras Yong Hwa llevaba a Shin Hye de vuelta a casa, iban en completo silencio. Yong Hwa la miraba de reojo, preguntándose cómo iba a pasar el día y deseando que se quedara con él. Pero no hizo preguntas. Su relación con Shin Hye estaba yendo demasiado lejos. Estaba convencido de que en realidad ella quería que se lo preguntara para poder acceder a una nueva fase de su plan de conquista. Oh, pero Yong Hwa conocía demasiado bien las tácticas manipuladoras de las mujeres para dejarse atrapar por ellas.
Shin Hye miraba las calles a través de los cristales empapados por la lluvia. Su alegría iba disipándose a medida que se acercaba el momento de la separación. Si al menos Yong Hwa le hiciera alguna pregunta... Ella quería hablarle de Ji Min. Después de la intimidad que habían compartido, le parecía absurdo seguir ocultándoselo.
Pero Yong Hwa no hizo preguntas porque en realidad no le importaba lo que hacía cuando no estaba con él, se recordó Shin Hye. Habían mantenido relaciones, sí, pero su compromiso continuaba siendo una farsa. Y cometería el error de su vida si se engañaba pensando que Yong Hwa se había enamorado de ella. Muchas mujeres confundían el amor con el sexo, pero Shin Hye decidió que no iba a ser una de ellas.
Amaba a Yong Hwa, pero sabía que él no la amaba. Y fingir lo contrario era mucho más peligroso que su falso compromiso. Shin Hye nunca se había engañado a sí misma y no estaba dispuesta a comenzar a hacerlo. Pero quienquiera que hubiera acuñado la antigua expresión «la verdad es dolorosa», comprendía perfectamente lo que estaba sintiendo.

***
Esa misma noche Jen se encontraba con algunos de sus compañeros de teatro para ensayar y Shin Hye y Kia se retiraron a leer a su dormitorio.
Poco después de las nueve, una llamada a la puerta las sacó de su concentración. Antes de que hubieran podido levantarse a abrir, la voz de Yong Hwa las sobresaltó:
— Las chicas me han dicho que estabas aquí —entró en el dormitorio sin esperar a que lo invitaran a pasar.
 — ¿Los miembros de tu clase siempre entran en una casa de esta forma? —preguntó Kia—Este es nuestro dormitorio, y podíamos no haber estado en condiciones de recibir a nadie.
— Lo siento —musitó Yong Hwa con los ojos fijos en Shin Hye. Cruzó la habitación, levantó el libro que Shin Hye tenía entre las manos y leyó el titulo  en voz alta— “Te odio. No me dejes”. Muy bueno, ¿eh?
— Pues la verdad es que sí —contestó Shin Hye sonriente.
Se alegraba de ver a Yong Hwa. Y por su forma de mirarla, estaba segura que él también se alegraba de verla, aunque jamás lo admitiría.
— ¿Por qué no te vienes conmigo?
Shin Hye se le quedo mirando por un instante.
— De acuerdo —dijo Shin Hye y dejó el libro a un lado y comenzó preparar una bolsa. Kia no dijo nada, pero la miró con abierta desaprobación.
Ni a Shin Hye ni a Yong Hwa les importó. Acababan de entrar otra vez en su mundo privado. Estaban solo ellos dos, deseándose el uno al otro.
***
Aquel patrón se repitió durante las siguientes semanas. Shin Hye pasaba los sábados y los domingos visitando a su hermana y Yong Hwa no hacía preguntas al respecto. Pero todos los sábados y los domingos iba a buscarla a su casa para llevársela a dormir a su penthouse.
A medida que iba pasando el tiempo, Shin Hye y Yong Hwa iban descubriendo nuevas dimensiones de su relación. Pasaban prácticamente todas las tardes juntos. Salían a cenar, al cine, al teatro o a conciertos siempre tomados de la mano, y de vez en cuando se reunían con otros miembros de la familia Jung.
Pero tanto Shin Hye como Yong Hwa preferían las veladas tranquilas que pasaban leyendo o hablando en su apartamento.
Las noches que pasaban juntos tenían el aura de una luna de miel. Ninguna pareja de recién casados habría sido tan atenta y apasionada como lo eran Yong Hwa y Shin Hye.
A veces les preguntaban por sus planes de boda y Shin Hye contestaba invariablemente que no tenían ninguno, que de momento estaban disfrutando de su compromiso. Pero aquella pregunta la devolvía a la cruda realidad que ella olvidaba la mayor parte de las veces: que estaba formando parte de una farsa. La vida que llevaba con Yong Hwa era maravillosa, pero estaba basada en una mentira.
En el caso de Yong Hwa, la atracción que sentía hacia Shin Hye se había hecho cada vez más fuerte. Había descubierto en Shin Hye a una mujer interesante, fascinante incluso. Y aunque no le gustaba que pasara los sábados y los domingos sin él, incluso había sido capaz de no pensar en ello.
Pero eso no significaba que estuviera dispuesto a aceptar más ausencias sin justificar. De modo que cuando la invitó a pasar el día del Chuseok con su familia y Shin Hye se negó, decidió que aquel no era momento para mostrarse comprensivo.
— ¿Por qué no puedes pasar el día del Chuseok con nosotros? —le preguntó, enfadado y sorprendido por su negativa.
— Le he prometido a mi hermana que lo pasaría con ella.
— ¡Tu hermana! —exclamó Yong Hwa con abierto desdén—Nunca la ves, ni siquiera la mencionas, ¿y esperas que me crea que  estarás con ella?
 — ¡Que no haya mencionado a mi hermana no significa que no esté en contacto con ella!
Hablaba con ella todas las noches, aunque evidentemente, Yong Hwa no lo sabía. Y no porque ella mantuviera aquellas llamadas en secreto. No, simplemente, porque Yong Hwa nunca le preguntaba con quién estaba hablando. Era evidente que ni siquiera le importaba.
— Toda mi familia espera que vengas a comer con nosotros —respondió Yong Hwa cortante—Así que basta con que le digas a tu hermana que tienes otros planes.
— ¿Y por qué no le dices tú a tu familia que tengo otros planes? —Shin Hye pestañeó para apartar las lágrimas que empañaban sus ojos—De hecho, probablemente haya llegado el momento de que vayamos preparando el terreno para nuestra ruptura —el dolor le hacía castigarlo—Tu familia debería tener indicios de que han comenzado a surgir problemas entre nosotros, para que cuando pongamos fin al compromiso no sea sorpresa.
«Nuestra ruptura». Aquellas palabras se repetían una y otra vez en su cabeza. Hasta entonces, no había pensado en ningún momento en romper su falso compromiso y se daba cuenta de lo mucho que odiaba esa idea. Se había acostumbrado a tener a Shin Hye cerca de él y de pronto Shin Hye lo amenazaba con alejarse para siempre. Estaba seguro de que Shin Hye sabía el efecto que tenía en él y estaba utilizando su deseo por ella en su propio beneficio.
— Sí, tienes razón. Habría que empezar a insinuar que han surgido problemas entre nosotros —estaba orgulloso de su tono de voz, tan frío e indiferente—Pasa el día del Chuseok como quieras. Yo intentaré fingir que estoy molesto.
Fingiría estar molesto. A Shin Hye no le pasó desapercibida aquella frase. En realidad, a Yong Hwa no le importaba con quién o cómo pasara aquella fiesta. Caramba, ni siquiera le había preguntado cómo se llamaba su hermana.
Cuando Yong Hwa anunció aquella tarde que se iba de la oficina, Shin Hye le dijo que no iba a ir a su casa con él, que quería estar en su apartamento. Aquella era la primera vez desde hacía semanas que no se iban juntos. Yong Hwa tensó los labios en una dura línea.
— Estupendo. Puedes enfadarte todo lo que quieras en tu apartamento. Y si más tarde te apetece que nos veamos, llámame y pasaré a buscarte.
Shin Hye decidió que preferiría morir a llamarlo. Levantó la barbilla y no se dignó a contestar. Yong Hwa se la quedó mirando en silencio y salió de la oficina.
El trayecto de la oficina a casa en autobús era mucho peor de lo que Shin Hye recordaba. Hacía calor, el autobús estaba abarrotado y los continuos frenazos la hicieron marearse. Achacó su mareo a la falta de costumbre, pero se sintió igual durante el resto de la noche y a la mañana siguiente, cuando se levantó, las náuseas la obligaron a correr hasta el baño.
Estaba sentada en el suelo del cuarto de baño, demasiado débil para poder siquiera moverse, cuando entró Kia.
— No tienes buen aspecto, cariño. Estás verde —se arrodilló a su lado y le puso la mano en la mejilla.
— Me encuentro fatal —gimió Shin Hye. Kia la miró fijamente.
— No te he visto mucho durante estos últimos dos meses, pero tu cara parece diferente... He visto cambios parecidos en el rostro de otras mujeres. Según la sabiduría popular, es la huella del embarazo —Kia tomó aire— Shin Hye, ¿estás embarazada?
Shin Hye se enderezó tan rápidamente que todo comenzó a darle vueltas. Volvió a apoyarse contra la pared.
— Por supuesto que no, Kia. Yo... él... siempre hemos utilizado algún método anticonceptivo.
— No hay ningún método que sea completamente infalible. Dime, ¿cuándo tuviste la regla por última vez?
Shin Hye tragó saliva. Se sentía como una adolescente.
— No tengo el período desde... En realidad... desde que me quedé a dormir en casa de Yong Hwa. Pero jamás habría imaginado... Dios mío, siempre hemos utilizado algún método anticonceptivo.
— El único método completamente infalible contra el embarazo es la abstinencia o la esterilización, Shin Hye. En fin, el tiempo nos dirá si estás o no embarazada. Ahora, métete en la cama. Yo te llevaré unas galletas saladas. Te sentarán bien.
Minutos después, Shin Hye llamaba a la oficina para decir que estaba enferma.
Yong Hwa se acercó al apartamento de Shin Hye después del trabajo. Aquel día había sido una auténtica pérdida de tiempo. No había hecho nada productivo porque no podía dejar de pensar en Shin Hye. ¿Estaría realmente enferma? Y si no, ¿sería otra de tus tácticas para atraparlo?
Cuando llegó en el coche a su edificio, la vio en la calle, junto a Jen y algunos amigos. Al verla, se emocionó. Desde la primera vez que habían hecho el amor, nunca habían pasado tanto tiempo separados y la había echado terriblemente de menos. Recorrió su rostro con avidez. Se estaba riendo, parecía animada e increíblemente hermosa. Tuvo que poner en juego toda su fuerza de voluntad para no correr a su lado a abrazarla.
Pero la desconfianza aplacó su impulso inicial. ¡Seguro que no estaba enferma! Paró un momento y observó al grupo de jóvenes durante algunos furiosos segundos, antes de pisar el acelerador y salir a toda velocidad.
— ¡Eh! ¿Ese no era Yong Hwa? —preguntó Jen. Shin Hye sintió que el corazón se le subía a la garganta.
— No sé, no lo he visto —había salido a tanta velocidad, que si hubiera sido Yong Hwa tampoco habría podido verlo.
Al día siguiente, a pesar de las náuseas, fue capaz de arrastrarse hasta el trabajo, pero el viaje en autobús la afectó de tal manera que tuvo que ir dos veces al baño antes de que Yong Hwa llegara a la oficina.
Este la miró de reojo al llegar. Shin Hye se había puesto uno de sus antiguos trajes. Estaba seguro de que lo había hecho para castigarlo, pero, aun así, al verla no pudo menos que decir:
— No tienes buen aspecto. Estás muy pálida y tienes ojeras —sintió una punzada de culpabilidad—¿Quieres que te lleve a tu casa?
— No, estoy bien. No quería perder otro día de trabajo —contestó ella, sin apartar la mirada de la pantalla del ordenador.
— Shin Hye, si estás enferma no deberías estar aquí. Podrías contagiar a todo el mundo.
— No te preocupes, lo que tengo no es contagioso.
 —Bueno, ¿entonces qué te pasa? ¿Has comido algo que te ha sentado mal?
Shin Hye rió con ironía. ¡Ojala hubiera sido así! No respondió y evitó mirar a Yong Hwa.
La frustración roía las entrañas de Yong Hwa. Tenía los nervios al límite. Dos noches sin Shin Hye y estaba a punto de convertirse en una fiera. Algo que seguramente Shin Hye sabía perfectamente. Pensando que quizá todo aquello formara parte de un plan para que su compromiso se convirtiera en algo real, Yong Hwa se metió en su despacho.
Horas después, entró el CEO Dong Hwan en la oficina. Le pidió a Shin Hye que entrara en el despacho de Yong Hwa porque tenía que darles una triste noticia.
— Hana y yo vamos a separarnos —anunció—Queríamos intentar seguir juntos por lo menos hasta el día del Chuseok, pero...
— Lo siento —musitó Shin Hye suavemente.
— ¿Se van a separar? —Yong Hwa se sentía como si acabaran de darle un puñetazo en el estómago. Hasta ese momento no había sido consciente de lo mucho que deseaba que la pareja permaneciera unida—Tío, quizá la separación sea un paso excesivamente drástico. Tía Hana y tú llevan más de treinta años casados. Tienen hijos, y nietos...
— Sí bueno... Hemos intentado arreglar las cosas, pero... —extendió las manos con un gesto de impotencia—Pero no permitas que nuestros problemas interfieran en sus planes. Que Hana y yo no estemos —tragó saliva— juntos, no significa que el matrimonio...
—Tío, ahora no tienes por qué hacernos un discurso a favor del matrimonio —lo interrumpió Yong Hwa—Para serte sincero, Shin Hye y yo estamos empezando a cuestionarnos nuestro compromiso.
— ¡Pero no es posible! Si estan hechos el uno para el otro. Yong Hwa, nunca te había visto tan tranquilo y tan feliz como ahora.
— Ustedes no eran los únicos que fingían —fue la respuesta de Yong Hwa.
Durante el resto del día estuvieron pasando otros miembros de la familia Jung por el despacho de Yong Hwa, presumiblemente para lamentarse de la ruptura de Dong Hwan y Hana. Shin Hye permaneció tras su escritorio, sin unirse a la conversación, pero estaba convencida de que Yong Hwa aprovechó la ocasión para mencionar los problemas de pareja y sus dudas sobre el compromiso. Las miradas de compasión que los miembros de la familia le dirigían al salir lo decían todo. Se marchaban pensando que Yong Hwa iba a abandonarla. Shin Hye estaba segura.
***
A última hora del día, la prueba de embarazo le dio la respuesta definitiva. Shin Hye y Kia se quedaron mirando el resultado fijamente.
— Estoy embarazada —a pesar de sus propias palabras, Shin Hye apenas podía creerlo. ¿Estaba embarazada? ¡Estaba embarazada! Estalló en lágrimas—. Oh, Dios mío, Kia, ¿qué voy a hacer?



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9 comentarios:

  1. no puede ser m quede n shok ahora yong de seguro va a pensar k shin hye se embarazo para atraparlo o algo asi xfa unnie continua m encanta l fic y estoy desesperada x saber k va a pasar...

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    1. y no solo eso!! va pensar en los fines de semana los esta pasando con otro amante uffff yongggg!!!! grrrrr

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    2. si llega a planteárselo sikiera conociendo cm s d orgullosa shin hye lo mas seguro s k renuncie se vaya y lo avandone y luego ahi cuando todo ya este perdido yong recien va a tomar conciencia d lo k hizo...

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    3. bueno tbm debemos de confiar un poquito mas en yong hwa como lo hace su abuela puede q a el le agrade la idea y termine por aceptar q esta enamorado d shin hye!!!!

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  2. omo!!!!! un pedacito de los dos crecee en el vientre de shinnie hayyyyyyyyyyyy que lindoooooo---que Bendición, a lucharrr shin

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  3. unnie please actualiza l fic no sabes cuan desesperada ya estoy x leer el siguint cap esta increible la historia...!!!

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  4. Esta embarazada .....maiuuuuu que sucederá ahora ..Unnie no demores en actualizar

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  5. unnnnieee actualiza pronto ya!!!!!! aigooo q yong no piense q shin lo esta enganado , i pensando q el bebe es de otro ......auch...

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  6. mmmmm ya me siento mareada de las vueltas que doy en la pagina buscando el numero 14 jajajaja actualice xfaaaa!!!

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