— Por fin están tocando algo decente.
Choi Jin Ho permanecía en la terraza, observando bailar a la pareja a
través de las ventanas. Estaba escondido detrás de los arbustos que bordeaban
uno de los extremos de la casa. A su lado estaba Jung Son Ha que, aunque su
familia no lo supiera, estaba perfectamente viva. Son Ha había sobrevivido al
accidente de avión, pero había decidido ser dada por muerta durante algún tiempo.
El accidente de avión tenía todos los indicios de haberse producido por un
sabotaje y tanto Son Ha como Choi Jin Ho creían que, hasta que no se
descubriera quién había sido el responsable, Son Ha estaba más a salvo muerta
que viva.
— Hacen una pareja encantadora, ¿verdad, Abogado Choi? Nunca había visto
a Yong Hwa mirando a una mujer de esa forma. Está enamorado. Y yo estoy
encantada.
— Desgraciadamente, tu nieto es un burro.
— Eso no es justo, Abogado Choi —lo regañó Son Ha—Yong Hwa es
extremadamente brillante y...
— Oh, es un genio para los negocios, pero en lo relativo a mujeres, no
es capaz de diferenciar entre la escoria y el oro. Sé que tienes muchas
esperanzas puestas en esta pareja, pero tendrás que prepararte para sufrir una
decepción, Son Ha, porque no creo que eso vaya suceder. Al menos mientras
continúe cerniéndose ese contrato entre ellos.
Son Ha suspiró.
— Por lo que me has dicho, tengo que reconocer que el contrato que Yong
Hwa te hizo redactar quizá sea insultante...
— No, quizá no. Es profundamente insultante. Si lo hubieras leído... Es
todo un ejemplo de desconfianza y cinismo y, si yo hubiera sido Shin Hye, jamás
lo habría firmado. Pero, por supuesto, ella no tuvo otra opción porque se está
haciendo cargo del cuidado de su pobre hermana.
— Me comentaste que habías ido a ese centro de rehabilitación a
comprobar cómo estaba la situación —le recordó Son Ha—¿No pretendías comprobar
si su historia era cierta? Y eres tú el que acusa a Yong Hwa de ser cínico y
desconfiado...
— Como abogado, tengo que hacer mi trabajo —se defendió Jin Ho—Y he
podido comprobar que todo lo que dijo Shin Hye es cierto. Su hermana pequeña se
rompió prácticamente todos los huesos en ese accidente de coche. Depende
únicamente de Shin Hye, que está removiendo cielo y tierra para proporcionarle
los mejores cuidados. El personal del hospital no podía haber hablado mejor de
la entrega de Shin Hye hacia su hermana.
— Pobres chicas, con lo jóvenes que son, han tenido que sufrir una gran
tragedia —musitó Son Ha—. Decididamente, Shin Hye es una mujer fuerte y
encantadora. La mujer perfecta para mi nieto.
— Es un auténtico ángel, pero Yong Hwa la trata como si fuera una
sórdida combinación de su madre y Tae Hee. Quizá con el tiempo se dé cuenta de
lo que vale Shin Hye. Quizá incluso admita que la ama, pero ya será demasiado
tarde. Además de todas las cualidades que has mencionado, Shin Hye también es
muy orgullosa y no permitirá que nadie la maltrate.
— ¿Pero qué ocurriría si ella estuviera enamorada de él, Abogado Choi?
— A veces el amor no es suficiente, Son Ha. Estoy de acuerdo en que Shin
Hye podría ser lo mejor que le ha pasado a Yong Hwa, pero él se está comportando
como un ser receloso y no creo que ella pueda...
— Tienes una muy pobre opinión sobre Yong Hwa — Son Ha frunció el ceño—Pero
yo pienso que a pesar del daño que le hizo el divorcio de sus padres y la
actitud de Joo Yuri, Yong Hwa tiene mucho amor que dar y...
— Estas leyendo demasiadas novelas, Son Ha. Yong Hwa es un hombre
amargado y es muy poco probable que sea redimido por el verdadero amor.
— No pienso oír otra palabra negativa sobre mi nieto, Abogado Choi—Son
Ha se cruzó de brazos y miró hacia Yong Hwa y Shin Hye.
Continuaban bailando muy, muy pegados, y Son Ha observó con deleite que
Shin Hye rodeaba el cuello de Yong Hwa con los brazos, proporcionando a sus
cuerpos incluso más intimidad.
— Creo que este compromiso va a hacerse real antes de que te des cuenta
y Yong Hwa te pedirá que rompas ese contrato. Estoy segura —añadió con una
determinación que Choi Jin Ho conocía perfectamente.
— Nada me gustaría más, pero...
— Nada de peros. Los dos... Oh —Son Ha se escondió rápidamente—Creo que
Yong Hwa me ha visto.
— ¿Qué? Dios mío, Son Ha, te advertí que no vinieras esta noche, que
corríamos el riesgo de que alguien te viera, ¿pero me hiciste caso? ¡No!
— Calla, Abogado Choi, y tranquilízate. Estás empezando a ponerte rojo y
no te sienta bien.
— ¡Tienes que irte de aquí ahora mismo, Son Ha! —Choi Jin Ho la agarró
del brazo y corrió con ella entre los arbustos, procurando alejarse de las
ventanas.
— ¡No seas tan exagerado! Y me alegro de haber venido esta noche. Ha
merecido la pena correr el riesgo. Y espero equivocarme y que Yong Hwa no me
haya visto. Si ha sido así, solo el cielo sabe lo que puede estar pensando.
En el interior del salón, Yong Hwa permanecía visiblemente asombrado y
completamente quieto. Otras parejas continuaban bailando y, hasta segundos
antes, también lo estaba haciendo él... ¡Hasta que había visto el rostro de su
abuela en la ventana!
— Yong Hwa, ¿qué te ocurre? —le preguntó Shin Hye con voz ronca.
Continuaba rodeándole el cuello con los brazos. Los había puesto allí a
petición del propio Yong Hwa que, en cuanto había empezado a bailar con Shin
Hye, había olvidado su malhumor. Estaba cansado de luchar, cansado de desearla
y no tenerla. Y estar tan cerca de ella había resultado paradójicamente
tranquilizante y excitante al mismo tiempo. Estimulante y relajante... Pero de
pronto había visto a su abuela en la ventana. Observándolo mientras bailaba con
Shin Hye.
— Yong Hwa, ¿estás bien? —Shin Hye se separó ligeramente de él y lo
miró.
— ¿Tengo el aspecto de haber visto un fantasma? — Yong Hwa se pasó la
mano por el pelo y sacudió la cabeza—Creo que he bebido más de lo que pensaba.
— Has bebido varias copas de champaña, y muy rápido además —murmuró Shin
Hye—¿Estás mareado?
— No, mareado no. Tengo la sensación de haberme vuelto loco —tragó
saliva—Me ha parecido ver a mi abuela en la ventana.
Por lo menos Shin Hye no lo miraba como si hubiera perdido el juicio.
— Todavía no has superado la pérdida de tu abuela. Además has bebido
mucho...
— No estoy borracho... Bueno, quizá un poco —volvió a mirar a la ventana
para ver si continuaba allí su abuela, pero, por supuesto, ya no la vio.
Una repentina oleada de tristeza lo invadió. Segundos antes, había visto
a su abuela sonriéndole, y parecía muy complacida mientras los miraba. Yong Hwa
pensó en lo que habría pasado si su abuela hubiera estado viva y hubiera podido
asistir a aquella fiesta. Era una mujer tan enérgica, tan entusiasta. Cuánto la
echaba de menos.
Shin Hye apartó las manos de su cuello, se cruzó de brazos y observó
atentamente a Yong Hwa.
— Creo que deberías comer algo. Y tomarte un café.
— No, ahora no —sacudió la cabeza. Estaba demasiado afectado como para
pensar en algo tan mundano como la comida—No puedo seguir aquí, Shin Hye.
Necesito un poco de tranquilidad. Hay demasiada gente, demasiado ruido. Vamonos
—la agarró de la mano y salió con ella del salón.
Shin Hye pensó al principio que se dirigían hacia la terraza. El frío
del otoño seguramente lo ayudaría a despejar la cabeza. Sin embargo, Yong Hwa
la condujo hacia una enorme escalera.
Comenzó a subir, pero de pronto se tambaleó. Shin Hye se acercó
instintivamente y lo abrazó para sujetarlo.
— Me gustaría que fuera verdad, Shin Hye. Ojala hubiera estado mi abuela
asomada a esa ventana...
Shin Hye vio el dolor que reflejan sus ojos y su corazón se estremeció
por él. Ella sabía demasiado bien lo que era perder a un ser querido.
— Quizá la hayas visto de verdad. Quizá esté aquí en espíritu y tú has
sido capaz de verla. La...
— Si mi abuela hubiera decidido aparecer convertida en fantasma, te
aseguro que no se habría limitado a asomarse a una ventana. Conociéndola, estoy
convencido de que habría hecho algo espectacular, como tirar platos por el aire
o algo parecido. Tenía un gran sentido del humor —sonrió, aferrándose a los
buenos recuerdos.
Llegaron al final de la escalera y caminaron por un largo pasillo.
— ¿Sabes adonde vamos? —le preguntó Shin Hye.
— Sí, a la habitación que utilizo cuando me quedo a dormir aquí —la
condujo hacia un dormitorio pequeño, decorado en tonos azules, verdes y
amarillos.
Shin Hye cruzó la habitación para encender la luz de la mesilla de
noche. Mientras lo hacía, Yong Hwa cerró la puerta tras él.
— ¿Sabes? Al ver a la abuela esta noche, o al creer que la he visto —se
corrigió rápidamente— he recordado algo más. Una de las cosas más importantes
sobre ella, algo que mi abuela intentó infundirnos a todos y cada uno de
nosotros.
— ¿Y qué es? —le preguntó Shin Hye con delicadeza.
— La forma en la que hacía que las cosas sucedieran. Cuando mi abuela quería
algo, iba por ello. No permitía que las dudas o los miedos la detuvieran. Si
hubiera estado aquí esta noche, me habría dicho: «Yong Hwa, ya sabes lo que
quieres, así que ve a por ello».
— No creo que hubiera tenido
ninguna queja sobre ti en ese aspecto —le aseguró Shin Hye—Tú has seguido su
ejemplo y eres un ejecutivo de primera.
— Sé que te sorprenderá, pero no estoy hablando de negocios —Yong Hwa se
sentó en la cama y se quitó los zapatos—Ni siquiera estaba pensando en ello.
Shin Hye asintió, pero estaba mirando el teléfono que había en la
mesilla de noche. La champaña le había desatado la lengua a Yong Hwa, pero era
mejor que se tumbara y durmiera.
— Mientras te recuestas, voy a llamar a un taxi para que me lleve a
casa. Esperaré a que te duermas. Esta noche hay tanta gente que no creo que
nadie se dé cuenta de que hemos abandonado la fiesta.
— Considero esta fiesta como un acontecimiento en el que mi presencia es
completamente superflua, además de una pérdida de tiempo —Yong Hwa se quitó la
chaqueta y comenzó a aflojarse el nudo de la corbata.
Los calcetines y el cinturón los siguieron. Shin Hye alargó entonces la
mano hacia el teléfono.
— ¿Tengo que pedir línea como en un hotel o...? ¡Ay!
Yong Hwa le quitó el auricular de la mano y lo dejó de nuevo en su
lugar.
— No te vayas Shin Hye —le dijo con voz ronca. Shin Hye abrió los ojos
como platos. Yong Hwa estaba empezando a desabrocharse la camisa.
— Yong Hwa, de verdad no pienso que...
— Estupendo. Porque yo también estoy harto de pensar. Voy a volverme
loco de tanto pensar —le tomó ambas manos y la retuvo frente a él—Hagamos un
trato. No pensemos más.
— ¿Un trato? ¿Deberíamos llamar al Sr. Choi para que redacte un documento y lo hagamos
oficial? —intentaba mantener un tono divertido, pero el corazón le latía a toda
velocidad.
— Olvídate de eso. Olvídate de todo, salvo de nosotros dos.
Sintió el calor de su cuerpo contra ella y un estremecimiento atravesó
su cuerpo. Yong Hwa la abrazó y Shin Hye se retorció ligeramente. No lo suficiente
como para liberarse. Ni tampoco lo bastante como para persuadirlo de que quería
que la soltara. Admitió para sí misma que no quería separarse de Yong Hwa.
— Por favor, Shin Hye —Yong Hwa la estrechó contra él y buscó con los
labios su cuello.
Shin Hye sabía lo que Yong Hwa deseaba. Lo miró, dejándose arrastrar por
el poderoso deseo que reflejaban sus ojos. El problema era que ella quería lo
mismo y no sabía qué hacer al respecto.
— No estás borracho —musitó—Y no vas a desmayarte.
— ¿Eso es lo que has pensado cuando has subido conmigo? ¿Que estabas
ayudando a un borracho indefenso? —le rozó los labios—La noble y leal Shin Hye.
Inclinó la cabeza y la besó con tal meticulosidad que la dejó sin
respiración. Shin Hye posó la mano en su pecho. En su pecho desnudo. Sintió el
calor de su piel. En aquel momento deseaba explorar todos y cada uno de los
rincones de su cuerpo.
Yong Hwa gimió y volvió a besarla otra vez. En aquella ocasión fue un
beso maravilloso, rebosante de dulzura y pasión. Yong Hwa deslizaba las manos
por su espalda, muy lentamente. Y Shin Hye deseó sentir sus manos sobre su piel
desnuda.
Como si le hubiera leído el pensamiento, Yong Hwa le desabrochó el
vestido y se lo deslizó por los hombros. Besó entonces su cuello, siguió la delicada línea de su
clavícula y bajó hasta la curva de sus senos.
Shin Hye gimió suavemente mientras él posaba la boca sobre el sujetador,
también de color rojo. Con la lengua acarició el pezón, rodeándolo hasta hacer
gemir a Shin Hye de incontenible placer.
Cuando Shin Hye volvió a abrir los ojos, estaban los dos tumbados en la
cama, prácticamente desnudos. Ella solo llevaba puesta la ropa interior y las
medias. La cabeza le daba vueltas con una fiera y vertiginosa excitación.
Estaba tan absorta en el placer de las caricias y los besos, que apenas se
acordaba de haberse desprendido de la mayor parte de su ropa. Todo le parecía
tan natural, tan normal. Estar allí con Yong Hwa, besándolo, acariciándolo...
— Eres tan hermosa —susurró Yong Hwa. Posó las manos sobre sus senos,
miró fijamente la lechosa suavidad que llenaba sus palmas y rozó los rosados
pezones con el pulgar.
Shin Hye dejó escapar un gemido ahogado, se arqueó contra él y movió las
manos por sus hombros desnudos, aprendiendo la textura de sus músculos, el
calor de su piel. Haciendo gala de una audacia impropia de ella, descendió por
su pecho hasta su vientre.
Yong Hwa sentía el delicado roce de su mano y veía cómo todos sus
intentos de controlarse comenzaban a hacerse estragos. Sus emociones se imponían
a su razón. Por fin estaban juntos. Por fin podía verla, tocarla, acariciarla
tal y como había deseado verla y tocarla durante toda una vida...
Posó la mano lentamente sobre su vientre. Exploraba su ombligo con el
pulgar mientras el resto de sus dedos descansaba en el inicio de sus bragas.
Shin Hye contuvo la respiración. Esperaba, desesperadamente, que Yong Hwa
continuara bajando la mano. Y lo deseaba con una urgencia que la estremecía.
— Así que hoy has optado por un solo color —dijo con voz ronca,
jugueteando con el inicio de sus medias—Todo va a juego con la sortija.
— Yo misma me he comprado la lencería —Shin Hye se sonrojó
violentamente. Estaba segura de que en aquel momento hasta su piel había
adquirido el mismo tono—Ya me pareció mal que me compraras el vestido, pero no
habría estado bien que pagaras...
— A mí me apetece comprarte cosas —le dijo—. Quiero que tengas cosas
bonitas. Quiero darte todo lo que quieras.
— Oh, Yong Hwa —Shin Hye se emocionó—Solo te quiero a ti...
Porque estaba enamorada de él. Shin Hye lo comprendió en aquel momento.
Deseaba poder decírselo. Quería hacerlo. Pero conociendo a Yong Hwa como lo
conocía, sabía que él no querría oírlo. Era demasiado pronto. Sabía que se
sentiría agobiado por su amor, atrapado por él. De modo que lo único que podía
hacer era demostrárselo. Los hechos siempre eran más elocuentes que las
palabras. Lo besó, expresándole en su beso todo lo que no se atrevía a
confesarle.
Yong Hwa deslizó la mano por el interior de sus bragas. Shin Hye se
estremeció al sentir que sus dedos acariciaban y continuaban descendiendo.
Aunque la avergonzaba que Yong Hwa la encontrara húmeda y dispuesta para el
amor, se retorcía contra su mano mientras él la estrechaba contra los pliegues
de su feminidad, buscando sus más secretos y sensibles rincones. Y gemía de
placer ante la exquisita presión de sus dedos.
— ¡Yong Hwa, por favor! —susurró. No sabía si le estaba pidiendo que
detuviera aquel delicioso tormento o si le estaba suplicando que no lo hiciera.
Yong Hwa la besó. Hundió la lengua en su boca al mismo tiempo que
deslizaba los dedos en el interior de su feminidad. El corazón de Shin Hye
irradiaba una tensión, un calor, que se extendía por todo su cuerpo. Ella nunca había sentido nada parecido. Era como si en su interior se estuviera
desatando una tormenta de fuerzas tempestuosas. Y, de pronto, se produjo un
estallido de fuego. Explotó dentro de ella un placer tan fascinante que lo
único que pudo hacer fue aferrarse a Yong Hwa mientras su cuerpo palpitaba
mecido en aquellas oleadas de embeleso.
Yong Hwa la estrechaba con fuerza, acunándola posesivamente entre sus
brazos. Besaba su frente, sus mejillas, su cuello. El placer la sacudía una y
otra vez, como si se hubiera desatado una sensación en cadena. Al final, Shin
Hye se relajó, flácida y débil contra él. Cerró los ojos y los abrió
lentamente, hasta encontrarse con los penetrantes ojos de Yong Hwa.
Shin Hye contuvo la respiración. ¡Había estado mirándola! Ella siempre
había sido tan reservada que no se imaginaba capaz de una respuesta tan
salvaje....Y Yong Hwa lo había estado viendo todo.
— Oh, Dios mío —volvió la cabeza—Nunca me había pasado nada igual... No
sé qué decir.
— No tienes que decir nada, cariño. Y no tienes por qué avergonzarte —la
abrazó con fuerza. Se sentía como si estuviera en la cumbre del mundo. La tomó
por la barbilla y le hizo alzar la cabeza—Ha sido maravilloso verte, cariño.
Eres tan sexy, tan apasionada... —deslizó la mano entre sus piernas con una
ardiente caricia.
Shin Hye sintió que comenzaba a quitarle las medias y, aunque parecía
absurdo que pudiera sentir vergüenza después de que Yong Hwa hubiera
presenciado su orgasmo, se sentía expuesta y vulnerable mientras él terminaba
de desnudarla.
El cuerpo de Yong Hwa palpitaba de deseo.
— No puedo esperar ni un segundo más, cariño — aun así, fue capaz de
esperar el tiempo suficiente para ponerse un preservativo que sacó del cajón de
la mesilla de noche.
Shin Hye lo observaba atentamente, demasiado intrigada para desviar la
mirada. ¿Debería comentarle a Yong Hwa que él iba a ser su primer amante?
Estaba segura de que ella no era la primera mujer con la que Yong Hwa hacía el
amor. Cada uno de sus gestos revelaba una gran experiencia.
Shin Hye tomó una decisión mientras le abría los brazos a Yong Hwa,
permitiéndole el acceso a su cuerpo. Lo amaba y aquella noche ella no era la
vulgar Shin Hye, sino la protagonista de un moderno cuento de hadas que por fin
tenía la oportunidad de expresarle su amor al hombre del que estaba enamorada.
— Yong Hwa —susurró—Ven ya, por favor.
No tuvo que pedírselo dos veces. Yong Hwa comenzó a llenarla lentamente
al tiempo que le alzaba las caderas para permitir que sus cuerpos se encontraran.
Shin Hye tomó aire, obligándose a relajarse. La intimidad que compartían era
tan física, tan elemental, tan diferente a todo lo que había experimentado
hasta entonces... No podía imaginarse aquella unión, aquella entrega con nadie
que no fuera Yong Hwa, el hombre al que amaba.
Y aunque no creía posible que Yong Hwa pudiera elevar su deseo al nivel
que lo había hecho la vez anterior, pronto comprendió lo equivocada que estaba.
Sus caricias lentas y profundas pronto reavivaron su pasión. Yong Hwa marcaba
el ritmo con el que iban bañándola olas de constante placer hasta que una
explosión de éxtasis y deseo la sacudió.
Escalaron juntos las ardientes cumbres de la pasión y alcanzaron la cima
para terminar flotando en un mundo íntimo y relajante con una total sensación
de paz y satisfacción.
Tiempo después, Shin Hye oyó la respiración pausada de Yong Hwa y supo
que se había dormido. No le importó. Ella tampoco tenía ganas de conversación.
Asomó a sus labios una pequeña sonrisa.
Aquella noche era especial y no le hacían falta concienzudos análisis.
Aquella noche, Yong Hwa y ella eran amantes y Shin Hye sabía que, ocurriera lo
que ocurriera, jamás se arrepentiría de lo que había hecho. De lo que Yong Hwa
y ella habían compartido.
uauuuuuu unnie esta buenisimooo actualiza pronto siiii?? no nos deje esperando....... amo tu fic
ResponderEliminarsi xfa actualiza pronto si no estoy k pienso y penso y no se m ocurre k va a pasar xq nose si yong va a aceptar o no lo k sient x shin hye asi k xfa actualiza k toy murienso d curiosidad...!!!
ResponderEliminaromo!! uffff....me muero por saber continuación que va suceder, con la pareja yongshin!!1 y mas si tal vez valla haber una segunda parte jajajaja
ResponderEliminarOMG .. !!!! esta superrrrrrrrrrrr geniallllllll el capitulo :3 <3 ** pero shin le dijo a yonghwa que ella era virgen ??? :O O_O/ ** a diosssssssss esta histori ame hara llorar a mil T__________T *-* .. actualiza rapido porfavor :D
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