viernes, 29 de agosto de 2014

EL AMOR TENIA UN PRECIO - CAPITULO 11

— Esto es como intentar cancelar el día del Chuseok—se quejó Yong Hwa mientras caminaba nervioso por el despacho—Nunca había visto a mi tía y a Mi Hyang tan decididas. La fiesta será el viernes por la noche.
— En ese caso, supongo que tendremos que ir.
Shin Hye estaba sentada en el escritorio de Yong Hwa, estaba agradecida que él hubiera dejado la silla vacía. Sus zapatos nuevos, de tacón alto, no animaban a permanecer de pie durante mucho tiempo. Shin Hye volvió a preguntarse por qué habría permitido que So Min la convenciera de que se los comprara, y por qué había renunciado a sus cómodas zapatillas.
Habían pasado dos semanas desde que habían anunciado su falso compromiso. Al principio, Shin Hye no era consciente de que la posición de prometida de Yong Hwa implicaría un cambio de imagen. Pero, según So Min, era inevitable.
— Shin Hye, necesitas ponerte algo... ¿Cómo podría decirlo sin herir tus sentimientos? De acuerdo, seré franca: algo menos aburrido —le había comentado So Min el quinto día de su compromiso.
— Mi ropa no tiene nada de malo —había contestado ella a la defensiva.
— Shin Hye, tu ropa no tendría nada de malo si tuvieras cincuenta años —había replicado So Min—No, perdón, estoy siendo injusta con tía Hana y con mi madre, que andan ya por los cincuenta y no se pondrían esa ropa ni muertas. Tu ropa sería perfecta si tuvieras sesenta y cinco años y fueras monja.
Shin Hye soltó una carcajada. Siempre le divertía la tendencia de So Min a exagerar.
— De acuerdo, acepto que mi ropa de trabajo es un poco aburrida, pero creo que es apropiada para venir a la oficina. Pregúntale a Yong Hwa lo que opina de las asistentes que vienen a trabajar con minifaldas y blusas ajustadas.
— Yo creo que a Yong Hwa le encantaría verte correr a su alrededor con una minifalda. ¿A qué hombre le puede gustar que su prometida se vista como si tuviera sesenta y cinco años?
— Yo no soy su prometida. Nuestro compromiso es falso, ¿recuerdas?
— Sin embargo —había terciado Yong Hwa, sorprendiéndola—So Min tiene razón. Solo hay cinco personas que sepan que nuestro compromiso no es real, de modo que deberías vestirte como si fueras mi prometida. Y mi prometida llevaría ropa mas... —se interrumpió de pronto.
— ¡Más sexy! —había exclamado So Min—¿Y quién puede culpar a Yong Hwa por querer que saques lo mejor de ti misma, Shin Hye? Tienes una cara preciosa y un cuerpo magnífico. Vamos, Shin Hye, nos vamos de compras.
 — ¡Claro que no! No necesito más ropa, tengo un armario lleno.
— Pues creo que ha llegado la hora de revisar tu armario, Shin Hye —Yong Hwa había sacado una tarjeta de crédito de la cartera y se la había tendido a su hermana — So Min, llévatela de compras.
Sentada aquella tarde en la silla de Yong Hwa y observando su irritación por la fiesta de compromiso, Shin Hye miró su nuevo traje verde de dos piezas, uno de los tres modelos más caros y elegantes que había tenido en su vida. Los tres eran de un estilo similar, con las chaquetas ligeramente ajustadas y la falda corta, el tipo de trajes que aparecían en los catálogos presentados por modelos que no habían ido a una oficina en su vida.
Aunque So Min había insistido en que se los comprara, además de tres pares de zapatos a juego, Shin Hye sabía que no eran los más adecuados para una mujer trabajadora. Especialmente para una mujer que trabajaba para Yong Hwa.
Sin embargo, Yong Hwa había sido todo cumplidos y entusiasmo y la había animado a comprarse más. Shin Hye había declinado rápidamente la oferta. Era evidente que Yong Hwa tenía criterios diferentes para su prometida, aunque fuera falsa, que para sus empleadas.
— A ti no parece importarte mucho lo de esa fiesta.
— Probablemente porque todavía faltan diez días para que se celebre y no me parece real —confesó Shin Hye—No puedo imaginarme a mí misma en una fiesta en la mansión Jung.
— La mansión Jung. Jamás se me habría ocurrido llamarla así.
— Todos los que no son Jung lo hacen —le aseguró Shin Hye—La gente suele decir algo así: «bueno, esta casa es bonita, pero no es tan grande como la mansión Jung». Llevo años oyendo hablar de ese lugar. Parte de mí, está deseando conocerla —admitió.
— Podrías haberla visto ya si hubieras querido. La semana pasada te invité en dos ocasiones a conocerla y te negaste —Yong Hwa frunció el ceño, todavía disgustado por su rechazo. Shin Hye había planteado con firmeza que durante los fines de semana no pensaba representar el papel de prometida y no había conseguido convencerla de lo contrario.
<< Los fines de semana no estoy libre, Yong Hwa>> le había contestado cada vez que le extendía una de sus invitaciones.
<<¿Por qué no? >>la había presionado él.
<<No puedo decírtelo>>
Yong Hwa la miraba frustrado. ¿Qué clase de sacrosantos deberes podía tener Shin Hye los fines de semana? Por supuesto, no se molestó en preguntarse a sí mismo por qué tenía tanto interés en pasar los sábados y los domingos con su falsa prometida, o por qué quería que confiara en él.
Su irritación y su frustración aumentaban cuando imaginaba lo que Shin Hye hacía durante los fines de semana. ¿Estaría viendo a otro hombre? ¿Un hombre que no tendría que pagarla para que pasara el tiempo en su compañía?
La idea le resultaba tan desagradable que bloqueaba inmediatamente aquel tipo de pensamientos. Se negaba a pensar sobre Shin Hye y otro hombre.
Hundió las manos en los bolsillos y fijó la mirada en Shin Hye, que estaba cómodamente sentada en la silla. Aquel día llevaba un traje verde oscuro que marcaba sus curvas de una forma deliciosa. La chaqueta ajustada le permitía imaginar el perfil de sus senos firmes y exquisitos. Y recordar cómo había podido saborearlos durante aquellos minutos de éxtasis que habían compartido en su despacho.
Aquel recuerdo incendió su sangre. Sintió que la frente se le empapaba de sudor y comenzó a caminar otra vez.
Shin Hye, por su parte, parecía fría y tranquila, pensó resentido. Era evidente que no se moría de ganas de acariciarlo, o de ser acariciada por él. De hecho, desde la noche que lo había llevado al festival de los artistas, no habían vuelto a tocarse. Shin Hye se había mantenido en todo momento fuera de su alcance. Cada vez que intentaba tocarla, retrocedía. Sus movimientos eran lentos, sutiles, pero conseguía mantener cuidadosamente las distancias. El hecho de que pasaran numerosas tardes juntos empeoraba la situación, porque cuanto más estaba con ella, más ganas tenía de tocarla.
Las cenas y los almuerzos que compartían eran estrictamente platónicos. Hablaban como buenos amigos, pero no había nada ni remotamente parecido al amor entre ellos.
Lo cual era lógico y conveniente, puesto que no eran amantes y tampoco iban a serlo. Yong Hwa intentaba recordárselo varias veces al día. Y también se decía a sí mismo que se alegraba de que Shin Hye fuera tan sensata. Nada podría haber sido peor que una falsa prometida que hubiera querido borrar las líneas que separaban la realidad de la fantasía.
— Voy a ir al gimnasio —anunció Yong Hwa de pronto, dio media vuelta y salió como si estuviera siendo perseguido por las hordas del infierno.
Shin Hye se quedó mirando la puerta con expresión pensativa. Se levantó lentamente y volvió a su propia oficina. Por mucho que Yong Hwa odiara la idea de una fiesta de compromiso, ella disfrutaba de las conversaciones que mantenían diariamente para comentar el acontecimiento.
Le gustaba estar con Yong Hwa, fuera por la razón que fuera, admitió Shin Hye en silencio. Le gustaba mucho. Tanto que no confiaba en sí misma lo suficiente como para atreverse a acercarse mucho a él. Dedicaba demasiado tiempo a revivir las veces que la había acariciado, e igual número de horas a anhelar nuevos recuerdos.
Pensó en sus últimas citas. Para Yong Hwa, debían formar solamente parte de su acuerdo, pero para ella, estar compartiendo con él una cena a la luz de las velas, disfrutando de una comida deliciosa y un vino excelente, era peligrosamente tentador.
Tenía que ser fuerte. Tenía que ignorar las chispas de deseo que se encendían cada vez que Yong Hwa estaba cerca de ella. Tenía que recordar que la química y la camaradería entre ellos eran tan efímeras como un sueño.
Yong Hwa estaba compartiendo aquellos momentos con ella para dar credibilidad a la ilusión de su compromiso. Y ella había asumido aquel compromiso por el bien de Ji Min. Aquella era la fría realidad y no debía olvidarla. Por mucho que deseara hacerlo.
***
La mansión Jung resplandecía mientras una continua corriente de invitados llegaba hasta ella para celebrar el compromiso entre Yong Hwa y Shin Hye. Había una orquesta tocando en la enorme habitación en la que tendría lugar el baile.
Yong Hwa mantenía el brazo alrededor de la cintura de Shin Hye mientras caminaba con ella entre los invitados, presentándole a personas de las que Shin Hye había oído hablar, pero a las que nunca había aspirado a conocer.
Y Shin Hye, una vez más, se había convertido en una actriz representando el papel de prometida de Yong Hwa.
Cada vez era más fácil representar aquel papel. Sobre todo delante de un público con el que comenzaba a familiarizarse. Saludó a los anfitriones de la fiesta, Dong Hwan, Hana, Nat Woo y Mi Hyang, con una naturalidad propia de la verdadera prometida de Yong Hwa.
Para Yong Hwa, la fiesta era una repetición de los incontables acontecimientos sociales a los que había asistido durante años. Pero en medio de las presentaciones y las conversaciones, estaban también los sentimientos que experimentaba hacia Shin Hye.
— Odio las fiestas. No soporto tantas conversaciones sin sentido —frunció el ceño—Preferiría tener que cenar algodón de azúcar a tener que estar aquí — anunció, mientras rechazaba una tartaleta que le ofreció uno de los camareros que circulaban bandeja en mano por la sala. Pero sí aceptó una copa de champaña.
Shin Hye le observó bebería a pequeños tragos y dejarla después sobre una bandeja. No era la primera copa que Yong Hwa bebía aquella noche. No estaba segura de si era la tercera o la cuarta, pero decidió que, si prefería estar en el Festival de los Artistas que allí, el alcohol lo estaba afectando definitivamente.
— Por lo menos en el festival había artistas esculpiendo—Yong Hwa le dirigió una sonrisa—¿Acaso aquí hay algo divertido?.
— Bueno, para ti todo esto puede ser normal, pero yo me siento como si estuviera en una película.
— La Mansión de los Jung, primera toma. Rodando.
Yong Hwa podía encontrar divertida la comparación, pero Shin Hye hablaba en serio. Aquella no era la vida que ella conocía. Antes de que llegaran los invitados, Yong Hwa la había llevado a recorrer aquella impresionante mansión, en la que había al menos una docena de dormitorios. El apartamento que compartía con sus amigas debía ser más pequeño que el cuarto de baño del dormitorio principal.
Una vez más, Shin Hye se dijo que aquel falso compromiso era ridículo. Yong Hwa y ella pertenecían a clases sociales diferentes. Procedían de dos mundos completamente distintos. ¿Cómo podría creerse nadie que habían llegado a comprometerse de verdad?
Cuando Hana y Mi Hyang le habían preguntado por las personas a las que le gustaría invitar a la fiesta, Shin Hye no había sido capaz de decirles ninguna, y no había dado explicaciones. La verdad, por supuesto, era que no quería enredar a nadie más en aquella farsa. Pero nadie había cuestionado su decisión de no invitar a nadie. Y nadie ponía en duda la validez de su compromiso.
Shin Hye tomó la copa de champaña que Yong Hwa le ofrecía. Era la segunda.
— Creo que se me va a resquebrajar la cara de tanto sonreír —gruñó Yong Hwa mientras se alejaban de otro grupo de invitados—Y si alguien vuelve a compararnos con el cuento de Cenicienta, no me hago responsable de mis actos.
— Todo el mundo está siendo muy amable. Pero si hay que comparar esta situación con algún cuento de hadas, yo creo que se parecería más a Alicia en el País de las Maravillas. Aunque, pensándolo bien, también nuestra historia tiene algo de Cenicienta. Tu tarjeta de crédito ha sido como la varita mágica que ha sido capaz de conjurar este vestido.
  Bajó la mirada hacia el vestido corto de color rubí que llevaba. Yong Hwa había insistido en que proporcionar un vestido para la fiesta de compromiso a Shin Hye era responsabilidad suya.
— Estás espectacular con ese vestido —dijo con voz ronca, recorriéndola con la mirada como lo había estado haciendo durante toda la noche.
El plan de So Min había sido centrar la atención en la sortija de rubí, realzando su color con el del vestido, para, de esa manera, mantener el recuerdo de su abuela en un lugar especial durante toda la noche.
Pero a Yong Hwa el color rubí no le evocaba recuerdos de su abuela. Su mente estaba demasiado llena de Shin Hye. De pensamientos obsesivos y lascivos sobre Shin Hye.
— Allí está tu tía Bek Su —dijo Shin Hye, agarrándolo del brazo. Se alegraba de ver un rostro familiar—¿Está allí, la ves?
Yong Hwa sintió una intensa oleada de calor. Aquella era la primera vez que Shin Hye lo tocaba desde hacía semanas y sentir sus dedos sobre la piel le hacía recordar el momento en el que Shin Hye lo había acariciada tiempo atrás. El deseo serpenteaba peligrosamente. En aquel momento, no le apetecía acercarse a hablar con su tía. Lo único que le apetecía era mantener una conversación privada con Shin Hye...
Pero Shin Hye ya había hecho contacto visual con Bek Su y su tía estaba sonriendo y acercándose a ellos. A su lado caminaba uno de sus invitados, un detective alto y atlético al que Bek Su había contratado para que investigara el accidente de avión de Son Ha.
— Shin Hye —exclamó Bek Su con calor—. Estás tan guapa que…
— Por favor, ninguna referencia a Cenicienta —le advirtió Yong Hwa—Ya hemos tenido suficientes esta noche.
— Jamás se me ocurriría —le prometió Bek Su—Creo que tu historia se parece más a La Bella y la Bestia.
Bek Su presentó a su amigo, dejando muy claro que no era su cita de aquella noche. Shin Hye se quedó estupefacta.
Era un hombre de pocas palabras y no empleó muchas con la pareja. Después de intercambiar algunos cumplidos con Bek Su, Shin Hye y Yong Hwa se alejaron lentamente.
— Esta noche no está siendo tan terrible como me imaginaba. Recuerdo una cita terrible, en la que el hombre con el que salí no fue capaz de decir nada en toda la noche —Shin Hye rió divertida—Me saludó cuando vino a buscarme y no volvió a decir una sola palabra durante el resto de la noche. Yo tuve que hablar por los dos y ya sabes que no soy una gran conversadora.
— ¿Ah no? Pues conmigo no has tenido nunca ningún problema para hablar.
— Oh, eso es diferente —Shin Hye se terminó la copa de champaña—Tú eres mi jefe. Y esto no es realmente una cita. Así que, bueno, no me siento presionada.
— ¿Los tipos con los que te citas, suelen presionarte de alguna manera? —aquella idea lo indignó.
— ¡No! —las mejillas de Shin Hye se pusieron del mismo color que el vestido—No pretendía insinuar eso. Me refería a una presión social, ya sabes, para mantener la conversación...
— Yong Hwa, ¿cuándo piensas presentarme a la que va a ser tu mujercita? —la inconfundible voz de Joo Yuri sonó tras ellos.
— Oh, oh —Yong Hwa bajó la voz—Hablando de presión, prepárate para una buena dosis.
Shin Hye y Yong Hwa se volvieron hacia ella con una falsa sonrisa en el rostro.
— Ya conoces a Shin Hye, mamá —dijo Yong Hwa entre dientes—La has visto muchas veces cuando has ido a la oficina.
— Esa chica que trabajaba en la oficina era como un ratón de biblioteca —dijo Joo Yuri, recorriendo a Shin Hye con la mirada de los pies a la cabeza—Ni siquiera me acuerdo del aspecto que tenía.
Joo Yuri continuó recorriendo a Shin Hye con la mirada.
— Hola, señora Jung —la saludó Shin Hye, manteniendo la sonrisa. Sabía que Joo Yuri insistía en ser llamada así incluso después de su divorcio—Soy Shin Hye.
Joo Yuri inclinó la cabeza hacia atrás y preguntó bruscamente:
— ¿Estás embarazada?
— ¡Mamá! ¡Por todos los...!
— No, claro que no —respondió Shin Hye rápidamente.
— A mí no tienes por qué mentirme. No soy Hana o Mi Hyang, que fingen ser tan dulces y sinceras y actúan como si esa idea jamás se les hubiera pasado por la cabeza. ¡Ja! Todo el mundo lo ha pensado, pero yo soy la única que se atreve a preguntarlo. ¿Por qué si no, que motiva a Yong Hwa a casarse  con su asistente? No pretendo ser maliciosa, solo quiero saber cuándo va a nacer el bebé.
— No voy a tener ningún bebé. Ni siquiera nos hemos acos… —No termino de responder Shin Hye, y avergonzada por su propia respuesta, se llevó las manos a las mejillas.
— ¿Así que es esa tu estrategia? ¿Hacerte la difícil? Oh, eres mucho más inteligente de lo que pensaba, Shiny.
— Mamá, cállate —le ordenó Yong Hwa con firmeza—Y mi prometida se llama Shin Hye, no Shiny.
— No pienso callarme hasta que diga lo que tengo que decir. Soy tu madre y tengo derecho a hacerlo —fulminó a su hijo con la mirada—Así que la recatada Shin Hye tendió la caña y tú has mordido el anzuelo, ¿eh? ¡Oh, Yong Hwa! Aunque tengo que reconocer que cuando no se viste con esas antiguallas que lleva a la oficina es una chica atractiva —añadió a regañadientes—Ese vestido que lleva debe haberte costado una fortuna. Oh, sí, ya sé que se lo has comprado tú. Esa bobalicona de So Min le ha contado a Jan Sun que ha salido de compras con Shiny y que tú lo has pagado todo. Francamente, estoy asombrada. Recuerdo que después de lo de Tae Hee te juraste no volver a hacer regalos a las mujeres.
— Eso fue hace mucho tiempo, mamá, y no tiene nada que ver con mi situación actual —dijo Yong Hwa a la defensiva.
— Quizá sí, quizá no — Joo Yuri se encogió de hombros y le dirigió a Shin Hye una dura mirada—Has conseguido integrarte en la familia, ¿verdad, Shin Hye? Incluso llevas la sortija de la abuela sin haber cruzado siquiera la puerta del dormitorio. Y estoy segura de que no la cruzarás hasta que no lleves una alianza de matrimonio en el dedo.
— Mamá, lo estás malinterpretando todo —dijo Yong Hwa muy tenso—Quiero que le pidas disculpas inmediatamente a Shin Hye y...
— ¿Disculpas por qué? —Joo Yuri elevó la voz—Creo que estoy siendo muy amable con la chica. Y desde luego, ella es mucho más astuta que tú, Yong Hwa.
— ¡Tía Joo Yuri! Cuánto me alegro de verte —Juniel se acercó hasta el trío e hizo una reverencia a Joo Yuri—Estás guapísima. Como siempre, por supuesto.
Juniel les guiñó el ojo a Shin Hye y a Yong Hwa por encima del hombro de su tía. Había advertido la tensión que había entre ellos y se había acercado con intención de aplacarla.
— Tía Joo Yuri, ese color te sienta maravillosamente — exclamó con entusiasmo—Nadie es capaz de llevar tantos tonos de azul como tú.
— El azul es el color que mejor me sienta. Y tú también estás preciosa esta noche, tan juvenil y natural. He visto a tu hermana y creo que el vestido que lleva es demasiado glamoroso para una fiesta familiar. Pero tú estás preciosa, Juniel. Y apuesto a que te has comprado el vestido en cualquier almacén. ¡Seguro que en las rebajas! Eres tan práctica. Es algo que siempre he admirado de ti, porque yo, con mis gustos y preferencias, no soy capaz de ahorrar.
— Gracias, tía Joo Yuri —respondió Juniel con expresión angelical—Ahora quiero que me cuentes a qué te dedicas. No he sabido nada de ti desde que me fui a Haeundae-gu .
— Haeundae-gu  —repitió Joo Yuri con un suspiro—Ahora vives allí, ¿verdad, querida? No entiendo qué atractivo puede tener ese lugar. Kyu Gun también se fue allí y desde entonces es como si se lo hubiera tragado la tierra. Me indigna que no se haya molestado siquiera en venir a Seúl para el compromiso de su hermano y...
— Kyu Gun está muy ocupado mamá —la interrumpió Yong Hwa—Me llamó para explicármelo y yo lo comprendo.
— Pues yo no. Y me molesta que tu hermanastro tampoco haya sido capaz de venir a celebrar tu compromiso. ¿Él tampoco puede dejar su trabajo? —miró a Shin Hye—¿Sabes que Yong Hwa tiene un hermanastro? Es hijo de Mi Hyang y de su primer marido.
— Sí, lo sabía —respondió Shin Hye incómoda.
— Me pregunto si sabes también que él decidió quedarse a vivir con su padre en Haeundae-gu  cuando era niño. Sí, no quiso venir a vivir con su madre y con Nat. ¿No te parece triste que un niño decida que no quiere vivir con su madre, Shiny? Yo no soy capaz de imaginármelo. Mis hijos vivieron conmigo, por supuesto.
— Haeundae-gu  es un estado precioso, tía Joo Yuri —intervino Juniel— Espero que vengas conmigo a visitarlo algún día —se volvió hacia Yong Hwa y Shin Hye—¿Por qué no dan una vuelta por la fiesta mientras yo me quedo charlando con mi tía?
— Sí, Juniel tiene razón —musitó Yong Hwa mientras se alejaban.
— A tu madre parece gustarle Juniel —comentó Shin Hye. Rara, ella había sido una sorpresa; creía que no había nadie que le gustara.
— Juniel siempre ha sido muy amable y mi madre nunca ha tenido ningún motivo para envidiarla. Cuando era niña Juniel era independiente y aventurera.
— Algunas mujeres ven a otras como competidoras, independientemente de su edad.
— ¿Y tú? —preguntó Yong Hwa bruscamente.
— No, claro que no.
— ¿Entonces no eres una mujer competitiva y celosa? ¿No te importaría que otra mujer se me insinuara?
  Shin Hye pestañeó sorprendida. Aquella conversación estaba tomando un rumbo muy extraño.
— No tendría por qué importarme —le recordó—Pero supongo que si eso ocurriera esta noche, a los invitados les resultaría de lo más extraño, puesto que esta es nuestra fiesta de compromiso.
Su intento de mejorar el repentinamente sombrío humor de Yong Hwa fue inútil. Yong Hwa frunció el ceño y desvió la mirada. Shin Hye no sabía qué decir.
— ¡Eh, ustedes! — So Min se reunió con ellos—Acabo de ver que se libraron de Joo Yuri gracias a nuestra Juniel. ¿Ha sido Joo Yuri desagradable contigo?
— En realidad ha sido muy amable —intentó sonreír—la Sra. dice que soy mucho más astuta que Yong Hwa.
So Min soltó una carcajada.
— Caramba, Shin Hye, deberías sentirte orgullosa —pero advirtió que Yong Hwa continuaba muy serio—¿Qué te pasa, Yong Hwa? Deberías estar encantado de que tu engaño esté funcionando tan bien. Pero pareces estar de peor humor que...
— Odio la música que está tocando la orquesta —la interrumpió Yong Hwa—He oído alarmas de coches que sonaban mejor ¿Quién la ha contratado, por cierto? ¿Eres consciente de que han tocado dos veces la misma pieza en menos de una hora? ¡Es una tortura!
So Min elevó las manos al cielo en un exagerado gesto de paciencia.
— De acuerdo, de acuerdo, hermanito, esta noche tus deseos son órdenes. Ahora mismo voy a ir a hablar con la orquesta.
Cuando So Min se fue, Yong Hwa y Shin Hye continuaron lado a lado en completo silencio. Shin Hye lo miró de reojo. Yong Hwa permanecía con la mirada perdida en el espacio, con expresión distante e inescrutable. Shin Hye estaba segura de que su actitud no solamente se debía a la orquesta. Se mordió el labio mientras se devanaba los sesos intentando encontrar algo que decir.
— Pareces una de esas citas incómodas de las que me estabas hablando antes —dijo de pronto Yong Hwa en tono burlón—¿Es la presión social la que te mantiene callada? ¿Te parece que no soy capaz de mantener una conversación fluida?
— Digamos que es una conversación que me está costando seguir. Creo que estas enfadado conmigo, pero no sé por qué.
No tuvo oportunidad de responder. Porque una voz atronó de pronto desde el micrófono:
— Acaban de decirme que el novio ha hecho una petición especial. Así que, para Yong Hwa y para Shin Hye.
La orquesta comenzó a tocar la melodía de un clásico de Michael Buble, TheWay You Look Tonight. Y en medio de bromas y palabras de aliento, Shin Hye y Yong Hwa fueron instados a salir a la pista de baile.
— Voy a matar a So Min por hacerme esto —musitó Yong Hwa.
— Podría ser peor —le recordó Shin Hye.

Yong Hwa hizo un sonido que estaba a medio camino entre la risa y el gruñido. Condujo a Shin Hye hasta el centro de la pista y la estrechó en sus brazos.

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2 comentarios:

  1. jajaja dulce noche queridas/o ,lectores creo que soy la primera en leer o mas bien en comentar.... super emocionada cuando vi la actualización he decidido creo!! esperar estén ,mas capítulos juntos jaja por que esto es muy frustraste o mas bien decir adictivo esperar con ansias y verr que no hay mas que leer jejeje a luchar yongshin

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  2. genial m encanto l cap enserio k la hermana d yong si k s un ejemplo a seguir cada ocurrencia k tiene s genial jajaja

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