— Esto es como intentar cancelar el día del Chuseok—se quejó Yong Hwa
mientras caminaba nervioso por el despacho—Nunca había visto a mi tía y a Mi
Hyang tan decididas. La fiesta será el viernes por la noche.
— En ese caso, supongo que tendremos que ir.
Shin Hye estaba sentada en el escritorio de Yong Hwa, estaba agradecida
que él hubiera dejado la silla vacía. Sus zapatos nuevos, de tacón alto, no
animaban a permanecer de pie durante mucho tiempo. Shin Hye volvió a
preguntarse por qué habría permitido que So Min la convenciera de que se los
comprara, y por qué había renunciado a sus cómodas zapatillas.
Habían pasado dos semanas desde que habían anunciado su falso
compromiso. Al principio, Shin Hye no era consciente de que la posición de
prometida de Yong Hwa implicaría un cambio de imagen. Pero, según So Min, era
inevitable.
— Shin Hye, necesitas ponerte algo... ¿Cómo podría decirlo sin herir tus
sentimientos? De acuerdo, seré franca: algo menos aburrido —le había comentado So
Min el quinto día de su compromiso.
— Mi ropa no tiene nada de malo —había contestado ella a la defensiva.
— Shin Hye, tu ropa no tendría nada de malo si tuvieras cincuenta años
—había replicado So Min—No, perdón, estoy siendo injusta con tía Hana y con mi
madre, que andan ya por los cincuenta y no se pondrían esa ropa ni muertas. Tu
ropa sería perfecta si tuvieras sesenta y cinco años y fueras monja.
Shin Hye soltó una carcajada. Siempre le divertía la tendencia de So Min
a exagerar.
— De acuerdo, acepto que mi ropa de trabajo es un poco aburrida, pero
creo que es apropiada para venir a la oficina. Pregúntale a Yong Hwa lo que
opina de las asistentes que vienen a trabajar con minifaldas y blusas ajustadas.
— Yo creo que a Yong Hwa le encantaría verte correr a su alrededor con
una minifalda. ¿A qué hombre le puede gustar que su prometida se vista como si
tuviera sesenta y cinco años?
— Yo no soy su prometida. Nuestro compromiso es falso, ¿recuerdas?
— Sin embargo —había terciado Yong Hwa, sorprendiéndola—So Min tiene
razón. Solo hay cinco personas que sepan que nuestro compromiso no es real, de
modo que deberías vestirte como si fueras mi prometida. Y mi prometida llevaría
ropa mas... —se interrumpió de pronto.
— ¡Más sexy! —había exclamado So Min—¿Y quién puede culpar a Yong Hwa
por querer que saques lo mejor de ti misma, Shin Hye? Tienes una cara preciosa
y un cuerpo magnífico. Vamos, Shin Hye, nos vamos de compras.
— ¡Claro que no! No necesito más
ropa, tengo un armario lleno.
— Pues creo que ha llegado la hora de revisar tu armario, Shin Hye —Yong
Hwa había sacado una tarjeta de crédito de la cartera y se la había tendido a
su hermana — So Min, llévatela de compras.
Sentada aquella tarde en la silla de Yong Hwa y observando su irritación
por la fiesta de compromiso, Shin Hye miró su nuevo traje verde de dos piezas,
uno de los tres modelos más caros y elegantes que había tenido en su vida. Los
tres eran de un estilo similar, con las chaquetas ligeramente ajustadas y la
falda corta, el tipo de trajes que aparecían en los catálogos presentados por
modelos que no habían ido a una oficina en su vida.
Aunque So Min había insistido en que se los comprara, además de tres
pares de zapatos a juego, Shin Hye sabía que no eran los más adecuados para una
mujer trabajadora. Especialmente para una mujer que trabajaba para Yong Hwa.
Sin embargo, Yong Hwa había sido todo cumplidos y entusiasmo y la había
animado a comprarse más. Shin Hye había declinado rápidamente la oferta. Era
evidente que Yong Hwa tenía criterios diferentes para su prometida, aunque
fuera falsa, que para sus empleadas.
— A ti no parece importarte mucho lo de esa fiesta.
— Probablemente porque todavía faltan diez días para que se celebre y no
me parece real —confesó Shin Hye—No puedo imaginarme a mí misma en una fiesta
en la mansión Jung.
— La mansión Jung. Jamás se me habría ocurrido llamarla así.
— Todos los que no son Jung lo hacen —le aseguró Shin Hye—La gente suele
decir algo así: «bueno, esta casa es bonita, pero no es tan grande como la
mansión Jung». Llevo años oyendo hablar de ese lugar. Parte de mí, está
deseando conocerla —admitió.
— Podrías haberla visto ya si hubieras querido. La semana pasada te
invité en dos ocasiones a conocerla y te negaste —Yong Hwa frunció el ceño,
todavía disgustado por su rechazo. Shin Hye había planteado con firmeza que
durante los fines de semana no pensaba representar el papel de prometida y no
había conseguido convencerla de lo contrario.
<< Los fines de semana no estoy libre, Yong Hwa>> le había
contestado cada vez que le extendía una de sus invitaciones.
<<¿Por qué no? >>la había presionado él.
<<No puedo decírtelo>>
Yong Hwa la miraba frustrado. ¿Qué clase de sacrosantos deberes podía
tener Shin Hye los fines de semana? Por supuesto, no se molestó en preguntarse
a sí mismo por qué tenía tanto interés en pasar los sábados y los domingos con
su falsa prometida, o por qué quería que confiara en él.
Su irritación y su frustración aumentaban cuando imaginaba lo que Shin
Hye hacía durante los fines de semana. ¿Estaría viendo a otro hombre? ¿Un
hombre que no tendría que pagarla para que pasara el tiempo en su compañía?
La idea le resultaba tan desagradable que bloqueaba inmediatamente aquel
tipo de pensamientos. Se negaba a pensar sobre Shin Hye y otro hombre.
Hundió las manos en los bolsillos y fijó la mirada en Shin Hye, que
estaba cómodamente sentada en la silla. Aquel día llevaba un traje verde oscuro
que marcaba sus curvas de una forma deliciosa. La chaqueta ajustada le permitía
imaginar el perfil de sus senos firmes y exquisitos. Y recordar cómo había
podido saborearlos durante aquellos minutos de éxtasis que habían compartido en
su despacho.
Aquel recuerdo incendió su sangre. Sintió que la frente se le empapaba
de sudor y comenzó a caminar otra vez.
Shin Hye, por su parte, parecía fría y tranquila, pensó resentido. Era
evidente que no se moría de ganas de acariciarlo, o de ser acariciada por él.
De hecho, desde la noche que lo había llevado al festival de los artistas, no
habían vuelto a tocarse. Shin Hye se había mantenido en todo momento fuera de
su alcance. Cada vez que intentaba tocarla, retrocedía. Sus movimientos eran
lentos, sutiles, pero conseguía mantener cuidadosamente las distancias. El
hecho de que pasaran numerosas tardes juntos empeoraba la situación, porque
cuanto más estaba con ella, más ganas tenía de tocarla.
Las cenas y los almuerzos que compartían eran estrictamente platónicos.
Hablaban como buenos amigos, pero no había nada ni remotamente parecido al amor
entre ellos.
Lo cual era lógico y conveniente, puesto que no eran amantes y tampoco
iban a serlo. Yong Hwa intentaba recordárselo varias veces al día. Y también se
decía a sí mismo que se alegraba de que Shin Hye fuera tan sensata. Nada podría
haber sido peor que una falsa prometida que hubiera querido borrar las líneas
que separaban la realidad de la fantasía.
— Voy a ir al gimnasio —anunció Yong Hwa de pronto, dio media vuelta y
salió como si estuviera siendo perseguido por las hordas del infierno.
Shin Hye se quedó mirando la puerta con expresión pensativa. Se levantó
lentamente y volvió a su propia oficina. Por mucho que Yong Hwa odiara la idea
de una fiesta de compromiso, ella disfrutaba de las conversaciones que
mantenían diariamente para comentar el acontecimiento.
Le gustaba estar con Yong Hwa, fuera por la razón que fuera, admitió
Shin Hye en silencio. Le gustaba mucho. Tanto que no confiaba en sí misma lo
suficiente como para atreverse a acercarse mucho a él. Dedicaba demasiado
tiempo a revivir las veces que la había acariciado, e igual número de horas a
anhelar nuevos recuerdos.
Pensó en sus últimas citas. Para Yong Hwa, debían formar solamente parte
de su acuerdo, pero para ella, estar compartiendo con él una cena a la luz de
las velas, disfrutando de una comida deliciosa y un vino excelente, era
peligrosamente tentador.
Tenía que ser fuerte. Tenía que ignorar las chispas de deseo que se
encendían cada vez que Yong Hwa estaba cerca de ella. Tenía que recordar que la
química y la camaradería entre ellos eran tan efímeras como un sueño.
Yong Hwa estaba compartiendo aquellos momentos con ella para dar
credibilidad a la ilusión de su compromiso. Y ella había asumido aquel
compromiso por el bien de Ji Min. Aquella era la fría realidad y no debía
olvidarla. Por mucho que deseara hacerlo.
***
La mansión Jung resplandecía mientras una continua corriente de
invitados llegaba hasta ella para celebrar el compromiso entre Yong Hwa y Shin
Hye. Había una orquesta tocando en la enorme habitación en la que tendría lugar
el baile.
Yong Hwa mantenía el brazo alrededor de la cintura de Shin Hye mientras
caminaba con ella entre los invitados, presentándole a personas de las que Shin
Hye había oído hablar, pero a las que nunca había aspirado a conocer.
Y Shin Hye, una vez más, se había convertido en una actriz representando
el papel de prometida de Yong Hwa.
Cada vez era más fácil representar aquel papel. Sobre todo delante de un
público con el que comenzaba a familiarizarse. Saludó a los anfitriones de la
fiesta, Dong Hwan, Hana, Nat Woo y Mi Hyang, con una naturalidad propia de la
verdadera prometida de Yong Hwa.
Para Yong Hwa, la fiesta era una repetición de los incontables
acontecimientos sociales a los que había asistido durante años. Pero en medio
de las presentaciones y las conversaciones, estaban también los sentimientos
que experimentaba hacia Shin Hye.
— Odio las fiestas. No soporto tantas conversaciones sin sentido —frunció
el ceño—Preferiría tener que cenar algodón de azúcar a tener que estar aquí —
anunció, mientras rechazaba una tartaleta que le ofreció uno de los camareros
que circulaban bandeja en mano por la sala. Pero sí aceptó una copa de champaña.
Shin Hye le observó bebería a pequeños tragos y dejarla después sobre
una bandeja. No era la primera copa que Yong Hwa bebía aquella noche. No estaba
segura de si era la tercera o la cuarta, pero decidió que, si prefería estar en
el Festival de los Artistas que allí, el alcohol lo estaba afectando
definitivamente.
— Por lo menos en el festival había artistas esculpiendo—Yong Hwa le
dirigió una sonrisa—¿Acaso aquí hay algo divertido?.
— Bueno, para ti todo esto puede ser normal, pero yo me siento como si
estuviera en una película.
— La Mansión de los Jung, primera toma. Rodando.
Yong Hwa podía encontrar divertida la comparación, pero Shin Hye hablaba
en serio. Aquella no era la vida que ella conocía. Antes de que llegaran los
invitados, Yong Hwa la había llevado a recorrer aquella impresionante mansión,
en la que había al menos una docena de dormitorios. El apartamento que
compartía con sus amigas debía ser más pequeño que el cuarto de baño del
dormitorio principal.
Una vez más, Shin Hye se dijo que aquel falso compromiso era ridículo.
Yong Hwa y ella pertenecían a clases sociales diferentes. Procedían de dos
mundos completamente distintos. ¿Cómo podría creerse nadie que habían llegado a
comprometerse de verdad?
Cuando Hana y Mi Hyang le habían preguntado por las personas a las que
le gustaría invitar a la fiesta, Shin Hye no había sido capaz de decirles
ninguna, y no había dado explicaciones. La verdad, por supuesto, era que no
quería enredar a nadie más en aquella farsa. Pero nadie había cuestionado su
decisión de no invitar a nadie. Y nadie ponía en duda la validez de su
compromiso.
Shin Hye tomó la copa de champaña que Yong Hwa le ofrecía. Era la
segunda.
— Creo que se me va a resquebrajar la cara de tanto sonreír —gruñó Yong
Hwa mientras se alejaban de otro grupo de invitados—Y si alguien vuelve a
compararnos con el cuento de Cenicienta, no me hago responsable de mis actos.
— Todo el mundo está siendo muy amable. Pero si hay que comparar esta
situación con algún cuento de hadas, yo creo que se parecería más a Alicia en
el País de las Maravillas. Aunque, pensándolo bien, también nuestra historia
tiene algo de Cenicienta. Tu tarjeta de crédito ha sido como la varita mágica
que ha sido capaz de conjurar este vestido.
Bajó la mirada hacia el vestido
corto de color rubí que llevaba. Yong Hwa había insistido en que proporcionar
un vestido para la fiesta de compromiso a Shin Hye era responsabilidad suya.
— Estás espectacular con ese vestido —dijo con voz ronca, recorriéndola
con la mirada como lo había estado haciendo durante toda la noche.
El plan de So Min había sido centrar la atención en la sortija de rubí,
realzando su color con el del vestido, para, de esa manera, mantener el
recuerdo de su abuela en un lugar especial durante toda la noche.
Pero a Yong Hwa el color rubí no le evocaba recuerdos de su abuela. Su
mente estaba demasiado llena de Shin Hye. De pensamientos obsesivos y lascivos
sobre Shin Hye.
— Allí está tu tía Bek Su —dijo Shin Hye, agarrándolo del brazo. Se
alegraba de ver un rostro familiar—¿Está allí, la ves?
Yong Hwa sintió una intensa oleada de calor. Aquella era la primera vez
que Shin Hye lo tocaba desde hacía semanas y sentir sus dedos sobre la piel le
hacía recordar el momento en el que Shin Hye lo había acariciada tiempo atrás.
El deseo serpenteaba peligrosamente. En aquel momento, no le apetecía acercarse
a hablar con su tía. Lo único que le apetecía era mantener una conversación
privada con Shin Hye...
Pero Shin Hye ya había hecho contacto visual con Bek Su y su tía estaba
sonriendo y acercándose a ellos. A su lado caminaba uno de sus invitados, un
detective alto y atlético al que Bek Su había contratado para que investigara
el accidente de avión de Son Ha.
— Shin Hye —exclamó Bek Su con calor—. Estás tan guapa que…
— Por favor, ninguna referencia a Cenicienta —le advirtió Yong Hwa—Ya
hemos tenido suficientes esta noche.
— Jamás se me ocurriría —le prometió Bek Su—Creo que tu historia se
parece más a La Bella y la Bestia.
Bek Su presentó a su amigo, dejando muy claro que no era su cita de
aquella noche. Shin Hye se quedó estupefacta.
Era un hombre de pocas palabras y no empleó muchas con la pareja.
Después de intercambiar algunos cumplidos con Bek Su, Shin Hye y Yong Hwa se
alejaron lentamente.
— Esta noche no está siendo tan terrible como me imaginaba. Recuerdo una
cita terrible, en la que el hombre con el que salí no fue capaz de decir nada
en toda la noche —Shin Hye rió divertida—Me saludó cuando vino a buscarme y no
volvió a decir una sola palabra durante el resto de la noche. Yo tuve que
hablar por los dos y ya sabes que no soy una gran conversadora.
— ¿Ah no? Pues conmigo no has tenido nunca ningún problema para hablar.
— Oh, eso es diferente —Shin Hye se terminó la copa de champaña—Tú eres
mi jefe. Y esto no es realmente una cita. Así que, bueno, no me siento
presionada.
— ¿Los tipos con los que te citas, suelen presionarte de alguna manera?
—aquella idea lo indignó.
— ¡No! —las mejillas de Shin Hye se pusieron del mismo color que el
vestido—No pretendía insinuar eso. Me refería a una presión social, ya sabes,
para mantener la conversación...
— Yong Hwa, ¿cuándo piensas presentarme a la que va a ser tu mujercita?
—la inconfundible voz de Joo Yuri sonó tras ellos.
— Oh, oh —Yong Hwa bajó la voz—Hablando de presión, prepárate para una
buena dosis.
Shin Hye y Yong Hwa se volvieron hacia ella con una falsa sonrisa en el
rostro.
— Ya conoces a Shin Hye, mamá —dijo Yong Hwa entre dientes—La has visto
muchas veces cuando has ido a la oficina.
— Esa chica que trabajaba en la oficina era como un ratón de biblioteca
—dijo Joo Yuri, recorriendo a Shin Hye con la mirada de los pies a la cabeza—Ni
siquiera me acuerdo del aspecto que tenía.
Joo Yuri continuó recorriendo a Shin Hye con la mirada.
— Hola, señora Jung —la saludó Shin Hye, manteniendo la sonrisa. Sabía
que Joo Yuri insistía en ser llamada así incluso después de su divorcio—Soy
Shin Hye.
Joo Yuri inclinó la cabeza hacia atrás y preguntó bruscamente:
— ¿Estás embarazada?
— ¡Mamá! ¡Por todos los...!
— No, claro que no —respondió Shin Hye rápidamente.
— A mí no tienes por qué mentirme. No soy Hana o Mi Hyang, que fingen
ser tan dulces y sinceras y actúan como si esa idea jamás se les hubiera pasado
por la cabeza. ¡Ja! Todo el mundo lo ha pensado, pero yo soy la única que se
atreve a preguntarlo. ¿Por qué si no, que motiva a Yong Hwa a casarse con su asistente? No pretendo ser maliciosa,
solo quiero saber cuándo va a nacer el bebé.
— No voy a tener ningún bebé. Ni siquiera nos hemos acos… —No termino de
responder Shin Hye, y avergonzada por su propia respuesta, se llevó las manos a
las mejillas.
— ¿Así que es esa tu estrategia? ¿Hacerte la difícil? Oh, eres mucho más
inteligente de lo que pensaba, Shiny.
— Mamá, cállate —le ordenó Yong Hwa con firmeza—Y mi prometida se llama
Shin Hye, no Shiny.
— No pienso callarme hasta que diga lo que tengo que decir. Soy tu madre
y tengo derecho a hacerlo —fulminó a su hijo con la mirada—Así que la recatada
Shin Hye tendió la caña y tú has mordido el anzuelo, ¿eh? ¡Oh, Yong Hwa! Aunque
tengo que reconocer que cuando no se viste con esas antiguallas que lleva a la
oficina es una chica atractiva —añadió a regañadientes—Ese vestido que lleva
debe haberte costado una fortuna. Oh, sí, ya sé que se lo has comprado tú. Esa
bobalicona de So Min le ha contado a Jan Sun que ha salido de compras con Shiny
y que tú lo has pagado todo. Francamente, estoy asombrada. Recuerdo que después
de lo de Tae Hee te juraste no volver a hacer regalos a las mujeres.
— Eso fue hace mucho tiempo, mamá, y no tiene nada que ver con mi
situación actual —dijo Yong Hwa a la defensiva.
— Quizá sí, quizá no — Joo Yuri se encogió de hombros y le dirigió a
Shin Hye una dura mirada—Has conseguido integrarte en la familia, ¿verdad, Shin
Hye? Incluso llevas la sortija de la abuela sin haber cruzado siquiera la
puerta del dormitorio. Y estoy segura de que no la cruzarás hasta que no lleves
una alianza de matrimonio en el dedo.
— Mamá, lo estás malinterpretando todo —dijo Yong Hwa muy tenso—Quiero
que le pidas disculpas inmediatamente a Shin Hye y...
— ¿Disculpas por qué? —Joo Yuri elevó la voz—Creo que estoy siendo muy
amable con la chica. Y desde luego, ella es mucho más astuta que tú, Yong Hwa.
— ¡Tía Joo Yuri! Cuánto me alegro de verte —Juniel se acercó hasta el
trío e hizo una reverencia a Joo Yuri—Estás guapísima. Como siempre, por
supuesto.
Juniel les guiñó el ojo a Shin Hye y a Yong Hwa por encima del hombro de
su tía. Había advertido la tensión que había entre ellos y se había acercado
con intención de aplacarla.
— Tía Joo Yuri, ese color te sienta maravillosamente — exclamó con
entusiasmo—Nadie es capaz de llevar tantos tonos de azul como tú.
— El azul es el color que mejor me sienta. Y tú también estás preciosa
esta noche, tan juvenil y natural. He visto a tu hermana y creo que el vestido
que lleva es demasiado glamoroso para una fiesta familiar. Pero tú estás
preciosa, Juniel. Y apuesto a que te has comprado el vestido en cualquier
almacén. ¡Seguro que en las rebajas! Eres tan práctica. Es algo que siempre he
admirado de ti, porque yo, con mis gustos y preferencias, no soy capaz de
ahorrar.
— Gracias, tía Joo Yuri —respondió Juniel con expresión angelical—Ahora
quiero que me cuentes a qué te dedicas. No he sabido nada de ti desde que me
fui a Haeundae-gu .
— Haeundae-gu —repitió Joo Yuri
con un suspiro—Ahora vives allí, ¿verdad, querida? No entiendo qué atractivo
puede tener ese lugar. Kyu Gun también se fue allí y desde entonces es como si
se lo hubiera tragado la tierra. Me indigna que no se haya molestado siquiera
en venir a Seúl para el compromiso de su hermano y...
— Kyu Gun está muy ocupado mamá —la interrumpió Yong Hwa—Me llamó para
explicármelo y yo lo comprendo.
— Pues yo no. Y me molesta que tu hermanastro tampoco haya sido capaz de
venir a celebrar tu compromiso. ¿Él tampoco puede dejar su trabajo? —miró a
Shin Hye—¿Sabes que Yong Hwa tiene un hermanastro? Es hijo de Mi Hyang y de su
primer marido.
— Sí, lo sabía —respondió Shin Hye incómoda.
— Me pregunto si sabes también que él decidió quedarse a vivir con su
padre en Haeundae-gu cuando era niño.
Sí, no quiso venir a vivir con su madre y con Nat. ¿No te parece triste que un
niño decida que no quiere vivir con su madre, Shiny? Yo no soy capaz de
imaginármelo. Mis hijos vivieron conmigo, por supuesto.
— Haeundae-gu es un estado
precioso, tía Joo Yuri —intervino Juniel— Espero que vengas conmigo a visitarlo
algún día —se volvió hacia Yong Hwa y Shin Hye—¿Por qué no dan una vuelta por
la fiesta mientras yo me quedo charlando con mi tía?
— Sí, Juniel tiene razón —musitó Yong Hwa mientras se alejaban.
— A tu madre parece gustarle Juniel —comentó Shin Hye. Rara, ella había
sido una sorpresa; creía que no había nadie que le gustara.
— Juniel siempre ha sido muy amable y mi madre nunca ha tenido ningún
motivo para envidiarla. Cuando era niña Juniel era independiente y aventurera.
— Algunas mujeres ven a otras como competidoras, independientemente de
su edad.
— ¿Y tú? —preguntó Yong Hwa bruscamente.
— No, claro que no.
— ¿Entonces no eres una mujer competitiva y celosa? ¿No te importaría
que otra mujer se me insinuara?
Shin Hye pestañeó sorprendida.
Aquella conversación estaba tomando un rumbo muy extraño.
— No tendría por qué importarme —le recordó—Pero supongo que si eso
ocurriera esta noche, a los invitados les resultaría de lo más extraño, puesto
que esta es nuestra fiesta de compromiso.
Su intento de mejorar el repentinamente sombrío humor de Yong Hwa fue
inútil. Yong Hwa frunció el ceño y desvió la mirada. Shin Hye no sabía qué
decir.
— ¡Eh, ustedes! — So Min se reunió con ellos—Acabo de ver que se libraron
de Joo Yuri gracias a nuestra Juniel. ¿Ha sido Joo Yuri desagradable contigo?
— En realidad ha sido muy amable —intentó sonreír—la Sra. dice que soy
mucho más astuta que Yong Hwa.
So Min soltó una carcajada.
— Caramba, Shin Hye, deberías sentirte orgullosa —pero advirtió que Yong
Hwa continuaba muy serio—¿Qué te pasa, Yong Hwa? Deberías estar encantado de
que tu engaño esté funcionando tan bien. Pero pareces estar de peor humor
que...
— Odio la música que está tocando la orquesta —la interrumpió Yong Hwa—He
oído alarmas de coches que sonaban mejor ¿Quién la ha contratado, por cierto?
¿Eres consciente de que han tocado dos veces la misma pieza en menos de una
hora? ¡Es una tortura!
So Min elevó las manos al cielo en un exagerado gesto de paciencia.
— De acuerdo, de acuerdo, hermanito, esta noche tus deseos son órdenes.
Ahora mismo voy a ir a hablar con la orquesta.
Cuando So Min se fue, Yong Hwa y Shin Hye continuaron lado a lado en
completo silencio. Shin Hye lo miró de reojo. Yong Hwa permanecía con la mirada
perdida en el espacio, con expresión distante e inescrutable. Shin Hye estaba
segura de que su actitud no solamente se debía a la orquesta. Se mordió el
labio mientras se devanaba los sesos intentando encontrar algo que decir.
— Pareces una de esas citas incómodas de las que me estabas hablando
antes —dijo de pronto Yong Hwa en tono burlón—¿Es la presión social la que te
mantiene callada? ¿Te parece que no soy capaz de mantener una conversación
fluida?
— Digamos que es una conversación que me está costando seguir. Creo que
estas enfadado conmigo, pero no sé por qué.
No tuvo oportunidad de responder. Porque una voz atronó de pronto desde
el micrófono:
— Acaban de decirme que el novio ha hecho una petición especial. Así
que, para Yong Hwa y para Shin Hye.
La orquesta comenzó a tocar la melodía de un clásico de Michael Buble, TheWay You Look Tonight. Y en medio de bromas y palabras de aliento, Shin Hye y
Yong Hwa fueron instados a salir a la pista de baile.
— Voy a matar a So Min por hacerme esto —musitó Yong Hwa.
— Podría ser peor —le recordó Shin Hye.
Yong Hwa hizo un sonido que estaba a medio camino entre la risa y el
gruñido. Condujo a Shin Hye hasta el centro de la pista y la estrechó en sus
brazos.
jajaja dulce noche queridas/o ,lectores creo que soy la primera en leer o mas bien en comentar.... super emocionada cuando vi la actualización he decidido creo!! esperar estén ,mas capítulos juntos jaja por que esto es muy frustraste o mas bien decir adictivo esperar con ansias y verr que no hay mas que leer jejeje a luchar yongshin
ResponderEliminargenial m encanto l cap enserio k la hermana d yong si k s un ejemplo a seguir cada ocurrencia k tiene s genial jajaja
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