martes, 15 de abril de 2014

LAS REGLAS DEL JUEGO - CAPITULO FINAL

Yong Hwa permanecía sentado detrás de su escritorio, sintiéndose como si estuviera en una especie de túnel emocional, atrapado en medio de una sensación de alivio por haber podido desahogarse y la desesperación de saber que había sacado a Shin Hye para siempre de su vida.
Al principio, no le había contado la verdad sobre lo que le había ocurrido a Hyung Han por miedo a hacerle daño. Más tarde, simplemente se decía a sí mismo que se lo diría cuando llegara el momento oportuno y, por supuesto, había encontrado múltiples excusas para retrasarlo… Pero la verdad era que, durante aquellos años, había pasado de ser un bien intencionado e ingenuo jovencito a transformarse en un egoísta y cobarde capaz de engañarse a sí mismo. Conscientemente, se había negado a reconocer que Shin Hye había pasado de ser una niña de catorce años a la que se suponía debía de orientar en la vida, para transformarse en una mujer atractiva e inteligente, capaz de valerse por sí misma.
Pero su subconsciente y su corazón habían sido más astutos, habían sabido que lo que él estaba intentando interpretar como simple lujuria era, en realidad. Amor con mayúscula, del tipo de «hasta que la muerte nos separe».
Y había sido él el que había dejado que la muerte los separara. Desde hacía ya nueve años.
Yong Hwa se había jurado muchas veces que si alguna vez se enamoraba seriamente de alguna mujer, le contaría la verdad sobre lo que había sucedido y pensaba que si ella lo amaba, lo entendería y perdonaría.
Y Shin Hye lo había entendido. Shin Hye le había entendido mejor que nadie. Mejor que él mismo. Le había dicho que no tenía nada que perdonarlo. Que no lo odiaba, pero que enamorarse de él era lo más estúpido que había hecho en su vida. Y probablemente lo fuera, pensó. ¡Pero mucho más estúpido era haber dejado que Shin Hye se fuera para siempre de su vida!
—¿Dónde están mis llaves? —se preguntó en voz alta, buscándolas por su escritorio—Las ha dejado por aquí… —vaya, por lo visto Shin Hye tenía su coche. No importaba, decidió, corriendo hacia la puerta; utilizaría el vehículo de la empresa.
Corrió hacia la puerta y, al abrirla, chocó contra Jae Joon.
—Asshhh, ¿qué quieres ahora?
—He venido a hablar contigo sobre un pedido, pero a juzgar por la forma en la que cierta jovencita ha salido hace unos minutos de tu oficina, supongo que no llego en un buen momento, ¿no?
—Tienes toda la razón—Yong Hwa se acercó al escritorio de una de sus representantes de ventas— Hey,  Sun Hyun—dijo, ignorando la sonrisa divertida de Jae Joon—¿Dónde demonios están las llaves de la camioneta?
—Creo que están en el mecánico. Le estaban haciendo algunos cambios en el motor, ¿no se acuerda?, los demás están dejando material.
Yong Hwa soltó tal obscenidad que podrían haberse caído las paredes, pero apenas consiguió sacar una sonrisa de Jae Joon.
—Llévate mi coche. Jung. Un Bronco rojo que está en el aparcamiento. Llamaré a uno de mis aprendices para que venga a buscarme.
La sorpresa, retrasó momentáneamente la reacción de Yong Hwa, pero casi inmediatamente sonrió, agarró las llaves que Jae Joon le ofrecía y se dirigió hacia la puerta.
—Gracias. ¡Te debo una!
—Me basta con que me invites a la boda para que pueda besar a la novia sin miedo a que me rompas la nariz como a Joon Suk.
Cuando pasó la señal que indicaba que estaba llegando a la estación Central, cerca del barrio donde vivían los padres de Shin Hye, a Yong Hwa empezó a latirle violentamente el corazón.
Shin Hye tenía que estar allí. ¡Tenía que estar allí! Habían pasado ya ocho horas desde que había salido de su oficina, y ya no le quedaba ningún lugar en el que mirar.
Había mirado en su propia casa, por si había ido allí a hacer las maletas, en el aeropuerto, por si había decidido volver a Seúl, había vuelto a Suyeong , por si había optado por volver a la casa en la que habían pasado la última semana y al final había llegado a la conclusión de que lo más normal era que se hubiera ido a casa de sus padres.
Al oír un estrépito de cristales y chatarra, Shin Hye se asomó a la ventana que daba al camino de entrada a la casa.
—¡Oh, no! —se lamentó Shin Hye al ver el coche que acababa de estrellarse contra el Range Rover de Yong Hwa—No me lo puedo creer.
Rezando para que se tratara de una alucinación, corrió a la puerta de la entrada.
—Por favor, que sean imaginaciones mías —rezó en voz alta, asomándose con los ojos cerrados a la barandilla del corredor—Dios mío, cuando abra los ojos, no me dejes descubrir que Jae Joon se ha cargado toda la parte trasera del coche de Yong Hwa.
Pero al abrir los ojos se dio cuenta de que Dios debía de estar de vacaciones.
—¡Aassshh! —gritó—Jae Joon, eres un idiota, ¿qué demonios has hecho?
—El idiota no es Jae Joon, sino yo.
—¡Yong Hwa! ¿Qué…? ¿Cómo…? —sabía que parecía incoherente, pero al menos era algo más consistente que lo que sentía.
Su pulso latía a una velocidad inusual, a la vez que se habían apoderado de ella el miedo de verlo aparecer y el alivio de que no estuviera herido. —Supongo que no he pisado suficientemente los frenos —comentó Yong Hwa mientras se acercaba a ella—. Ya sabes… no estoy acostumbrado a ese coche.
—¿Qué… qué estás haciendo? —Shin Hye sacudió la cabeza y comenzó otra vez—. ¿Qué estás haciendo con el coche de Jae Joon?
—¿Quieres decir además de participar en un derby de demolición de coches en el camino de casa de tus padres?
—¡Yong Hwa! ¿Cómo puedes bromear sobre lo que has hecho? —se le quebró la voz cuando Yong Hwa le enmarcó el rostro con las manos. Completamente paralizada por la cercanía de Yong Hwa, lo sintió, más que oírlo, susurrar su nombre.
—Lo que le hecho al coche se puede solucionar. Pero me preocupa más el daño que nos he hecho a nosotros, a nuestro futuro.
La emoción que se adivinaba en su voz y la reverencia con la que le acariciaba las mejillas mientras estudiaba su rostro llenaron a Shin Hye de lo que sólo se podía denominar, una especie de calor espiritual.
—Te amo, Shin Hye. Te amo más de lo que nunca he sido capaz de decirte o demostrarte. Para mí vales más que mi propia vida y he sido un estúpido al…
—Chsss. No eres ningún estúpido, Yong Hwa —sonrió mientras le acariciaba los labios—. La prueba es que yo soy demasiado inteligente para enamorarme de un tonto y estoy completamente enamorada de ti.
—Hace unas horas has dicho que era lo más estúpido que habías hecho en tu vida.
—He dicho muchas cosas que no tenía derecho a decir.
—Tenías derecho a decirlas porque eran verdad. He dejado que el sentimiento de culpabilidad dominara toda mi vida. Lógicamente, siempre he sabido que el accidente fue precisamente eso, un accidente. Pero no puedo evitar preguntarme si…
Juró suavemente, antes de enterrar el rostro en su pelo e, instintivamente, Shin Hye se estrechó contra él. Sabía que Yong Hwa todavía necesitaba tiempo, que no podía liberarse del pasado fácilmente, pero al menos, ya se había dado cuenta de que no era un error intentarlo.
—No sólo te amo, Shin Hye —le dijo Yong Hwa con una voz llena de emoción—. Te necesito, necesito que me ayudes a poner mi vida en orden. Necesito que estés a mi lado, que compartas la vida conmigo.
—¿De verdad? —le preguntó Shin Hye, decidida a aguijonearlo para que volviera a la normalidad—¿Eso significa que me estás ofreciendo un contrato indefinido en el departamento de contabilidad de la corporación?...Bueno… Podría acostumbrarme al trabajo…
—¡ Shin Hye! —estalló Yong Hwa sacudiéndola ligeramente por los hombros—. ¡No estoy hablando de la empresa! ¡Estoy haciéndote una propuesta y lo sabes!
—Oh —exclamó Shin Hye fingiendo sorpresa—. El problema es que siempre me había imaginado que el hombre que me pidiera que me casara con él lo haría, por lo menos, con una sonrisa en los labios —le rodeó el cuello con los brazos—. De hecho, creo que esa sonrisa es esencial para conseguir por mi parte una respuesta afirmativa.
El brillo de diversión que apareció en los ojos de Yong Hwa, fue motivo de una carcajada.
—¿Eso quiere decir que sí? —le preguntó Yong Hwa.
Shin Hye se alejó de él y adoptó una expresión pensativa.
—¿Decir que sí significa que tengo derecho a poner algunas de las reglas de nuestro matrimonio?
—Eso depende —musitó Yong Hwa contra su cuello—, de cuántas me toque a mí cumplir.
—Sólo una —susurró Shin Hye, poniéndose de puntillas para estar más cerca de su rostro.
—¿Y cuál es?
—Que no dejes de amarme nunca.
—Eso está hecho —contestó Yong Hwa. Bajó lentamente la cabeza y la besó, despertando en Shin Hye una infinidad de sentimientos que ni siquiera se había imaginado nunca que existieran.




Fin




5 comentarios:

  1. Muy hermoso este fic, estuve en suspenso, emoción y llanto desde el inicio hasta el final, gracias.

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  2. Que final perfecto ¡¡¡ me encanto tu historia ¡¡

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  3. Que final perfecto ¡¡¡ me encanto tu historia ¡¡

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  4. Un final muuuuy hermosooo unnie....perfecto!!!!...Me encantoooo!!!!...Me da mucho gusto q el se dio cuenta q fue un tonto al dejarla ir y fue tras ella para decirle q la ama y para pedirle matrimonio.Me encanto este fic....desde el principio hasta el final y lo voy a extranar mucho!!!!Gracias por dejarnos leer tus hermosos fics unnie!!!

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  5. lindo fic muy emocionante desde el principio unnie .......! sigue escribiendo mas gistorias de nuestra pareja yonshin please!!!! ;)

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