Fue tan fuerte la impresión causada por las palabras de Yong Hwa que Shin
Hye tuvo que aferrarse con ambas manos al pomo de la puerta para no caerse.
Durante unos segundos interminables, lo único que oía eran los latidos de su
propio corazón. Y después su mente empezó a gritar: «¡Mentira! ¡Mentira!
¡Mentira!»
—Hyung Han murió porque un borracho se saltó una señal de ceda al paso
—el temblor de su voz daba a aquella afirmación una incertidumbre que
inmediatamente intentó disipar—. ¡Sé que es verdad! ¡Sé que es verdad! —se
volvió hacia él y su corazón lloró al ver la angustia que inundaba los ojos de Yong
Hwa—Siempre he sospechado que no me lo habían contado todo, pero sé que Hyung
Han no murió por tu culpa.
—Él no debería haber ido conduciendo… tendría que haber sido yo. Pero
habíamos estado en un pub y…
—¿Quieres decir que Hyung Han estaba borracho?
—¡No! —la miró horrorizado—. ¡Era yo el que estaba borracho!
—Entonces… ¿eras tú el que conducía?
—Debería haber ido conduciendo yo—hablaba como si estuviera a kilómetros
de distancia—Mi falta de responsabilidad mató a Hyung Han.
Cuanto más hablaba, menos entendía Shin Hye y la frustración empezaba a
despejar los temores que había evocado al principio la declaración de Yong Hwa.
—No entiendo nada —se acercó a él, como si al acortar la
distancia que los separaba pudiera aclarar algo. Pero Yong Hwa retrocedió—.
¡Por favor, Yong Hwa, quédate quieto! No entiendo nada de lo que dices, no tiene
ningún sentido —lo acusó—De pronto, me dices que deberías haber ido
conduciendo, después que estabas borracho cuando creo que jamás te he visto
tomar más de dos copas en el mismo día… —su expresión estaba a tono con el
escepticismo de su voz—, y bueno, estás hablando de irresponsabilidad cuando no
conozco a nadie más responsable que tú.
—Me estás confundiendo con tu hermano.
—¡Jamás te he confundido con nadie! ¿Cómo podría confundirte?
Yong Hwa apretó los puños a ambos lados de su cuerpo para evitar la
tentación de abrazarla y responder al amor que se veía en sus ojos. No podía
dejarse llevar por los sentimientos hasta que no estuviera seguro de que Shin
Hye le estaba entendiendo.
—¿Qué recuerdas tú sobre Hyung Han? —le preguntó.
—A veces me cuesta imaginármelo —contestó en un susurro—. Sé que era muy
guapo, que tú lo llamabas el «rompecorazones» y que aunque todas las chicas del
barrio estaban detrás de él, él estaba loco por Bo Jie —una débil sonrisa curvó
sus labios—Cuando no podía salir con ella porque se tenía que quedar a cuidarme,
me decía que yo era un fastidio y que cuando se casara con Bo Jie iba a tener
una docena de hijos para que tuviera que quedarme yo a cuidarlos…
Al ver el brillo de las lágrimas en sus ojos, Yong Hwa la interrumpió.
—No pensaba que fueras ningún fastidio. Shin Hye. La verdad es que te
adoraba.
—Oh, ya lo sé, me lo decía de broma —respondió rápidamente—Siempre era
tan amable, tan divertido, tan…
—Responsable.
—Sí, en ese sentido tú y Hyung Han eran iguales.
—No —contestó Yong Hwa con dureza—no éramos iguales.
—Pero tú eres…
—¿Qué recuerdas de mí en esa época, Shin Hye? ¿Tienes algún recuerdo de
mí antes de que Hyung Han muriera?
A Shin Hye la sorprendió la dificultad que tenía para encontrar algún
recuerdo nítido.
—Eh… bueno, recuerdo el día que pusiste las luces de Navidad y nos
dejaste a todos a oscuras… —se mordió el labio—. Bueno, no lo recuerdo
exactamente, pero como todo el mundo me ha hablado de ello…
—¿Y?
—Y recuerdo también que mi padre me llevaba a verlos jugar al beisbol y
que una vez te echaron por empezar una pelea —sonrió—Se enfadó casi tanto como
cuando te suspendieron por haber llevado bebidas alcohólicas a un baile del
colegio.
—No parecen cosas propias de una persona responsable…
—Quizá no. pero los niños hacen ese tipo de cosas.
—¿Has oído que alguna vez las hiciera Hyung Han?
—No, pero sé que normalmente iba contigo…
—Sí, eso es cierto. A veces intentando hablar conmigo para evitarme
problemas, pero la mayor parte de las veces intentando sacarme de los líos en los
que me había metido o procurando cubrirme —sacudió la cabeza con tristeza—Hyung
Han era el responsable, no yo. Éramos tan distintos como el día y la noche,
pero él me comprendía mejor que nadie. Fue él el que convenció a mi padre de
dejarme ir a la universidad a estudiar arquitectura no era tirar el dinero.
—Pero si tu padre siempre ha estado muy orgulloso de ti… Me cuesta creer
que no quisiera que fueras a la universidad.
—Pues créetelo. En aquel entonces, mi relación con mi padre era muy
tensa, pero Hyung Han consiguió convencerlo —repitió con expresión distante.
—¿Y qué habría pasado si no lo hubiera conseguido?
—Me habría ido de casa.
—¿Y habrías trabajado durante el día y estudiado por las noches?
Yong Hwa sonrió con pesar.
—Lo dudo. En aquella época no era una persona ni responsable ni con una
gran disposición hacia el trabajo. En realidad ésa era la razón por la que me
atraía tanto la universidad: horario de clases y tutorías durante el día, y
fiestas durante la noche.
—No te creo.
—Pues es la verdad.
—¿De verdad? ¿Entonces qué santo hizo el milagro de convertirte en un
estudiante ejemplar y en una persona de moralidad intachable?
—No fue ningún milagro —respondió con brusquedad—Fue una tragedia, una
tragedia que podría haberse evitado si yo no hubiera estado siempre tan
obsesionado con pasármelo bien.
Se interrumpió, pero Shin Hye no quería presionarlo. Esperó en silencio
a que continuara.
—No sé por qué, pero Bo Jie y él habían discutido y Hyung Han no había
podido convencerla para que viniera con nosotros al pub. Teníamos un acuerdo
entre los tres, conducíamos por turnos. Aquel día le tocaba a Bo Jie, pero como
ella no estaba, tenía que conducir yo —se calló y se frotó los ojos—. Recuerdo
que le dije de mala manera que como era el novio de Bo Jie, era él el que debía
sustituirla. Hyung Han me pasó las llaves sonriendo y me dijo que me tocaba a
mí porque era mi hermana.
—Más o menos yo ya había aceptado conducir, hasta que empezó a ser
evidente que una mujer explosiva que habíamos conocido en el pub estaba más
interesada en Hyung Han que en mí. ¡En Hyung Han! Y él estaba tan loco por mi
hermana que ni siquiera era capaz de darse cuenta de que me estaba quitando a
una chica.
Shin Hye se dijo que, o bien su hermano era mucho más guapo de lo que
ella recordaba, o aquella mujer debía estar ciega.
—El caso fue que, cuanto más herido sentía mi ego, más bebía. Estaba
totalmente borracho cuando empecé una pelea a causa de ella, yo estaba
dispuesto a dar la vida para que se fijara en mí. Lo único que recuerdo de
aquella pelea es que aterricé en el suelo al primer puñetazo… Lo siguiente fue
que me desperté en un coche volcado y oliendo a gasolina... —dio un suspiro y continuó—, y observar a Hyung Han sabiendo que la persona que más
quería en el mundo estaba muriendo en mis brazos. Él me había salvado el
pellejo sacándome del pub, y yo no podía salvarlo a él…
—Oh, Dios mío…
Aunque Shin Hye sabía que había sido Yong Hwa el que había sacado de los
restos del coche a su hermano, jamás había considerado el impacto que aquel
acontecimiento había tenido en su vida. Mientras que en sus padres y en Bo Jie
había sido patente la conmoción causada por aquella muerte, siempre había
pensado que Yong Hwa la había superado sin excesivos problemas. Qué equivocada
estaba.
Comprendió entonces que Yong Hwa no sólo se culpaba de lo que había
sucedido, sino que también había asumido las responsabilidades que le hubieran
correspondido a Hyung Han si hubiera vivido: Bo Jie, el negocio de la familia,
ella…
—Él fue consciente en todo momento de que estaba intentando sacarlo del
coche antes de que se incendiara. Conseguí alejarlo del coche. Jamás lo
olvidaré —respiró hondo, como si quisiera llenarse del aire limpio de su
despacho—La gente empezó a salir de sus casas; oía las sirenas en la distancia
y le dije a Hyung Han que aguantara, que ya venía la ambulancia. «Estupendo»,
me dijo, «seguro que la necesitas». Estaba tan lúcido que yo pensé que no
estaba tan grave como al principio me había parecido. Incluso cuando me pidió
que le dijera a Bo Jie que sentía que hubieran discutido y que la quería, le
contesté que podría hacerlo él mismo y que yo no me iba a dedicar a solucionar
sus problemas sentimentales. Y cuando te mencionó a ti…
—¿A mí? —preguntó Shin Hye, conteniendo a duras penas su emoción.
—Me dijo que quizá fuera como pedirle a un ciego que ayudara a cruzar la
calle a otro ciego, pero que te vigilara. «Creo que mis padres no van a poder
con ella», me dijo, «y creo que ya es hora de que dejes de hacer el tonto con
las chicas». Yo pensaba que si era capaz de bromear debía de estar mejor de lo
que parecía. Pero no lo estaba. Murió antes de que llegara la ambulancia.
—Oh. Yong Hwa…
El sollozo estrangulado con el que pronunció su nombre y las lágrimas
que corrían por las mejillas de Shin Hye le causaron un dolor que nunca había
imaginado pudiera sentir. El primer impulso fue el de acercarse a consolarla,
pero comprendió que era la última persona que debería hacerlo; sabiendo lo que
sabía Shin Hye después de aquella confesión, su propia existencia sólo serviría
para aumentar su sufrimiento.
—Entonces eso es lo que has estado ocultándome durante todos estos años
—musitó Shin Hye cuando por fin alzó la cabeza—¿Lo sabe Bo Jie?
—Sí.
—Pero ella todavía sigue culpándose por lo que sucedió.
—No fue culpa suya, Shin Hye…
—¡Ya lo sé! Pero tampoco fue culpa tuya.
—Se suponía que yo tenía que…
—¡No! —negó con vehemencia—Bo Jie cree que debería haber sido ella. Tú
mismo has dicho que le tocaba a ella.
—Déjalo. Shin Hye, culpar a Bo Jie no va a devolverle a Hyung Han la
vida.
—¡Por supuesto que no! —afirmó ella—Maldita sea, Yong Hwa, no estoy
intentando culpar a Bo Jie. ¿Por qué iba a tener que hacerlo cuando se ha
pasado los últimos años castigándose? Igual que tú.
—Estás diciendo tonterías.
—¿Pero qué demonios les pasa a los Jung? Bo Jie estaba tan desesperada
intentando reparar su supuesta culpa por la muerte de Hyung Han y conservando
vivo su recuerdo que tuvo un embarazo psicológico y después se convirtió en una
especie de reclusa. Y tú… tú, Yong Hwa —rodeó el escritorio y se dirigió hacia
él—, ¡y tú intentaste convertirte en Hyung Han!
—Ya te he dicho que estás diciendo tonterías.
—¿Yo? ¿Entonces por qué renunciaste a formar parte de una de las más
importantes firmas de arquitectos del país para dedicarte a dirigir esta
compañia cuando tu padre se retiró?
—Siempre se había pensado que yo me haría cargo de la empresa…
—No, siempre se había esperado que fuera Hyung Han el que terminara dirigiéndola.
De la misma forma que se esperaba que estuviera aquí para atender a Bo Jie y
ser un hermano mayor para mí. Creo que los más sorprendidos fueron nuestros
propios padres cuando dijiste que querías hacerte cargo de todo. Recuerdo que
comentaban que te daban dos años como mucho antes de que te dedicaras a lo que
realmente te gustaba: la arquitectura.
—Entonces se equivocaron, ¿no?
—No, no se equivocaron. Tú odias lo que estás haciendo. ¡No lo niegues!
—explotó, cuando lo vio abrir la boca para protestar—. He visto los diseños que
tenías en tu casa, he pasado gran parte de la semana estudiándolos y…
—¿Y qué?
—Son muy buenos. Excelentes, de hecho.
—Tú eres una actriz, Shin Hye. No sabes suficiente sobre arquitectura
como para emitir un juicio de ese tipo.
—Quizá no, pero te conozco. Y cada uno de esos proyectos dice mucho
sobre ti, Yong Hwa.
—Déjalo, Shin Hye.
—Son tus sueños, Yong Hwa.
Yong Hwa soltó una dura carcajada. —Pues si son mis sueños, no son más
que sueños.
—¿Pero es que no te das cuenta? No tienen por qué ser sueños. Eres un
arquitecto brillante: estoy segura de que si lo intentaras podrías vender esos
proyectos mañana mismo. Pero no lo vas a hacer, porque no es eso lo que
quieres, ¿verdad?
—Dímelo tú, parece que lo sabes todo.
—Sí, lo sé. Jamás venderás esos proyectos porque no puedes soportar la
idea de que alguien a quien realmente no le importan haga una chapuza con esos
diseños. Si alguna vez decides construir alguna de esas casas para venderla, lo
harás casi con tus propias manos, estoy segura de que pondrás en ella tanto
esfuerzo y cuidado como lo has puesto en la tuya.
—Lo cual sería un auténtico fracaso comercial, teniendo en cuenta que
todavía no he podido terminar la única que he empezado. Nada de lo que has
dicho resulta práctico. Me involucré tanto en el trabajo de mi casa porque era
una inversión personal.
—Para ti, construir también es una especie de terapia emocional —lo
contradijo—, porque la frustración de estar dedicándote a un trabajo que podría
hacer cualquier constructor medianamente inteligente te está volviendo loco.
—Puedes creer lo que quieras. Shin Hye; eso no altera el hecho de que
hace nueve años mi egoísmo no sólo causó la muerte de Hyung Han, sino también
un dolor irrevocable para la gente que tanto a él como a mí más nos importaba.
Te juro que jamás voy a hacer nada que pueda suponer un sufrimiento para esa
gente. He asumido responsabilidades hacia nuestros padres, hacia Bo Jie, hacia…
—¡Cierra la boca y deja de hablar de responsabilidades hacia los demás!
¿Qué ocurre con la responsabilidad hacia ti mismo? Como tú mismo has dicho, el
dolor es irrevocable. Yong Hwa, tú no eres Dios, tú no podías saber que iba a
ocurrir ese accidente, en caso contrario seguro que te habrías puesto tú al
volante.
—No, no podía saberlo! Pero sé
que las circunstancias en las que murió Hyung Han se interpondrán siempre
entre nosotros y, antes o después, terminarás odiándome por lo ocurrido —viendo
su dolor, Shin Hye se acercó a consolarlo, pero él la rechazó—Déjalo, Shin Hye.
Tu perdón sólo sirve para hacer que me sienta más culpable.
—Te resultaría más fácil que te aborreciera, ¿verdad? Sí, supongo que
sería más fácil, sabrías como enfrentarte a ello. Al fin y al cabo has estado
aborreciéndote durante años. Durante todos estos años, no sólo has asumido el
papel de protector, sino también el de mártir, negándote a ti mismo todos tus
sueños y ambiciones. Y ahora… bueno, ahora te has propuesto alcanzar nuevas
cotas negándote el amor, mi amor.
Para desesperación de Shin Hye, Yong Hwa permanecía impasible.
—¡Yong Hwa! Admítelo, ¿por qué no lo admites?
Como Yong Hwa permanecía obstinadamente en silencio. Shin Hye comprendió
que ya no podía decir ni hacer nada más. Maldiciendo las lágrimas que cegaban
su visión, se acercó a la puerta y la abrió.
—He hecho muchas tonterías en mi vida, pero enamorarme de ti Yong Hwa,
es la mayor de todas. Aun así, no pienso darte la satisfacción de odiarte. Sólo
espero que te atragantes con tus estúpidas reglas, tus preciosas
responsabilidades y tu complejo de culpabilidad.
El portazo que dio a la salida fue más sonoro que el que había dado al
llegar.
lindooooo el capi sigue actualizando xfavor ....! ;)
ResponderEliminarMuy lindo el capitulo pero un poco triste tambien...Yong ya no insistes mas con eso...no fue tu culpa...Cuando lo vas a entender??...Y ahora q Shinhye se fue q va a pasar??!...Unnie porfaaaa actualiza prontooo!!!!
ResponderEliminarY el otro?! Ya súbanlo!!! Waaaa! Muero de la curiosidad!!!
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