Shin Hye dio la bienvenida al sol de la mañana con un suspiro de
felicidad. Yong Hwa. cuya mano descansaba en el abdomen de la joven, la deslizó
desde allí hasta la parte inferior de sus senos.
—Mmm —ronroneó Shin Hye, acurrucándose contra él.
—Mmm. ¿Qué?
—Mmm. sigue —respondió ella, sintiendo que su cuerpo se despertaba a
mayor velocidad que su cerebro.
—¿Más qué? —bromeó Yong Hwa mientras continuaba acariciándola.
—Más de todo —contestó, adorando el brillo de deseo que iluminada los
ojos de Yong Hwa y desilusionada al verlo sacudir la cabeza.
—Es demasiado pronto. Tienes que estar cansada y no quiero hacerte daño.
—Tú nunca me haces daño, Yong Hwa —aquella confianza absoluta mereció
una sonrisa radiante de Yong Hwa.
—Pero todavía tienes que estar algo dolorida…
—En absoluto. Además, creo que tú tienes el remedio para curarme.
Yong Hwa la miró arqueando una ceja.
—Eres una desvergonzada. Park Shin Hye.
—No más que tú.
Y de pronto, Yong Hwa fue asaltado con un beso que no tenía ninguna
intención de resistir.
Shin Hye era absolutamente irresistible. Yong Hwa se dijo que sabía
incluso más dulce que por la noche, pero aquello debía de ser producto de la
pasión; en cualquier caso, era imposible que hubiera nada más delicioso y embriagador
que la sensual respuesta de Shin Hye a su amor.
Porque él la amaba. Sí. Había tenido que librar una dura batalla para
admitirlo, pero, al final, se había dado cuenta de que era absurdo negar la
verdad: estaba enamorado de Shin Hye y nada en el mundo podía alterar la
realidad.
Profundizó su beso, como una defensa contra la sobrecogedora necesidad
de decírselo a ella. No quería asustarla, y tampoco que se sintiera presionada.
No quería que su inexperiencia e impulsividad la llevaran a pensar que aquellos
sentimientos eran recíprocos.
Bah, se reprochó, ¿a quién estaba intentando engañar? Era ridículo
fingir que estaba siendo noble y considerado cuando lo que pasaba era que era
un cobarde. La mera idea de que ella no le respondiera con un «yo también te
quiero», lo aterraba.
Shin Hye se inquietó al ver que dejaba de acariciarla y se sentaba en la
cama.
—¿Yong Hwa? —le preguntó vacilante—. ¿Qué te pasa?
El sol que se filtraba por las ventanas convertía el despeinado pelo de Yong
Hwa en una maraña de hebras muy sexys. Shin Hye alargó el brazo hacia él, pero
desistió de tocarlo al verlo sacudir silenciosamente la cabeza.
—Yong Hwa, dime, ¿qué te pasa?
Yong Hwa estaba debatiéndose entre la posibilidad de inventar cualquier
excusa y la de desnudar por completo su alma cuando Shin Hye le dio un beso en
el hombro.
—Es probable que te asustes cuando lo oigas —empezó a explicarle—pero…
—tomó aire—estoy enamorado de ti.
—Ya lo sé.
—¿Que ya lo sabes? —preguntó Yong Hwa casi indignado.
—Me lo dijo Jae Joon.
—¿Que Jae qué?
—Pero no me asusta —continuó diciendo Shin Hye ignorando sus balbuceos—,
quizá me haga temblar, pero puedes estar seguro de que no es de miedo —se puso
de rodillas en la cama, enmarcó el rostro de Yong Hwa con las manos y rozó sus
labios con una suavidad angelical.
—¿Y tú estás enamorada de mí? —apenas se atrevía a creerlo.
—Creo que desde antes de nacer.
Suspirando aliviado. Yong Hwa la abrazó y terminaron juntos bajo las
sábanas.
—¡Así que lo sabías porque te lo había dicho Jae Joon!
—¡Déjalo. Yong Hwa! Nos hizo a los dos un favor.
—¿Sí? Me gustaría saber cuál.
Shin Hye alzó la cabeza y miró a Yong Hwa con el ceño fruncido.
—¿Sinceramente crees que me habría abalanzado sobre ti la noche que
pasamos en el hotel si no hubiera sabido que me amabas?
—Aja… así que reconoces que te abalanzaste sobre mí…
Shin Hye le respondió con una mirada desafiante.
Durante los siguientes cuatro días, la inesperada novedad de saberse
amada por Yong Hwa, mantuvo a Shin Hye completamente feliz: había algo
deliciosamente excitante en vivir encerrada con él en aquella enorme casa, sin
que nadie conociera su paradero.
Pero aunque les hubiera gustado que las cosas fueran de otra manera,
tampoco estaban completamente desconectados del resto del mundo. Yong Hwa había
arreglado las cosas para que se desviaran automáticamente hasta allí las llamadas
dirigidas a su casa de manera que, tanto la policía como el personal de su
empresa, pudiera estar en contacto con él, aunque realmente, era Yong Hwa el
que llamaba a diario.
Shin Hye tenía la sensación de que Yong Hwa estaba cada vez más
nervioso, y temía que su preocupación tenía mucho que ver con la falta de
respuestas de la policía y con el miedo a que la compañía no pudiera
funcionar como debiera en su ausencia.
En algunas ocasiones, lo descubría con aire ausente y, aunque su
distracción desaparecía en cuanto veía a Shin Hye, ésta no podía dejar de
pensar que estaba intentando ocultarle algo que lo inquietaba. Intentaba
decirse a sí misma que quizá fueran imaginaciones suyas, pero su negativa a
confiar en ella, salió de nuevo a la luz el viernes.
Habían pasado la mañana recorriendo tiendas, y habían llegado a casa con
un mesita de café para el cuarto de estar. Aunque al principio Yong Hwa había
dudado, al final se había mostrado de acuerdo, y había confesado su sorpresa
por las habilidades de Shin Hye para regatear.
—Soy una negociante profesional —le comentó ella mientras se dirigían
hacia la cocina con el pan fresco y el jamón que habían comprado para almorzar.
—Yo diría que eres una timadora profesional —repuso Yong Hwa
pellizcándole la nariz cariñosamente.
Shin Hye le apartó la mano.
—Una de las cosas más divertidas de ir a comprar muebles costosos es
regatear.
Yong Hwa posó las manos en sus caderas para acercarla a él.
—¿Y cuáles son las demás?
—Después de hoy, creo que otra de las cosas más divertidas es la cara de
culpable que pones cuando por fin consigo que me dejen algo al precio que
propongo.
—Eres incorregible —respondió Yong Hwa con una carcajada.
—Y tú insaciable —pero su queja murió en sus labios mientras se
preparaba para un beso. Al oír en ese preciso instante el teléfono, suspiró
decepcionada.
—Espérame donde nos hemos quedado —musitó Yong Hwa, le dio un beso y la
soltó.
Al principio, Shin Hye así lo hizo, pero en cuanto comprendió que la
llamada iba a ser más larga de lo esperado, se puso a preparar el almuerzo.
Estaba perdida en sus propios pensamientos, recreándose en la perfección
cósmica que había descubierto en los brazos de Yong Hwa cuando oyó que éste alzo
la voz diciendo algo sobre los arquitectos con más creatividad que sentido
común. A los pocos segundos. Yong Hwa entraba en la cocina mesándose los
cabellos y con una expresión mucho más elocuente que todas sus palabras de
enfado.
—¿Ha habido problemas en la oficina?
—¿Eh? No, nada que un constructor no pueda arreglar. Lo tienen todo bajo
control.
—Pero aun así, tú te sientes responsable y piensas que deberías estar en
Haeundae.
Yong Hwa le dirigió una dura mirada.
—La compañía es mi responsabilidad, jovencita.
—¿Por qué cada vez que asumes una actitud responsable tienes que
llamarme «jovencita»? Estoy segura de que ni te das cuenta, pero sólo me llamas
así cuando no…
—Cuando no te llamo cariño, querida, preciosa… —sonrió, rodeó el mostrador
y se acercó hacia ella—Pero reconoce que nunca te llamo «pequeña». Sé que odias
a los tipos que te llaman así —le rodeó la cintura con los brazos y hundió la
cabeza en su cuello—Hueles muy bien…
—Y tú estás intentando distraerme cuando lo que yo pretendo es hacer el
almuerzo y poder tener una conversación seria contigo.
—Caramba, y yo aquí, intentando seducirte —suspiró—De acuerdo, ¿qué
estabas diciendo?
—Olvídalo —suspiró Shin Hye. Al fin y al cabo, le resultaba imposible
pensar cuando Yong Hwa la acariciaba de aquella manera.
En medio de la semioscuridad del amanecer, Yong Hwa dejó el teléfono en
la mesilla, agradeciendo el haber estado despierto para contestar antes de que Shin
Hye se despertara. Volvió a tumbarse en la cama mirando hacia el techo. Había
crecido creyendo que el enamorarse ayudaba a que todo en la vida pareciera
perfecto, pero su vida se había convertido en un auténtico lío con una
desagradable tendencia a empeorar.
Yong Hwa siempre se había dicho que sería totalmente sincero si alguna
vez se enamoraba, que no tendría secretos para la mujer con la que compartiera
su futuro y que con el amor y la comprensión de la mujer amada, al cabo de un
tiempo sería capaz de perdonarse a sí mismo. Pero sus expectativas habrían sido
factibles si se hubiera enamorado de alguien que no fuera Park Shin Hye. En ese
caso, la sinceridad sólo serviría para destruir su amor.
Y eso significaba que su amor no tenía ningún futuro.
—¿Por qué? —susurró con voz ronca—¿Por qué ella? —volvió la cabeza y
observó el plácido rostro de Shin Hye—¿Por qué has tenido que escogerme a mí?
Después de hacer el amor aquella noche. Shin Hye le había preguntado por
lo que harían cuando se fueran de allí y lo único que había podido responderle
era que consideraba preferible no tomar decisiones en un momento en el que ella
estaba sometida a una fuerte tensión emocional por culpa del fan loco que la perseguía.
Shin Hye había admitido a regañadientes que tenía razón, y después de otra
dosis de dulces y confiadas declaraciones de amor se había quedado dormida,
dejando a Yong Hwa batallando contra su propia cobardía y contra los demonios
del pasado.
Aunque podía excusarse a sí mismo por lo que había sucedido en el hotel
de Gangnam, sabía que todo lo demás era fruto de una decisión consciente por su
parte. Y en todo momento había albergado la esperanza de que el amor lo ayudara
a enfrentarse a los sus fantasmas del pasado. Ése era el problema de la
esperanza; al final, siempre tenía que luchar con la dura realidad. Y la
realidad era que aunque jamás le había dicho a Shin Hye una mentira, toda su
relación estaba basada en que ella ignoraba la verdad.
Al despertarse sola y sin las cariñosas muestras de amor con las que Yong
Hwa la despertaba todas las mañanas. Shin Hye se sintió inquieta. Y la
preocupación que se reflejaba en el rostro de Yong Hwa no la ayudó a librarse
de aquella sensación.
—¿Yong Hwa? —le preguntó, extrañada al encontrarlo ya duchado y vestido—¿Qué
pasa? ¿Por qué…?
—Ya lo han atrapado, Shin Hye.
—¿Qué?
—Que ya han atrapado al tipo que te perseguía. Pero no eras tú su
objetivo, sino, tu compañera de piso. El tipo en cuestión se llama, Choi Woo.
—¡Espera! ¿Quieres decir que la víctima era Se Young, no yo? No entiendo
nada.
—Aparentemente, Choi Woo estaba obsesionado con ella. El anuncio de su
compromiso lo afectó sobremanera y decidió volarle el coche. Pensaba que era
suyo porque…
—Porque yo se lo prestaba de vez en cuando. Y supongo que quemó la casa
porque también pensaba que era de ella. ¿Pero qué sentido tiene que me mandara
cartas al estudio?
—Por lo viso Choi Woo no sabía lo que hacía, estaba loco. Eso es todo lo
que sé. Si quieres más información puedes llamar a la policia—señaló el
teléfono con la cabeza—Puedes llamarlo desde aquí, pero vístete primero y yo
iré metiendo las maletas en el coche.
—¿Que vas a meter…? Yong Hwa, ¿qué demonios está pasando aquí?
—Volvemos a Haeundae.
—¿Ahora?
—Shin Hye, ya han atrapado a ese tipo. Ya no hay ninguna razón para que
te quedes en Busan, y mucho menos aquí. Si te apetece pasar unos días en la
casa, hazlo, pero si no te das prisa en vestirte para que pueda ir metiendo las
maletas…
—¿A qué viene tanta prisa? Sólo tenemos un par de maletas.
Yong Hwa no respondió, sino que salió de la cocina sin dar ninguna
explicación. Pero aquel gesto tenía un significado que Shin Hye no se atrevía a
reconocer.
—¡Yong Hwa! ¿A dónde vas? ¿Qué estás haciendo?
Yong Hwa se volvió hacia ella y se quedó mirándola con una completa
falta de expresión en el rostro.
—Shin Hye, si quieres venir conmigo, salgo dentro de media hora.
—¿Y si no?
—Y si no, me iré ahora.
Shin Hye no era capaz de decir el tiempo que estuvo llorando y vagando
por la casa, pero sí el momento en el que decidió parar. Bueno, por lo menos
intentarlo.
—Así que esto es un desengaño amoroso —se dijo en voz alta, intentando
utilizar una técnica que en el mundo de la interpretación se llamaba «el tercer
ojo» y consistía en intentar distanciarse y examinar lo que se estaba
sintiendo.
En primer lugar, tenía un ligero dolor de cabeza y los ojos irritados,
y, por primera vez en su vida, era como si estuviera viéndose su interior, como
si pudiera ver su corazón herido y la pequeña llama de esperanza que se negaba
a creer que Yong Hwa se había ido para siempre.
El sonido de la puerta inflamó la llama hasta convertirla en una
hoguera.
—¡Yong Hwa! —gritó, corriendo hacia el vestíbulo—Oh, Yong Hwa —jadeó
riendo y llorando al mismo tiempo, mientras abría la puerta—sabía que volverías
—pero aquella explosión de júbilo cesó al ver frente a ella a un desconocido vestido con
ropas grises.
—Eh, ¿es usted la señora Park?
Shin Hye vio entonces la grúa que estaba frente a la casa.
—Oh, Dios mío, ¡ha tenido un accidente!
—No. qué va. No ha habido ningún accidente.
—Entonces. ¿Yong Hwa está bien?
—Lo estaba cuando dejó su Range
Rover en el garaje —sonrió y le tendió las llaves—. Me ha pedido que se lo
trajera.
—¿Le ha dejado las llaves de su coche para que me las diera?
—Sí. Ha dicho que podría necesitarlo. ¡Tiene usted suerte! Normalmente
no hago este tipo de encargos, pero no he podido resistirme a conducir esta
belleza…
Shin Hye se quedó mirando fijamente al coche. Evidentemente, su falta de
entusiasmo sorprendió al mecánico.
—Entonces… bueno, ¿quiere que lo meta en el garaje?
—Lo que de verdad me gustaría es que lo incrustara contra la pared del
garaje —dijo entre dientes—pero será mucho más divertido que lo haga yo misma.
El mecánico se quedó boquiabierto al oírla y Shin Hye tuvo que forzar
una sonrisa.
—Lo siento… no quería decir eso. Lo que ocurre es que me sorprende que Yong
Hwa me haya dejado su coche. Pensaba que iba a llevárselo a Haeundae.
—Me ha dicho que iba a alquilar otro. Creo que debería sentirse feliz:
ha salido ganando en el trato, es imposible que pueda alquilar un coche mejor
por los alrededores.
—Sí —contestó ella— supongo que debería sentirme afortunada.
***
—Hola, Shin Hye.
—¡Shin Hye, ¿qué estás…? —Shin Hye, ¿qué…?
La furia guiaba los pasos de Shin Hye mientras ésta pasaba por delante
de los asombrados clientes y trabajadores de la empresa.
Se merecía algo mejor. ¡Se merecía algo muchísimo mejor que lo que Yong
Hwa le había ofrecido como despedida! Ignorando todo tipo de precauciones,
agarró el picaporte de la puerta del despacho de Yong Hwa y entró ardiendo de
rabia.
Yong Hwa alzó la cabeza sobresaltado al oír el portazo. Cuando la vio,
se quedó completamente paralizado.
—¡Toma! —le dijo Shin Hye, dejando las llaves del Range Rover en su
escritorio—. Y ahora dame la explicación que me debes.
—Por el amor de Dios, Shin Hye, no grites. ¿Quieres que te oiga toda la
oficina?
—¡No me importa que me oiga quien sea!
—Shin Hye, tranquilízate.
—No pienso tranquilizarme. ¡No quiero! ¿Cómo te atreves a decirme tú…
tú?
Yong Hwa aprovechó aquel momento de confusión para salir del escritorio
y agarrarla del brazo.
—¡Suéltame! ¡Suéltame y déjame marcharme, can…!
—Todavía no. Quiero que te tranquilices, te sientes y te quedes un
momento conmigo.
—¿Que me quede un rato? Oh… qué bonito —rió con amargura—Hace una semana
estaba deseando que me dijeras que me quedara contigo… que me quedara contigo
para siempre, que…
Se le quebró la voz: la cercanía de Yong Hwa tenía en ella efectos que
no había previsto. Comprendió entonces que había cometido un error. No debería
haber ido hasta allí, no debería haberlo vuelto a ver, y mucho menos ponerse en
la posición en la que estaba en ese momento, sintiendo a Yong Hwa desde la
cabeza hasta la punta de los pies.
—No pasa nada, Shin Hye, tranquilízate.
Shin Hye sacudió la cabeza sin apartarla del pecho de Yong Hwa. A pesar
de la esperanza que crecía en su interior al estar cerca de él, sabía que
había pasado algo, algo terrible. Pero aun así, no quería que su vida se
convirtiera, como lo había hecho la de Bo Jie, en un continuo recuerdo del amor
perdido. Y si tenía que superar lo ocurrido, necesitaba creer que el error
había sido de Yong Hwa, no suyo; no quería tener ninguna razón para
disculparlo.
—Shin Hye, escucha…
—No, no voy a escuchar. A lo largo de nuestras vidas, cada vez que hemos
estado en desacuerdo sobre algo y te he escuchado, has terminado teniendo razón
invariablemente. Si escucho tu explicación, estoy segura de que volverá a
ocurrir. Pues bien, esta vez no quiero escucharte —se interrumpió para tomar
aire—Si tienes razón en esto, nunca encontraré un motivo para odiarte. Y quiero
odiarte, Yong Hwa —los ojos se le llenaron de lágrimas—Quiero odiarte por haber
hecho que me enamorara de ti, por haberme dado los seis días más maravillosos
de mi vida, y por haberme impedido volver a amar a ningún otro hombre. Ni
siquiera voy a poder ofrecer un corazón herido, Yong Hwa, porque tú me has
arrancado el corazón.
Las facultades de Yong Hwa estaban tan paralizadas por la emoción que lo
único que podía hacer era mirarla en silencio.
—Adiós. Yong Hwa —terminó diciendo Shin Hye en un tono glacial, se
volvió y se acercó hasta la puerta.
—¡Shin Hye, espera!
La joven se detuvo, pero no se volvió.
—Puedo darte una razón para odiarme… Yo soy el responsable de la muerte
de Hyung Han. Yo tengo la culpa de que tu hermano muriera.
lindo fic continua escribiendo ....Actualiza seguido! ;)
ResponderEliminarNooo, no puedes hacer esto unnie, cada vez estoy más centrada en este fic, y ahora con esta confesión me siento más que curiosa de qué va a suceder. Porfis actualiza pronto Unnie.
ResponderEliminarNooo...unnie porfaaa actualiza prontooo!!!...Me tienes con el alma en la boca...Tenia q pasar algo..no podia ser todo tan facil!!!...Pero eso...eso lo q dijo Yong....q el es el culpable de la muerte de su hermano...Como puede ser algo asi?!?...No creo q es asi...De seguro q las circumstancias en las q el hermano de Shinhye murio hicieron q Yong pensara q fue su culpa...talvez paso algo y el no lo pudo impedir...no lo pudo
ResponderEliminarevitar....o no lo se.Pero no creo q el fue el culpable!!!Que va a pasar ahora...que va a decir Shinhye??....Unnie me encanta este fic...No tardes en actualizar!!!
por ningun momento creo q fue su culpa!!!...Que va a decir Shinhye...que va a pasar ahora??
su hermano...colo puede