jueves, 6 de marzo de 2014

LAS REGLAS DEL JUEGO - CAPITULO 8



Shin Hye se miró en el espejo del baño y se apartó horrorizada; tenía mal aspecto, y no se sentía bien.
Abrió la única maleta que había llevado y sacó un chándal de color verde. Mientras se ponía los pantalones, musitó todo tipo de imprecaciones contra quien le había quemado la casa, pero fue en el momento en el que se estaba poniendo el jersey cuando la enormidad de lo ocurrido la golpeó con toda su fuerza. La casa y todo lo que había dentro estaba asegurada, de modo que podría ser sustituido, con objetos incluso más bonitos. Pero todos sus objetos personales, como los recuerdos del colegio, las joyas de su madre, las fotografías de ella y de Hyung Han, todas aquellas cosas que con tanto cariño había guardado, habían desaparecido para siempre. Estaba demasiado afectada para llorar; permanecía muy quieta, como una estatua, intentando encontrarle sentido a lo ocurrido.
Durante las últimas semanas su vida, normalmente bastante tranquila, había empezado a parecerse a una película de terror. Y todavía, a pesar de que todo indicaba lo contrario, le costaba aceptar que alguien estuviera intentando matarla.
No tenía ningún sentido.
—¡No! —tenía que haber otra explicación—Es posible que alguien esté intentando asustarme, o convertir mi vida en un horror, pero nadie, absolutamente nadie, tiene ninguna razón válida para matarme. No fue consciente de lo alto que había gritado hasta que Yong Hwa entró en la habitación.
—¿Te ocurre algo? —le preguntó, corriendo hacia ella y agarrándola de los brazos.
—No. no. Sólo estaba pensando en voz alta. Estoy bien.
El miedo que había tensado los músculos de Yong Hwa desapareció inmediatamente, pero al advertir la fatiga y la confusión grabadas en el rostro de ella, sintió una extraña presión en el pecho.
—Pues no lo parece. ¿De verdad te encuentras un poco mejor?
Por un momento, Shin Hye se quedó mirándolo fijamente, como si no fuera capaz de reconocerlo, después, tragó saliva y asintió vacilante.
Para Yong Hwa, el hecho de que no se hubiera sentido ofendida por su comentario, en absoluto malintencionado o que le hubiera dejado claro que hacer esa pregunta en aquellas circunstancias era una solemne tontería, sólo era una muestra del estado de nervios en el que se encontraba. Suspirando ante su incapacidad para agarrar a quien le estaba sometiendo a Shin Hye a aquella tortura, la soltó y retrocedió.
Cuando se alejó de ella, Shin Hye tuvo que hacer un enorme esfuerzo para mantenerse en pie. En medio de la locura provocada por aquel incendio y el precipitado viaje en avión, se había olvidado completamente de Yong Hwa. Bueno, en realidad no se había olvidado de él, sólo de que la noche anterior había hecho el increíble descubrimiento de que estaba enamorada de él. Pero en cuanto Yong Hwa había irrumpido en la habitación vestido únicamente con unos vaqueros, el corazón le había dado un vuelco. Y no sólo el corazón.
No podía recordar cuándo lo había visto por última vez sin camisa, pero estaba segura de que cuando quiera que hubiera sido, no tenía ese aspecto. Un encuentro con un hombre tan espectacular era algo que una mujer recordaría con la misma precisión que su fecha de cumpleaños. Rápidamente, apartó los ojos de su pecho desnudo. Dios mío, se dijo desesperada, su vida cada vez se parecía más a una mala película.
No sólo había alguien amenazándola, sino que, al igual que en cualquier película de acción, parte de la trama consistía en que se había enamorado de un hombre que no tenía el menor interés en ella. Casi podía imaginarse el anuncio de la película: Shin Hye la historia de una mujer persiguiendo un amor sin esperanza y perseguida por una amenaza sin rostro.
—¿Qué es lo que encuentras tan divertido? —le preguntó Yong Hwa al verla reír.
—Mi vida —contestó en tono sarcástico mientras se dejaba caer en la cama—O por lo menos mi existencia en esta especie de universo paralelo. ¿Tú crees que puede ser eso lo que ha sucedido? ¿Que de alguna manera me he trasladado a otra dimensión? La verdad es que sería la única forma de encontrar sentido a todo lo que me está pasando.
—Para mí nada de lo que ha ocurrido tiene ningún sentido, y mucho menos el hecho de que no se lo hayas contado a nadie.
La determinación de su rostro le indicó a Shin Hye que no le iba a resultar nada sencillo eludir una explicación.
—Aparte de que es asunto mío —respondió—no les he dicho nada a mis padres porque sabía que eran capaces de acampar delante de la puerta de mi casa o de hacerme volver a Busan —o de enviarte a buscarme, añadió para sí.
—No deberían haberte obligado a marcharte; eres tú la que debería haber tenido cerebro suficiente como para largarte de aquí en cuanto empezó todo este lío. Quedarte sola en esa casa es lo más estúpido que has hecho en toda tu vida.
—Te agradezco la consideración, pero no sé si recuerdas que llevo en Busán toda una semana. ¿Ya te has olvidado de que hemos venido hoy en avión?
—Hemos venido hoy porque alguien ha incendiado tu casa. ¡Después de haber puesto una bomba en tu coche! Sólo a una persona con medio cerebro no se le habría ocurrido largarse de ahí en ese mismo instante. De hecho, cualquier persona sensata se hubiera largado en cuanto hubiera recibido las primeras cartas amenazadoras.
—En ese caso, todo el equipo de Live in Heaven  debe de estar completamente loco, porque no hay nadie que no haya recibido ese tipo amenazas —le informó—Incluidos los guionistas y los productores, ¡y a ninguno de ellos se le ha ocurrido marcharse de la ciudad! ¿También vas a insultarlos a ellos?
—¡No me importa lo que hagan los demás! Maldita sea, Shin Hye, ellos no corren ningún peligro, pero tú sí.
—Bueno, creo que incluso una persona tan estúpida como yo ha podido darse cuenta de ello. Pero hasta hoy mismo, la policía no pensaba que las amenazas fueran dirigidas a mí personalmente.
—Dios mío. Shin Hye, ¡pusieron una bomba en tu coche!
¿Y de verdad pensaba, se preguntó Shin Hye, que era tan imbécil como para haberse quedado por allí estando convencida de que los ataques iban dirigidos directamente a ella? A juzgar por el modo en que la estaba mirando, la respuesta sólo podía ser afirmativa. Sí, no tenía ninguna duda. Yong Hwa debía tenerla puesta en el primer lugar de la lista de personas que necesitaban una lobotomía. En cualquier caso, teniendo en cuenta lo que sentía por Yong Hwa, ¿quién era ella para negar su propia estupidez?
—El coche era prestado —empezó a contarle—Una forma de publicidad, seis de los actores de Live in Heaven  teníamos el mismo modelo. Podía habernos pasado a cualquiera.
Después de susurrar algo ininteligible, Yong Hwa se sentó a sólo unos centímetros de ella.
—Comienza por el principio —le pidió.
Shin Hye suspiró con resignación y se dispuso a darle la explicación que le pedía.
—Durante los últimos meses, el drama ha sido periódicamente el blanco de grupos de antifans, aparte de todo tipo de dementes —le dijo—Los anónimos y las llamadas amenazadoras no son precisamente algo nuevo. Pero he pasado épocas peores, como por ejemplo cuando Min Yae, el papel que representé anteriormente, tuvo una aventura con el mejor amigo de su esposo. Se recibieron muchas quejas, la gente consideraba que podía ser una influencia negativa para la juventud y decían que se trataba de un asunto de muy mal gusto.
—¿De mal gusto? —Yong Hwa arqueó una ceja—¿Y había algo que no lo fuera?
—Escucha, Yong Hwa, nadie ha dicho que se tratara de una serie digna de un premio, pero me pagaban bien. A mí me gustaba el reparto, y, a juzgar por los índices de audiencia, al público también.
—Por lo visto no a todo el mundo.
—¡Pero eso es lo que no comprendo! ¿Por qué hay gente que se dedica a ver programas que no le gustan? Lo que quiero decir es que nadie está obligado a ver ese programa. Pueden elegir entre miles de canales.
—Sí, supongo que tienes razón.
Le dirigió una mirada tan penetrante que Shin Hye se sintió como si de los ojos oscuros de Yong Hwa hubiera surgido una corriente que la tenía completamente inmovilizada.
—Pero hay otras razones —continuó diciendo—aparte de un guión de primera y un buen argumento, por las que la gente se engancha a una serie.
—¿Cómo…cuáles? —preguntó Shin Hye con el corazón latiéndole violentamente en el pecho.
—Como la necesidad de buscar algo de lo que poder quejarse.
—Oh… pensaba que ibas a decir… —se interrumpió justo a tiempo, consciente de que había estado a punto de quedar como una auténtica idiota—¿Qué es lo que pensabas que iba a decir? —la instó Yong Hwa ligeramente irritado.
—Nada. No es difícil adivinar que consideras que ese programa está por debajo de tu nivel intelectual.
—La verdad es que creo que está por debajo del nivel intelectual de cualquiera —gruñó con disgusto—En mi opinión, sólo es una muestra de amoríos de mal gusto.
—¡Aja! Entonces es que la has visto.
—Mi opinión está basada en los anuncios de la serie y en lo que le he oído decir a Bo Jie. Ella sí la ve, al parecer por un extraño sentido de la lealtad hacia ti.
—Entonces tengo que admitir mi error. Es evidente que tu punto de vista sobre la serie está basado en un profundo estudio de la misma.
—Escucha —repuso Yong Hwa con cansancio—no vamos a discutir sobre los supuestos méritos de una serie que ni siquiera tú consideraste suficientemente buena para volver a trabajar en ella. Yo…
—La única razón por la que no he vuelto a trabajar en ella es que no me han ofrecido renovarme el contrato.
—¿Quieres decir que te despidieron?
—No me despidieron, simplemente no quisieron renovarme el contrato.
—¿Por qué? —preguntó Yong Hwa. Al ver que Shin Hye desviaba la mirada, repitió la pregunta—: ¿Por qué Shin Hye?
—No lo sé —se encogió de hombros e inclinó la cabeza—Probablemente quería…
Yong Hwa le hizo levantar la cabeza y le sostuvo la mirada con dureza.
—¿Por qué?
Shin Hye apartó bruscamente la cabeza y se levantó de un salto.
—Siempre quieres saberlo todo, ¿verdad? —era una queja, más que una pregunta—De acuerdo entonces —continuó—no me renovaron el contrato porque había gente del equipo que decía que era muy difícil trabajar conmigo porque tenía muy mal genio. Lo cual es una mentira de…
—A mí me parece una respuesta muy convincente.
—Escucha, Yong Hwa —la furia de Shin Hye era tal que se habían teñido de rubor sus mejillas.
—Supongo que no lo dirás por el papel que hacías…
—¡Cállate!
Después de dar algunas zancadas por la habitación, la rabia pareció abandonarla, se detuvo y dejó caer las manos a ambos lados con evidente desánimo. Yong Hwa esperó durante aquellos segundos de tenso silencio observando el reflejo de Shin Hye en el espejo e intentando interpretar la docena de sentimientos que cruzaban su rostro. Al cabo de un rato, Shin Hye fue consciente de su atención. El cruce de miradas encendió un extraño fuego en el interior de Yong Hwa.
—La verdadera razón por la que no me renovaron el contrato fue porque tomé una decisión equivocada —el espejo reflejaba su expresión de pesar—Me negué a salir con el hijo del director.
Shin Hye esperaba que Yong Hwa hiciera algún gesto de incredulidad, por eso le resultó tan sorprendente su expresión de alivio.
—Ese tipo, Seok So, ¿era el hijo del director?
Shin Hye asintió.
—Peor aún. Era el ser más soberbio y estúpido del mundo cuando él no estaba.
Al oírselo admitir, Yong Hwa esbozó una afectada sonrisa.
—Lo conocí en la fiesta de tus padres, aunque por aquel entonces no parecías pensar que fuera tan desagradable.
—Gracias una vez más, señor Jung —le contestó Shin Hye con falsa dulzura—No sé cómo podría vivir sin que me recordaras constantemente mis errores.
Yong Hwa ignoró su sarcasmo; quería escuchar el resto de la historia cuanto antes. Empezaba a resultarle estresante encontrarse en el mismo dormitorio que Shin Hye.
—Entonces dime —le pidió, intentando apartar de su cabeza aquellos incómodos pensamientos—¿Cuánto tiempo tardaste en denunciar a la policía lo de las cartas?
—No estoy segura —se volvió hacia él—Avisé al servicio de seguridad casi inmediatamente, pero no tuve constancia de que la policía estaba metida en el caso hasta que pusieron la bomba en el coche.
—¿Y cuándo fue eso?
—Dos días después de que grabara el anuncio de preservativos.
—¿Pero no fuiste tú el único miembro del equipo que grabó ese anuncio?
—Sí, pero…
—Entonces la policía podría haberse imaginado que…
—Yong Hwa —en un gesto automático, lo agarró del brazo y razonó—: el anuncio ni siquiera había sido montado en ese momento, y, por supuesto, no había sido emitido. Nadie que no esté involucrado en la industria podía saber que yo participaba en ese anuncio.
—Y, naturalmente, todo el mundo asumió que se trataba de alguien ajeno a ese mundo —le dirigió una mirada glacial—Lo que ha demostrado ser una suposición totalmente equivocada.
—¡No! Ya es suficientemente malo pensar que alguien quiere matarme para tener que considerar la posibilidad de que sea alguien que ha trabajado conmigo.
—Lo siento, cariño, pero es una posibilidad a la que deberías enfrentarte.
Shin Hye sacudió la cabeza.
—Me niego a creer una cosa así —pero a medida que lo decía iba sintiendo el sabor del miedo en la boca. Volvió a sacudir la cabeza, pero por la expresión de Yong Hwa era evidente que éste no iba a cambiar de opinión. Eso era lo que más la aterrorizaba. A lo largo de su vida había aprendido que cuando ella y Yong Hwa no estaban de acuerdo en algo, el tiempo terminaba dándole a él la razón—Dios mío, ¿qué voy a hacer? Todo esto es una locura.
Yong Hwa, que empezaba a enfrentarse a la tentación de tomarla en sus brazos y besarla hasta sustituir el miedo que se reflejaba en sus ojos por el brillo de la pasión, comprendió que había llegado el momento de marcharse. Y rápido.
—Todo se arreglará —la consoló, mientras tomaba la prudente medida de meterse las manos en los bolsillos—Pero como siempre se piensa mejor con el estómago lleno, ¿por qué no llamas al servicio de habitaciones y pides que nos suban algo mientras me ducho?
Treinta minutos después, estaban sentados en la sala de la suite, rodeados por la música de la radio y una botella de vino en la mesa, intentando relajarse. Por mutuo acuerdo, habían decidido dejar el tema del incendio y todo lo relacionado con él para otro momento.
Shin Hye no había mostrado mucho entusiasmo por la comida hasta que no la había tenido delante. Esa era la razón por lo que para ella sólo había pedido una ensalada y en ese momento estaba robando las gambas del plato de Yong Hwa a la misma velocidad que éste las pelaba.
—Avísame cuando estés llena, Shin Hye podrías tener problemas—bromeó Yong Hwa cuando la joven le quitó otra gamba.
—Mi madre dice que las damas nunca tienen ese tipo de problemas.
—¿Y también dice que no pueden pelar el marisco?
—No. pero yo siempre encuentro a alguien más rápido y hábil que yo que lo haga.
—De acuerdo, en ese caso deberías pelar por lo menos una para que pueda saber si realmente soy más rápido.
—¡No! —exclamó mientras le quitaba otros dos crustáceos del plato—Esta vez tendrás que confiar en mí —sonrió con deleite.
—Es evidente que no le has prestado ninguna atención a tu madre sobre ciertas normas de etiqueta. Te recuerdo que es de muy mala educación comerse lo último que queda en el plato.
—Oh, no seas gruñón. Tú has sido el que ha insistido en que comiera.
Yong Hwa soltó una carcajada.
—¿Y desde cuándo has estado dispuesta a aceptar una de mis sugerencias?
—Casi siempre lo hago. Además… —la mirada de alarma de Yong Hwa la hizo interrumpirse—¿Qué pasa?
—Estoy esperando a que empiecen a caer rayos en la habitación.
—Oh, eres una rata.
—Una rata hambrienta —miró la gamba que Shin Hye todavía sostenía en la mano—Si no te la vas a comer, déjamela a mí, me gustaría comer por lo menos dos.
Shin Hye mordisqueó la gamba y suspiró con gesto teatral. Yong Hwa soltó un gruñido de desaprobación.
—Oh, toma —le dijo, acercándole a la boca la pequeña porción de marisco que quedaba—Jamás podrá decir nadie que le he negado la comida a un hombre hambriento.
Yong Hwa alzó la mirada desde la gamba que la joven sostenía en la mano hacia sus sonrientes ojos. Aquél fue uno de los mayores errores de su vida; el corazón empezó a latirle con tal violencia que sentía vibrar todo su cuerpo. En ese mismo momento, se apoderó de él un deseo casi doloroso. Apretó los labios y tragó saliva, mientras le suplicaba a su cerebro que se hiciera cargo de la situación.
La repentina rigidez y expresión de Yong Hwa le advirtió a Shin Hye que había dejado de participar en aquel juego. Bajo su mirada, sentía que acababa de asignarle el papel de agresora en una batalla en la que él no quería participar si no era para ganar. Se estremeció al pensar en vencerlo obligándolo a aceptar la gamba que en ese momento no quería. La imagen de los labios de Yong Hwa rozando sus dedos le dejó sin respiración.
—Ven, vamos —lo urgió, rozando sus labios—Te aseguro que está muy buena. ¿No quieres probar siquiera el último mordisco?— Yong Hwa la agarró de la muñeca; el deseo contenido estaba dando paso al enfado.
—¡Déjalo ya, Shin Hye! ¡Y haz el favor de madurar!
Se levantó tan bruscamente que su silla se cayó al suelo y, por un instante Shin Hye se quedó sin habla. Después, empezó a sentir un fuego en su interior, en parte a causa del enfado, pero sobre todo por la inconfundible expresión de Yong Hwa y el algo que había tenido tiempo de ver antes de que se diera la vuelta.
Yong Hwa la deseaba. Yong Hwa la deseaba como mujer. El sólo hecho de pensarlo le daba vértigo; y saber que se odiaba a sí mismo por desearla la enfurecía. ¿Qué tenía ella de malo para que no pudiera desearla?
—Eso de pedirme que madure, ¿es una forma de convencerte a ti mismo de que soy una niña, o lo que pretendes es convencerme a mí? Porque si es lo último, estás perdiendo el tiempo —se levantó y se acercó hasta él—Y si es lo primero… bueno, en ese caso, creo que deberías ir al psiquiatra para que estudiara esa extraña aversión que te ha surgido de pronto hacia las gambas.
—Si sabes lo que es bueno para ti, Shin Hye, cierra la boca y sal ahora mismo de esta habitación.

—¿Sabes Yong Hwa? —deslizó un dedo por su espalda—Lo que realmente es bueno para mí, eres tú.


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3 comentarios:

  1. Noooo ahora si me dejaste en suspenso, porfis publica pronto el proximo capitulo, que muero de cueiosidad

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  2. Nooooooooooooooooooo.....como me dejas asi unnie????...:)))))...Me dejaste con mucha curiosidad...porfaaaa no te tardes en ectualizar siii???

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  3. ES MUY BUENO TE FELICITO

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