viernes, 28 de marzo de 2014

LAS REGLAS DEL JUEGO - CAPITULO 12

 Consciente de que estaba siendo observada mientras untaba los últimos restos de salsa con un trozo de pan. Shin Hye alzó la mirada y se encontró con la expresión divertida de Yong Hwa. Ambos compartían la mesa en un pequeño y acogedor restaurante al que Yong Hwa había sugerido que fueran a cenar.
—Ésa es una de las cosas que me gusta de ti. Shin Hye —comentó—que no eres nada mojigata a la hora de comer.
—Sobre todo cuando se trata de pasta—contestó, resistiendo como pudo la tentación de preguntarle cuáles eran las otras cosas que le gustaban—Este lugar es muy bonito, ¿sueles venir mucho?
—La verdad es que no. Sólo suelo venir para hacer algún trabajo en la casa y cuando termino estoy tan destrozado que arreglarme para salir a cenar yo solo me resulta demasiado trabajoso —sonrió—aunque sea pasta. Aunque supongo que estás dispuesta a discutir ese punto conmigo.
Shin Hye sacudió la cabeza mientras se limpiaba con la servilleta.
—No. Sé exactamente lo que quieres decir. Algunos días, después de estar trabajando desde las seis de la mañana hasta las seis de la tarde, estoy demasiado cansada para prepararme siquiera un sandwich —suspiró—Pero forma parte de mi trabajo, igual que el tener que pasar los fines de semana promocionando algún producto en un centro comercial.
—Pero supongo que están muy bien pagadas esas horas extra.
—¡No tanto como me gustaría! Desgraciadamente, los actores como yo no tenemos un gran sueldo, y todas esas comisiones que cobramos por promoción entran dentro del contrato y los recauda la agencia.
Yong Hwa observó en silencio a Shin Hye mientras ésta le dirigía una de sus mejores sonrisas al camarero que les llevó el café. Al advertir el ceño fruncido del joven, supo que estaba preguntándose si Shin Hye era realmente quien parecía que era. Yong Hwa se lo imaginaba perfectamente entrando en la cocina y preguntando: «¿saben a quién he visto?».
Eran tantas las personas diferentes que los habían atendido desde que habían llegado que empezaba a encontrar irritante la situación.
—¿Te das cuenta de que eres motivo de todo tipo de especulaciones? —le preguntó cuando se alejó el camarero.
—Eso también forma parte de mi trabajo. Y da gracias a Dios porque mi personaje lleva tiempo sin salir en la pantalla, si todavía estuviera apareciendo, las cosas podrían ser mucho peor.
—¿Cómo?
—Por ejemplo, tendría que firmar autógrafos —suspiró—Una vez, en un restaurante, otra actriz y yo tuvimos que firmar treinta autógrafos. Los chicos que venían con nosotras se quedaron impresionados.
—Y no los culpo. Supongo que pensaron que aquel momento pertenecía a su vida privada.
—¡Ja! Mi vida privada rara vez es mía.
—Tengo que admitir que no podía hacerme una idea de todo lo que significaba el trabajo de la actuación.
—Solemos mantenerlo en secreto, para que la profesión no pierda ni un ápice de su encanto para el gran público.
—Pero la realidad es mucho más dura.
—Mucho más.
—Por no decir bastante peligrosa, sobre todo cuando te conviertes en víctima de un fan loco.
Yong Hwa empleó un tono duro y frío para hacer aquel comentario, pero fue algo más que eso lo que hizo estremecerse a Shin Hye. Al advertir su reacción, Yong Hwa soltó una promesa.
—Shin Hye, ¿ya has pensado lo que vas a hacer si no atrapan a ese tipo?
—Lo atraparán, estoy segura.
—¿Pero y si no lo consiguen? —insistió—¿Vas a continuar trabajando públicamente? Eso te pondría en una situación de riesgo no sólo por culpa de ese lunático, sino que cualquier cretino podría desarrollar una obsesión sobre tu bello rostro —al ver que no contestaba, le entraron ganas de sacudirla—Contéstame.
—No… no lo sé. A mí me gusta actuar, yo…
—Hace un momento te estabas quejando de las horas que tienes que dedicar a tu trabajo.
—Sí, bueno, pero hay otras cosas…
—¿Cómo cuáles?
—Es una profesión interesante. Llevo ya dos años en ella.  Antes de ser actriz, no había conseguido durar más de dos meses en ningún trabajo. Actuar me sirve para controlar mi vida.
—Tonterías.
—¿Qué…?
—Eso son tonterías, y tú lo sabes. El irte a Seúl fue lo que te permitió controlar tu vida, o al menos lo que tú consideras controlar tu vida. Consideras que tu papel en Live in Heaven  fue el que te permitió hacerlo porque te ayudó a irte de tu casa en un momento en el que estabas deseando marcharte y no te atrevías a decírselo a tus padres —aunque advertía el creciente enfado de Shin Hye, no se detuvo—Diablos, estoy seguro de que no se te había pasado por la cabeza la posibilidad de ser actriz hasta que ese modelo que andaba detrás de ti te engatusó para llevarte a una audición con él.
—¡Eso no es verdad!
—¿No?
—¡No!
Estaban a sólo unos centímetros el uno del otro, mirándose furiosos. Y en algún momento que Yong Hwa no conseguía determinar, su enfado se disolvió en el exótico perfume que emanaba de Shin Hye y en las profundidades de sus ojos marrones.
—Para tu información, Yong Hwa, fui por curiosidad. Y nadie me ha «engatusado» para que hiciera nada en mi vida.
—¿De verdad? ¿Entonces cómo explicas que terminaras en un coche con Joon Suk hace unos cuantos años?
—Supongo que soy bastante vulnerable a la belleza de unos ojos cafés y de un maravilloso pelo ondulado.
—Joon Suk tiene ojos negros.
—Ya lo sé —respondió suavemente—Y no me acuerdo como tenía el pelo.
—¿Y qué me dices de ese modelo con el que anduviste?
Shin Hye lo miró a los ojos durante unos segundos interminables.
—¿Qué modelo?
No había nada brusco en su voz, que envolvía a Yong Hwa suavemente, encendiendo la señal de alarma en su cerebro. Removiéndose en su asiento como si quemara, levantó la mano para pedir la cuenta. Tenía que irse de allí.
***
Shin Hye golpeó la almohada, irritada. Pero sabía que no era la almohada el verdadero problema. Eran más de las dos de la madrugada y allí estaba, despierta en el sofá cama mientras Yong Hwa debía estar ya durmiendo en la enorme cama de su dormitorio. Lo más irritante era que entre ellos había cuatro habitaciones sin ningún sólo mueble. Le parecía inconcebible que a Yong Hwa no se le hubiera ocurrido comprar por lo menos una cama para sus invitados. Por supuesto, ella no podía ser considerada una invitada, en realidad era una especie de refugiada a la que Yong Hwa se había visto obligado a ofrecer asilo.
—Pero no te engañes —se dijo en voz alta—¿De verdad crees que es este estúpido sofá el que no te deja dormir?
Suspiró y se levantó de la cama. Iluminada solamente por la luz de la luna, localizó su bata, se la puso y se acercó a la ventana, con la intención de que el silencio y la tranquilidad del campo la ayudaran a tranquilizarse, pero estaba demasiado preocupada.
Aquella noche, por un momento, había llegado a pensar que Yong Hwa iba a besarla. Vaya, podía jurar que le había suplicado un beso. Pero en vez de besarla, había salido del restaurante como si estuviera siendo perseguido por mil demonios.
Habían llegado a casa a las doce, y unos minutos después Yong Hwa le había sacado las sábanas, la almohada y se había despedido de ella con un cortante «buenas noches».
Al reflexionar sobre lo ocurrido. Shin Hye había llegado a la conclusión de que Yong Hwa había interpretado su conducta en el restaurante como otro intento de seducción. Pues bien, estaba completamente equivocado. Había sido algo natural: de hecho, a ella misma le resultaba insoportable la reacción de su propio cuerpo cuando estaba cerca de Yong Hwa. No entendía por qué el amor tenía que ser tan humillante y, por supuesto mucho menos, por qué había tenido que enamorarse de Yong Hwa.
Gimió desesperada. Normalmente, cuando no podía dormirse, se refugiaba en un chocolate caliente y en cualquier película de televisión, pero Yong Hwa estaba dormido y el único televisor que había estaba en su habitación, de modo que las dos opciones estaban descartadas. Y tampoco tenía ningún libro ni ningún guión para leer. Desesperada por hacer algo, salió al pasillo y se dirigió hacia el baño.
Estaba con la mano ya en el picaporte cuando oyó que se abría la puerta del dormitorio de Yong Hwa.
—¿Shin Hye? —el corazón le dio un vuelco al oírlo susurrar su nombre—¿Estás bien?
—Sí, sí… estoy bien —farfulló. Aunque en aquella semioscuridad no podía verle los ojos a Yong Hwa, estaba segura de que su respuesta no le había parecido muy convincente—De verdad, estoy bien. Lo que pasa es que no me podía dormir. Creo que es por el silencio. Estoy acostumbrada a dormirme con el sonido de la ciudad y… bueno, todas esas cosas. He pensado que una ducha caliente podría ayudarme a relajarme. Si te he despertado, lo siento; yo…
—No, no me has despertado. Yo tampoco podía dormir.
—Oh…
—Sí —repuso Yong Hwa secamente—oh.
Había tanta ironía y frustración detrás de sus palabras que Shin Hye decidió ponerse alerta.
—¿De verdad crees que una ducha puede servirte de algo?
Si servía de algo, se dijo Shin Hye, sería el milagro mayor realizado con agua.
—No sé, pero tampoco puede hacerme ningún daño —contestó.
—Quizá tengas razón. Pero a mí las de agua fría no me han ayudado ni una pizca. Ya me he duchado dos veces desde que hemos llegado a casa.
La obvia implicación de aquella frase dejó a Shin Hye sin capacidad de respuesta. —Y todavía estoy ardiendo. Casi deseo que sufras como estoy sufriendo yo.
De los labios de Shin Hye escapó el nombre de Yong Hwa, en un susurro apenas audible para ella entre los latidos de su corazón y el alocado movimiento de sus hormonas. La debilidad que sintió en las rodillas la obligó a apoyarse contra la pared mientras la sangre corría por sus venas a la velocidad de la luz y sus pulmones se encontraban con serias dificultades para tomar aire.
—Hay cientos de razones por las que no debería abrazarte en este momento —la suavidad de su tono y la semioscuridad parecían haber reducido el espacio que los separaba, cargando la atmósfera de una claustrofóbica sensualidad—Dime esas razones, Shin Hye. Recuérdame por qué debería meterme en mi habitación y cerrar la puerta con llave cuando lo que deseo es abrazarte y hacer el amor contigo.
Shin Hye apretó los puños, intentando combatir la tempestad de emociones que la embargaban. «¡Maldito seas!», deseaba gritar. ¡Ella también lo deseaba, y mucho más de lo que él jamás podría imaginarse! Pero el enfado y la frustración eran como dos garras alrededor de su cuello. Las lágrimas empezaron a escapar de sus ojos y lo único que era capaz de hacer era sacudir lentamente la cabeza.
Inmediatamente, Yong Hwa se acercó hasta ella y, con dedos temblorosos, le hizo levantar la barbilla para poder mirarla a los ojos.
—No. cariño, no hagas eso —le suplicó, enmarcándole el rostro con las manos con una delicadeza exquisita—. Por favor, no llores… Dios mío, prefiero tu enfado a tus lágrimas —la dulzura con la que le besó los párpados contrastaba fuertemente con la desesperación de sus palabras—No llores, lo siento… Preferiría morir antes de hacerte llorar…
Para Shin Hye, aquellas frases mal enlazadas y musitadas entre besos, fueron su salvación. Y mientras Yong Hwa continuaba besándola, absorbiendo la sal de sus lágrimas, el enfado y la frustración dieron paso a una esperanza que nacía en su corazón y llegaba hasta la última fibra de su ser.
Yong Hwa se quedó paralizado por la sorpresa cuando sintió la dulce boca de Shin Hye en sus labios. Con un suspiro de agradecimiento, la tomó por la nuca, le hizo inclinar la cabeza y se dispuso a disfrutar del placer beso.
—Oh, Yong Hwa —susurró la joven con mirada ardiente—Yo… yo…
Yong Hwa sonrió ante su adorable expresión.
—Eres preciosa. Tan maravillosa y tan inocente…
Shin Hye lo miró arqueando una ceja.
—¿Inocente? Evidentemente, has olvidado lo que ocurrió anoche.
—Ojalá pudiera olvidarlo.
—¿Te arrepientes de lo que pasó? —le preguntó en tono glacial.
—Yo no quiero decir que…
—¡Déjame marcharme!
—Shin Hye, yo…
Intentó separarse de él pero la fuerza de Yong Hwa se impuso y en cuestión de segundos se encontró atrapada entre su pecho y sus fuertes brazos.
—Escúchame —le dijo Yong Hwa—De lo que me arrepiento es de las circunstancias y de la forma en la que te traté.
Shin Hye suspiró, temiendo ya sus próximas palabras.
—La otra noche me dejé llevar por la excitación, no presté atención a mis sentimientos, y mucho menos a los tuyos. Te hice daño, y yo…
—No, no me hiciste daño. Además, yo ya me esperaba que me doliera un poco.
—Oh, cariño, no me refiero al acto en sí, me refiero a mis acusaciones, a mi enfado —sacudió la cabeza—, no tengo palabras para decirte cuánto siento lo que pasó —le dibujó el labio inferior con un dedo—, pero te juro que vas a olvidarlo. Shin Hye no comprendía cómo era posible que Yong Hwa estuviera tan equivocado. Aunque no hubiera sentido lo que sentía por él, habría recordado cada uno de los detalles que habían compartido.
—Yong Hwa, no es nada fácil que una mujer se olvide de la primera vez que hace el amor.
—Y yo pienso asegurarme de que nunca olvides la tuya —replicó, inclinó la cabeza y la besó.
Shin Hye no estaba segura de si estaba más confusa por sus besos o por sus palabras.
—Pero si acabas de decir que me ibas a hacer olvidarlo.
—No exactamente —musitó mientras le cubría el rostro de besos—. He dicho que voy a hacerte olvidar lo que ocurrió anoche.
—Exacto, y ayer fue la primera vez que yo hice el amor.

—No. Shin Hye, lo que compartimos anoche fue sexo. Esta noche vamos a hacer el amor. Y será la primera vez para los dos.







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5 comentarios:

  1. woh, que ternura de hombre, por fis unnie, no demores con los capítulos, que esto cada vez se pone mejor, muero por leer el próximo, cada vez que leo estos fics, me da la impresión de que es la realidad entre ellos, unnie, actualiza pronto. Gracias por esta historia.

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  2. Uni xfin gracias x publicar tu historia la espere con ansias trata pronto de publicar lo q sigue plis

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  3. aww me encanta este fanfic unii no te demores en subir los capítulos por fis son tan buenos :) ...soy una fans tuya no esperes solo los viernes ;)

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  4. Unnie me encanto este capitulo!!!..Yonghwa es tan encatador!!....Porfaaaa no te tardes en subir el proximo capitulo!!!...Es maravilloso este fic!!!..M gusta muchisimo!!!!

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  5. ahhhhh!.. lindo el fanfic actualiza mas seguido x favor

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