El recuerdo de su propia casa, convertida en cenizas por las llamas,
todavía estaba fresco en su memoria, de modo que cuando metió la llave en la
cerradura, no pudo evitar que la tristeza inundara su corazón; pero eso no le
impedía experimentar cierta emoción ante la perspectiva de explorar una casa
diseñada y construida por el hombre al que amaba.
Su condición de hija de un constructor, como era ella, supo apreciar el
excelente trabajo de carpintería de la puerta, que se abría con el mínimo
esfuerzo. Y tampoco pudo dejar de admirar el trabajo de artesanía de la
entrada.
El suelo era un mosaico de intrincado diseño, con losetas de color crema,
verdes y castaño rojizo, un complemento ideal para el maderaje de las paredes. Shin
Hye calculó que debía medir unos cinco metros de ancho y más de diez de largo.
Al final había unas dobles puertas idénticas a las que tenía a derecha e izquierda,
y un poco más allá se divisaban otras dos, éstas más pequeñas y una frente a
otra. Todas estaban preciosamente talladas y cerradas, avivando así su
curiosidad.
—Ahora ya sé cómo se sienten los participantes en los concursos de
televisión —musitó, y Yong Hwa soltó una carcajada tras ella.
Shin Hye se volvió, pero antes de que tuviera posibilidad de decir nada,
un aullido agudo quebró el aire. Yong Hwa dejó las maletas en el suelo y corrió
hacia una de las puertas. Pocos segundos después, el silencio fue reinstaurado,
pero Shin Hye tenía los nervios de punta—Lo siento, se me había olvidado que la
última vez que estuve aquí dejé conectada la alarma —la explicación de Yong Hwa
no consiguió tranquilizarla, sobre todo porque había más diversión que
sinceridad en su mirada—Pero tienes que admitir que es una alarma muy
disuasoria.
Shin Hye estaba deseando estrangularlo: pero en vez de eso, miró
alrededor del vestíbulo, en el que no había ningún tipo de mueble.
—Puesto que la alarma funciona, asumo que la completa ausencia de
muebles se debe a un ejemplo extremo de decoración minimalista.
—Qué va, es el resultado de un tipo que no tiene tiempo para comprar
muebles.
—¿Y por qué no contratas a un decorador?
—Porque quiero que lo haga alguien que me pregunte de vez en cuando mi
opinión, no alguien que piense que ya sabe todo lo que yo quiero.
—¿Y qué es lo que quieres?
Yong Hwa frunció el ceño pensativo antes de contestar.
—Un estilo que vaya tanto con la casa como conmigo.
—Una especie de estilo de finales del diecinueve, arrogante e imponente,
¿no? —ignorando su mirada burlona, dio una vuelta por el vestíbulo—Pues bien,
si yo tuviera que decorar esta habitación, me dedicaría a recorrer todas las
tiendas para buscar un aparador —comentó—. Tiene que ser algo que tenga la
personalidad y las cicatrices dejadas por el tiempo. Y también colgaría docenas
de fotos de la familia.
Yong Hwa permanecía en silencio mientras Shin Hye vagaba por la
habitación.
—Quizá pondría también un espejo —musitó para sí—. Se podría poner algo
así como una fuente…
—¿Una fuente? —jadeó Yong Hwa. Sólo Shin Hye podría desear poner una
fuente con un cupido desnudo chorreando agua en medio de…
—¡No seas ridículo! —le dijo, como si le estuviera leyendo el
pensamiento—. He dicho algo parecido a una fuente, para cerrar un poco este
espacio. ¿No tienes la sensación de que estás en medio de un aparcamiento
vacío? Podría ser una urna antigua, no sé, pero algo discreto, nada chillón.
—Vuelves a sorprenderme, Shin Hye. Pensaba que tendrías unos gustos algo
más…
—¿Excesivamente teatrales? —terminó por él.
Yong Hwa se encogió de hombros.
—Como ya te he dicho, eres una caja llena de sorpresas —el problema era,
pensó, que aunque había algunas sorpresas a las que podría enfrentarse de forma
racional, había otras, como la de la noche anterior, que nunca podría asumir
con tanta tranquilidad.
Shin Hye no era capaz de apartar los ojos de la penetrante mirada de Yong
Hwa. Al principio, se dijo que la razón era que no tenía otro lugar al que
mirar estando en medio de una habitación vacía, y envueltos en el sobrecogedor
silencio. Pero inmediatamente se recordó que había sentido lo mismo en una
habitación elegantemente amueblada de un hotel de Gangnam.
No… no era exactamente lo mismo. Los sentimientos que despertaba aquella
mirada en ella eran ligeramente diferentes, más sutiles. La noche anterior su
cuerpo se estremecía tan locamente que tenía la sensación de que iba a explotar
si Yong Hwa no satisfacía su deseo, mientras que en ese momento, los latidos de
su corazón habían llegado a ser tan lentos que temía que pudiera dejarle de
funcionar. Porque no era sólo pasión lo que veía en sus ojos, sino algo más… un
sentimiento que ni siquiera se atrevía a nombrar.
—Vamos —dijo Yong Hwa bruscamente, rompiendo la atmósfera tan extraña que
se había creado entre ellos—Vamos a hacer un recorrido por toda la casa. Me has
dejado tan impresionado con tu consejo que estoy deseando que me digas qué
otras cosas necesita la casa.
Su tono puso a Shin Hye a la defensiva.
—Olvídalo —repuso con voz tersa—No necesito que me acompañes si vas a
seguir mostrándote tan condescendiente. Me cuesta creer que puedas aprobar
ninguna de mis sugerencias. Y lo que es más, nunca he pretendido ser una
experta en diseño de interiores; mis sugerencias son puramente intuitivas.
El problema era, reflexionó Yong Hwa, que últimamente todo lo que tenía
que ver con Shin Hye le parecía sugerente. Sobre todo aquello que tenía que ver
con sus instintos…
—Mira, Yong Hwa, estoy cansada. Dime dónde está el baño, dónde tengo que
dejar mis cosas y me iré a acostar.
—¿A las cuatro de la tarde?
—Ha sido un día muy largo, estoy cansada.
—Entonces haremos un café.
—No me apetece tomar café.
—Me extraña. Shin Hye, los dos sabemos que eres una adicta al café.
—Sólo quiero ir al baño. Yong Hwa —lo que al principio sólo era una
excusa para alejarse de él, había llegado a convertirse en realidad.
Yong Hwa sacudió la cabeza con pesar.
—No es de buena educación llegar a una casa y meterse directamente en el
baño.
—Tampoco es de buena educación orinar en el suelo.
Yong Hwa se colocó entre Shin Hye y la puerta que había abierto antes
para desconectar la alarma.
—Yong Hwa, no estoy bromeando. Necesito ir, en serio.
—¿A dónde?
—Al baño!.
—¿A cuál? Puedes elegir entre tres, mejor dicho, entre cuatro si
contamos el del dormitorio principal.
—¡Quiero ir al que esté más cerca!
—¿Qué te parece si hacemos un trato, Shin Hye? Te diré dónde
puedes encontrar un baño si me prometes decirme lo que crees que hace falta en
cada una de las habitaciones.
—Ya lo buscaré yo —musitó Shin Hye pasando por delante de él y mirándolo
de reojo mientras abría una de las puertas—Lo único que tengo que hacer es
abrir unas cuantas puertas.
—Eso es cierto, pero la cuestión es, ¿tienes el tiempo de hacerlo?
Eso esperaba, pensó Shin Hye, justo en el momento en el que estaba a
punto de meterse en un enorme armario. Al oír la carcajada de Yong Hwa soltó un
juramento. Furiosa, se volvió hacia el sonriente Yong Hwa.
—Lo siento, señorita —dijo él, imitando al presentador de un concurso de
televisión—, pero ésa no es la puerta de la suerte. Sin embargo, tendrá un
premio de consolación por ser tan guapa —inclinó la cabeza y le dio un rápido,
pero más que efectivo beso.
Shin Hye se quedó tan estupefacta que ni siquiera protestó cuando Yong
Hwa la agarró del brazo y la condujo hacia la puerta que había al final del
vestíbulo.
—Allí está —señaló una puerta que había a la izquierda—Allí está el
baño. Y por allí está la cocina. Si no apareces dentro de cinco minutos, vendré
a buscarte.
***
—No tengo leche; ¿te importa tomarlo solo? —le preguntó Yong Hwa cuando Shin
Hye se reunió con él en la cocina.
A Shin Hye le sacaba de quicio que Yong Hwa pudiera mostrarse como el
hombre más insufrible del mundo en un minuto y ser la persona más amable de la
tierra al siguiente. Pero lo más frustrante era la facilidad con la que
conseguía alterar sus propios sentimientos. Suspiró.
—Lo tomaré solo, no me importa.
—¿Estás segura? Lo dices como si fuera un sacrificio.
—Teniendo en cuenta la forma en la que haces el café, puedo asegurarte
que es un sacrificio. Yong Hwa le dirigió una mirada de indignación
tan falsa que Shin Hye tuvo que desviar la suya y dedicarse a observar la
cocina para no estallar.
Era preciosa y a la vez muy funcional. Espaciosa, luminosa y con todo
tipo de electrodomésticos. Y a pesar de que todavía le faltaban las cortinas y
algún que otro adorno que pudiera darle un toque más personal, era también muy
acogedora.
—Es bonita —dándose cuenta de que estaba siendo un poco mezquina,
añadió—, realmente bonita. ¿Pero por qué has mantenido en secreto la existencia
de esta casa?
—No lo he mantenido en secreto.
—¿Entonces por qué yo no sabía nada de ella?
—¿Estás enfadada por que no te he dicho que me estaba construyendo una
casa?
—Enfadada no, pero me resulta curioso —aunque en secreto, tenía que
confesarse que sí le producía cierta decepción—Me extraña que nadie me haya
comentado nada.
—Supongo que todo el mundo pensaba que no te interesaba.
—Para mi madre eso nunca ha sido un obstáculo; normalmente se comporta
como si tuviera la obligación de mantenerme informada de todos tus movimientos
—respondió secamente—. Lo más lógico habría sido que me soltara un discurso
entusiasta sobre lo inteligente que eres y la casa tan maravillosa que te has
construido.
—Nadie ha visto la casa terminada, supongo que eso explica que no te
hayan dicho nada. Y supongo que no ha alabado mi brillante inteligencia porque
se imagina que ya lo sabes.
—¡Por favor! Tu ego está empezando a alcanzar unas cotas increíbles, Yong
Hwa.
Jamás le había parecido a Yong Hwa tan agradable el sonido de las risas
y las bromas de Shin Hye como en aquella habitación. Hasta ese momento, pensaba
que el ambiente solitario de la casa se debía a la falta de muebles;
durante el trayecto hasta allí, había pensado incluso que el sabor tradicional
de la casa chocaría con el carácter vivaz y despreocupado de Shin Hye. Pero
estaba equivocado. La presencia de Shin Hye daba un ambiente que nunca podrían
proporcionarle los muebles.
La siguió con la mirada mientras estudiaba el diseño de la cocina.
Después de abrir un par de armarios. Shin Hye hizo lo mismo con el
refrigerador.
—Eh, Yong Hwa —le dijo—, no estoy segura de que me guste esta dieta
consistente en la ausencia total de comida por la que pareces inclinarte.
—Ya compraré algo cuando salgamos a cenar. Normalmente, sólo compro lo
que voy a necesitar mientras esté en la casa.
—¿Vienes mucho por aquí?
—Cuando puedo. Normalmente, cada tres fines de semana, más o menos.
—¿Habías pensado en traerme aquí antes, o mi presencia en esta casa sólo
es el resultado de los acontecimientos?
Yong Hwa sabía que no le habría hablado de la casa a no ser que ella
hubiera hecho alguna referencia, y también que no la habría llevado allí aunque
se lo hubiera pedido. Empezaba a sospechar que inconscientemente ya sabía el
impacto que tendría Shin Hye en aquella casa y consecuentemente, en él.
—No había pensado en traerte antes. ¿Por qué lo preguntas?
—No, por nada.
A Yong Hwa le pareció advertir cierto dolor en su mirada, pero Shin Hye
se volvió antes de que pudiera estar seguro.
—¿Que hay allí?
—El cuarto de lavandería.
—¿Puedo mirar?
—No.
—¿Por qué no? Antes me has dicho que íbamos a hacer un recorrido por
toda la casa.
—Y tú has protestado porque estabas demasiado cansada. Hace unos minutos
lo único que querías era irte a la cama.
—Supongo que el café me ha ayudado a recuperarme.
—Admirable, teniendo en cuenta que ni siquiera lo has probado —tomó la
taza que la joven había dejado en la mesa y se la pasó.
—Eh… gracias —consiguió decir a pesar del temblor que la dominó cuando Yong
Hwa rozó su mano. Se llevó la taza a los labios con la esperanza de que la
cafeína la ayudara a dominar la reacción provocada por su cercanía. Bebió un
sorbo de café, pero estuvo a punto de atragantarse ante la intensidad de la
mirada de Yong Hwa. Éste la miró preocupado y la agarró de la muñeca para
evitar que las cosas empeoraran si tomaba un segundo sorbo.
—Estoy bien —mintió Shin Hye, con el corazón latiéndole como si quisiera
salírsele del pecho.
Yong Hwa frunció el ceño y recorrió su rostro con mirada especulativa.
Incapaz de desviar los ojos. Shin Hye se apartó un mechón de pelo de la cara,
no porque lo necesitara, sino porque quería convencerse de que su parálisis era
sólo mental.
—Entonces—dijo Yong Hwa con expresión tensa, como si estuviera haciendo
un gran esfuerzo para dominarse—¿ahora prefieres que demos una vuelta por la
casa en vez de irte a la cama?
Shin Hye tuvo que morderse la lengua para contener la descarada
respuesta que amenazaba con salir de sus labios y se limitó a asentir.
—Llévate el café —le dijo con una repentina y sorprendente sonrisa mientras daba un empujó a la puerta.
Shin Hye se dijo a sí misma que era la curiosidad, y no aquella radiante
sonrisa, la que la llevaba a obedecerlo.
muy bueno el capitulo.... gracias por ponberlo mas seguido...ojala que en los siguientes capitulos sucedan cosas hermosas entre ellos dos.
ResponderEliminarEsta muy buena la historia muy adictiva xfavor trata de escribir el otro capitulo pronto m come la ansiedad de saber q pasara
ResponderEliminarUnnie cada vez mas llamativo y hermoso, actualiza pronto porfis. Gracias por escribirlo
ResponderEliminarEsta cada vez mas hermoso mas interesante gracias por tanto esfuerzo
ResponderEliminarUnnie cada vez me gusta mas!!!....Estoy muy curiosa de saber q va a pasar entre ellos!!!...Actualiza pronto porfaaaa!!
ResponderEliminar