jueves, 20 de marzo de 2014

LAS REGLAS DEL JUEGO - CAPITULO 10

Yong Hwa suspiró aliviado cuando por fin llegaron al aeropuerto de Gimhae, a la una en punto del domingo, y no sólo porque en Busán Shin Hye estaría a una distancia prudente de su perseguidor, sino porque encontró su Range Rover exactamente donde lo había dejado.
Después de la avalancha de consejos de la policía y las compañías de seguro, dejar el coche toda una noche en un aparcamiento público era una abierta invitación a posibles ladrones.
Si su suerte continuaba, no tendría ningún problema en convencer a Shin Hye de la idea que se le había ocurrido durante el vuelo a Busán.
Desconectó la alarma del coche y abrió la puerta para que entrara Shin Hye.
—Me gustaría hacer un pequeño desvío antes de ir a casa —dijo con naturalidad.
—De acuerdo, ¿pero te importaría sacar mi teléfono celular antes de guardar la maleta? Quiero hacer algunas llamadas.
Yong Hwa obedeció sin hacer ningún comentario y en el momento en el que se puso al volante, encontró a Shin Hye marcando un número de teléfono.
Yong Hwa consideraba los teléfonos móviles como una intrusión de la que, si no hubiera sido por asuntos de trabajo, habría prescindido encantado. Sin embargo para Shin Hye parecía ser algo tan fundamental en su vida como la comida. Pero como Yong Hwa no estaba seguro de cuánto tiempo iba tardar ella en dejar de tragarse el cuento del «pequeño desvío», esperaba que al menos el teléfono la distrajera y no se le ocurriera pensar que tirarse del coche era la mejor opción que tenía.
Aunque había conseguido convencerla para que volviera a Busán con un mínimo debate, no esperaba obtener una segunda victoria sobre su terquedad, y mucho menos en un día. Le habría gustado creer que Shin Hye tenía sentido común suficiente como para alegrarse de que él siguiera controlando la situación, pero sabía que sólo podría contar con su resignación.
La bilis le subió a la garganta al pensar en la gravedad de la situación. Desvió la mirada hacia aquella mujer que iba sentada a su lado. Quisiera ella o no, iba a hacer todo lo que fuera necesario para protegerla.
Una hora después, Shin Hye continuaba hablando por teléfono con su agente, aparentemente ajena al lugar en el que se encontraban. Pero Yong Hwa la había visto fruncir el ceño en un par de ocasiones al leer algunas de las señales que indicaban la carretera en la que se encontraban. Lo que no entendía era por qué todavía no le había hecho ninguna pregunta insidiosa sobre el supuesto desvío.
Al contrario, entre llamada y llamada le dirigía benignas sonrisas y lo trataba con una educación tan exquisita que podrían haber pasado por dos desconocidos. A Yong Hwa no le gustaba nada aquello.
Aun así, continuó evitando dar ninguna explicación, decidido a distraer la atención de su hermosa, pero enigmática pasajera. Al principio funcionó, pero cuando llegó un momento en el que la melodiosa risa de Shin Hye en respuesta a algún comentario de su agente, comenzó a irritarlo hasta tal punto que le entraron ganas de quitarle el teléfono. Consciente, sin embargo, de que habría sido una venganza propia de un hombre inmaduro, se aferró al volante con tanta fuerza que a estuvo de que se le cortara la circulación de los dedos.
No era normal estar tan cerca de Shin Hye y no ser él el que estuviera charlando con ella. Caramba, casi preferiría que discutiera con él antes de ser ignorado de aquella forma tan descarada. Quizá, razonó, evitar hablar con él fuera su forma de enfrentarse a lo que había sucedido la noche anterior. Si así era, esperaba que por lo menos a ella le estuviera funcionando porque, lo que era a él, no lo estaba ayudando en absoluto. Dios, no había sido más consciente de la cercanía de una mujer en todos los años de su vida.
En el momento en el que Shin Hye terminó de hablar, Yong Hwa tenía los nervios destrozados.
—¿Qué era lo que tenía que decirte tu agente? ¿Te ha llegado alguna oferta?
—Ojalá. Lo único que tenía era una aparición en una comedia en la que tenía que salir con una peluca y decir unas líneas. Pero lo he rechazado.
—¿Por qué?
—No creo que fuera el papel más adecuado para resucitar mi carrera.
Permanecieron en completo silencio durante algunos; kilómetros, hasta que apareció una nueva señal. Shin Hye volvió a mirarla sin hacer ningún comentario, obligándole a Yong Hwa a hablar.
—¿No me vas a preguntar que a dónde vamos?
—No. hace un rato que ya me lo he imaginado.
—¿Sí?
—Sí, no creo que a esto pueda llamársele un pequeño desvío. Vamos hacia Suyeong; mi madre me comentó que te habías comprado un terreno por esa zona. ¿Me equivoco?
Yong Hwa le dirigió una rápida mirada y se sintió absurdamente complacido al verla sonreír. Volvió a fijar sus ojos en la carretera, preguntándose si alguna vez habría estado tan preocupado por la felicidad de Shin Hye como en ese momento.
—¿Y bien? —insistió—¿Tengo razón o no?
—Más o menos.
—¿Qué quieres decir?
—Si te lo digo no será una sorpresa.
—Si no me lo dices, me bajaré del coche en el próximo semáforo.
Era una amenaza absurda, puesto que no había semáforos en la autopista, pero volver a oír aquella determinación en su voz fue para Yong Hwa como escuchar música celestial.
—¿Dónde está esa jovencita educada y obediente en la que te habías convertido desde que nos hemos abordado el avión esta mañana?
—Todo hay que hacerlo con moderación, Yong Hwa. Y ahora, ¿me vas a decir que es esa sorpresa o no?
—No.
—¡Yong Hwa! ¡Exijo saber por qué me estás llevando hacia Suyeong!
Yong Hwa sonrió.
—Ah, aquí está la Shin Hye que todos conocemos y amamos. Autoritaria, temperamental y…
Pero desde que mencionó la palabra «amar», Shin Hye ya no escuchó nada más. Aunque sabía que procediendo de Yong Hwa, no se refería a otro tipo de amor que al que podían albergar hacia ella sus padres.
Pero a pesar de lo que Yong Hwa pudiera sentir después de la noche anterior, Shin Hye sabía que estaba más enamorada de él de lo que iba a estarlo de cualquier otro hombre en su vida. El hecho de no haber tenido amantes anteriores no le impedía valorar su reacción hacia él; sabía, sin ninguna sombra de duda, que había nacido para amar a Yong Hwa y se moriría amándolo. El problema era lo que podía hacer con aquel sentimiento.
A cualquier otro hombre no le habría importado perseguirlo, sabiendo que no tenía nada que perder, pero con Yong Hwa temía perderlo todo. Aunque considerando que ya le había entregado su corazón, la virginidad y una parte considerable de su orgullo, tampoco le quedaba mucho por arriesgar.
Sólo su independencia, le recordó una vocecilla interior.
Sí, suspiró, eso era lo que le impedía seguir los dictados de su corazón, el miedo a que el amor por Yong Hwa la absorbiera por completo. Para Shin Hye, que prefería seguir cualquiera de sus impulsos a dejarse abrumar por las dudas. Yong Hwa era un hombre tan condenadamente seguro de sí mismo que temía que aquella confianza pudiera minar su independencia. ¿Qué ocurriría si después de alcanzar al único hombre al que había querido, él terminaba siendo lo único importante de su vida? Hyung Han lo había sido todo para Bo Jie, incluso después de muerto. Y a Shin Hye la aterrorizaba la idea de llegar a estar tan atada emocionalmente a otra persona.
—Eh, Shin Hye —la llamó Yong Hwa, deteniendo el curso de sus pensamientos—Si sigues arrugando el ceño de esa manera te van a salir arrugas y entonces, ¿qué va a ser de tu carrera de actriz?
—Odio pensarlo, pero no creo que pueda ir peor de lo que va.
Entonces fue Yong Hwa el que frunció el ceño.
—¿Tan mal están las cosas?
—Veamos… Para empezar, me han echado de una serie de éxito —dijo, empezando a contar con el pulgar—Estoy siendo perseguida por un maníaco que me quiere matar —estiró el índice—Mi casa ha sido reducida a un montón de cenizas, mi agente no tiene nada recomendable para mí, y no estoy preparada para trabajar en ninguna otra cosa —terminó con todos los dedos extendidos—Si no he contado mal, son por lo menos cinco cosas contra mí. Jamás había tenido tantas. Así que ya ves, las cosas van muy mal.
Tomándola completamente por sorpresa. Yong Hwa le agarró la mano. Lentamente, fue haciéndole extender los dedos y colocando los suyos entre ellos. Para Shin Hye, fue un gesto increíblemente erótico y tuvo que luchar contra la tentación de acariciarlo.
—Primero —dijo Yong Hwa con los ojos fijos en la carretera—por lo que tú misma me dijiste, no te despidieron, no te renovaron el contrato porque eres una mujer que sabe conservar su orgullo, fueron ellos los que perdieron, no tú. Segundo, después de lo que ha pasado, para la policía es una tarea prioritaria atrapar a ese tipo. Además, no es probable que sea capaz de encontrarte, porque nadie, excepto yo. sabe exactamente dónde estás, y yo no voy a dejar que te ocurra nada, ¿entendido?
La intensidad de su mirada y la total seguridad de su voz, le daban a Shin Hye una confianza plena. La joven asintió en silencio, por miedo a que se le quebrara la voz.
—Estupendo. Por otra parte, tu casa estaba asegurada, ¿no?
—Sí —musitó la joven.
—Bueno, entonces, económicamente tampoco estás en una situación tan difícil. Además, por si lo has olvidado, tienes excelentes relaciones con el mundo de la construcción. Entre tus padres y yo, podremos reconstruirte la casa sin ningún problema. Y cuarto, no puedes decir que estés en paro, sino, como se suele decir en el mundo artístico, «decidiéndote entre distintos proyectos», pero en esta ocasión, en vez de esperar entre bambalinas estás trabajando para mi.
Cuando llegó al dedo anular de Shin Hye, le dirigió una sonrisa tan radiante que la joven estaba convencida de que, si no se había derretido completamente, su corazón debía de haber sufrido un daño serio.
—¿Y el otro problema? —preguntó, estirando el dedo meñique, que Yong Hwa todavía no había cubierto.
—¿Te refieres a tu supuesta falta de habilidades? —Yong Hwa suspiró en respuesta a su asentimiento, tomó su mano, se la llevó a la boca y le dio un dulce beso en la muñeca—Estoy seguro de que tendrás éxito en todo lo que te propongas. Sé, por experiencia propia, que aprendes muy rápido.
Shin Hye no se engañaba; sabía que estaba refiriéndose al trabajo que había hecho en la compañía. Pero antes de que tuviera tiempo de replicar, su mano estaba de nuevo en el regazo, y lo único en lo que podía pensar era en que Yong Hwa acababa de poner una cinta de Bruno Mars, en que una señal de la autopista anunciaba la salida de la carretera y en que Yong Hwa acababa de besarle la mano sin que ella pusiera ninguna objeción.
Haciendo un esfuerzo por recobrar la compostura, se quedó mirando fijamente hacia las colinas del lugar.
Cuando era niña, había pasado muchas tardes de domingo con sus padres, recorriendo las tiendas de antigüedades y artesanía de Suyeong; la belleza y la tranquilidad de aquella zona siempre la había impactado. Pero vivir allí no era nada barato: lo que alguna vez había sido una pequeña comunidad, se había convertido en una zona de moda a la que acudían todo tipo de celebridades y políticos.
—No puede decirse que tus vecinos se caractericen por su sencillez —comentó la joven al ver una limusina conducida por un chófer esperando frente a unas verjas de hierro forjado.
Yong Hwa le explicó que aquella propiedad era de un político retirado cuya riqueza siempre había estado bajo control.
—Si ese es uno de tus vecinos, no sé si debería dejarme impresionar por tu éxito o lamentar que hayas dejado atrás tus raíces obreras. En cualquier caso, supongo que éste es un lugar ideal para invertir.
—¿Y que te hace pensar que la compra que he hecho ha sido sólo una inversión?
—Bueno, no creo que te resulte práctico vivir aquí. Con la cantidad de horas que pasas en la oficina, tener que viajar hasta aquí todos los días acabaría contigo. Además, supongo que en este distrito la vida nocturna es prácticamente inexistente.
Yong Hwa la miró con expresión interrogante—Al contrario de lo que pareces imaginarte, mi vida nocturna suele limitarse a unas cuantas cenas de negocios.
—Seguro, y a esa chica tonta que llevaste a la cena de Navidad la sacaste de un congreso de constructores.
—Pues resulta que Rachel es la directora de contabilidad de una firma muy importante. No creo que pueda decirse de ella que es una chica tonta.
—Llámala como quieras, el caso es que estoy segura de que no la encontraste en una cena de negocios.
—Eso es cierto. Fue ella la que me encontró a mí en una reunión comercial. Rachel trabaja para una empresa de levantamiento de estructuras muy importante y actualmente reside en EEUU.
—Podía imaginármelo —farfulló Shin Hye, sin pretender que la oyera.
—¡Estás celosa! —exclamó Yong Hwa divertido.
—No señor.
—¿No?
—¡No! Jamás en mi vida me ha apetecido ser directora de contabilidad ni vivir en el extranjero.
—¿Eso significa que no vas a echar de menos el trabajo en la compañia?
Shin Hye frunció el ceño.
—¿Ésa es una forma sutil de decirme que estoy despedida?
—¿Es que hay alguna razón por la que debería despedirte?
Shin Hye recordó que el viernes se había pasado todo el día actualizando la contabilidad.
—Ya no —respondió secamente.
Yong Hwa la miró con expresión interrogante, pero Shin Hye no pensaba darle ninguna explicación.
—Cierra los ojos.
—¿Qué?
—Que cierres los ojos —repitió Yong Hwa.
—¿Por qué?
—Para seguirme la corriente.
Shin Hye suspiró—De acuerdo, ya los tengo cerrados. Pero me gustaría dejar claro que no lo hago para complacerte, Yong Hwa. Creo que ya he hecho bastante por ti aceptando sin protestar este «pequeño desvío».
—Cierra la boca y abre los ojos. Shin Hye.
La respuesta que Shin Hye iba a dar a su tono de diversión murió en sus labios en cuanto fijó la mirada en lo que tenía ante ella. Aquella hermosa casa de estilo colonial la dejó sin aliento.
—Oh… es maravillosa. ¿De quién es?
—Mía.
—¡Tuya! ¿Eso quiere decir que la has comprado?
—No, la he construido yo.
—Pero… yo pensaba que sólo te habías comprado un terreno.
—Y lo hice. Pero después puse una casa encima.
—¡Y qué casa!
—Te gusta, ¿eh?
—¿Bromeas? Es maravillosa… Es más que maravillosa. Papá tenía razón, eres un arquitecto genial.
—¿Qué? —parecía ofendido—¿Quieres decir que no te dijo que también era un albañil y un carpintero?
—¿De verdad lo has hecho tú todo? ¿No has contratado a nadie?
—La mayoría lo he hecho yo, aunque por una cuestión de supervivencia, dejé que un electricista y un fontanero se encargara del resto.
—Una sabia decisión, sobre todo teniendo en cuenta que una vez dejaste a todo un edificio a oscuras intentando poner unas luces de Navidad.
—Por favor, Shin Hye, sólo tenía dieciséis años. ¿Y cómo iba a saber yo que ya había una sobrecarga en el suministro eléctrico debido a la tormenta? Además, tú ni siquiera puedes acordarte. Sólo tenías… ¿cuántos? ¿Diez años?
Shin Hye soltó una carcajada al oírlo ponerse a la defensiva—Eso es verdad, pero aquella historia se convirtió prácticamente en una leyenda. Cuando yo estaba en la escuela, la utilizaban como ejemplo de cosas que no deben hacerse.
—Muy graciosa. Toma —sacó unas llaves y se las pasó—,ve abriendo mientras yo saco nuestras cosas.
—¿Nuestras cosas? —lo miró confundida—¿Por qué?
—Porque —respondió—, nos vamos a quedar aquí hasta que la policía encuentre a ese tipo que te está persiguiendo.
—¿Qué? Yong Hwa, podrían tardar años…
—Quizá, pero no pienso dejar que te enfrentes tú sola a todo este lío. Así que, o estás de acuerdo en quedarte aquí conmigo o…
—¿O qué?
—O llamaré a tus padres y les diré lo que está pasando.
—¡No puedes hacer una cosa así! No quiero que mis padres se preocupen.
—Me parece bien, pero si no estás dispuesta a quedarte aquí, los llamaré —Shin Hye abrió la boca para decir algo, pero Yong Hwa se lo impidió—. Ahórrate la discusión, Shin Hye. No me vas a convencer, así que lo mejor que puedes hacer es aceptarlo, te guste o no.
—¿A qué estás jugando, Yong Hwa? ¿Te crees Dios?
—Mira, sé que te crees capaz de manejar cualquiera de los problemas de tu vida, y estoy seguro de que en circunstancias normales puedes hacerlo…
—Caramba, gracias por el voto de confianza —musitó.
—Shin Hye! —repuso Yong Hwa golpeando el volante—, no puedes negar que todo este asunto sería complicado para cualquiera. Ya oíste lo que dijo ayer la policía… Te has convertido en la víctima de un criminal y tienes que tomar algunas precauciones.
—¿Entonces fue la policía la que sugirió que me escondiera aquí?
—Bueno… no, eso fue idea mía. Pero si consigues dejar de ser tan terca y de pensar que jamás renunciaras a la maravillosa virtud de tu independencia, te darás cuenta de que quedarte conmigo es lo mejor que puedes hacer. De hecho, es la única opción que tienes.
—Estoy de acuerdo contigo —contestó ella mientras salía del coche.
—¿Estás de acuerdo conmigo? —estaba tan sorprendido que no era capaz de moverse—. ¿Otra vez?
Shin Hye asintió.
—Supongo que no se me da mal renunciar a ciertas virtudes, ¿no crees?

Mientras la observaba subir los escalones que conducían hacia la casa. Yong Hwa decidió que, o bien alguien le había echado algo en el café que se había tomado en el avión y estaba sufriendo alucinaciones o se lo habían echado al café de Shin Hye. Y en ese caso, esperaba que el efecto fuera duradero.






5 comentarios:

  1. Unni por fis publica mas seguido el anterior viernes nos dejaste plantadas felicidades x escribir para todas las q leemos esto y no t olvides de JUNTOS OTRA VEZ

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  2. Unnie por fin!!!...Pero porfaaa actualiza mas seguido!!!!...Me encanta este fic!!!!....Me gusta muchisimo la relacion q tienen este par...ahora se hablan como debe...ahora se estan gritando...Muy muy interesante....ya quiero saber q pasa!!!!...

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  3. Esta muy bueno este fic, me gusta mucho y estoy de acuerdo con la otra unnie en que no te olvides de JUNTOS OTRA VEZ que es el que mas me encanta. Gracias por tu trabajo :)

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  4. Que lindo, me encanta tu fic, pero me pone triste que nos olvides durante tanto tiempo, cada vez se pone más interesante, me gustaría leer más unnie, por favor publica como al inicio. Abrazos y gracias por dejarnos imaginar cada escena.

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  5. Hola m encanta tu historia xfa no dejes pasar mucho. tiempo en actualizarla es muy interesante

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