viernes, 21 de febrero de 2014

LAS REGLAS DEL JUEGO - CAPITULO 5

Transcurrió menos de una décima de segundo entre el momento en el que Shin Hye comprendió que iba a besarla y el instante en el que sintió sus labios sobre los suyos. En ese minúsculo lapso de tiempo, se dijo también que aquel gesto estaría condimentado con el sabor del enfado de Yong Hwa, pero se equivocó.
A pesar de que la sorpresa la había llevado a entreabrir ligeramente los labios. Yong Hwa no tuvo ninguna prisa por invadir el interior de su boca. En vez de eso, deslizó los labios sobre los suyos, cubriéndolos de unos besos tan delicados que le hacían pensar en todo momento que iban a ser los últimos.
Casi irremediablemente, la joven le rodeó el cuello con los brazos para evitar una posible retirada. No tenía intención de dejar que un beso con el que había estado soñando durante tantos años durara sólo ocho segundos. Así que, espoleada por la excitación y el conocimiento de que con Yong Hwa necesitaba emplearse a fondo. Shin Hye respondió con todo su ser.
Y las buenas intenciones de Yong Hwa se esfumaron en cuanto la joven se estrechó contra él y mordisqueó suavemente su labio inferior. En algunos momentos de debilidad, había fantaseado imaginándose lo que sería sentir la lengua rosada de Shin Hye en su boca, pero jamás había imaginado que se sentiría como si su sistema nervioso hubiera estado paralizado durante tantos años. Se sentía como si Shin Hye hubiera encontrado el interruptor para sus emociones y a él le fuera imposible recuperar el control. Y el momento de impacto total llegó en el momento en el que sus lenguas se rozaron.
Las piernas iban a doblársele de un momento a otro. Shin Hye lo sabía con la misma seguridad con la que sabía que Yong Hwa estaba causando estragos en cada uno de sus órganos vitales. ¡Y eso que sólo estaba besándola! A Shin Hye la habían besado muchas veces, tanto personal como profesionalmente, pero nada la había preparado para lo que estaba experimentando en ese momento. Yong Hwa estaba volviéndola loca con sólo su lengua, estaba despertando el deseo en todos los rincones de su cuerpo sin mover siquiera las manos de sus hombros. Era como estar siendo sometida a una especie de tortura celestial.
Shin Hye quería que la tocara, que acariciar su piel. Su cerebro reproducía la imagen de sus dedos en diferentes partes de su cuerpo y al final, como si se hubiera producido el milagro de la telepatía, Yong Hwa apartó las manos de sus hombros y Shin Hye ardió de deseo, anticipando ya cuál iba a ser su próximo destino.
Cuando Yong Hwa abandonó también su boca, gimió a modo de protesta e, instintivamente, lo abrazó con más fuerza. La confusión y el placer le impedían darse cuenta de que Yong Hwa ya no quería abrazarla, de que, en realidad, la estaba alejando.
—Apártate. Shin Hye.
No fue el tono autoritario en el que fueron pronunciadas aquellas palabras el que aseguró la inmediata obediencia de Shin Hye, sino la mirada de disgusto de Yong Hwa.
—Supongo que a ti este tipo de prácticas te vienen muy bien, Shin Hye, pero yo no tengo intención de entrenarte. Me gusta que las mujeres con las que salgo sean consientes de lo que hacen.
A Shin Hye se le ocurrieron miles de respuestas adecuadas, pero no fue capaz de dar voz a ninguna de ellas. Le entraban ganas de empezar a darle puñetazos hasta que le sangraran las manos. Quería sacudirlo con la fuerza de cien ciclones y, más que cualquier otra cosa, quería sentir lo que era hacer el amor con él.
—Tú has empezado. Yong Hwa, así que ahora no me eches la culpa a mí. Y, además, creo que no te vendría mal empezar un cursillo de aprendizaje —le encantó advertir el asombro de Yong Hwa—Al fin y al cabo, teniendo en cuenta que el promedio de mujeres con las que te acuestas es de seis coma cinco por semana, supongo que ya estarás harto de mujeres con edad suficiente para saber que son consientes de que están saliendo con un mujeriego
—Cuando te dije lo de los preservativos estaba bromeando, y lo sabes.
—Ah, ¿así que tú tienes derecho a hacer bromas sobre sexo y yo no? Pues bien, Yong Hwa, quédate con tus estúpidos dobles sentidos y déjame en paz.
***
El sonido del coche de Bo Jie le indicó a Yong Hwa que Shin Hye estaba llegando a casa. Y, por cierto, una hora más tarde de lo que debería haberlo hecho.
Maldiciéndose entre dientes, levantó una vez más por encima de su cabeza el peso del aparato de musculación y al cabo de unos segundos lo volvió a bajar hasta su pecho. Se había comportado como un idiota, y no sólo por besarla, sino también por el modo en el que había conducido después los acontecimientos. Pero lo que le hacía sentirse peor era que en realidad, sólo estaba sinceramente arrepentido de cómo se había comportado después del beso, no del beso en sí mismo. De hecho, se había pasado todo el día replanteándose la escena mentalmente y especulando con las posibilidades de lo que podría haber pasado si no hubiera terminado allí.
<<Bonito trabajo, Yong Hwa >>murmuró mientras elevaba de nuevo el peso << No sólo no aprendes de tus errores, sino que encima les añades detalles>>.
¡Clang!
Cuando el peso cayó en su lugar. Yong Hwa dejó caer los brazos a ambos lados del banco en el que estaba tumbado. Estaba físicamente agotado, y aun así, todavía no se sentía capaz de estar en la misma habitación que Shin Hye sin rodearla con sus brazos con la única intención de seducirla.
Cuando se había dado cuenta de que Shin Hye iba a ir a la oficina, había decidido quedarse a trabajar en casa para poder concentrarse en el proyecto que estaba trabajando y presentarle una cifra definitiva al constructor. Habría sido un buen plan, pero para ello su mente tenía que haber sido capaz de pensar en algo más que en Shin Hye. Al cabo de dos horas de infructuosa pelea con la calculadora, había salido a correr con la intención de sacarse de la cabeza tanto la imagen de Shin Hye como el sentimiento de culpabilidad. Pero la carrera podría haberse convertido en un maratón antes de que hubiera alcanzado sus propósitos, así que se había decidido recurrir a las pesas.
Suspiró. Sabía que le debía una disculpa. Qué demonios, debería servirle su cabeza en una bandeja.
<<Vamos Yong Hwa>>gruñó mientras se levantaba <<Ya es hora de enfrentarte a lo inevitable>>
Shin Hye entró en la casa y se dirigió directamente a la cocina. Después de haberse saltado el desayuno, haber estado trabajando a la hora del almuerzo y haber permanecido toda la tarde concentrada en las facturas, necesitaba una buena dosis de comida y de cafeína.
Dormir era otro de los lujos a los que habría dado la bienvenida con los brazos abiertos, y tampoco habría recibido con disgusto la noticia de que no iba a tener que volver a ver a Yong Hwa durante el resto de su vida. Lamentablemente, estaban en la misma casa, y ésa era una de las razones por las que después de comer iba a salir de casa, en vez de meterse directamente en la cama. No pensaba pasar en presencia de Yong Hwa ni un segundo más de lo imprescindible.
En teoría, ese era el plan. Pero la realidad se impuso: Yong Hwa estaba en la cocina.
Lo primero que pensó la joven fue que los asesinos volvían siempre al lugar del crimen. Lo segundo, que era evidente que Yong Hwa había estado haciendo ejercicio y que el sudor que hacía brillar sus músculos y pegaba la camiseta a su cuerpo como una segunda piel incrementaba todavía más su atractivo. Pero, recordándose su decisión de limitarse a recibir una experiencia humillante por día, se volvió para irse.
—Shin Hye, espera.
—No tengo tiempo, yo…
—Pues intenta tenerlo, por favor. No tardaré mucho.
Shin Hye adoptó una expresión de profundo aburrimiento y se volvió lentamente.
—Shin Hye, siento todo lo que ha pasado esta mañana. Me he comportado como un verdadero estúpido. En primer lugar, no debería haberte besado y… bueno, sinceramente, he sido un auténtico canalla al decirte después lo que te he dicho.
—Mira, Yong Hwa, no hace falta que te flageles por lo que ha pasado. Ha ocurrido y ya está; dejémoslo así.
—Sí, pero ése es precisamente el problema, que no debería haber pasado. No debería haber ocurrido en absoluto.
—Yong Hwa —le dijo—, no es la primera vez que me besan.
—Lo sé —repuso él—, como tú misma me recordaste la otra vez, fui yo el que te salvó de los avances amorosos de Joon Suk
—Si esperas que te dé las gracias, ya puedes ir olvidándote. Creo que aquél fue el momento más embarazoso de mi vida —lo miró con los ojos entrecerrados—No sólo le partiste el labio a Joon Suk, dejándole una cicatriz en los labios para el resto de su vida, si no que durante dos años no hubo ningún tipo que se atreviera a hablarme, y mucho menos a hacerme una insinuación amorosa.
Yong Hwa esbozó una sonrisa.
—¿De verdad? Bueno, siempre puedes agradecer que fuera yo y no tu padre el que estaba vigilándote en aquella fiesta —en la mirada que Shin Hye le dirigió, el último sentimiento que se reflejaba era la gratitud. Yong Hwa se maldijo en silencio. Lo último que quería era empezar otra discusión con ella—Mira—le dijo, decidido a cambiar de tema—¿Qué te parece que encargue comida china para cenar y…
—Gracias, pero voy a cenar fuera.
—¿Otra vez? ¿Y con quién? Bueno, lo que quiero decir es que pensaba que hoy querías acostarte temprano.
—Lo que quiero es disfrutar de la deliciosa una comida que Jae Joon me va a invitar.
—¿Vas a salir con Jae Joon? ¿Es que te has vuelto loca?
—Sí, voy a salir con él y no, no me he vuelto loca. Sucede que me parece un hombre agradable.
—¿Y ese hombre tan agradable ya te ha comentado que está casado y tiene un hijo?
—Está divorciado, y tiene dos.
—¡Pero si es mucho mayor que tú!
—En realidad también es mayor que tú. Cumple treinta y tres años el mes que viene.
—Shin Hye, ese hombre es demasiado mayor para ti.
—Por el amor de Dios, voy a cenar con él, Yong Hwa, no a casarme con él.
—¿Y qué piensan hacer después de cenar?
—No lo sé. Supongo que iremos a ver una película o algo parecido.
—¿Estás bromeando? —le preguntó Yong Hwa mirándola como si hubiera perdido el juicio—Es muy probable que Jae Joon tenga intenciones con las que Joon Suk ni siquiera se habría atrevido a soñar.
—¿Y?
—Lo que tienes que hacer es llamarlo y cancelar la cita.
La furia corría por las venas de Shin Hye a tal velocidad que decidió guardar silencio hasta tener la seguridad de que no iba a traicionarle la voz.
—¡No pienso hacerlo!—exclamó—No voy a quedarme en casa un viernes por la noche sólo porque tú lo digas, ya soy…
—Mira, si eso te hace sentirte mejor, saldremos juntos a cenar.
Lo hacía parecer como si para él fuera un gran sacrificio.
—Gracias, pero no. Como ya te he dicho, he quedado con Jae.
—Y yo ya te he explicado que Jae Joon es un hombre mayor y tiene las hormonas como las de un viejo verde —le espetó Yong Hwa—¿es que eso no te dice nada?
—Claro que sí —contestó Shin Hye con una enorme sonrisa—me dice que en algun momento me preguntara si soy una mujer que es consciente de sus actos y por lo tanto debo empezar a prepararme.
***
Durante las siguientes horas Yong Hwa estuvo de tan mal humor que evitó incluso cruzarse con Shin Hye. La idea de que Jae Joon fuera a salir con ella le revolvía las tripas.
No era que no le gustara. En general, podría decirse que era un hombre decente, pero Yong Hwa sabía cómo funcionaba su mente en cuanto estaba delante de una mujer atractiva. De modo que, en cuanto sonó el timbre de la puerta, se levantó de un salto y corrió hacia ella.
—Ya abro yo, Shin Hye —gritó.
—¿Qué tal, Yong Hwa? —lo saludó Jae Joon, aparentemente inmune a la durísima mirada de Yong Hwa—¿Cómo van los negocios?
—Extraordinariamente —replicó Yong Hwa haciéndole un gesto para que entrara—La cuenta que has pagado hoy nos ha salvado la vida—Jae Joon soltó una carcajada.
—Ya me conoces, me gusta rematar bien las cosas.
Hasta que comprendió que la respuesta de Jae Joon no escondía segundas intenciones. Yong Hwa estuvo a punto de soltarle un puñetazo.
—Shinie me ha comentado que Bo Jie está en Japón —comentó Jae Joon.
Yong Hwa estuvo a punto de vomitar. ¿Shinie? Shinie y Jae. Era repugnante.
—Conociendo a Shin Hye, estoy seguro de que todavía tardará mucho. ¿Te apetece tomar una copa?
—Te equivocas. Yong Hwa.
Ambos hombres se volvieron al oír la voz de la joven y la observaron en completo silencio mientras ella entraba cubierta por una capa de lana negra.
—Hola. Jae —saludó, dirigiéndole a su acompañante una radiante sonrisa—Como puedes comprobar, a pesar de la mala prensa, ya estoy lista, pero si te apetece, tómate una copa.
No fue ninguna sorpresa para Yong Hwa que Jae Joon declinara la invitación. Era tan evidente su ansiedad por encontrarse a solas con Shin Hye que Yong Hwa estaba convencido de que hubiera rechazado la invitación aunque le hubiera ofrecido a la par mil millones de won. Y la verdad era que no podía culparlo por ello. Shin Hye parecía una auténtica princesa. Se había pintado los ojos de tal forma que su mirada inocente se había transformado en pura seducción y se había pintado los labios con una pintura que los hacía parecer deliciosamente húmedos.
—Jae—le preguntó Shin Hye—¿tu coche tiene calefacción?
—Eh… bueno, sí, si tiene.
—Maravilloso, eso significa que no tengo que llevarme el abrigo.
Y mientras hablaba, fue quitándose la capa descubriendo al final el vestido más corto y ajustado que Yong Hwa había visto en su vida.
Mientras Yong Hwa permanecía en silencio, intentando recomponer sus sentimientos, Shin Hye le dirigió una radiante sonrisa a Jae Joon.
—No tardaré ni un segundo. Voy a dejar esto en su sitio.
Jae Joon, que también había perdido ante aquella visión la capacidad para articular palabra, se limitó a asentir mientras la joven salía corriendo de la sala.
Yong Hwa se debatía entre las ganas de salir corriendo detrás de ella y exigirle que se cambiara de ropa y la necesidad de dejarle claras unas cuantas cosas a Jae Joon.
—Escucha, Jae Joon—empezó a decir mientras se acercaba a él—Como se te ocurra pensar si quiera en ponerle una mano encima, te juro por Dios que lo que le hice a tu hermano será como una caricia comparado con lo que te haré a ti. ¿Lo has entendido? Sales con ella, la invitas a cenar y vuelves inmediatamente a casa. Y fin de la historia.
—Shinie quería algo más.
—Entonces asegúrate de que no lo tenga.
La mirada de admiración de Jae Joon fue todo lo que Yong Hwa necesitó para saber que Shin Hye había vuelto a aparecer. Se echó a un lado, se obligó a esbozar algo que dudaba pudiera pasar por una sonrisa y murmuró con una total falta de sinceridad que esperaba que disfrutaran de la cena.
—Estoy segura de que lo haremos —contestó Shin Hye, agarrando a Jae Joon del brazo.

***
—¿Qué problema hay entre Yong Hwa y tú? —le preguntó Jae a Shin Hye en cuanto puso el coche en marcha.
—Sólo un caso crónico de sobreprotección. Él todavía cree que soy una niña y me trata como si fuera una hermana caprichosa.
—Y a ti no te gusta.
—Pues no. Me trata así desde que murió mi hermano, no le entra en la cabeza que ya soy una mujer.
Jae Joon la miró—Supongo que te das cuenta de que lo hace porque te quiere.
—Sí, eso ya lo sé. Pero también quiere a Bo Jie y no intenta dirigir su vida como dirige la mía.
—Lo que quiero decir es que está enamorado de ti.
Por primera vez desde que se había reunido con él, Shin Hye le prestó a Jae Joon una atención absoluta.
—Si de verdad crees lo que estás diciendo es que estás completamente loco.

—Quizá —le dijo—pero no soy ningún estúpido, Shinie—se volvió y le dirigió una sonrisa cargada de ironía—A partir de ahora, cuando le pidas a un hombre que salga contigo para hacer de cebo, procura advertirle que estás intentando pescar una piraña.




5 comentarios:

  1. Woo estuvo fabuloso me encanto el cap espero que actualizen pronto esta muy bueno en fic ^-^

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  2. muy bonito ..,escribe pronto....gracias

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  3. Oh por Dios, está super emocionante, ojalá publiques el próximo pronto, porque me encanta.

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  4. Aigoo esta super bueno por fis publica pronto esperare abrasos

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  5. Unnie actualiza pronto .......muero por saber lo que sucederá en el próximo capitulo

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