Shin Hye no se sentía igual de segura
mientras esperaba a que Yong Hwa le abriera la puerta. Tal vez debió haber regresado directamente a su casa.
Tal vez había…
—¡Shin Hye! —dijo Yong Hwa al abrir, y
pareció perplejo. Evidentemente, ella era la última persona a la que esperaba
ver.
Cosa que no le sorprendía. Antes no
había dado la impresión de que quisiera volver a saber de él, y allí estaba
ella, en su casa, por propia voluntad.
El lugar en que vivía fue una sorpresa
para Shin Hye. Había imaginado que se alojaba en un lujoso apartamento, pero era
dueño de una casa de tres pisos en una zona elegante de Seongdong-gu. Y estaba
solo, si se podía fiar del hecho de que hubiera abierto la puerta él mismo. Y
por solo quería decir que parecía no haber ama de llaves ni nadie más que se
ocupara de él y de la casa. Lo que probablemente significaba que había decidido
hacerlo él mismo…
Shin Hye no supo qué decirle llegado
el momento. Yong Hwa levantó las cejas al notar su silencio.
—¿Quieres entrar o has cambiado de
idea? —se aventuró a decir.
—Pues… —tosió al oír que su voz salía
como un graznido. —Entraré… si te parece bien.
—Por favor —le dijo Yong Hwa,
echándose hacia un lado con exagerada formalidad para hacerla pasar—Sígueme.
La adelantó para entrar en una
habitación a la izquierda del pasillo. Shin Hye entró en lo que parecía su
estudio, una estancia con estanterías llenas de libros mal colocados, docenas
de cintas esparcidas por la mesa y varias sillas de aspecto confortable
cubiertas de libros y periódicos.
Yong Hwa se movió sin prisa para
despejar uno de los asientos y permitir así que Shin Hye se pudiera sentar.
—No me he vuelto más ordenado —le dijo
con ironía. Solía ser una broma entre ellos que un día Shin Hye lo encontraría
enterrado bajo su propio montón de desorden. Shin Hye se sentó pesadamente.
—Es una casa preciosa —le dijo. ¿Qué
estaba haciendo allí? ¿Acaso estaba a punto de hacer el ridículo?
—¿Qué haces aquí? —dijo Yong Hwa,
ignorando su comentario educado para leer, por lo que parecía, sus
pensamientos.
—No… no estoy del todo segura —admitió
con tristeza. Yong Hwa permanecía de pie, mirándola.
—¿Hablaste con Suzi?
Shin Hye lo miró con ojos llenos de
decisión.
—No como creo que piensas.
—Con tu padre, entonces —la urgió—¿Has
hablado con él?
Shin Hye lo negó con la cabeza.
—He venido directamente de casa de Suzi
—le dijo lentamente—Por cierto, es muy simpática, y por lo que se ve, buena
amiga tuya. Y lo digo como suena, Yong Hwa —añadió con firmeza—Pero siento curiosidad
por mi padre. ¿Qué podría querer hablar conmigo sobre ti?
Yong Hwa se volvió.
—Ya te lo dije, nada importante…
—Para mí lo es —le dijo Shin Hye con
emoción, poniéndose en pie—Yong Hwa, no me ha resultado fácil venir aquí, y
ahora que lo he hecho… tenemos que hablar. Hablar de verdad, no discutir.
—¿Y quién tiene la culpa de eso? —se
burló.
—Por el momento, ¡tú! —suspiró Shin
Hye.
—¿Sabe Hong Ki que estás aquí? —preguntó
mirándola con reproche.
¿Hong Ki…? ¡Claro! Yong Hwa todavía
creía que mantenía una relación amorosa con su primo.
—Deberías estar al día con las
noticias de la familia, Yong Hwa. Dentro de tres semanas, al contrario que tú,
estaré cantando y bailando en la boda de Hong Ki.
—Dios mío, no perdieron el tiempo,
¿verdad? —estalló Yong Hwa con disgusto—Después de decirme que no te casarías
con él, ahora te decides a hacerlo antes de que ni siquiera se haya secado la
tinta de tus papeles del divorcio. Quien te crees que eres…
—Su dama de honor —concluyó Shin Hye
sin apartar la vista de Yong Hwa—Hong Ki esta comprometido con mi
fisioterapeuta desde hace un año, Yong Hwa. Juniel y él van a casarse dentro de
poco.
—Pero Hong Ki dijo… tú dijiste…
—Tú dijiste, Yong Hwa —lo corrigió Shin
Hye con firmeza—Yo no llegué a decir que mantenía una relación con Hong Ki, tú
diste por hecho que era así.
—Nunca lo negaste —la acusó Yong Hwa—Ninguno
de los dos.
—Siempre estabas dispuesto a creerlo y…
bueno, la verdad, a mí me resultaba más fácil dejarte que siguieras creyéndolo.
Yong Hwa entornó los ojos.
—¿Por qué?
Estaban uno frente al otro como
adversarios, y no era lo que Shin Hye había querido. Ya había habido muchos
enfrentamientos y habían tenido muchos enfados.
—Yong Hwa —dijo tragando saliva,
forzándose a continuar—¿Cómo te sentiste cuando perdí el bebé hace tres años?
—Eso es historia, Shin Hye —dijo con
voz lúgubre.
—Es nuestra historia, Yong Hwa, y
necesito saberlo. Es cuando empezaron nuestros problemas y… necesito saberlo —repitió
con voz triste.
—Cuando perdimos a nuestro hijo, me
sentí… hundido —dijo Yong Hwa con un suspiro.
Shin Hye sintió que se le encogía el
corazón. Entonces era como había pensado, la pérdida del bebé había cambiado
las cosas entre ellos para siempre.
—Pero no tan hundido como me habría
sentido si te hubiese perdido a ti también —prosiguió Yong Hwa. —Era nuestro
hijo, Shin Hye, y lo amaba. ¡Y perderlo de la forma en que lo hicimos…! —inclinó
la cabeza. —Pero si hubieses muerto tú, entonces lo habría perdido todo. Al
parecer, ¡eso es lo que pasó al final! —exclamó con una mueca de disgusto.
—¿Por qué? —preguntó Shin Hye, y
contuvo el aliento sin casi poder respirar por lo tensa que estaba.
—Dímelo tú. Tú eras la que no podía
soportar verme a tu lado, la que empeoraba física y mentalmente cada vez que
iba a verte, hasta tal punto que en el hospital pensaron que era mejor que me
mantuviese a distancia. El dolor que te causaba mi presencia estaba frenando
seriamente tu recuperación.
—¿Es por eso…? —Empezó a decir Shin
Hye, y tragó saliva una vez más—. ¿Es por eso por lo que te refugiaste en Sue
Min? No te culpo por ello, Yong Hwa —añadió rápidamente al ver que su rostro se
tornaba siniestro—Pero necesito saberlo.
—Nunca me he refugiado en Sue Min —le
dijo con firmeza—Cantamos juntos durante un tiempo, pero eso es todo. Nunca
comprendí cómo habías llegado a esa conclusión.
—Hablé con ella —dijo Shin Hye,
humedeciéndose los labios—Me lo contó, dijo que…
—¿Qué es lo que dijo? —la interrumpió Yong
Hwa con aspereza—¿Cuándo habló contigo?
—A la mañana siguiente… Cuando tú no
regresaste a casa aquella noche por culpa de la nieve —le explicó Shin Hye.
Sentía los labios rígidos y le costaba hablar. Inspiró profundamente para
serenarse. —Llamé al hotel en el que dijiste que pasarías la noche. Pasaron la
llamada a tu habitación y… Sue Min contestó.
Había lágrimas en los ojos de Shin Hye
cuando lo miró.
—¿Sue Min contestó? —inquirió Yong Hwa
con expresión perpleja—Pero…
—Dijo que lo sentía, pero que esas
cosas ocurrían a veces cuando se trabajaba tan estrechamente con alguien —dijo Shin
Hye conteniendo las lágrimas—Sentí como si mi mundo hubiera terminado
definitivamente —reconoció con vacilación—Aquel día me sentí tan traicionada, Yong
Hwa. Pero ahora soy mayor y no tan vulnerable emocionalmente como entonces.
Comprendo que estas cosas pasan, que a veces…
—A mí no —la interrumpió Yong Hwa—Ni
antes ni ahora. Quiero saber…
—¿Qué quieres decir con eso de «ni
antes ni ahora» —le preguntó Shin Hye con expresión perpleja. No era posible
que Yong Hwa no hubiese estado con otra mujer durante aquellos tres años. ¿Es
que no…?
—Eso no es importante en este momento —la
cortó con impaciencia.
—Lo es para mí —protestó.
Yong Hwa no podía haber sido tan célibe como ella durante aquellos
años. De ser así era increíble…
—Hablaremos de ello en seguida. Ahora
mismo es más importante que hablemos de Sue Min. ¿Qué demonios estaba haciendo
en mi habitación del hotel aquella mañana? … Espera un minuto —dijo lentamente,
y su frente perdió algo de su aspecto sombrío—Me reuní con ella en el
restaurante para desayunar, y mientras estaba en recepción subió para recoger
las guitarras de nuestras habitaciones. Habitaciones, Shin Hye. ¿A qué hora
llamaste?
—No lo recuerdo exactamente —contestó Shin
Hye, y lo pensó por un momento—Pero fue temprano. No había sido capaz de dormir
en toda la noche y… Creo que las siete y media. Esperé hasta esa hora para no
despertarte. Habías estado trabajando tanto y … quería dejarte dormir lo más
posible.
Nunca había olvidado la conmoción que
había sentido al oír la voz de Sue Min al teléfono.
—No me habrías despertado, Shin Hye,
porque no pude dormir de todas formas. Estuve despierto toda la noche pensando
en ti, sin saber si estabas bien. Estaba hecho un trapo cuando llegué a casa de
tus padres y me dijiste que habías estado pensando durante toda la noche sobre
nuestro matrimonio y que habías decidido que se había terminado, que no
teníamos nada más que ofrecernos el uno al otro —recordó Yong Hwa con tristeza.
Había dicho todas esas cosas, pero
sólo porque…
—¿Tuviste alguna vez una aventura con Sue
Min?
Yong Hwa clavó los ojos con firmeza en
los suyos.
—No.
—¡Dios mío! —exclamó Shin Hye, y se
desplomó sobre la silla sintiendo que las piernas no la sostenían. Yong Hwa la
observó con el ceño fruncido.
—¿Me crees?
Shin Hye levantó la vista y clavó los
ojos en los suyos con la misma firmeza con la que Yong Hwa la había mirado momentos
antes.
Asintio con la cabeza.
Yong Hwa emitió un trémulo suspiro y
se puso de cuclillas junto a Shin Hye.
—¿Es ésa la única razón por la que me
dijiste todo aquello hace tres años? —le preguntó con voz triste—¿Por eso me
dijiste que me fuera?
—No… no sólo por eso. Era por todo —dijo
atragantándose al ver que la miraba con expresión interrogante—No podía
caminar, no podía tener más hijos, no era la persona con la que te habías
casado…
—Nuestros votos matrimoniales decían
«en la salud y en la enfermedad», Shin Hye —dijo Yong Hwa tomando sus dos manos
en la suya, fuerte y cálida—He guardado mis votos, Shin Hye. Todos.
¡No había habido nadie más en su vida
en los últimos tres años! Shin Hye lo miró y no se le pasó por alto el
compromiso que leía en su rostro.
—Pero nunca volviste —dijo en voz baja—Ni
para verme ni para saber si había cambiado de idea…
—Tu padre me aseguraba que no lo
habías hecho. Sí, me he mantenido en contacto con tu padre intermitentemente
durante los últimos tres años —dijo para contestar a su pregunta no formulada—Me
aseguraba que seguías afirmando que habías cometido un error al casarte conmigo
y que te negabas incluso a que mencionaran mi nombre en la casa.
Eso era cierto, pero no había sabido
que…
—Yo confiaba en que en cuanto te
sintieras mejor… —prosiguió Yong Hwa—tenía intención de seguir viéndote,
tanto si tú querías verme como si no. Sé que piensas que soy arrogante y
orgulloso… Sí, lo piensas —murmuró al ver que iba a protestar—Pero en lo que a
ti respecta nunca he tenido orgullo. Te amo, Shin Hye. Siempre te he amado y
siempre te amaré.
—Yong Hwa… —exclamó Shin Hye,
cubriéndose el rostro con las manos, y las lágrimas se desbordaron al pensar en
lo mal que lo había pasado Yong Hwa durante aquellos tres años. Ella había
sufrido, pero él…—He complicado todo —sollozó—Pensé que no me querías como
estaba, que habías encontrado a otra persona y no podía soportar esa idea.
Durante un tiempo, creo que hasta te odiaba —reconoció.
—Estoy seguro de que convenciste a tu
padre de que así era exactamente como te sentías —reconoció Yong Hwa con
cautela—Ha sido tan protector. Pero sé que también sentía pena por mí, y por
eso se preocupó por mantenerme informado. Aunque cuando vino a verme la última
vez parecía creer que algo había cambiado… —Yong Hwa frunció el ceño—. Desgraciadamente,
se desplomó antes de que llegáramos a hablar de verdad.
Shin Hye tragó saliva… se tragó su
propio orgullo. No le había causado más que infelicidad en aquellos últimos
tres años. Porque era el orgullo lo que le había hecho cerrar su corazón a
aquel hombre, cerrar los ojos a la verdad. Ella era la que no había podido
soportar su incapacidad para andar; había sido más fácil rechazar a Yong Hwa,
excluirlo de su vida, que enfrentarse al hecho de vivir con él como una
paralítica.
—Mi padre posiblemente adivinó que le
había estado mintiendo durante todos estos años, y que todavía te amaba. Porque
te amo, Yong Hwa —le dijo apresuradamente—Te amo de todo corazón. Siempre te he
amado y siempre te amaré —dijo repitiendo sus palabras.
El alivio y el amor acabaron por
llenar el rostro de Yong Hwa.
—¿Lo bastante como para casarte
conmigo?— le dijo mientras limpiaba sus mejillas con el dedo pulgar.
—Todavía estamos casados —dijo Shin
Hye con una sonrisa llorosa. Faltaban aún varias semanas para que el juez
fallara sobre su divorcio.
—¿Te volverás a casar conmigo? —persistió
con firmeza—Para amarme, honrarme…
—¿Y obedecerte? —bromeó Shin Hye,
todavía sin poder creerse que iba a tener una segunda oportunidad para ser
feliz.
—¡Y obedecerme! —repitió mientras la
ponía de pie—Así no se volverán a repetir estos últimos tres años. Me limitaré
a decirte que te quedes quieta hasta que hayamos resuelto cualquier problema
que se nos presente. Aunque no creo que tengamos muchos, siempre ha sido fácil
vivir conmigo —añadió con ironía.
—Perfecto —accedió Shin Hye antes de
abrazarlo.
—Sólo alguien que me quiere de verdad
podría haber dicho eso —rio Yong Hwa antes de que sus labios reclamaran los de Shin
Hye.
Compartieron la intensidad de su amor
en aquel beso, después de haber dado rienda suelta a las emociones acumuladas
durante aquellos tres años.
—No voy a permitir que me vuelvas a
dejar, Shin Hye —le dijo Yong Hwa mientras la sentaba sobre sus rodillas en el
sillón—Ni siquiera por un minuto. Te quedarás conmigo esta noche, y mañana
empezaremos a hacer las gestiones para reafirmar nuestros votos matrimoniales.
Empezaremos de nuevo, Shin.
—No pienso discutir —y apoyo
suavemente la cabeza sobre su hombro.
—Vaya cambio —murmuró—Shin Hye, creo
que deberías seguir adelante con el lanzamiento de tu álbum en solitario —le
dijo con suavidad—Creo que te lo has ganado.
—¿Y después?
—Eso depende de ti —dijo Yong Hwa,
encogiéndose de hombros—No te voy a presionar. Ya estás de nuevo en mi vida, y
eso me basta.
—Quiero volver a cantar contigo, Yong
Hwa, de verdad —dijo Shin Hye de corazón.
Yong Hwa la estrechó entre sus brazos.
—Lo cierto es que siempre nos hemos
bastado juntos, ¿verdad?
—¿Quiere eso decir que no quieres que
tengamos hijos? —inquirió Shin Hye, levantando la cabeza.
La expresión de Yong Hwa se tornó
sombría.
—A pesar de lo bien que les ha ido a Suzi
y a Jong Hyun con la adopción, no te presionaría con esa opción si no es lo que
quieres.
—¿Y un hijo de los dos? —inquirió Shin
Hye, y contuvo el aliento mientras esperaba su respuesta.
—Sabes que eso no es posible —contestó
Yong Hwa con expresión más suave.
—Los médicos no creían que fuera
posible después del accidente —reconoció Shin Hye—El daño interno era
considerable. Pero me han estado observando de cerca desde entonces y… bueno,
hay una posibilidad, dicen que … hay una posibilidad remota. No pongas esa
cara, Yong Hwa —le dijo enseguida al ver que fruncía el ceño—Suzi me contó lo
obsesionada que estuvo con la idea de tener un hijo. Yo no acabaré así. De hecho…
podría estar ya embarazada —añadió tímidamente—Ya han pasado cinco semanas
desde que… y no he…
—Shin Hye que quieres decir. No estoy
al día con tu cuerpo —bromeó—. ¿Me estás diciendo que no has tenido el periodo
desde que hicimos el amor?
—¡Sí! —exclamó Shin Hye, y se
incorporó para mirarlo con rostro radiante—Ni siquiera me di cuenta hasta esta
misma tarde, cuando se me ocurrió pensar que tal vez… ¡Tal vez esté embarazada,
Yong Hwa! —dijo con voz trémula—. ¡Sólo tal vez!
Una hermosa sonrisa se mantuvo en el
rostro de Yong Hwa—Y si lo estás, estaré henchido de alegría, Shin Hye —y con vos dulce continuo —Y aunque no lo estés, también. Lo único que he necesitado siempre eres tú,
amarte y sentir tu amor.
—Te amo, Yong Hwa. No sabes cuánto —le
dijo con sinceridad antes de que sus labios y sus cuerpos se amoldaran
perfectamente el uno al otro.
Y su mutuo amor se desbordó el día en
que nació su hija, ocho meses después.
Fin
Awwww que lindo, pero hubiera habido mas amor en su etapa del nuevo comienzo, aun asi me encanto el fic , gracias por subirlo, si pueden suban mas fics XD
ResponderEliminarSoy la persona mas feliz Con este bello final hace poco estaba llorando pero ver este final tan hermoso me saco una gran sonrisa sigue escribiendo fics como este son bellísimos gracias =D c:
ResponderEliminarme encantó, me tubo pegada al monitor desde el primer capítulo, fabuloso. Gracias por esta hermosa historia.
ResponderEliminarWowowowo...me encanto....me gusto muchisimo...el final fue maravilloso..se aclararon las cosas por fin entre ellos...y volvieron a estar juntos...Que hermosooo...que lindo...se aman...aiii q emocion..Y mas me alegro cuando vi q ella creia estar embarazada y q despues sus sospechas fueron ciertas y tuvieron una nina...Que lindooo...Fue tan hermoso este fic...me atrapo desde un principio..y no me aparte del computador hasta que no termine de leerlo...Felicidades unnie....eres muy buena escriviendo...Una vez mas te digo...me encantoooo...me gusto muchisimo..fue genial...
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