—Tu madre está en la cocina y no me vio
llegar — dijo Yong Hwa al ver su mirada de preocupación en dirección a la casa—Te
vi aquí fuera en el jardín cuando llegué y…
—Entraste —lo acusó Shin Hye, dejando
a un lado su pequeño rastrillo para frotarse las manos sobre sus jeans que ya
estaban manchados de tierra—¡Con tu arrogancia acostumbrada! ¿Cuándo entenderás
que no eres bien recibido?
—¿Por ti? —Preguntó con ojos tristes —Posiblemente
nunca.
¿Y qué quería decir con eso? Yong Hwa
nunca había sido el más directo de los hombres y… ¡No! No debía preocuparse por
lo que quisiera decir.
—No eres bienvenido en casa de mis
padres, Yong Hwa —le dijo con sinceridad. No le perdonaban que la hubiese
abandonado de la peor manera posible, dejando que ellos recogieran los pedazos.
No, nadie le daría la bienvenida a aquella casa.
—Me hago cargo —dijo asintiendo
bruscamente—Pero también sé que siempre se han preocupado por lo que a ti más
te conviene.
—Si te refieres al tema de grabar un
álbum entre tú y yo —musitó con disimulo mientras se incorporaba—te puedo
asegurar que no piensan que sea lo que más me conviene.
Más bien lo contrario; su padre había
amenazado con darle un puñetazo a Yong Hwa si volvía a acercarse a Shin Hye.
Por cierto, que su padre ya habría
salido de su consultorio y llegaría a almorzar en cualquier momento.
—Debes irte, Yong Hwa —le dijo
fríamente.
Yong Hwa se movió ligeramente y su
expresión se volvió implacable.
—Me iré cuando esté listo para irme —anunció
con arrogancia.
Parecía tan vitalmente masculino, de
pie en el jardín. La brisa agitaba suavemente la negrura de su pelo, y llevaba
una chaqueta negra, camisa blanca y jeans desgastados. Shin Hye sintió un leve
estremecimiento al verlo… un estremecimiento que enseguida suprimió.
—Bien. Haz lo que te parezca —le dijo Shin
Hye. Se inclinó y recogió las herramientas con la intención de guardarlas en el
cobertizo de camino hacia la casa— Pero asegúrate de cerrar la puerta cuando
salgas; Bonji sigue sin saber cruzar
la calle —Shin Hye se volvió y se alejó andando.
—¡Shin Hye!
—Adiós, Yong Hwa —dijo sin molestarse
en mirar atrás mientras caminaba con paso resuelto, aunque no rápido. Lo último
que quería era dar la impresión de que huía.
—Realmente has vuelto a andar muy
bien.
Lo dijo con suavidad, pero lo bastante
alto como para que lo oyera. Shin Hye se giró bruscamente sobre sus talones con
el rostro lívido de indignación. ¿Cómo se atrevía siquiera a mencionarlo? Se
había sentido como una muñeca rota cuando la traicionó, incapaz de caminar, de
cantar, de volver a tener… ¿Cómo se atrevía?
Ahogó un sollozo, no sabía si de dolor
o de furia. Lo único que sabía era que en aquel momento detestaba a aquel
hombre, el hombre que había amado más que nada en el mundo…
—Quieta —dijo Yong Hwa al llegar a su
lado y agarrarla de los brazos para sujetarla. Se habia balanceando tanto que
casi había caído hacia delante—No pretendía desconcertarte —explicó con una
mirada de preocupación sobre su cara pálida—Sólo…
—Vete, Yong Hwa —le dijo con voz
controlada, soltándose con firmeza—Y no vuelvas más.
—Shin Hye, han pasado tres años…
—¡No me digas cuánto tiempo ha pasado!
—Musitó Shin Hye— Yo soy la que ha pasado esos años tratando de volver a andar,
de volver a cantar, de reorganizar mi vida.
Estaba respirando agitadamente,
furiosa en parte por su debilidad física. ¡Si no hubiera perdido el equilibrio!
Pero lo hacía ocasionalmente, y seguramente nunca dejaría de hacerlo según el
especialista. Aunque se había recuperado como nadie había esperado que lo
hiciera. Como aquel hombre no había esperado que se recuperara. Una mujer
paralítica era algo que nunca había considerado. Y mucho menos, aceptado.
Bueno, ya no estaba paralítica y no iba a permitir que aquel hombre la dejara
paralítica emocionalmente.
—¿No es hora de perdonar…?
—¿Y olvidar? —añadió Shin Hye con
desprecio—No quiero olvidar nunca, Yong Hwa. Ni lo que eras entonces ni lo que
eres ahora.
—No sabes quién soy ahora, Shin Hye —le
dijo con voz ronca y suave—Yo también he sufrido en estos tres últimos años…
—¿Por fin tienes remordimientos de
conciencia? —se burló Shin Hye con crudeza— Pues no me pidas perdón, Yong Hwa.
Porque no te lo puedo dar.
Yong Hwa se echó hacia atrás como si
lo hubiese golpeado.
—Yo también perdí algo, Shin Hye —dijo
Yong Hwa con voz tensa—Algo que todos olvidaron porque les conviene.
Las lágrimas de Shin Hye inundaron sus ojos, lágrimas que
enseguida trató de contener parpadeando.
—Tan fácilmente como tú olvidaste tus
votos matrimoniales. Ahora…
—Yo no olvidé mis votos, Shin Hye —musitó
Yong Hwa con fiereza.
—Los extraviaste, entonces —se burló Shin
Hye—El resultado fue el mismo. Fuiste…
—Shin Hye, ¿cuándo vas a entrar…? —Su
madre interrumpió al doblar la esquina de la casa y los vio juntos en el jardín. Su
rostro se puso rígido de repente—Yong Hwa —titubeó con una mirada fría.
—Sra. Park —respondió Yong Hwa
secamente, para luego inclinarse dando un saludo cordial — Esta Ud. tan hermosa
como siempre.
Su madre realmente tenía buen aspecto.
Su belleza parecía crecer a medida que envejecía. Aunque en aquel momento no
ofrecía su sonrisa afectuosa de siempre, sino que miraba a Yong Hwa con el ceño
fruncido y aspecto sombrío.
—No sé por qué has venido, aunque a
juzgar por las llamadas de teléfono que hemos tenido estas dos últimas semanas,
puedo imaginarlo —añadió antes de que pudiera contestar—Pero, en cualquier
caso, quisiera que te fueras. Estás molestando a Shin Hye. Y sé que al padre de
Shin tampoco le hará ninguna gracia verte. No se encuentra muy bien últimamente…
La madre de Shin Hye dejó escapar su
preocupación por la salud de su marido.
—Lo siento —dijo Yong Hwa suavemente—
Espero que no sea nada grave…
—El estrés y la tensión propios de un
médico de cabecera —dijo la madre de Shin Hye enérgicamente para zanjar la
cuestión— Pero no quiero verlo preocupado. Y creo que oigo su coche, Shin Hye —añadió
con ansiedad, regresando hacia la casa.
En cualquier caso, su madre había
dejado traslucir el estado de salud de su padre, que de hecho había perdido el
conocimiento en su consultorio hacía una semana, poco después de que Shin Hye
regresara del festival, y había recurrido a un interino para que lo ayudara
hasta poder cumplir del todo otra vez con sus deberes profesionales. Realmente,
no necesitaba el estrés añadido de ver a Yong Hwa.
—Vete, Yong Hwa, por favor —insistió Shin
Hye. Su padre debía de haber visto el Range Rover de Yong Hwa aparcado en la
calle, pero como desconocía que Yong Hwa tuviera ese vehículo no establecería
ninguna conexión.
—Quiero hablar contigo —le dijo Yong
Hwa a Shin Hye con determinación—Si no aquí, en otra parte. Vi un pequeño café al venir, podríamos ir allí.
—¡Yong Hwa en un café de Gangnam! —exclamó Shin Hye,
levantando las cejas.
Yong Hwa siguió mirándola sin vacilar
ni mostrar aprecio por su burla.
—Tomo café como cualquier persona —dijo
con voz áspera—Te veré allí en quince minutos.
Se dio la vuelta y caminó a paso
enérgico por el jardín, alejándose por donde había llegado, por la parte
lateral. Shin Hye frunció el ceño ante su repentina marcha, consciente de que
tendría que ir a su encuentro. Si no lo hacía, regresaría. Y sus padres ya
habían soportado bastante estrés y tensión durante los últimos tres años.
Su padre estaba en la cocina bebiendo
té cuando entró en la casa minutos más tarde. Era un hombre alto, robusto y de
mediana edad. Aunque, últimamente, su rostro había empezado a parecer demacrado…
—Me voy, hoy almorzaran los dos solos.
Tengo que salir a realizar unas compras—anunció Shin Hye. Había visto la forma
en que su madre había mirado con ansiedad detrás de ella al entrar en la
cocina, y sabía que estaba buscando a Yong Hwa, así que hizo lo posible para
tranquilizarla y hacerle ver que se había ido. Aunque no muy lejos…—¿Necesitan
alguna cosa? —se ofreció mientras recogía su bolso y las llaves del coche.
—Estamos bien —contestó su madre— ¿No
crees que antes deberías cambiarte de ropa?
Sus jeans y camiseta tenían un aspecto
horrible después de su mañana de trabajo en el jardín, pero no tenía intención
de parecer que se había cambiado para ver a Yong Hwa.
—No tardaré —dijo sacudiendo la
cabeza.
—Bueno, al menos quítate esa mancha
que tienes a un lado de la nariz y sacúdete la tierra de tus jeans—sugirió su
padre con ironía.
Estupendo. ¡Había estado todo el
tiempo hablando con Yong Hwa con la nariz sucia!
—Portense bien— Dijo Shye en tono de
burla al ver a su padre dirigirse hacia su madre para abrazarla.
—Siempre dije que eras un niña muy
lista —dijo su padre, sonriendo—. Demasiado lista para tu propio bien algunas
veces —añadió con reprobación burlona.
Shin Hye rio para sí mientras salía de
la casa, pero su risa se extinguió tan pronto como entró en su coche y empezó a
dirigirse al lugar del encuentro con Yong Hwa. No le gustaba la idea de que la
hubiese presionado para verla.
La cafetería al que se refería
Yong Hwa era un lugar muy refinado de la localidad de Nonhyeon-dong… la presencia de una mujer de la fama de Shye no podría pasar desapercibido
Yong Hwa estaba completamente fuera de
lugar sentado en aquel café con unas gafas oscuras. Era el único hombre del lugar
que parecía querer ocultar su presencia. Al momento de entrar pidió que le
se dieran el lugar mas privado.
Levantó la vista cuando Shin Hye entró
y pareció aliviado por su llegada. El lugar estaba casi lleno sobre todo de
mujeres que habían estado de compras. La mayoría de ellas lo miraban secretamente
tras haberlo reconocido como un famoso, aunque ninguna de ellas había sido tan
valiente como para acercarse y confirmar su identidad. ¡Si no, Yong Hwa no
seguiría allí!
También reconocieron a Shin Hye cuando
entró. Desgraciadamente, después de la reciente publicidad en los periódicos,
algunos también la reconocían como la esposa de Yong Hwa.
—He pedido que nos traigan café —murmuró
Yong Hwa, cuando Shin Hye se reunió con él en la mesa—No he pedido nada para
comer, ya no estoy seguro de lo que comes.
¡No pareció haber tenido problema en
elegir su desayuno hacía dos semanas!
—Aunque veo que no comes mucho, por lo
que parece —añadió mirándola más de cerca—Estás demasiado delgada,
Shin Hye.
Shin Hye contuvo su respuesta cáustica
cuando la camarera llevó los dos cafés a la mesa. Pudo ver cómo los ojos de la
mujer se agrandaban al darse cuenta de quién acompañaba a su prestigioso
cliente, y supo que los rumores correrían a raudales en los próximos días.
—No era una crítica, Shin Hye —dijo Yong
Hwa al notar su ceño fruncido—Sólo una observación.
¡Como si le importase lo que dijese
sobre su aspecto!
—Esta bien, Yong Hwa —dijo para poner
fin al asunto, y se sirvió azúcar en el café—Pero no comeré nada, gracias.
—¿No quieres estar tanto tiempo
conmigo, ¿eh? —adivinó.
Desde luego que no. No tenía intención
de comer. De todas formas, la comida se le quedaría atravesada.
—Ya se le eh dicho a la agencia y te
lo he dicho a ti. No pienso…
—¡Al diablo con la agencia! —la
interrumpió Yong Hwa enérgicamente con ojos centelleantes y acercó su rostro
peligrosamente al suyo—No estamos aquí para hablar de hacer un disco juntos y
lo sabes.
—¿Ah, sí? —replicó Shin Hye, evitando
las miradas curiosas de los demás clientes del café.
—Shin Hye…
—¡No! —exclamó, y se echó hacia atrás
al ver que le iba a cubrir la mano con la suya, que había puesto sobre la mesa—
No…
—¿Quieren comer algo? —dijo la
camarera de pie junto a la mesa, esperando para tomar nota. Yong Hwa la miró
con una calurosa sonrisa.
—¿Le importa si ocupamos una de sus
mesas sólo para tomar café?
—Claro que no —respondió tímidamente
ante su encanto, y se metió el bloc en el bolsillo de su uniforme—Tómense el
tiempo que quieran.
—Ya veo que sigues tan encantador como
siempre, Yong Hwa —comentó Shin Hye con ironía en cuanto la joven se alejó.
—No cuesta nada ser educado con la
gente, Shin Hye —la reprobó con mirada glacial.
—Me pregunto si habrías sido igual de
«educado» si hubiese sido un hombre el que se hubiese acercado a tomarte nota.
Yong Hwa contuvo su propia réplica con
esfuerzo, respirando pesadamente.
—No voy a discutir contigo, Shin Hye —le
dijo—Sobre todo, porque me doy cuenta de que eso es exactamente lo que quieres
que haga.
¡Por supuesto que era lo que quería!
Quería tener la oportunidad de lanzarle acusaciones porque no la había tenido
hacía tres años. Quería decirle lo furiosa que había estado con él aquella
noche en la que no había vuelto a casa… la noche que había pasado en brazos de
otra mujer, la noche en que su matrimonio había terminado para siempre… Porque
no le había dicho nada entonces y no lo había visto desde aquel día en que lo
echó, y aquello la había estado quemando por dentro durante mucho tiempo.
¡Claro que quería discutir con él!
—No estoy dispuesta a malgastar saliva
con causas perdidas —declaró sin embargo—Y tú siempre fuiste exactamente eso.
—¡Soy tu marido! —musitó Yong Hwa.
—Nunca lo has sido —replicó Shin Hye
con expresión lúgubre.
—Estuvimos casados dos años…
—Yo estuve casada dos años —lo
corrigió con vehemencia—Tú seguiste siendo Yong Hwa el soltero dodiciado.
La agarró de la muñeca con mucha fuerza.
—No empieces a creer todas las
tonterías que has leído sobre mí…
—No me ha hecho falta leerlas, Yong
Hwa, ¡las he vivido! —exclamó con ojos intensos por su firmeza—. ¿Te importaría
soltarme? Nos están mirando.
—No me importa…
—Los sentimientos de los demás —completó
la frase Shin Hye—Y nunca te han importado. Pero a mí sí, y soy yo la que vivo por
esta zona. Así que, ¿no te importaría soltarme la mano? —inquirió Shin Hye,
mirando fijamente el lugar en que sus dedos se ceñían alrededor de su delgada
muñeca.
En lugar de soltarla la apretó aún más
y con el dedo gordo acarició levemente el punto donde podía sentir el pulso
desbocado de Shin Hye.
—Siempre me ha gustado tocarte, Shin
Hye —le dijo con voz suave y ronca.
Como a ella le había gustado que lo
hiciera, y había estado siempre dispuesta, entregándose a él al mínimo roce. ¡Y
le avergonzó darse cuenta de que aquel día nada había cambiado!
Los recuerdos la invadieron con
torturadora insistencia: los dos con sus cuerpos entrelazados sobre la cama sin
que nada se interpusiera entre ellos, su melena enredad por las manos de Yong
Hwa, acariciándola, donde y como nadie lo había hecho.
Dios santo, nunca volver a sentir sus
besos, sus caricias. Nunca sentiria aquella unión total… Shin Hye se puso en
pie repentinamente y se soltó la mano de un tirón.
—Tengo que irme, Yong Hwa —le dijo sin
aliento, con las mejillas pálidas—. No quise venir aquí y sólo lo hice… bueno,
ya sabes por qué vine —Shin Hye ni siquiera era capaz de mirarlo, no se atrevía
a hacerlo en aquel momento. No había perdido el control durante mucho tiempo, y
se negaba a hacerlo delante de Yong Hwa—Tengo que irme —repitió. Se volvió y
salió del café.
Había dejado el coche aparcado al otro
lado de la calle, pero le parecía que estaba a kilómetros de distancia, y
sentía las piernas de plomo. Juniel le había dicho que continuaría teniendo
días buenos y días no tan buenos, y aquél no era decididamente uno de los
mejores.
Ni siquiera estaba segura de poder
llegar hasta el BMW, y una capa de sudor apareció en su frente y le humedeció
el flequillo mientras luchaba por dar cada paso. Vaciló al sentir la fortaleza
del brazo de Yong Hwa alrededor de su cintura y sus dedos apretándola con fuerza,
y dejó que la apoyara sobre su costado y la ayudara a cruzar la calle.
—¿Puedes sostenerte sola? —preguntó Yong
Hwa al observar su rostro contraído—¿O quieres que te lleve?
¿Que la llevara? Llegaría a su coche
por sus propias fuerzas aunque tuviera que ir a gatas. Aquel hombre no había
estado a su lado cuando necesitaba a alguien sobre el que apoyarse físicamente,
y no le iba a permitir que la ayudara en aquellos momentos.
—Puedo. Suéltame —le ordenó, aliviada
de que ya hubieran llegado al lugar.
—Te caerás si te…
—Créeme, no lo haré —le aseguró,
suplicando por dentro que no se desplomara cuando Yong Hwa la soltara. No
quería volver a mostrar ningún tipo de debilidad delante de aquel hombre.
Yong Hwa estudió la determinación
obstinada de su expresión antes de soltarla lentamente. Para alivio de Shin Hye,
no se cayó. Osciló un poco, y se sintió un poco mareada, pero no se cayó.
—¿Ves? —le dijo sonriendo con aire
triunfante—Te dije que podía.
—Creía, al saber que reanudabas tu
carrera profesional, que te habías recuperado del todo —dijo Yong Hwa con voz triste
y expresión lúgubre.
—Comparado con estar confinada a una
silla de ruedas, esto es estar recuperada.
Ser capaz de volver a caminar, a
conducir, a hacer todas las cosas que acostumbraba, aunque no con la misma
rapidez que antes, era un milagro para ella.
—Pero creía…
—¿Qué creías, Yong Hwa? —se burló—¿Que
los médicos me habían remendado y me habían dejado como nueva? ¿Que volvía a
ser la Park Shin Hye que caminaba y cantaba? —sacudió la cabeza con expresión
de disgusto—¿Es por eso por lo que has vuelto a mi vida, Yong Hwa? ¿Porque
creíste que, al volver a cantar, todo había vuelto a ser como antes?
—Creía que tu aparición en el festival
de música indicaba que al menos estabas físicamente en forma —reconoció
lentamente.
—¿Y eso qué significaba para ti, Yong
Hwa? —inquirió Shin Hye. Podía sentir que recuperaba lentamente las fuerzas
mientras estaban de pie enzarzados en aquella batalla verbal y supo que, cuando
se separasen, sería capaz de recorrer a pie la corta distancia que había entre
ella y el coche—¿Pensaste que sería como si los tres últimos años no hubieran
existido? ¿Que podríamos al menos volver a cantar juntos… ahora que estoy
físicamente en forma?
Su voz se elevó con tono estridente
por la agitación.
—Como siempre, estás simplificando las
cosas, Shin Hye…
—Como siempre, estás dando rodeos, Yong
Hwa —se burló—La norma no escrita de Yong Hwa : nunca contestes directamente a
una pregunta, no vaya a ser que te incrimines. Pues, durante los últimos tres
años, he estado esforzándome por recuperar la forma física que tengo ahora. No
tengo ni idea de lo que has estado haciendo durante todo este tiempo… y,
sinceramente, no tengo deseos de saberlo —le dijo en seguida al ver que tenía
intención de hablar— Tu vida, y lo que hagas con ella, ya no me interesa.
Shin Hye se había negado a pensar en
él, pero durante las últimas dos semanas no le había resultado tan fácil; sabía
con quién mantenía una relación en aquellos momentos. Pensar en él con la
hermosa actriz y sus gemelos bastaba para desgarrarla.
—¿Te interesa saber qué he estado
haciendo con mi vida durante este tiempo, Yong Hwa…?
—¡No! —la interrumpió con brusquedad.
—¿Por qué no? —se burló Shin Hye con
amargura—¿No puedes soportar saber…?
—No, no puedo —le dijo con fiereza
—¿Por qué? No me digas que, después de
todo, tienes corazón —Shin Hye sacudió la cabeza—. ¡Me costaría mucho
asimilarlo!
—Claro que tengo corazón —dijo con voz
suave—Te he amado…
—Y abandonado —añadió Shin Hye con
ironía—No, eso no está bien. Nunca has sido completamente sincero conmigo.
Yong Hwa inspiró hondo y cerró los
ojos con pesar durante unos instantes.
—Eso no es cierto y lo sabes. Te he
amado y he vivido mi vida por ti. Las cosas cambiaron entre nosotros sólo
después del accidente…
—¡Claro que cambiaron! —exclamó
elevando la voz con furia una vez más—. Tenía la pelvis y la pierna rota—le
recordó—Ya no podía estar contigo, cantar contigo… ni ser una esposa de verdad.
Se quedó sin voz al pronunciar las
últimas palabras. Sabía lo fácil que le había resultado a Yong Hwa encontrar al
alguien que la sustituyera en todas aquellas funciones. Y lo mucho, al mismo
tiempo, que había deseado que Yong Hwa la estrechara en sus brazos, poder
sentirse mujer otra vez…
—Eso tampoco es lo que quería decir—le
espetó Yong Hwa—Deja de tergiversar mis palabras, Shin Hye. Después del
accidente las cosas cambiaron porque no podía acercarme a ti…
—Estaba en el hospital, Yong Hwa,
rodeada de médicos y enfermeras.
—Antes podría haber habido cien
médicos y el mismo número de enfermeras que no habría importado —dijo con ojos
centelleantes de furia—Ya no podía acercarme a ti, llegar a ti. Me apartaste de
tu lado —le recordó—Verme parecía ponerte todavía más enferma.
—Eso no es cierto…
Shin Hye arrugó la frente ante la idea
de que se hubiese sentido de aquella forma. Las primeras semanas en el hospital
eran una nebulosa para ella y las recordaba llenas de dolor, pérdida y completa
desesperación. En ocasiones, casi había deseado morir antes que seguir con unas
heridas tan terribles. Cuando se enteró de la traición de Yong Hwa, sí que
había deseado morir.
—Sí que lo es —dijo enérgicamente—Podía
sentir tu resentimiento hacia mí cada vez que iba al hospital a verte.
—¿Y eso era razón para…?
¿Resentimiento? —repitió—Nunca estuve resentida contigo, Yong Hwa —le dijo.
Tuvo muchas otras emociones: el miedo de perderlo, el dolor de no estar con él,
el amor —el que él no había sentido— odio cuando supo finalmente su traición.
¿Pero resentimiento? No, estaba segura de que nunca le había profesado ese
sentimiento—Nunca.
—¿Ni siquiera por el accidente? —inquirió
Yong Hwa con ojos entornados.
Shin Hye sacudió la cabeza, y su
melena, larga y sedosa, ondeó a su alrededor.
—Nunca te he echado la culpa del accidente.
La policía dijo que no podías haber hecho nada. Los chicos del otro coche
estaban borrachos… no podías haber evitado el choque cuando el que conducía
perdió el control del vehículo y cruzó la línea divisoria. Nunca se me ha
ocurrido pensar que el accidente pudiera ser culpa tuya —negó con firmeza.
—Pero, ¿qué ocurrió después? —dijo Yong
Hwa con voz melancólica.
Shin Hye se volvió, incapaz de mirarlo
sabiendo que su dolor se reflejaría en sus ojos. No había estado a su lado para
compartir ese dolor, así que no lo vería.
—Tengo que volver a casa, Yong Hwa —le
dijo con la espalda muy recta—Les dije a mis padres que sólo estaría fuera
durante una hora…
—Tienes veintiséis años, mujer, seguro
que no tienes que rendir cuentas a nadie —le dijo con desprecio. —Estamos en
mitad de una conversación que, en mi opinión, debería haber tenido lugar hace
tres años.
—No estabas allí para que pudiéramos
tenerla —replicó Shin Hye fríamente— El ocupado Yong Hwa … y tienes razón, no tengo que rendir cuentas a
nadie, y menos a ti.…
—¿Por qué no se casaron Hong Ki y tú? —continuó
Yong Hwa con decisión— ¿Es porque perdiste el bebé y ya no puedes tener más
hijos?
Si se había sentido débil cruzando la
calle hacía unos minutos, en aquel instante sintió que se iba a desplomar.
Nadie, nadie hablaba ya del bebé. Había estado embarazada de cinco meses cuando
ocurrió el accidente, y acababa de llegar a ese estado del embarazo en el que
las ropas normales ya no le cabían, y había sentido al niño moverse en su
vientre.
Y luego nada. Ya no había más
movimientos en su interior, ya no se despertaba a mitad de la noche porque
estaba tan emocionada con la idea de tener el bebé de Yong Hwa que no podía
dormir, ya no se preguntaba si su hijo sería niño o niña.
Había sido un niño, diminuto y
perfecto, pero demasiado pequeño para sobrevivir cuando Shin Hye tuvo que dar a
luz prematuramente a raíz del accidente. Sus heridas internas indicaban que con
toda probabilidad, ya no podría tener otro hijo.
¡Pero ya nadie hablaba de ello…! Y menos
Yong Hwa. Yong Hwa, que había estado con ella cuando su hijo murió. Y que no
había vuelto a estar con ella despues de la perdida.
—Estás equivocado, Yong Hwa —le dijo
con ojos brillantes, entre enojada y llorosa. —Hong Ki y yo no nos hemos casado
todavía porque, desgraciadamente, sigo casada contigo.
Esperaba que Hong Ki y Juniel la
perdonasen por aquella mentira. En aquel momento, sólo quería herir a Yong Hwa
de la misma manera que él la había herido una y otra vez. Sabía que su amistad
con Hong Ki era un arma que todavía podía emplear.
—Pero eso puede cambiar. Tendrás
noticias de mi abogado, Yong Hwa —le dijo con rotundidad—Quiero el divorcio y
lo quiero ya.
Se volvió y se alejó, sintiéndose
fuerte por el odio que profesaba a aquel hombre.
—Cuando nieve en el infierno —repuso Yong
Hwa en voz baja y furiosa, pero sus palabras llegaron a oídos de Shin Hye.
Después de que Yong Hwa ignorara su
petición de divorcio hacía dos años, Shin Hye consideró que no era importante
de todas formas, que no lo necesitaba. Pero lo quería otra vez, quería sentirse
completamente libre de aquel hombre. De una vez por todas.
Lo último que vio, mientras salía del
aparcamiento, era una joven muy entusiasta pidiéndole un
autógrafo…
Oh Por Dios! Mi pulso se aceleró demasiado al leer el fics... La actitud de YongHwa me intimidad... Es el perfecto Chico Malo. Síguela! Esta muy bueno. FIGHTING!
ResponderEliminarwoow muy buena, siempre m dejas con ganas de mas, de kerer seguir leyendo mas, espero con muchas ansias el proximo cap. XD
ResponderEliminar¿como le haces para dejarnos con las ganas de mas? Me volvere loca y adicta a tu fics. ;; esta muy bueno. Quiero el proximo capitulo. ♥
ResponderEliminaraigoo!! Este capitulo me ha dejado con la boca abierta... Aish, YH cada vez me hace que le odie... Y..y..y.. Mi Shin estaba embarazada? Awws T.T YH como se te ocurr decir aquello... Espero con ansias el siguiente cap.. Me declaro adicta de este fic...
ResponderEliminarWaaa casi muero, mi Shin embarazada?
ResponderEliminarPobre , siguela se pone cada ves mas interesante !!!!
Embarazada???/ en 5 meses..eso si no lo puedo creer...pobrecita...Muy interesante....
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