jueves, 4 de julio de 2013

LA MELODIA DEL AMOR - CAPITULO 9

—Tu madre está en la cocina y no me vio llegar — dijo Yong Hwa al ver su mirada de preocupación en dirección a la casa—Te vi aquí fuera en el jardín cuando llegué y…
—Entraste —lo acusó Shin Hye, dejando a un lado su pequeño rastrillo para frotarse las manos sobre sus jeans que ya estaban manchados de tierra—¡Con tu arrogancia acostumbrada! ¿Cuándo entenderás que no eres bien recibido?
—¿Por ti? —Preguntó con ojos tristes —Posiblemente nunca.
¿Y qué quería decir con eso? Yong Hwa nunca había sido el más directo de los hombres y… ¡No! No debía preocuparse por lo que quisiera decir.
—No eres bienvenido en casa de mis padres, Yong Hwa —le dijo con sinceridad. No le perdonaban que la hubiese abandonado de la peor manera posible, dejando que ellos recogieran los pedazos. No, nadie le daría la bienvenida a aquella casa.
—Me hago cargo —dijo asintiendo bruscamente—Pero también sé que siempre se han preocupado por lo que a ti más te conviene.
—Si te refieres al tema de grabar un álbum entre tú y yo —musitó con disimulo mientras se incorporaba—te puedo asegurar que no piensan que sea lo que más me conviene.
Más bien lo contrario; su padre había amenazado con darle un puñetazo a Yong Hwa si volvía a acercarse a Shin Hye.
Por cierto, que su padre ya habría salido de su consultorio y llegaría a almorzar en cualquier momento.
—Debes irte, Yong Hwa —le dijo fríamente.
Yong Hwa se movió ligeramente y su expresión se volvió implacable.
—Me iré cuando esté listo para irme —anunció con arrogancia.
Parecía tan vitalmente masculino, de pie en el jardín. La brisa agitaba suavemente la negrura de su pelo, y llevaba una chaqueta negra, camisa blanca y jeans desgastados. Shin Hye sintió un leve estremecimiento al verlo… un estremecimiento que enseguida suprimió.
—Bien. Haz lo que te parezca —le dijo Shin Hye. Se inclinó y recogió las herramientas con la intención de guardarlas en el cobertizo de camino hacia la casa— Pero asegúrate de cerrar la puerta cuando salgas; Bonji sigue sin saber cruzar la calle —Shin Hye se volvió y se alejó andando.
—¡Shin Hye!
—Adiós, Yong Hwa —dijo sin molestarse en mirar atrás mientras caminaba con paso resuelto, aunque no rápido. Lo último que quería era dar la impresión de que huía.
—Realmente has vuelto a andar muy bien.
Lo dijo con suavidad, pero lo bastante alto como para que lo oyera. Shin Hye se giró bruscamente sobre sus talones con el rostro lívido de indignación. ¿Cómo se atrevía siquiera a mencionarlo? Se había sentido como una muñeca rota cuando la traicionó, incapaz de caminar, de cantar, de volver a tener… ¿Cómo se atrevía?
Ahogó un sollozo, no sabía si de dolor o de furia. Lo único que sabía era que en aquel momento detestaba a aquel hombre, el hombre que había amado más que nada en el mundo…
—Quieta —dijo Yong Hwa al llegar a su lado y agarrarla de los brazos para sujetarla. Se habia balanceando tanto que casi había caído hacia delante—No pretendía desconcertarte —explicó con una mirada de preocupación sobre su cara pálida—Sólo…
—Vete, Yong Hwa —le dijo con voz controlada, soltándose con firmeza—Y no vuelvas más.
—Shin Hye, han pasado tres años…
—¡No me digas cuánto tiempo ha pasado! —Musitó Shin Hye— Yo soy la que ha pasado esos años tratando de volver a andar, de volver a cantar, de reorganizar mi vida.
Estaba respirando agitadamente, furiosa en parte por su debilidad física. ¡Si no hubiera perdido el equilibrio! Pero lo hacía ocasionalmente, y seguramente nunca dejaría de hacerlo según el especialista. Aunque se había recuperado como nadie había esperado que lo hiciera. Como aquel hombre no había esperado que se recuperara. Una mujer paralítica era algo que nunca había considerado. Y mucho menos, aceptado. Bueno, ya no estaba paralítica y no iba a permitir que aquel hombre la dejara paralítica emocionalmente.
—¿No es hora de perdonar…?
—¿Y olvidar? —añadió Shin Hye con desprecio—No quiero olvidar nunca, Yong Hwa. Ni lo que eras entonces ni lo que eres ahora.
—No sabes quién soy ahora, Shin Hye —le dijo con voz ronca y suave—Yo también he sufrido en estos tres últimos años…
—¿Por fin tienes remordimientos de conciencia? —se burló Shin Hye con crudeza— Pues no me pidas perdón, Yong Hwa. Porque no te lo puedo dar.
Yong Hwa se echó hacia atrás como si lo hubiese golpeado.
—Yo también perdí algo, Shin Hye —dijo Yong Hwa con voz tensa—Algo que todos olvidaron porque les conviene.
Las lágrimas  de Shin Hye inundaron sus ojos, lágrimas que enseguida trató de contener parpadeando.
—Tan fácilmente como tú olvidaste tus votos matrimoniales. Ahora…
—Yo no olvidé mis votos, Shin Hye —musitó Yong Hwa con fiereza.
—Los extraviaste, entonces —se burló Shin Hye—El resultado fue el mismo. Fuiste…
—Shin Hye, ¿cuándo vas a entrar…? —Su madre interrumpió al doblar la esquina de la casa y los vio juntos en el jardín. Su rostro se puso rígido de repente—Yong Hwa —titubeó con una mirada fría.
—Sra. Park —respondió Yong Hwa secamente, para luego inclinarse dando un saludo cordial — Esta Ud. tan hermosa como siempre.
Su madre realmente tenía buen aspecto. Su belleza parecía crecer a medida que envejecía. Aunque en aquel momento no ofrecía su sonrisa afectuosa de siempre, sino que miraba a Yong Hwa con el ceño fruncido y aspecto sombrío.
—No sé por qué has venido, aunque a juzgar por las llamadas de teléfono que hemos tenido estas dos últimas semanas, puedo imaginarlo —añadió antes de que pudiera contestar—Pero, en cualquier caso, quisiera que te fueras. Estás molestando a Shin Hye. Y sé que al padre de Shin tampoco le hará ninguna gracia verte. No se encuentra muy bien últimamente…
La madre de Shin Hye dejó escapar su preocupación por la salud de su marido.
—Lo siento —dijo Yong Hwa suavemente— Espero que no sea nada grave…
—El estrés y la tensión propios de un médico de cabecera —dijo la madre de Shin Hye enérgicamente para zanjar la cuestión— Pero no quiero verlo preocupado. Y creo que oigo su coche, Shin Hye —añadió con ansiedad, regresando hacia la casa.
En cualquier caso, su madre había dejado traslucir el estado de salud de su padre, que de hecho había perdido el conocimiento en su consultorio hacía una semana, poco después de que Shin Hye regresara del festival, y había recurrido a un interino para que lo ayudara hasta poder cumplir del todo otra vez con sus deberes profesionales. Realmente, no necesitaba el estrés añadido de ver a Yong Hwa.
—Vete, Yong Hwa, por favor —insistió Shin Hye. Su padre debía de haber visto el Range Rover de Yong Hwa aparcado en la calle, pero como desconocía que Yong Hwa tuviera ese vehículo no establecería ninguna conexión.
—Quiero hablar contigo —le dijo Yong Hwa a Shin Hye con determinación—Si no aquí, en otra parte. Vi un pequeño café  al venir, podríamos ir allí.
—¡Yong Hwa  en un café de Gangnam! —exclamó Shin Hye, levantando las cejas.
Yong Hwa siguió mirándola sin vacilar ni mostrar aprecio por su burla.
—Tomo café como cualquier persona —dijo con voz áspera—Te veré allí en quince minutos.
Se dio la vuelta y caminó a paso enérgico por el jardín, alejándose por donde había llegado, por la parte lateral. Shin Hye frunció el ceño ante su repentina marcha, consciente de que tendría que ir a su encuentro. Si no lo hacía, regresaría. Y sus padres ya habían soportado bastante estrés y tensión durante los últimos tres años.
Su padre estaba en la cocina bebiendo té cuando entró en la casa minutos más tarde. Era un hombre alto, robusto y de mediana edad. Aunque, últimamente, su rostro había empezado a parecer demacrado…
—Me voy, hoy almorzaran los dos solos. Tengo que salir a realizar unas compras—anunció Shin Hye. Había visto la forma en que su madre había mirado con ansiedad detrás de ella al entrar en la cocina, y sabía que estaba buscando a Yong Hwa, así que hizo lo posible para tranquilizarla y hacerle ver que se había ido. Aunque no muy lejos…—¿Necesitan alguna cosa? —se ofreció mientras recogía su bolso y las llaves del coche.
—Estamos bien —contestó su madre— ¿No crees que antes deberías cambiarte de ropa?
Sus jeans y camiseta tenían un aspecto horrible después de su mañana de trabajo en el jardín, pero no tenía intención de parecer que se había cambiado para ver a Yong Hwa.
—No tardaré —dijo sacudiendo la cabeza.
—Bueno, al menos quítate esa mancha que tienes a un lado de la nariz y sacúdete la tierra de tus jeans—sugirió su padre con ironía.
Estupendo. ¡Había estado todo el tiempo hablando con Yong Hwa con la nariz sucia!
—Portense bien— Dijo Shye en tono de burla al ver a su padre dirigirse hacia su madre para abrazarla.
—Siempre dije que eras un niña muy lista —dijo su padre, sonriendo—. Demasiado lista para tu propio bien algunas veces —añadió con reprobación burlona.
Shin Hye rio para sí mientras salía de la casa, pero su risa se extinguió tan pronto como entró en su coche y empezó a dirigirse al lugar del encuentro con Yong Hwa. No le gustaba la idea de que la hubiese presionado para verla.
La cafetería al que se refería Yong Hwa era un lugar muy refinado de la localidad de Nonhyeon-dong… la presencia de una mujer de la fama de Shye no podría pasar desapercibido

Yong Hwa estaba completamente fuera de lugar sentado en aquel café con unas gafas oscuras. Era el único hombre del lugar que parecía querer ocultar su presencia. Al momento de entrar pidió que le se dieran el lugar mas privado.
Levantó la vista cuando Shin Hye entró y pareció aliviado por su llegada. El lugar estaba casi lleno sobre todo de mujeres que habían estado de compras. La mayoría de ellas lo miraban secretamente tras haberlo reconocido como un famoso, aunque ninguna de ellas había sido tan valiente como para acercarse y confirmar su identidad. ¡Si no, Yong Hwa no seguiría allí!
También reconocieron a Shin Hye cuando entró. Desgraciadamente, después de la reciente publicidad en los periódicos, algunos también la reconocían como la esposa de Yong Hwa.
—He pedido que nos traigan café —murmuró Yong Hwa, cuando Shin Hye se reunió con él en la mesa—No he pedido nada para comer, ya no estoy seguro de lo que comes.
¡No pareció haber tenido problema en elegir su desayuno hacía dos semanas!
—Aunque veo que no comes mucho, por lo que parece —añadió mirándola más de cerca—Estás demasiado delgada, Shin Hye.
Shin Hye contuvo su respuesta cáustica cuando la camarera llevó los dos cafés a la mesa. Pudo ver cómo los ojos de la mujer se agrandaban al darse cuenta de quién acompañaba a su prestigioso cliente, y supo que los rumores correrían a raudales en los próximos días.
—No era una crítica, Shin Hye —dijo Yong Hwa al notar su ceño fruncido—Sólo una observación.
¡Como si le importase lo que dijese sobre su aspecto!
—Esta bien, Yong Hwa —dijo para poner fin al asunto, y se sirvió azúcar en el café—Pero  no comeré nada, gracias.
—¿No quieres estar tanto tiempo conmigo, ¿eh? —adivinó.
Desde luego que no. No tenía intención de comer. De todas formas, la comida se le quedaría atravesada.
—Ya se le eh dicho a la agencia y te lo he dicho a ti. No pienso…
—¡Al diablo con la agencia! —la interrumpió Yong Hwa enérgicamente con ojos centelleantes y acercó su rostro peligrosamente al suyo—No estamos aquí para hablar de hacer un disco juntos y lo sabes.
—¿Ah, sí? —replicó Shin Hye, evitando las miradas curiosas de los demás clientes del café.
—Shin Hye…
—¡No! —exclamó, y se echó hacia atrás al ver que le iba a cubrir la mano con la suya, que había puesto sobre la mesa— No…
—¿Quieren comer algo? —dijo la camarera de pie junto a la mesa, esperando para tomar nota. Yong Hwa la miró con una calurosa sonrisa.
—¿Le importa si ocupamos una de sus mesas sólo para tomar café?
—Claro que no —respondió tímidamente ante su encanto, y se metió el bloc en el bolsillo de su uniforme—Tómense el tiempo que quieran.
—Ya veo que sigues tan encantador como siempre, Yong Hwa —comentó Shin Hye con ironía en cuanto la joven se alejó.
—No cuesta nada ser educado con la gente, Shin Hye —la reprobó con mirada glacial.
—Me pregunto si habrías sido igual de «educado» si hubiese sido un hombre el que se hubiese acercado a tomarte nota.
Yong Hwa contuvo su propia réplica con esfuerzo, respirando pesadamente.
—No voy a discutir contigo, Shin Hye —le dijo—Sobre todo, porque me doy cuenta de que eso es exactamente lo que quieres que haga.
¡Por supuesto que era lo que quería! Quería tener la oportunidad de lanzarle acusaciones porque no la había tenido hacía tres años. Quería decirle lo furiosa que había estado con él aquella noche en la que no había vuelto a casa… la noche que había pasado en brazos de otra mujer, la noche en que su matrimonio había terminado para siempre… Porque no le había dicho nada entonces y no lo había visto desde aquel día en que lo echó, y aquello la había estado quemando por dentro durante mucho tiempo. ¡Claro que quería discutir con él!
—No estoy dispuesta a malgastar saliva con causas perdidas —declaró sin embargo—Y tú siempre fuiste exactamente eso.
—¡Soy tu marido! —musitó Yong Hwa.
—Nunca lo has sido —replicó Shin Hye con expresión lúgubre.
—Estuvimos casados dos años…
—Yo estuve casada dos años —lo corrigió con vehemencia—Tú seguiste siendo Yong Hwa el soltero dodiciado.
La agarró de la muñeca con mucha fuerza.
—No empieces a creer todas las tonterías que has leído sobre mí…
—No me ha hecho falta leerlas, Yong Hwa, ¡las he vivido! —exclamó con ojos intensos por su firmeza—. ¿Te importaría soltarme? Nos están mirando.
—No me importa…
—Los sentimientos de los demás —completó la frase Shin Hye—Y nunca te han importado. Pero a mí sí, y soy yo la que vivo por esta zona. Así que, ¿no te importaría soltarme la mano? —inquirió Shin Hye, mirando fijamente el lugar en que sus dedos se ceñían alrededor de su delgada muñeca.
En lugar de soltarla la apretó aún más y con el dedo gordo acarició levemente el punto donde podía sentir el pulso desbocado de Shin Hye.
—Siempre me ha gustado tocarte, Shin Hye —le dijo con voz suave y ronca.
Como a ella le había gustado que lo hiciera, y había estado siempre dispuesta, entregándose a él al mínimo roce. ¡Y le avergonzó darse cuenta de que aquel día nada había cambiado!
Los recuerdos la invadieron con torturadora insistencia: los dos con sus cuerpos entrelazados sobre la cama sin que nada se interpusiera entre ellos, su melena enredad por las manos de Yong Hwa, acariciándola, donde y como nadie lo había hecho.
Dios santo, nunca volver a sentir sus besos, sus caricias. Nunca sentiria aquella unión total… Shin Hye se puso en pie repentinamente y se soltó la mano de un tirón.
—Tengo que irme, Yong Hwa —le dijo sin aliento, con las mejillas pálidas—. No quise venir aquí y sólo lo hice… bueno, ya sabes por qué vine —Shin Hye ni siquiera era capaz de mirarlo, no se atrevía a hacerlo en aquel momento. No había perdido el control durante mucho tiempo, y se negaba a hacerlo delante de Yong Hwa—Tengo que irme —repitió. Se volvió y salió del café.
Había dejado el coche aparcado al otro lado de la calle, pero le parecía que estaba a kilómetros de distancia, y sentía las piernas de plomo. Juniel le había dicho que continuaría teniendo días buenos y días no tan buenos, y aquél no era decididamente uno de los mejores.
Ni siquiera estaba segura de poder llegar hasta el BMW, y una capa de sudor apareció en su frente y le humedeció el flequillo mientras luchaba por dar cada paso. Vaciló al sentir la fortaleza del brazo de Yong Hwa alrededor de su cintura y sus dedos apretándola con fuerza, y dejó que la apoyara sobre su costado y la ayudara a cruzar la calle.
—¿Puedes sostenerte sola? —preguntó Yong Hwa al observar su rostro contraído—¿O quieres que te lleve?
¿Que la llevara? Llegaría a su coche por sus propias fuerzas aunque tuviera que ir a gatas. Aquel hombre no había estado a su lado cuando necesitaba a alguien sobre el que apoyarse físicamente, y no le iba a permitir que la ayudara en aquellos momentos.
—Puedo. Suéltame —le ordenó, aliviada de que ya hubieran llegado al lugar.
—Te caerás si te…
—Créeme, no lo haré —le aseguró, suplicando por dentro que no se desplomara cuando Yong Hwa la soltara. No quería volver a mostrar ningún tipo de debilidad delante de aquel hombre.
Yong Hwa estudió la determinación obstinada de su expresión antes de soltarla lentamente. Para alivio de Shin Hye, no se cayó. Osciló un poco, y se sintió un poco mareada, pero no se cayó.
—¿Ves? —le dijo sonriendo con aire triunfante—Te dije que podía.
—Creía, al saber que reanudabas tu carrera profesional, que te habías recuperado del todo —dijo Yong Hwa con voz triste y expresión lúgubre.
—Comparado con estar confinada a una silla de ruedas, esto es estar recuperada.
Ser capaz de volver a caminar, a conducir, a hacer todas las cosas que acostumbraba, aunque no con la misma rapidez que antes, era un milagro para ella.
—Pero creía…
—¿Qué creías, Yong Hwa? —se burló—¿Que los médicos me habían remendado y me habían dejado como nueva? ¿Que volvía a ser la Park Shin Hye que caminaba y cantaba? —sacudió la cabeza con expresión de disgusto—¿Es por eso por lo que has vuelto a mi vida, Yong Hwa? ¿Porque creíste que, al volver a cantar, todo había vuelto a ser como antes?
—Creía que tu aparición en el festival de música indicaba que al menos estabas físicamente en forma —reconoció lentamente.
—¿Y eso qué significaba para ti, Yong Hwa? —inquirió Shin Hye. Podía sentir que recuperaba lentamente las fuerzas mientras estaban de pie enzarzados en aquella batalla verbal y supo que, cuando se separasen, sería capaz de recorrer a pie la corta distancia que había entre ella y el coche—¿Pensaste que sería como si los tres últimos años no hubieran existido? ¿Que podríamos al menos volver a cantar juntos… ahora que estoy físicamente en forma?
Su voz se elevó con tono estridente por la agitación.
—Como siempre, estás simplificando las cosas, Shin Hye…
—Como siempre, estás dando rodeos, Yong Hwa —se burló—La norma no escrita de Yong Hwa : nunca contestes directamente a una pregunta, no vaya a ser que te incrimines. Pues, durante los últimos tres años, he estado esforzándome por recuperar la forma física que tengo ahora. No tengo ni idea de lo que has estado haciendo durante todo este tiempo… y, sinceramente, no tengo deseos de saberlo —le dijo en seguida al ver que tenía intención de hablar— Tu vida, y lo que hagas con ella, ya no me interesa.
Shin Hye se había negado a pensar en él, pero durante las últimas dos semanas no le había resultado tan fácil; sabía con quién mantenía una relación en aquellos momentos. Pensar en él con la hermosa actriz y sus gemelos bastaba para desgarrarla.
—¿Te interesa saber qué he estado haciendo con mi vida durante este tiempo, Yong Hwa…?
—¡No! —la interrumpió con brusquedad.
—¿Por qué no? —se burló Shin Hye con amargura—¿No puedes soportar saber…?
—No, no puedo —le dijo con fiereza
—¿Por qué? No me digas que, después de todo, tienes corazón —Shin Hye sacudió la cabeza—. ¡Me costaría mucho asimilarlo!
—Claro que tengo corazón —dijo con voz suave—Te he amado…
—Y abandonado —añadió Shin Hye con ironía—No, eso no está bien. Nunca has sido completamente sincero conmigo.
Yong Hwa inspiró hondo y cerró los ojos con pesar durante unos instantes.
—Eso no es cierto y lo sabes. Te he amado y he vivido mi vida por ti. Las cosas cambiaron entre nosotros sólo después del accidente…
—¡Claro que cambiaron! —exclamó elevando la voz con furia una vez más—. Tenía la pelvis y la pierna rota—le recordó—Ya no podía estar contigo, cantar contigo… ni ser una esposa de verdad.
Se quedó sin voz al pronunciar las últimas palabras. Sabía lo fácil que le había resultado a Yong Hwa encontrar al alguien que la sustituyera en todas aquellas funciones. Y lo mucho, al mismo tiempo, que había deseado que Yong Hwa la estrechara en sus brazos, poder sentirse mujer otra vez…
—Eso tampoco es lo que quería decir—le espetó Yong Hwa—Deja de tergiversar mis palabras, Shin Hye. Después del accidente las cosas cambiaron porque no podía acercarme a ti…
—Estaba en el hospital, Yong Hwa, rodeada de médicos y enfermeras.
—Antes podría haber habido cien médicos y el mismo número de enfermeras que no habría importado —dijo con ojos centelleantes de furia—Ya no podía acercarme a ti, llegar a ti. Me apartaste de tu lado —le recordó—Verme parecía ponerte todavía más enferma.
—Eso no es cierto…
Shin Hye arrugó la frente ante la idea de que se hubiese sentido de aquella forma. Las primeras semanas en el hospital eran una nebulosa para ella y las recordaba llenas de dolor, pérdida y completa desesperación. En ocasiones, casi había deseado morir antes que seguir con unas heridas tan terribles. Cuando se enteró de la traición de Yong Hwa, sí que había deseado morir.
—Sí que lo es —dijo enérgicamente—Podía sentir tu resentimiento hacia mí cada vez que iba al hospital a verte.
—¿Y eso era razón para…? ¿Resentimiento? —repitió—Nunca estuve resentida contigo, Yong Hwa —le dijo. Tuvo muchas otras emociones: el miedo de perderlo, el dolor de no estar con él, el amor —el que él no había sentido— odio cuando supo finalmente su traición. ¿Pero resentimiento? No, estaba segura de que nunca le había profesado ese sentimiento—Nunca.
—¿Ni siquiera por el accidente? —inquirió Yong Hwa con ojos entornados.
Shin Hye sacudió la cabeza, y su melena, larga y sedosa, ondeó a su alrededor.
—Nunca te he echado la culpa del accidente. La policía dijo que no podías haber hecho nada. Los chicos del otro coche estaban borrachos… no podías haber evitado el choque cuando el que conducía perdió el control del vehículo y cruzó la línea divisoria. Nunca se me ha ocurrido pensar que el accidente pudiera ser culpa tuya —negó con firmeza.
—Pero, ¿qué ocurrió después? —dijo Yong Hwa con voz melancólica.
Shin Hye se volvió, incapaz de mirarlo sabiendo que su dolor se reflejaría en sus ojos. No había estado a su lado para compartir ese dolor, así que no lo vería.
—Tengo que volver a casa, Yong Hwa —le dijo con la espalda muy recta—Les dije a mis padres que sólo estaría fuera durante una hora…
—Tienes veintiséis años, mujer, seguro que no tienes que rendir cuentas a nadie —le dijo con desprecio. —Estamos en mitad de una conversación que, en mi opinión, debería haber tenido lugar hace tres años.
—No estabas allí para que pudiéramos tenerla —replicó Shin Hye fríamente— El ocupado Yong Hwa … y  tienes razón, no tengo que rendir cuentas a nadie, y menos a ti.…
—¿Por qué no se casaron Hong Ki y tú? —continuó Yong Hwa con decisión— ¿Es porque perdiste el bebé y ya no puedes tener más hijos?
Si se había sentido débil cruzando la calle hacía unos minutos, en aquel instante sintió que se iba a desplomar. Nadie, nadie hablaba ya del bebé. Había estado embarazada de cinco meses cuando ocurrió el accidente, y acababa de llegar a ese estado del embarazo en el que las ropas normales ya no le cabían, y había sentido al niño moverse en su vientre.
Y luego nada. Ya no había más movimientos en su interior, ya no se despertaba a mitad de la noche porque estaba tan emocionada con la idea de tener el bebé de Yong Hwa que no podía dormir, ya no se preguntaba si su hijo sería niño o niña.
Había sido un niño, diminuto y perfecto, pero demasiado pequeño para sobrevivir cuando Shin Hye tuvo que dar a luz prematuramente a raíz del accidente. Sus heridas internas indicaban que con toda probabilidad, ya no podría tener otro hijo.
¡Pero ya nadie hablaba de ello…! Y menos Yong Hwa. Yong Hwa, que había estado con ella cuando su hijo murió. Y que no había vuelto a estar con ella despues de la perdida.
—Estás equivocado, Yong Hwa —le dijo con ojos brillantes, entre enojada y llorosa. —Hong Ki y yo no nos hemos casado todavía porque, desgraciadamente, sigo casada contigo.
Esperaba que Hong Ki y Juniel la perdonasen por aquella mentira. En aquel momento, sólo quería herir a Yong Hwa de la misma manera que él la había herido una y otra vez. Sabía que su amistad con Hong Ki era un arma que todavía podía emplear.
—Pero eso puede cambiar. Tendrás noticias de mi abogado, Yong Hwa —le dijo con rotundidad—Quiero el divorcio y lo quiero ya.
Se volvió y se alejó, sintiéndose fuerte por el odio que profesaba a aquel hombre.
—Cuando nieve en el infierno —repuso Yong Hwa en voz baja y furiosa, pero sus palabras llegaron a oídos de Shin Hye.
Después de que Yong Hwa ignorara su petición de divorcio hacía dos años, Shin Hye consideró que no era importante de todas formas, que no lo necesitaba. Pero lo quería otra vez, quería sentirse completamente libre de aquel hombre. De una vez por todas.

Lo último que vio, mientras salía del aparcamiento, era una joven muy entusiasta pidiéndole un autógrafo…





6 comentarios:

  1. Oh Por Dios! Mi pulso se aceleró demasiado al leer el fics... La actitud de YongHwa me intimidad... Es el perfecto Chico Malo. Síguela! Esta muy bueno. FIGHTING!

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  2. woow muy buena, siempre m dejas con ganas de mas, de kerer seguir leyendo mas, espero con muchas ansias el proximo cap. XD

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  3. ¿como le haces para dejarnos con las ganas de mas? Me volvere loca y adicta a tu fics. ;; esta muy bueno. Quiero el proximo capitulo. ♥

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  4. aigoo!! Este capitulo me ha dejado con la boca abierta... Aish, YH cada vez me hace que le odie... Y..y..y.. Mi Shin estaba embarazada? Awws T.T YH como se te ocurr decir aquello... Espero con ansias el siguiente cap.. Me declaro adicta de este fic...

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  5. Waaa casi muero, mi Shin embarazada?
    Pobre , siguela se pone cada ves mas interesante !!!!

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  6. Embarazada???/ en 5 meses..eso si no lo puedo creer...pobrecita...Muy interesante....

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