domingo, 14 de julio de 2013

LA MELODÍA DEL AMOR - CAPITULO 12




Shin Hye estaba aturdida, completamente aturdida, cuando Yong Hwa finalmente levantó la cabeza, y se quedó mirándolo sin decir palabra.
—No pongas esa cara de sorprendida, Shin Hye —se burló—Y anímate —le tocó levemente debajo de la barbilla con los nudillos y luego la soltó. —Tienes lo que querías. Lo que siempre has querido —añadió amargamente. —Me voy. De tu vida, de tu carrera, de nuestro matrimonio —dijo pasándose la mano por sus cabellos negros con aire cansino. —Firmaré los papeles del divorcio, Shin Hye. Los dos quedaremos libres.
Shin Hye no comprendía. Algo iba mal, muy mal.
—Pero no me mandes una invitación para tu boda cuando llegue el momento; aunque sea de la familia, en estas circunstancias sería de muy mal gusto.
Estaba hablando de cuando se casara con Hong Ki. Pero nunca habría una boda con Hong Ki. No con ella como novia, en cualquier caso.
Yong Hwa se estaba yendo de su vida. Era lo que había querido, como había dicho… El tormento de que hubiese reaparecido había terminado. Entonces, ¿por qué no daba saltos de alegría? Porque debía estar contenta de haberse librado de él de una vez por todas. ¡Había nevado en el infierno!
Yong Hwa soltó una carcajada amarga al ver su continuado silencio.
—Será mejor que me vaya. Ahora que te he dejado muda, es un momento tan bueno como otro para marcharme —le dijo, y se volvió para salir.
Como broma, era bastante mala, y a Shin Hye le entraron ganas de llorar en vez de reír. Sorprendentemente, también por su marcha.
—¿Qué has dicho? —preguntó volviéndose en el umbral.
Una vez más había hablado en voz alta sin darse cuenta. Aunque de forma muy poco audible, por lo que parecía.
—No voy a casarme con Hong Ki —le dijo más claramente, y las palabras parecían pronunciadas con papel lija.
—¿No? Bueno, no te culpo —repuso Yong Hwa, asintiendo comprensivamente con la cabeza. —No es tan fácil acabar con un matrimonio, ¿verdad? Ni siquiera hoy en día. Tus padres parecen bastante resignados a que sigas con tu relación como hasta ahora, así que, ¿para qué molestarse en cambiarla?
—No lo entiendes —dijo Shin Hye. Pero tampoco ella lo entendía del todo. ¿Qué conseguiría diciéndole a Yong Hwa que Hong Ki sólo había sido un amigo para ella, que se iba a casar con su fisioterapeuta? Porque sus pensamientos anteriores habían sido sólo la locura del momento. Claro que Yong Hwa no la amaba. Si lo hiciera, no le concedería el divorcio.
Yong Hwa hizo una mueca.
—No creo que quiera entenderlo, Shin Hye. Ya no. Durante un tiempo pensé… Qué estúpido he sido —dijo sacudiendo la cabeza. —Sé feliz, cariño. Disfruta de tu vida. Te lo mereces.
Y se fue. Así tal cual. Y Shin Hye supo que nunca podría llenar el vacío que había dejado tras él. Nunca jamás…

***
Sus padres seguían dormidos cuando regresó al hospital, y la enfermera le aseguró que todo iba bien antes de que Shin Hye fuera a buscar a Hong Ki a la sala de espera.
Hong Ki la miró e, instintivamente, buscó a Yong Hwa con los ojos.
—Yong Hwa no está conmigo —dijo contestando a la pregunta que todavía no había formulado.
—¿Está teniendo problemas para estacionar el coche? —inquirió con cejas levantadas.
—He venido sola.
Shin Hye se sentó pesadamente, todavía no muy segura de cómo había llegado hasta allí. No recordaba el trayecto, suponía que había conducido el BMW. Pero tampoco recordaba haberlo estacionado delante del hospital…
Hong Ki la miró de cerca y no se le pasaron por alto las ojeras, la palidez de sus mejillas, ni el leve temblor de sus manos.
—¿Qué ha ocurrido, Shin Hye?
Shin Hye cerró los ojos con fuerza, deseando que las lágrimas no se derramaran, pero sus pestañas se humedecieron y agruparon como espigas.
—Shin Hye, cariño —gimió Hong Ki antes de abrazarla suavemente, dejándola llorar mientras los sollozos sacudían su cuerpo. —Ese canalla. Ese canalla cruel e inmoral…
—No lo entiendes, Hong Ki. Yong Hwa y yo… Los dos… Yo…
—Entiendo perfectamente, Shin Hye —la interrumpió con enfado—Mi querido primo se ha comportado con su egoísmo acostumbrado y se ha aprovechado de la situación. Nada más ni nada menos.
—Se ha ido, Hong Ki —dijo Shin Hye, levantando la cabeza para mirarlo. —Se ha ido para siempre. Ha accedido al divorcio, a que grabe mi disco en solitario, a todo.
—Entonces no… ¿Shin Hye? —Hong Ki la agarró de los brazos y sus ojos escrutaron sin reparo su expresión angustiada. —Todavía lo amas —murmuró con incredulidad.
Tenía derecho a estar incrédulo. Shin Hye también lo estaba. Sin embargo, sabía que era la verdad. Amaba a Yong Hwa. Siempre lo amaría. Pero se había ido definitivamente de su vida. Y en vez de sentirse henchida de alegría, estaba destrozada.
—Shin Hye, a veces el cerebro nos juega malas pasadas —razonó Hong Ki con suavidad. —Yong Hwa y tú siempre fueron… volátiles juntos. No te engañes y pienses que lo que ha ocurrido esta noche entre los dos es más que eso.
No se engañaba por nada de lo que había sentido aquella noche.
—No te preocupes, Hong Ki —dijo brindándole una sonrisa fingida. —No voy a hundirme ni nada parecido —y soltó una carcajada al ver que no parecía convencido. —¿Cuándo has visto que me hundiera, Hong Ki? —bromeó.
—La última vez estuviste muy cerca —dijo Hong Ki, haciendo una mueca.
—Y mira lo mucho que he hecho desde entonces. Por fin puedo seguir adelante con mi carrera —le dijo en tono alentador. —Y los dos hemos trabajado mucho para conseguirlo.
—Sólo quisiera verte más feliz.
—En cuanto mi padre pueda levantarse y esté otra vez en casa, estaré más feliz. Ya lo verás —añadió con certeza.
Desgraciadamente, lo primero que hizo su padre cuando se despertó de su sueño reparador fue preguntar por Yong Hwa. Shin Hye y Hong Ki habían guardado una silenciosa vigilia durante el resto de la noche mientras sus padres dormían. Su madre había sido la primera en despertarse, justo pasadas las seis de la mañana, y Shin Hye la había persuadido para ir a la cafetería del hospital a desayunar. Lo último que le apetecía a Shin Hye era comer, tenía una sensación de náusea en la boca del estómago que se negaba a desaparecer.
De modo que sólo estaba con la enfermera cuando su padre se despertó poco tiempo después. Tenía mucho mejor color en el rostro y el tono gris había abandonado sus mejillas, aunque todavía parecía pequeño e indefenso sobre las sábanas blancas del hospital.
—Anímate —le dijo a Shin Hye alegremente, despertándola por completo. —Tal vez ya no me pase nada!
Pero a Shin Hye ya le había pasado… ¡se había vuelto a enamorar de su marido! Yong Hwa también le había dicho que se animara. ¡No! No podía pensar en Yong Hwa. Sólo le causaría más dolor.
—¿Dónde está Yong Hwa? —preguntó sus padre con perspicacia al ver que estaba sola. Shin Hye tragó saliva.
—Ha… Tenía que irse a un sitio —contestó torpemente.
—Pero prometió que volvería —dijo su padre, frunciendo el ceño.
—Papá, lo prometiera o no, Yong Hwa ya no tiene un lugar en nuestras vidas —dijo Shin Hye, y se levantó con agitación. —No lo ha tenido durante mucho tiempo.
—Pero…
—Papá, Yong Hwa y yo hemos hablado —dijo con voz serena. —Y los dos pensamos que es mejor que siga adelante con su vida y nos deje a todos que sigamos adelante con la nuestra. Ha accedido al divorcio —añadió en tono concluyente.
Su padre se dejó caer sobre las almohadas, evidentemente perplejo.
—No puedo creerlo.
—Créelo —le dijo Shin Hye alegremente, y regresó junto a él para tomarle una mano. —Se ha terminado, papá. ¿Por qué no lo dejamos como está?
—¿Yong Hwa piensa lo mismo que tú? —inquirió, todavía poco convencido.
—Ya te lo he dicho, me va a conceder el divorcio —le confirmó.
—¿Pero hablaron… lo que se dice hablar de verdad? ¿Sobre todo? —dijo cerrando la mano sobre la de Shin Hye.
Si seguían hablando de Yong Hwa durante mucho más tiempo, Shin Hye rompería a llorar una vez más.
—El pasado es… exactamente eso —le dijo a su padre. —Tres años es demasiado tiempo. Ya no queda nada, papá.
Excepto su amor por Yong Hwa y el deseo que todavía sentía por él, aunque como decía Hong Ki, ese aspecto de su relación siempre había sido volátil, tenía que haber algo más. Desgraciadamente, por parte de Yong Hwa no lo había.
Su padre la escrutó.
—¿No lo amas?
«No hay que presionarlo ni preocuparlo…». Shin Hye recordó las palabras del médico. Si su padre se enteraba de lo que todavía sentía por Yong Hwa se preocuparía, no había duda. Tragó saliva y forzó una sonrisa.
—No lo amo —dijo con voz tensa. —Tal vez nunca lo hice. Era muy joven cuando lo conocí.
—Pero, Shin Hye…
—Papá, cometí un error hace cinco años cuando me casé con Yong Hwa, pero no tengo por qué seguir pagando por él durante el resto de mi vida —le dijo apretándole la mano para animarlo. —Con el divorcio a la vuelta de la esquina, puedo poner fin a ese capítulo de mi vida.
Su padre suspiró con resignación a la vista de su indómita certeza.
—¿Si estás segura de que eso es lo que quieres…?
—Estoy completamente segura.
Como le había dicho a su padre, ese capítulo de su vida había terminado definitivamente.

***
Durante las siguientes semanas, realmente parecía que así había sido. Su padre mejoró a pasos agigantados, tanto así que pasada una semana le permitieron salir del hospital. Fue un día feliz para todos cuando regresó a casa.
La Agencia también se había puesto en contacto con Shin Hye y habían programado empezar la grabación de su álbum en solitario a la semana siguiente. Era una prueba fehaciente de que Yong Hwa iba a mantener su palabra. El trozo de papel firmado que le había arrojado en la cocina aquella noche quedó guardado en uno de los cajones de su dormitorio. Algún día sería capaz de volverlo a leer, aunque no sin recordar vividamente lo que había ocurrido antes…
Porque Yong Hwa también había firmado y enviado los papeles del divorcio a su abogado…
Fue la única nota amarga en unas semanas llenas de elementos positivos, y de alguna manera, también lo era. Aunque pasaría algún tiempo antes de que Shin Hye pudiera verlo así. Había pasado casi toda su vida de adulta como esposa de Yong Hwa, y le resultaría extraño, una vez que su divorcio estuviese formalizado, dejar de serlo.
La primera vez que apareció como artista invitada en un programa de la televisión y no recibió ninguna rosa roja sintió náuseas en la boca del estómago. Yong Hwa realmente se había ido de su vida.
Entonces se vio envuelta en el duro trabajo de grabar su álbum, y se trasladó temporalmente a un departamento en la misma ciudad. Trabajaba tan intensamente que regresaba todas las noches con apenas la energía suficiente para comer algo en la habitación antes de desplomarse en la cama. Diciembre había parecido muy lejano cuando se decidió que sería la fecha de lanzamiento del álbum, pero empezaba a acercarse con demasiada rapidez.
Hong Ki, en calidad de agente de Shin Hye, también había concertado una serie de apariciones en televisión previas al lanzamiento para darle más publicidad… aunque sólo aceptaba las entrevistas con la condición de que su relación con Yong Hwa no saliera a colación.
—Empiezas a parecer realmente cansada —le dijo Juniel con preocupación una noche cuando Hong Ki y ella la llevaban a un estudio de televisión para otra de aquellas entrevistas. —Le he dicho a Hong Ki que te está exigiendo demasiado —añadió frunciendo el ceño a su prometido.
A decir verdad, a Shin Hye le estaba resultando un poco excesivo y le había costado salir de la cama aquella mañana. Amanecía cada vez más tarde y Shin Hye se sentía cómoda y caliente entre las sábanas. Pero se había obligado a levantarse. Ya sólo quedaban aquel par de horas en el estudio de televisión antes de que pudiera hacer lo que había deseado todo el día… ¡volver a la cama!
—No será por mucho tiempo —defendió Shin Hye a Hong Ki en seguida, sabiendo lo protectora que Juniel podía ser con sus pacientes… e incluso con sus expacientes. —Un par de semanas más y habré terminado el álbum.
—Y luego tendrás que aparecer en público todavía mucho más —dijo Juniel, frunciendo el ceño. —No creo…
—¿Por qué no te concentras en tu inminente boda en vez de preocuparte tanto por mí? —la interrumpió Shin Hye entre risas, sabiendo que la pareja estaba ocupada organizando el gran día. De hecho, estaban tomándose un descanso aquella noche para salir, e iban a cenar en algún sitio tranquilo en cuanto hubiesen dejado a Shin Hye en el estudio. —En cuanto acabe con el programa, tomaré un taxi para volver a mi departamento, me daré un baño y me meteré en la cama. Mañana estaré bien otra vez.
—Pero…
—Oye, ya no soy tu paciente —bromeó Shin Hye. —Y si no dejas de preocuparte por mí, me negaré a ser tu dama de honor.
—No, no lo harás —dijo Juniel con certeza, sabiendo que su amistad era sólida. —Pero pareces haber adelgazado durante las últimas semanas y sigues estando muy pálida.
—La pérdida de peso es una ventaja en televisión; por alguna razón la cámara siempre me aumenta de peso —le dijo Shin Hye cuando se pararon delante del estudio. —Y el maquillaje se ocupará de ocultar mi palidez.
—¡Siempre tienes respuesta para todo! —le sonrió Hong Ki afablemente.
—Disfrutad de la cena —les dijo Shin Hye alegremente al salir del coche. —Y olviden  la boda durante esta noche —añadió con alegría.
Shin Hye todavía estaba sonriendo para sí cuando entró en el edificio del estudio, donde la guiaron hasta el camerino de maquillaje. Veinte minutos de descanso mientras la maquillaban y estaría lista para mirar a las cámaras de televisión.
Salvo que la mujer que ya estaba sentada en el camerino hizo que aquello fuera imposible. ¡Bae Suzi !
Shin Hye no la conocía personalmente, pero la había visto en varias de sus películas y la habría reconocido en cualquier parte. Era mucho más hermosa al natural, tenía la tez suave y sonrosada, y una figura voluptuosa. También era la última amante en la vida de Yong Hwa…
Shin Hye se sintió como si el tiempo se hubiera detenido. Suzi iba a ser una invitada en el mismo programa que ella…
—Park Shin Hye, ¿verdad? —le dijo afablemente Suzi, mirándola con cándidos ojos marrones mientras Shin Hye se sentaba.
Shin Hye estaba muda. ¡Suzi  sabía quién era! Tal vez, después de toda la publicidad en torno a Yong Hwa y ella hacía varias semanas, supiese que Shin Hye conocía su relación con Yong Hwa. ¿Qué le decía uno a la amante de su exmarido…? Shin Hye tosió.
—Eh… sí —le confirmó con voz ronca.
—Siempre me ha gustado cómo canta.
Una conversación educada, ¡cualquier tipo de conversación! no era lo que Shin Hye quería tener con Suzi.
—Gracias —aceptó brevemente, deseando estar en cualquier otro lugar.
—También conozco a Yong Hwa, claro —continuó Suzi, —Gracias, —le dijo a la maquilladora con una de sus famosas sonrisas resplandecientes cuando la joven terminó de prepararla. —Y muy bien, además —añadió dirigiéndose a Shin Hye, como si la conversación no se hubiese interrumpido. Shin Hye se puso rígida.
—Eso creo —admitió bruscamente, deseando que Suzi se fuese de una vez. Pero la actriz parecía no tener prisa, y se giró en su asiento cuando asistente empezó a maquillar a Shin Hye. —Al igual que mi marido, Jong Hyun.
Un marido engañado. ¿Acaso eso superaba el hecho de engañar a su propia esposa? Pero no, Yong Hwa no tenía derecho a inmiscuirse en el matrimonio de aquella mujer, sobre todo cuando había niños de por medio. Su mirada se endureció al contemplar a la actriz.
—Ya lo sé —masculló.
Suzi  la contempló atentamente.
—¿Me pregunto qué más cree que sabe…?
—Cinco minutos, señorita  —dijo un joven que apareció tras la puerta, y sus ojos se agrandaron de admiración al ver la belleza excepcional de la actriz.
—Gracias —dijo Suzi , sonriendo afectuosamente antes de volverse a Shin Hye. —Me temo que debo irme. ¿Pero tal vez quiera tomar algo conmigo después del programa? —la invitó. —¿Un café? —añadió cuando Shin Hye abrió la boca para decir que no. —Apenas tomo alcohol desde que soy madre. ¡Me gusta estar entregada al cien por cien a mis dos terremotos!
Y sin embargo, estaba poniendo en peligro la felicidad de sus hijos teniendo una aventura con Yong Hwa. Y también, al parecer, quería presumir delante de Shin Hye al respecto. Shin Hye no quería tomar café con ella, no quería saber nada.
—Debo irme —dijo Suzi  poniéndose en pie ágilmente. Estaba muy hermosa con el vestido ceñido de color negro que llevaba. —Pero la esperaré después del programa.
Y sacudiéndose la melena sedosa como solía, se fue. Shin Hye se quedó aturdida por aquel encuentro. No había preguntado quién iba a aparecer en aquel programa aquella noche, pero podía haber sido peor. ¡Podía haberse encontrado con Yong Hwa!
«Después del programa» llegó demasiado deprisa para Shin Hye. Casi no podía recordar la entrevista que había mantenido ni la canción que había interpretado al final, aunque la presentadora pareció más que complacida y le dio las gracias después.
Suzi  estaba sentada en recepción hojeando una revista distraídamente mientras la esperaba. La dejó sobre la mesa de la que la había tomado y se puso en pie al verla, esbozando una sonrisa.
—¿Lista?
—Mire, señorita …
—Me llamo Suzi —le dijo la actriz con firmeza, tomándola del brazo. —Y sólo será un café, Shin Hye —añadió cuando salieron a la oscuridad de la noche. Shin Hye se apartó bruscamente de ella.
—Realmente pienso que no…
—Al contrario… Shin Hye —contestó Suzi con suavidad. —Creo que piensas demasiado —le dijo en tono enigmático. —Tengo el coche allí —Suzi la condujo hasta su Mercedes de color azul pálido. —Vamos, Shin Hye —la animó al ver que todavía se resistía. —No muerdo, ¿qué tienes que perder?
Nada. Ya todo estaba perdido. Yong Hwa. Su matrimonio. Su única oportunidad para ser feliz. Se metió en el coche al lado de la actriz y sus labios se fruncieron obstinadamente mientras contemplaba el tráfico que pasaba a su lado.
—Espero que no te importe que tomemos el café en mi casa —dijo la actriz finalmente para romper el silencio. —Jong Hyun está de viaje y he dejado a los niños con una niñera. Algo que no me gusta tener que hacer. Bueno, los niños están conmigo en  estos momentos— dio una mirada a Shin mientras conducia. —En realidad no he contratado a una niñera…— Dijo Suzi cuando se dio cuenta que el silencio empezaba a permanecer.  —Esperé tanto para poder tenerlos que no tengo intención de que los críe otra persona—añadió con determinación.
Aquella mujer cada vez parecía más una incógnita para Shin Hye. Hablaba de su marido y de sus hijos con un afecto tan abierto, y había tanto calor en ella, que a Shin Hye le costaba sentir desagrado hacia ella. Quería hacerlo, desde luego, no quería sentir simpatía por la mujer que estaba compartiendo la cama de Yong Hwa en aquellos momentos.
—Realmente no me importa que no tomemos café —le dijo a Suzi fríamente.
—Tienes razón. Seguramente nos merecemos algo más fuerte después de la horripilante experiencia de estar delante de las cámaras —declaró, y sonrió al ver la expresión de sorpresa en Shin Hye. —Nunca lo he superado. A Jong Hyun siempre le sorprende que lo pueda hacer, porque francamente, no me gusta. Pero el lanzamiento de una nueva película necesita un poco de relaciones públicas para darle impulso —añadió encogiéndose de hombros. —¿Y tú?
—¿Yo? —dijo Shin Hye perpleja por el aparente cambio de tema.
—¿Por qué lo has hecho? —dijo Suzi. —Yong Hwa creía que tenía que ver con tu nuevo álbum.
Shin Hye se puso rígida al ver lo cómodamente que hablaba de Yong Hwa aquella mujer. Era evidente, por su comentario, que había sabido que iba a aparecer. ¡Y lo había comentado con Yong Hwa!
—Así es —respondió con aire distante.
—Ya hemos llegado —dijo Suzi calurosamente al entrar en un aparcamiento subterráneo. —Me hubiera gustado que conocieras a los niños, pero seguramente estarán durmiendo como troncos a estas horas.
A Shin Hye le pareció perfecto, no tenía ningún deseo de ver a los hijos de aquella mujer. No sabía qué hacía allí, y se sentía como si la hubiera arrollado una apisonadora. Frunció el ceño al mirar a Suzi mientras subían en el ascensor. ¡Había mucho más detrás de aquel encanto superficial que exhibía!
—No estés tan preocupada, Shin Hye —sonrió Suzi cuando entraron en su apartamento. —Sólo pensé que podíamos tomar algo y conocernos un poco mejor.
¿Qué sentido tenía que la exmujer de Yong Hwa y su amante del momento se conocieran mejor?
—Todo está en silencio —susurró Suzi mientras dejaba las llaves del coche en la pequeña mesita de la entrada. —¡Es un milagro! Pasa —la invitó. —Primero me ocuparé de que estés cómoda y luego, iré a ver cómo están los niños.
Shin Hye la siguió, todavía deseando estar muy lejos de allí. Se iría tan pronto como le fuera posible. Una copa y…
—No hace falta que te presente a mi niñera que en realidad es niñero—le dijo Suzi alegremente— ¿Todo en orden, Yong Hwa?
¿Yong Hwa…?

¿Yong Hwa era su niñero?





7 comentarios:

  1. YongHwa como niñero... Esa no me la creo. Siguela! Quiero saber la reacción de ShinHye. fighting por el buen fics que estas haciendo.

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  2. Sera que el es el padre de los niños ??? :o !!!

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  3. ainss, lo dejaste en lo mas interesante, naah, obvio que YH no es el padre de los niños, T.T no se porque pero no me siento feliz de que se hayan separado u.u

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  4. Porque suzy es tan insistente(?) -.- la odio~ ShinHye vuelve a conquistar a YongHwa ;; Regresen juntos ♥ aigo~ continua el fic ^^

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  5. plis podrias continuarlo reviso mucho para ver que pasa no me dejes con esta duda

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  6. Me gusta cada capitulo de esta impactante historia :D Espero con ansias el próximo capitulo :3

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  7. Haz dicho Yonghwa????...de ninero??Comoooo????...No lo puedo creer!!!...Definitivamente esto se esta poniendo cada vez mas interesante...

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