—Shin Hye, cariño, ¿qué ocurre? Shin
Hye levantó la vista y sus ojos se posaron borrosamente sobre su padre, que
acababa de entrar en el comedor. Estaba sentada ligeramente retirada de la mesa
con la guitarra en las rodillas y las partituras de música extendidas sobre la
mesa.
Como en el pasado, la música era su
salvación cuando quería escapar de la realidad. Desde el día anterior cuando había
mantenido aquella conversación con Yong Hwa en el aparcamiento, ¡era lo único
que había querido hacer! Y lo único que había hecho con relación a Yong Hwa fue ponerse en contacto con su
abogado y decirle que le enviara una segunda remesa de papeles del divorcio.
Para ella, ya había nevado en el infierno.
Sonrió a su padre y le prestó toda su
atención.
—No estaba tan mal, ¿verdad?. La
canción —explicó al ver que parecía tan abstraído como ella hacía unos
momentos. Su padre negó con la cabeza, pero no sonrió.
—Shin Hye, ¿has visto el periódico
esta mañana?
—Todavía no había llegado cuando me
puse a tocar. Tal vez mamá sepa…
—No estoy buscando el periódico, Shin
Hye —la interrumpió su padre con brusquedad. —Sé dónde está. Y como todos,
tengo curiosidad por saber qué está pasando.
Shin Hye se inclinó hacia delante para
dejar la guitarra sobre la mesa sin apartar los ojos de la cara pálida de su
padre. Mirándolo mejor, parecía tenso y tenía un matiz gris en las mejillas. El
periódico parecía ser la causa…
—No lo he visto —dijo lentamente.
—Entonces, tal vez deberías echarle un
vistazo —le dijo—Te lo traeré…
—No, iré yo —dijo bruscamente,
poniéndose de pie. ¡Tenía un horrible presentimiento!
El presentimiento se confirmó en
cuanto miró la portada del periódico. Había dos fotografías, las dos de Yong
Hwa y Shin Hye. Antes y Después Titulaba
la leyenda. En la primera fotografía aparecían los dos sentados en el café,
sonriendo. Shin Hye no podía imaginar en qué momento de su terrible
conversación habían estado así, ¡no recordaba haber estado sonriendo a Yong Hwa!
Luego comprendió, al fijarse, que en realidad estaban sonriendo a otra persona
que no aparecía en la imagen. El que había tomado aquella foto había sido muy
listo, la imagen de su felicidad en mutua compañía era completamente engañosa.
¡Estaban sonriendo a camarera al disculparse por no pedir algo de comer!
La fotografía del Después era mucho más auténtica. Shin Hye estaba alejándose a
grandes pasos de Yong Hwa mientras salia de la cafetería con la melena negra al viento y los
labios fruncidos, y Yong Hwa estaba a cierta distancia de ella con mirada
furiosa. ¡Era evidente a qué «antes» y «después» se referían al ver las
fotografías!
Shin Hye miró a sus padres, que
estaban sentados delante de la mesa de la cocina. Tenían miradas ansiosas,
especialmente su madre, que sabía que Yong Hwa había aparecido el día anterior,
una visita que las dos habían decidido no contar a su padre. ¡Pero algún
fotógrafo avispado se había ocupado de ello!
Shin Hye no podía imaginar cómo había
ocurrido. No había visto a nadie sacando fotografías a corta distancia, y no
contemplaba la posibilidad de que se hubiera enterado de su encuentro. Ni
siquiera ella lo había sabido hasta que Yong Hwa no había aparecido de forma
tan inesperada. ¿Acaso era responsable de aquel…? Era capaz de cualquier cosa,
lo sabía mejor que nadie. ¿Pero tenderle aquella trampa…?
—¿Shin Hye?
Miró a su padre con ansiedad,
prestándole atención con esfuerzo.
—No tengo ni idea de cómo alguien ha
podido sacar estas fotografías —le dijo. Aunque secretamente, lo sospechaba.
—Shin Hye, no es el que las hayan
sacado lo que importa —suspiró su padre. —Sólo que… No sé… Yong Hwa no habrá
vuelto, ¿verdad? —dijo torpemente. —Después de todo lo que has dicho de él. No
entiendo qué pasa.
—¡No pasa nada! ¡Yong Hwa no ha vuelto!
—gritó Shin Hye acaloradamente—No de forma significativa —añadió con
impaciencia. —Me está molestando y estas dos fotografías son buena prueba de
ello —arrojó el periódico encima de la mesa. —Pero su juego no durará mucho.
Todos sabemos lo pronto que se aburre Yong Hwa de las cosas —añadió con
amargura.
—Tranquilízate, Shin Hye —dijo su
padre con suavidad. —Sólo estaba pensando en voz alta y preguntándome por qué Yong
Hwa había decidido volver a entrar en tu vida precisamente ahora…
—Parece que se debe a ese álbum que
quiere que grabemos juntos —repuso Shin Hye, encogiéndose de hombros. —Aparte
de eso, sus motivos son un misterio para mí también. ¡Como de costumbre! —añadió
con disimulo.
—Pues, desde luego, parece haber
armado una buena esta vez. Hong Ki ha llamado esta mañana. Al parecer, como
agente tuyo, se ha visto abrumado con llamadas de los periódicos y de programas
de la televisión, todos ellos pidiendo una entrevista en exclusiva contigo.
Pero no te preocupes —la tranquilizó su padre al ver su expresión de alarma. —Hong
Ki se ha ocupado de todo. Lo que quiero decir es que habrá un poco de alboroto
estos días.
Aquella parecía la frase del día.
Apenas acababa de pronunciarla cuando el teléfono empezó a sonar se trataba de
un periodista, y siguió sonando casi ininterrumpidamente durante la siguiente
hora, hasta que su padre, para tomarse un respiro, lo desconectó. Pero cuando
intentó ir a su consultorio poco después, encontró a un numeroso grupo de
reporteros apostados al otro lado de la verja, dispuestos a saltar sobre
cualquiera que tratara de entrar o salir de la casa.
Para alivio de Shin Hye, el doctor Park
consiguió finalmente llegar a su coche y escapar. Llamó durante la mañana para
preguntar si los periodistas seguían allí, y allí estaban, pese a las
reiteradas peticiones por parte de Shin Hye de que se fueran, y decidió no ir a
almorzar.
Shin Hye no podía culparlo, se
empezaba a sentir como un prisionero en su propia casa. Su único consuelo era
que posiblemente Yong Hwa estaría padeciendo la misma suerte. Más aún, su fama
no había hecho más que crecer desde que había iniciado su carrera en solitario,
mientras que la suya había quedado en la sombra.
Hong Ki llegó cuando Shin Hye y su
madre estaban comiendo una ensalada, y gimió al entrar en la cocina y verlas a
las dos.
—La normalidad ante la adversidad,
¿eh? —bromeó, y se inclinó para saludar a la madre de Shin Hye. —No, gracias —dijo
rechazando su invitación de unirse a ellas. —Pero sigan mientras preparo un té
para los tres.
Y se movió por la estancia con la
familiaridad de años de amistad. Shin Hye lo observó mientras seguía comiendo.
Había una emoción contenida en su expresión, un ánimo que no podía identificar
del todo. Sin duda, Hong Ki se lo contaría cuando estuviera listo para hacerlo…
—Creo que me tomaré el té en la
habitación y me echaré un rato —dijo su madre disculpándose después de recoger
la mesa. —Hoy una siesta no parece mala idea —añadió.
***
—¿Y bien? —inquirió Shin Hye en cuanto
Hong Ki y ella se quedaron solos.
—Entre otras, recibí una llamada de la agencia esta mañana —le dijo sin ni siguiera intentar andarse con rodeos. —Han
hecho otra oferta.
Shin Hye había telefoneado a la
agencia a su regreso de su encuentro con Yong Hwa el día anterior y les había
dicho que, a partir de ese momento, tendrían que negociar con ella por
mediación de Hong Ki. No tenía intención de tener que vérselas con Yong Hwa
otra vez. Sin embargo, le sorprendió la inmediatez de la oferta…
—¿De qué se trata? —inquirió con
cautela.
—Han accedido a que grabes y edites un
álbum con tus canciones…
—¿De verdad? —lo interrumpió Shin Hye,
emocionada; tal vez Yong Hwa le hubiera hecho un favor el día anterior después
de todo. —Pero eso es estupendo. ¿Cuándo…?
—Tus canciones, Shin Hye —repitió Hong
Ki con firmeza, sosteniendo su mirada, —pero cantadas con Yong Hwa.
Su emoción se disipó y se sintió como
un globo desinflado.
—No rechaces la idea tan deprisa, Shin
Hye —la animó Hong Ki al ver su decepción. —Lo importante es que han accedido a
hacer un álbum con tus canciones…
—¡Con Yong Hwa! —exclamó, y sacudió la
cabeza negándose a ello mientras hablaba. —De ninguna manera, Hong Ki. ¡Jamás!
Se estremeció por dentro. ¿Cantar sus
canciones con Yong Hwa? ¿Compartir con él todas las emociones que la habían
impulsado a escribirlas? No, no volvería a trabajar con él tan estrechamente.
—Como compositora nadie te conoce, Shin
Hye —razonó Hong Ki. —Yong Hwa ha accedido a cantarlas sin ni siquiera verlas.
—Me pregunto por qué —susurró.
—¿Quién sabe que tus canciones no son
basura?
—Tú y yo sabemos que no lo son —se
defendió con indignación.
—Lo único que digo es…
—Sé lo que dices, Hong Ki, y la
respuesta sigue siendo no. Prefiero no volver a grabar otro
disco antes que volver a cantar con Yong Hwa —declaró con vehemencia. —Y
sinceramente, me sorprende tu cambio de postura en este asunto —lo acusó.
—No he cambiado de postura —suspiró Hong
Ki. —Sólo trato…
—¡De imponer el punto de vista de Yong
Hwa!
—No, el de la agencia—insistió. —Tal
vez sea la mejor oferta que recibamos.
—Entonces, lo dejamos. Seguiré
actuando donde me quieran. Y cantaré allí mis canciones. No me importa, Hong Ki
—le dijo con firmeza al ver que iba a protestar otra vez—O es a mi manera o de
ninguna. He trabajado demasiado para permitir que Yong Hwa me lo eche todo a
perder. No… —se interrumpió al oír el timbre de la puerta—. Periodistas —dijo
arrugando la nariz con desagrado. —Despertarán a mamá si siguen insistiendo de
esa manera.
—Yo abriré —le dijo Hong Ki. —Les diré
que se vayan… educadamente.
Shin Hye intercambió una sonrisa con
él antes abrir, aunque su sonrisa se borró en seguida. Yong Hwa tenía la culpa
de que los periodistas estuvieran apostados delante de su puerta. Yong Hwa
tenía la culpa de que la agencia no la tuviese en cuenta para grabar un disco
en solitario. Yong Hwa tenía la culpa…
—¡Es Yong Hwa!
La frase se entrelazó tan bien con sus
pensamientos que tardó varios segundos en comprender lo que realmente estaba
diciendo Hong Ki. Pero al contemplar la poderosa y sombría figura que estaba a
sus espaldas, se dio cuenta en seguida. Era Yong Hwa. Alto como una montaña y
con expresión lúgubre.
—¿Has venido a ver tu obra maestra, Yong
Hwa? —se burló.
—Shin Hye… —dijo Hong Ki pestañeando.
—No he venido a ver nada —declaró Yong
Hwa con una voz de fiera que hacía juego con su expresión, y pasó delante de Hong
Ki para entrar en la cocina.
—No me digas que no eres responsable
del escándalo de hoy —lo interrumpió Shin Hye. —¿Dónde tenías escondido al
fotógrafo, Yong Hwa? Fuiste muy inteligente…
—Shin Hye, no he venido para oír tus
fantasiosas acusaciones. Tu padre está en el hospital con un posible ataque al
corazón y…
—¿Papá? —inquirió Shin Hye con
ansiedad. —No entiendo. ¿Cómo has podido saber…?
—Tu padre vino a verme hace un rato —le
contestó Yong Hwa bruscamente. —Mientras hablábamos, se desplomó con dolores en
el pecho. Como médico que es, sabía exactamente lo que le estaba pasando. Lo
llevé al hospital y ahora le están haciendo pruebas para ver si ha sido un
ataque al corazón y otro caso similar. Quiso que viniera y me asegurara de que tu y
tu madre se encuentra bien antes de salir hacia el hospital.
A Shin Hye le estaba costando trabajo
asimilar todo aquello. No entendía por qué su padre había ido a ver a Yong Hwa,
cómo sabía siquiera dónde vivía, porque ella desde luego lo desconocía. Pero sí
comprendía que su padre estaba ingresado en el hospital y que tendría que ir a
decírselo a su madre…
—Yo iré a decírselo —dijo Hong Ki con
suavidad. —No te molestes, Shin Hye, pero creo que si tu madre ve lo pálida que
estás se pondrá histérica. Tal vez sea mejor que se lo diga… alguien de fuera.
Shin Hye asintió.
—Tú prepárate —le dijo Hong Ki
tocándole el brazo para animarla. —No tardaré.
Estaba segura de que no lo haría. En
cuanto su madre se enterara de lo ocurrido, bajaría y estaría ansiosa por
salir. Y en cuanto a ella, no podía pensar en qué necesitaba para estar lista.
¿Una chaqueta? Posiblemente. ¿El bolso? Sí, eso también.
—Se pondrá bien, Shin Hye —le dijo Yong
Hwa con voz triste.
—Bien —respondió.
—En cuanto a lo que dijiste antes
sobre el fotógrafo, no tuve nada que ver…
—Ahora no, Yong Hwa —lo cortó con
agitación. —¿A qué hospital llevaste a mi padre?
Se le ocurrió pensar de repente, que
tal vez no fuese el más cercano, puesto que había ido a ver a Yong Hwa. Él se
encogió de hombros.
—Insistió en que lo llevara al
Hospital Central—dijo Yong Hwa, y Shin Hye se tranquilizó al saber que no
estaba más que a unos kilómetros de distancia.
—Yo te llevaré en coche hasta allí, Shin Hye. A ti y a tu madre. Hong Ki puede
seguirnos en su coche, pero le prometí a tu padre que sería yo quien las
llevaría a las dos —añadió, casi en tono desafiante.
Shin Hye no se molestó en discutir con
él. ¿Qué importaba quién las llevara al hospital con tal de que llegasen para
ver a su padre? Sus vidas habían vuelto a estar patas arriba desde que Yong Hwa
había aparecido y todo lo que quería en aquel momento era ver a su padre y
asegurarse de que realmente se encontraba bien.
Su madre estaba muy pálida cuando
apareció en la cocina minutos más tarde, y Shin Hye fue a abrazarla. Siguió
bajo control en el Range Rover, manteniendo una conversación educadamente
distante con Yong Hwa, sentada como estaba en el asiento delantero. Sin
embargo, la serenidad la abandonó por completo en cuanto los llevaron a la
unidad de cuidados intensivos para ver al padre de Shin Hye. Estaba inmóvil en
la cama, conectado a varios monitores, muy lejos de parecer el hombre animado y
fiable que era normalmente.
Su madre se arrojó a los brazos de su
marido. Shin Hye podía comprender por qué había perdido el control tan bruscamente.
Su padre parecía muy débil de repente, y su rostro parecía aún más demacrado.
—Vamos a hablar con el médico —dijo Yong
Hwa agarrándola del brazo para sacarla de la habitación. —Largo, Hong Ki —le
dijo a su primo, que se había quedado en el pasillo porque le habían negado la
entrada a la habitación por no ser familia inmediata. —Si quieres ser útil, ve
a buscar café para todos.
Hong Ki pareció estar a punto de estallar al ver cómo Yong Hwa le daba órdenes de aquella manera, pero al ver la
tensión en el rostro de Shin Hye contuvo su respuesta airada.
—Estaré contigo en cuanto me necesites
—dijo Hong Ki estrujándole el hombro a Shin Hye con ánimo tranquilizador.
—No te necesitará —dijo Yong Hwa con
brusquedad.
Hong Ki le lanzó otra mirada furiosa a
Yong Hwa, pero a Shin Hye no le preocupaban sus riñas insignificantes. Lo único
que quería saber era si su padre se iba a poner bien.
Pero no consiguió averiguarlo después
de hablar con el médico que se ocupaba de su padre. Había habido demasiados
peros y condiciones en la conversación para el gusto de Shin Hye. Las
veinticuatro horas siguientes eran críticas. Lo seguirían observando de cerca
durante varios días. No había que presionarlo, ni preocuparlo, necesitaba
descanso absoluto. Le harían pruebas. Y más pruebas. Y más descanso. Hasta que
finalmente le permitieran regresar a casa. Siempre que siguiera descansando,
sin tensiones ni preocupaciones…
—Gracias, doctor—dijo Yong Hwa, haciendo
una reverencia al médico antes de salir de la habitación. —Se limita a hacer su
trabajo, Shin Hye —le dijo suavemente una vez que salieron al pasillo.
—Supongo —dijo Shin Hye, suspirando
profundamente y cerrando por un momento lo ojos. —Sólo que… es tan… tan
horrible lo que le esta pasando—reconoció con voz temblorosa.
—Lo entiendo —asintió Yong Hwa. —Sé lo
que se siente cuando la vida de alguien que amas está pendiente de un hilo —añadió
con voz triste, pero Shin Hye lo miró sin comprender. —Estoy hablando de ti, Shin
Hye.
¿De ella? Pero…
—¡Mamá! —exclamó Shin Hye al ver a su
madre saliendo de la habitación de su padre, y corrió a su lado. Las dos
mujeres se abrazaron llevadas por su mutua desesperación.
—Se encuentra bien, Shin Hye —le
aseguró su madre tratando de sonreír—Quiere hablar contigo. Y con Yong Hwa —añadió
con énfasis, haciendo que Shin Hye se diera cuenta de que Yong Hwa, con ánimo
protector, se había puesto otra vez a su lado.
¿Y Yong Hwa…? ¿Por qué iba a querer su
padre ver a Yong Hwa? Shin Hye no quería que lo viera.
—No hay que disgustar a tu padre, Shin
Hye —le recordó Yong Hwa al ver su expresión de rebeldía.
Shin Hye era plenamente consciente de
ello, ¿pero acaso ver a Yong Hwa no lo disgustaría? ¿No había sido hablando con
él como le había dado el ataque al corazón?
—Aquí viene Hong Ki con el café —dijo Yong
Hwa enérgicamente—Shin Hye y yo vamos a entrar a ver al Sr. Park, Hong Ki tu
quedate aqui.
Hong Ki pareció tan sorprendido por
aquel giro de los acontecimientos como Shin Hye, e hizo una mueca al dejar
sobre una mesa la bandeja con los vasos de plástico llenos de café.
—Pero…
—Hazlo, Hong Ki —le dijo Yong Hwa con
brusquedad. —Estás aquí para ayudar, no para contribuir al caos.
Shin Hye sentía pena por Hong Ki,
sabía lo furioso que debía de sentirse por cómo lo estaba tratando Yong Hwa.
Pero en aquel momento no podía ayudarlo, sólo quería ver a su padre, ¡con o sin
Yong Hwa! Sólo tenía cincuenta años y era horrible que le hubiera pasado una
cosa así.
Seguía muy pálido, pero pareció un
poco más animado cuando Shin Hye se acercó a su cama y la recibió con una
afectuosa sonrisa.
—Una manera muy drástica de conseguir
unas vacaciones —bromeó su padre.
—¡Papá! —exclamó Shin Hye, y la
carcajada se ahogó en su garganta al sentir que las lágrimas le inundaban los
ojos.
—No vayas a ponerte sentimental tú
también —le dijo con firmeza. —Tu madre ya me ha puesto perdido con sus
lágrimas.
Shin Hye parpadeó para contener las
ganas de llorar. Sabía que estaba en lo cierto. Una de ellas tenía que
permanecer fuerte. Sus padres habían estado ayudándola durante tanto tiempo…
—Creo que, en realidad, lo que
intentas es librarte de todo el trabajo que hay que hacer en el jardín ahora
que acaba el verano —dijo con ironía.
—Posiblemente —sonrió su padre con
alivio al ver que no iba a echarse a llorar. —Yong Hwa —dijo volviendo la
cabeza. —Estoy seguro de que sabes por qué quería hablar con los dos.
—Eso podría esperar—dijo Yong Hwa con
voz triste.
—Ya ha esperado mucho tiempo —repuso
su padre sacudiendo la cabeza. —No quiero…
—Me temo que tendrán que irse ya —anunció
la enfermera que había permanecido de pie al fondo de la habitación. —El señor Park
se está alterando —explicó con una mirada de pesar hacia los monitores. Su
paciente la miró con fiereza.
—No estoy alterado, señorita —le
espetó. —Deseo hablar con mi hija y su marido…
—Tal vez más tarde —lo tranquilizó la
enfermera mirando con expresión suplicante a Shin Hye y a Yong Hwa.
—Soy médico, jovencita…
—Entonces, deberías saber que se
limita a hacer su trabajo —le dijo Yong Hwa con firmeza. —Shin Hye y yo podemos
volver en otro momento.
—Pero tengo que hablar con Shin Hye…
—Tienes toda una vida para hablar con Shin
Hye —dijo Yong Hwa. —Y yo tampoco voy a irme a ninguna parte. Volveremos cuando
estés un poco mejor.
Shin Hye todavía estaba perpleja por
el hecho de que su padre había llamado a Yong Hwa su marido. Hacía mucho tiempo
que sus padres ni siquiera hablaban de él, e incluso recientemente, cuando
había empezado a inmiscuirse en sus vidas, se habían referido a él como Yong
Hwa o «ese hombre». Su marido… ¡no era su marido!
—Yong Hwa tiene razón, papá —dijo Shin
Hye, y casi se atragantó al hacerlo. —Mamá vendrá y se quedará a tu lado.
Y le estrujó la mano, pensando en lo
indefenso que parecía tumbado en la cama y tan débil. Dio la impresión de que
iba a seguir discutiendo, pero emitió un suspiro de capitulación.
—¿Volverás, Yong Hwa?
—Te he dicho que lo haré —asintió Yong
Hwa. —Tú concéntrate en recuperarte. Yo cuidaré de ellas—lo tranquilizó.
—Gracias —dijo el padre de Shin Hye,
agradecido. —Siempre se puede confiar en ti en una crisis. Con dos mujeres
testarudas solas en la casa, puede pasar cualquier cosa —bromeó.
Shin Hye todavía se sentía aturdida
cuando apareció en la sala de espera y apenas se percató de la presencia de su
madre, que parecía mucho más serena, y de Hong Ki, que estaba sentado a su lado
hablando con ella.
—Creo que al Sr. Park le gustaría que volvieras
a sentarte junto a él— dijo Yong Hwa con
suavidad dirijiendose a la madre de Shin Hye.
—Tal vez sería mejor —intervino Hong
Ki—, dadas las circunstancias, si en vez de que se agotasen las dos, hicieran turnos
para cuidarlo.
—Buena idea, Hong Ki —corroboró Yong
Hwa enérgicamente. —Sugiero que te quedes aquí con la Sra. Park para que la
puedas llevar a casa más tarde…
—No voy a dejarlo —lo interrumpió la
madre de Shin Hye en tono inflexible.
—Nadie está diciendo que lo hagas —contestó
Yong Hwa amablemente. —Pero si te quedas con él ahora, mientras sigue
despierto, Shin Hye puede sustituirte más tarde. La llevaré a casa ahora para
que descanse unas horas y volveremos cuando necesites descansar.
Los labios de la madre de Shin Hye se
contrajeron con obstinación.
—No…
—¿No crees que eso sería lo mejor, Shin
Hye? —la interrumpió Yong Hwa al predecir que iba a objetar.
Shin Hye tenía que reconocer que no le
hacía gracia el «la llevaré a casa ahora» o «volveremos cuando necesites
descansar», pero no podía protestar a que su madre y ella hicieran turnos para
estar con su padre. Si no, acabaría con sus dos progenitores en el hospital, su
padre recobrándose de un ataque al corazón y su madre en cama por agotamiento.
—Yong Hwa tiene razón, mamá. No le
haces ningún bien a papá si te pones enferma —echó un vistazo a su reloj. —Ahora
son las cuatro. Puedo volver a las nueve.
—Que sea a las doce, Shin Hye, y así
podemos quedarnos con tu padre durante la noche mientras tu madre duerme un
poco —declaró Yong Hwa mirándola con desafío.
Su sugerencia, si es que lo había
sido, era sensata. Pero que la acompañara de regreso al hospital a medianoche,
no lo era. Aunque no iba a discutir aquel punto delante de su madre, que ya
estaba bastante turbada…
—Creo que será lo mejor, mamá. O si
quieres, puedo quedarme contigo ahora —se ofreció al ver la expresión confusa
de su madre—Y…
—No, no. Vayan. Hong Ki puede quedarse
conmigo. Vuelve a las doce —añadió distraídamente antes de regresar a la
habitación del padre de Shin Hye.
—Shin Hye…
—Quédate, Hong Ki —le ordenó Yong Hwa
con aspereza, estrechando con más fuerza el brazo de Shin Hye. —Yo la llevaré a
casa.
¿De verdad? No podía pensar con
claridad, eso lo sabía, y estaba dejando que Yong Hwa tomara todas las
decisiones. Pero su padre había sufrido un ataque al corazón, no les hacía
falta conocer los resultados de las pruebas para saberlo, y se sentía como si
su mundo se estuviera derrumbando. Sus padres siempre habían estado con ella,
indestructibles, siempre…
—Está bien, Yong Hwa —accedió Hong Ki
en voz baja después de estudiar la tez pálida de Shin Hye durante unos
segundos. Se acercó a ella para darle un abrazo. —Se pondrá bien, ya lo verás.
No parece que haya sido un ataque muy grave. Mantén la cabeza alta —le dijo con
una sonrisa.
Shin Hye asintió distraídamente.
—Gracias por ayudarnos tanto, Hong Ki —dijo
agradecida.
—Estoy encantado de poder hacerlo. De
todas formas, ya casi soy de la familia.
—Es cierto —dijo Shin Hye, y le
devolvió el abrazo.
—Muy conmovedor —comentó Yong Hwa con
voz áspera mientras caminaba por el pasillo del hospital al lado de Shin Hye de
camino al aparcamiento.
Shin Hye sólo le dedicó una mirada
superficial, tal era la intensidad de su preocupación por su padre. Podía haber
muerto aquel día. Si Yong Hwa no hubiese estado con él, no hubiese actuado tan
deprisa…
—No pienses en los «y si», Shin Hye —la
aconsejó mientras la ayudaba a subir al Range Rover—. Créeme, no te hará ningún
bien, excepto que te angustiarás innecesariamente.
Shin Hye lo observó mientras cerraba
la puerta del coche y rodeaba el vehículo para colocarse detrás del volante con
expresión lúgubre. Tenía tantos «y si» en lo referente a aquel hombre. ¿Y si no
hubieran tenido un accidente? ¿Y si no hubiera perdido el bebé? ¿Y si no le
hubieran dicho que probablemente no tendrían más hijos? ¿Y si nunca hubiera
aparecido Sue Min? ¿Y si Yong Hwa realmente la hubiese amado…?
Las lágrimas la cegaron, así que no
pudo vislumbrar el rostro de Yong Hwa cuando se volvió hacia ella. Pudo sentir
el calor de aquellas lágrimas en sus mejillas y un sollozo quedó atrapado en su
garganta.
—¡No por favor! —le oyó murmurar a Yong
Hwa salvajemente, momentos antes de que la abrazara y la estrechara contra su
pecho. —No pasa nada, Shin Hye —dijo acariciándole la melena. —No pasa nada.
Por favor, no llores más. No soporto verte llorar —gimió.
Pero una vez que las lágrimas se
desbordaron no podía parar y los sollozos la sacudieron mientras lloraba y
lloraba. Y no sólo por su padre. Por todos esos «y si» también. Había pensado
que no le quedaban más lágrimas que derramar en lo referente a Yong Hwa.
Pero lloraba por todo: el pasado, el
presente y el futuro; el futuro sin el hombre que había amado tan plenamente.
Porque aquel hombre no había existido realmente. Y nunca lo haría…
Las lágrimas se cortaron tan
bruscamente como habían empezado y Shin Hye se apartó de Yong Hwa con decisión,
incapaz de mirarlo, y se acurrucó en su asiento controlando obstinadamente sus
emociones.
Pudo sentir cómo Yong Hwa la miraba
durante varios segundos y sintió su frustración hacia ella. Supo lo mucho que
había detestado que se apartara de él. Pero Shin Hye se negó a mirarlo y
permaneció muda con la cara vuelta a la ventanilla, sin ver casi el paisaje a
medida que recorrían el trayecto hasta la casa de sus padres.
***
No debía haberse ido del hospital,
debía haberse quedado con su padre. Podía ocurrirle cualquier cosa en su
ausencia.
—No va a pasar nada, Shin Hye —dijo Yong
Hwa con firmeza, haciéndole comprender que debía de haber puesto voz a sus
miedos. —El estado de tu padre es estable. Tu madre está con él. Podrás
atenderlo mejor durante la noche después de dormir un rato.
¿Dormir? Nunca sería capaz de dormir.
Sólo había accedido a ir a casa para no poner más tensa a su madre. Y tampoco
quiso comer o beber cuando Yong Hwa se lo ofreció una vez dentro de la
vivienda. Sólo quería estar sola.
—No lo creo —le dijo Yong Hwa.
¡Había vuelto a decir en voz alta lo
que pensaba! Ya no sabía lo que hacía…
—No voy a irme a ninguna parte, Shin
Hye —le dijo con aspereza. —Así que hazte a la idea.
—Creo…
—Le prometí a tu padre que volvería
contigo más tarde —le recordó. —No voy a decepcionarlo.
¡Yong Hwa había recuperado la cordura
moral! Habría sido divertido si algo le hubiera resultado gracioso en aquellos
momentos. Pero estaba demasiado fatigada emocionalmente como para discutir con
él.
—Haz lo que quieras, Yong Hwa —le dijo—.
¡De todas formas siempre lo haces! —añadió, y se alejó, subiendo las escaleras
como una autómata, buscando la intimidad de su cuarto.
***
—Estarás más cómoda si te metes en la
cama como es debido —le dijo Yong Hwa desde el umbral al verla tumbada con la
ropa puesta, la primera indicación que tenía Shin Hye de que la había seguido.
Lo miró perpleja. Su cuarto, el cuarto
que había ocupado desde que era una niña, excepto durante su breve matrimonio
con Yong Hwa, parecía demasiado pequeño con la presencia arrolladora de Yong
Hwa. Se medio incorporó en la cama.
—No te muevas —le dijo Yong Hwa, y Shin
Hye se detuvo y le vio atravesar la habitación hasta llegar a su lado—Shin Hye…
—Vete, Yong Hwa.
Se dio media vuelta y enterró el
rostro en la almohada, sintiendo dolor en la garganta de los esfuerzos por no
echarse a llorar. Porque si lo hacía, aquella vez tal vez no pudiese parar…
El colchón se hundió un poco cuando Yong
Hwa se sentó junto a ella sobre la cama y tímidamente se acerco a ella para abrazarla, y se mantuvo así sosteniendo su
cuerpo suave entre sus brazos.
—No me voy a ninguna parte, Shin Hye —le
recordó con los labios sobre su pelo. —Ya me fui una vez, en contra de lo que
pensaba que era mejor. Nadie me echará otra vez, ¡nadie! —y la estrechó aún más.
—Vete haciéndote a la idea, Shin Hye. Me quedare aquí contigo.
No sabía de qué estaba hablando, y
tampoco le importaba. Su calor la rodeaba mientras estaba sobre la cama. Shin Hye permanecía
rígida e inflexible, con los ojos fuertemente cerrados, horrorizada por su
inequívoca reacción a su proximidad.
—Cálmate, Shin Hye —le dijo. —¿Qué
clase de hombre crees que soy? ¿En qué clase de monstruo me he convertido a tus
ojos? Sólo voy a abrazarte, nada más. ¿Entendido?
Shin Hye mantuvo los ojos firmemente
cerrados, y su cuerpo siguió rígido y frío. Porque había habido un «y si» que
no había incluido antes en sus pensamientos… ¡no se había atrevido! ¿Y si
resultaba que todavía deseaba a Yong Hwa tan locamente como podía sentir que lo
hacía en aquel mismo instante…?
awws, casi muero con lo del padre de Shin... Espero que si se recupere... Y tengo curiosidad de saber de que es lo que quiere hablarles a SH y YH.... Muero por el siguiente cap... :D
ResponderEliminarwoaaaaaaa esta tan bueno...estoy super intrigada...
ResponderEliminarta muy bueno, mmmm al aprecer alguien le pidio a yh k se alejara, habra sido el papa, sera de eso k kiere hablar con ellos¡? uuuuuuuu espero k pronto podamos leer sobre ellos XD
ResponderEliminarOtra cap. ya porfis me muero de la intrigaaa
ResponderEliminarSuban el otro D: que me urge saber que sigue!
ResponderEliminarPD: Buen fic! Fighting. <3
Aigoo me encanta tu fic porfa sigue c:
ResponderEliminarSube el proximo capitulo. Esta muy bueno c:
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