domingo, 7 de julio de 2013

LA MELODÍA DEL AMOR - CAPITULO 10

Autor: Carole Mortimer

—Shin Hye, cariño, ¿qué ocurre? Shin Hye levantó la vista y sus ojos se posaron borrosamente sobre su padre, que acababa de entrar en el comedor. Estaba sentada ligeramente retirada de la mesa con la guitarra en las rodillas y las partituras de música extendidas sobre la mesa.
Como en el pasado, la música era su salvación cuando quería escapar de la realidad. Desde el día anterior cuando había mantenido aquella conversación con Yong Hwa en el aparcamiento, ¡era lo único que había querido hacer! Y lo único que había hecho con relación a  Yong Hwa fue ponerse en contacto con su abogado y decirle que le enviara una segunda remesa de papeles del divorcio. Para ella, ya había nevado en el infierno.
Sonrió a su padre y le prestó toda su atención.
—No estaba tan mal, ¿verdad?. La canción —explicó al ver que parecía tan abstraído como ella hacía unos momentos. Su padre negó con la cabeza, pero no sonrió.
—Shin Hye, ¿has visto el periódico esta mañana?
—Todavía no había llegado cuando me puse a tocar. Tal vez mamá sepa…
—No estoy buscando el periódico, Shin Hye —la interrumpió su padre con brusquedad. —Sé dónde está. Y como todos, tengo curiosidad por saber qué está pasando.
Shin Hye se inclinó hacia delante para dejar la guitarra sobre la mesa sin apartar los ojos de la cara pálida de su padre. Mirándolo mejor, parecía tenso y tenía un matiz gris en las mejillas. El periódico parecía ser la causa…
—No lo he visto —dijo lentamente.
—Entonces, tal vez deberías echarle un vistazo —le dijo—Te lo traeré…
—No, iré yo —dijo bruscamente, poniéndose de pie. ¡Tenía un horrible presentimiento!
El presentimiento se confirmó en cuanto miró la portada del periódico. Había dos fotografías, las dos de Yong Hwa y Shin Hye. Antes y Después Titulaba la leyenda. En la primera fotografía aparecían los dos sentados en el café, sonriendo. Shin Hye no podía imaginar en qué momento de su terrible conversación habían estado así, ¡no recordaba haber estado sonriendo a Yong Hwa! Luego comprendió, al fijarse, que en realidad estaban sonriendo a otra persona que no aparecía en la imagen. El que había tomado aquella foto había sido muy listo, la imagen de su felicidad en mutua compañía era completamente engañosa. ¡Estaban sonriendo a camarera al disculparse por no pedir algo de comer!
La fotografía del Después era mucho más auténtica. Shin Hye estaba alejándose a grandes pasos de Yong Hwa mientras salia de la cafetería  con la melena negra al viento y los labios fruncidos, y Yong Hwa estaba a cierta distancia de ella con mirada furiosa. ¡Era evidente a qué «antes» y «después» se referían al ver las fotografías!
Shin Hye miró a sus padres, que estaban sentados delante de la mesa de la cocina. Tenían miradas ansiosas, especialmente su madre, que sabía que Yong Hwa había aparecido el día anterior, una visita que las dos habían decidido no contar a su padre. ¡Pero algún fotógrafo avispado se había ocupado de ello!
Shin Hye no podía imaginar cómo había ocurrido. No había visto a nadie sacando fotografías a corta distancia, y no contemplaba la posibilidad de que se hubiera enterado de su encuentro. Ni siquiera ella lo había sabido hasta que Yong Hwa no había aparecido de forma tan inesperada. ¿Acaso era responsable de aquel…? Era capaz de cualquier cosa, lo sabía mejor que nadie. ¿Pero tenderle aquella trampa…?
—¿Shin Hye?
Miró a su padre con ansiedad, prestándole atención con esfuerzo.
—No tengo ni idea de cómo alguien ha podido sacar estas fotografías —le dijo. Aunque secretamente, lo sospechaba.
—Shin Hye, no es el que las hayan sacado lo que importa —suspiró su padre. —Sólo que… No sé… Yong Hwa no habrá vuelto, ¿verdad? —dijo torpemente. —Después de todo lo que has dicho de él. No entiendo qué pasa.
—¡No pasa nada! ¡Yong Hwa no ha vuelto! —gritó Shin Hye acaloradamente—No de forma significativa —añadió con impaciencia. —Me está molestando y estas dos fotografías son buena prueba de ello —arrojó el periódico encima de la mesa. —Pero su juego no durará mucho. Todos sabemos lo pronto que se aburre Yong Hwa de las cosas —añadió con amargura.
—Tranquilízate, Shin Hye —dijo su padre con suavidad. —Sólo estaba pensando en voz alta y preguntándome por qué Yong Hwa había decidido volver a entrar en tu vida precisamente ahora…
—Parece que se debe a ese álbum que quiere que grabemos juntos —repuso Shin Hye, encogiéndose de hombros. —Aparte de eso, sus motivos son un misterio para mí también. ¡Como de costumbre! —añadió con disimulo.
—Pues, desde luego, parece haber armado una buena esta vez. Hong Ki ha llamado esta mañana. Al parecer, como agente tuyo, se ha visto abrumado con llamadas de los periódicos y de programas de la televisión, todos ellos pidiendo una entrevista en exclusiva contigo. Pero no te preocupes —la tranquilizó su padre al ver su expresión de alarma. —Hong Ki se ha ocupado de todo. Lo que quiero decir es que habrá un poco de alboroto estos días.
Aquella parecía la frase del día. Apenas acababa de pronunciarla cuando el teléfono empezó a sonar se trataba de un periodista, y siguió sonando casi ininterrumpidamente durante la siguiente hora, hasta que su padre, para tomarse un respiro, lo desconectó. Pero cuando intentó ir a su consultorio poco después, encontró a un numeroso grupo de reporteros apostados al otro lado de la verja, dispuestos a saltar sobre cualquiera que tratara de entrar o salir de la casa.
Para alivio de Shin Hye, el doctor Park consiguió finalmente llegar a su coche y escapar. Llamó durante la mañana para preguntar si los periodistas seguían allí, y allí estaban, pese a las reiteradas peticiones por parte de Shin Hye de que se fueran, y decidió no ir a almorzar.
Shin Hye no podía culparlo, se empezaba a sentir como un prisionero en su propia casa. Su único consuelo era que posiblemente Yong Hwa estaría padeciendo la misma suerte. Más aún, su fama no había hecho más que crecer desde que había iniciado su carrera en solitario, mientras que la suya había quedado en la sombra.
Hong Ki llegó cuando Shin Hye y su madre estaban comiendo una ensalada, y gimió al entrar en la cocina y verlas a las dos.
—La normalidad ante la adversidad, ¿eh? —bromeó, y se inclinó para saludar a la madre de Shin Hye. —No, gracias —dijo rechazando su invitación de unirse a ellas. —Pero sigan mientras preparo un té para los tres.
Y se movió por la estancia con la familiaridad de años de amistad. Shin Hye lo observó mientras seguía comiendo. Había una emoción contenida en su expresión, un ánimo que no podía identificar del todo. Sin duda, Hong Ki se lo contaría cuando estuviera listo para hacerlo…
—Creo que me tomaré el té en la habitación y me echaré un rato —dijo su madre disculpándose después de recoger la mesa. —Hoy una siesta no parece mala idea —añadió.

***

—¿Y bien? —inquirió Shin Hye en cuanto Hong Ki y ella se quedaron solos.
—Entre otras, recibí una llamada de la agencia esta mañana —le dijo sin ni siguiera intentar andarse con rodeos. —Han hecho otra oferta.
Shin Hye había telefoneado a la agencia a su regreso de su encuentro con Yong Hwa el día anterior y les había dicho que, a partir de ese momento, tendrían que negociar con ella por mediación de Hong Ki. No tenía intención de tener que vérselas con Yong Hwa otra vez. Sin embargo, le sorprendió la inmediatez de la oferta…
—¿De qué se trata? —inquirió con cautela.
—Han accedido a que grabes y edites un álbum con tus canciones…
—¿De verdad? —lo interrumpió Shin Hye, emocionada; tal vez Yong Hwa le hubiera hecho un favor el día anterior después de todo. —Pero eso es estupendo. ¿Cuándo…?
—Tus canciones, Shin Hye —repitió Hong Ki con firmeza, sosteniendo su mirada, —pero cantadas con Yong Hwa.
Su emoción se disipó y se sintió como un globo desinflado.
—No rechaces la idea tan deprisa, Shin Hye —la animó Hong Ki al ver su decepción. —Lo importante es que han accedido a hacer un álbum con tus canciones…
—¡Con Yong Hwa! —exclamó, y sacudió la cabeza negándose a ello mientras hablaba. —De ninguna manera, Hong Ki. ¡Jamás!
Se estremeció por dentro. ¿Cantar sus canciones con Yong Hwa? ¿Compartir con él todas las emociones que la habían impulsado a escribirlas? No, no volvería a trabajar con él tan estrechamente.
—Como compositora nadie te conoce, Shin Hye —razonó Hong Ki. —Yong Hwa ha accedido a cantarlas sin ni siquiera verlas.
—Me pregunto por qué —susurró.
—¿Quién sabe que tus canciones no son basura?
—Tú y yo sabemos que no lo son —se defendió con indignación.
—Lo único que digo es…
—Sé lo que dices, Hong Ki, y la respuesta sigue siendo no. Prefiero no volver a grabar otro disco antes que volver a cantar con Yong Hwa —declaró con vehemencia. —Y sinceramente, me sorprende tu cambio de postura en este asunto —lo acusó.
—No he cambiado de postura —suspiró Hong Ki. —Sólo trato…
—¡De imponer el punto de vista de Yong Hwa!
—No, el de la agencia—insistió. —Tal vez sea la mejor oferta que recibamos.
—Entonces, lo dejamos. Seguiré actuando donde me quieran. Y cantaré allí mis canciones. No me importa, Hong Ki —le dijo con firmeza al ver que iba a protestar otra vez—O es a mi manera o de ninguna. He trabajado demasiado para permitir que Yong Hwa me lo eche todo a perder. No… —se interrumpió al oír el timbre de la puerta—. Periodistas —dijo arrugando la nariz con desagrado. —Despertarán a mamá si siguen insistiendo de esa manera.
—Yo abriré —le dijo Hong Ki. —Les diré que se vayan… educadamente.
Shin Hye intercambió una sonrisa con él antes abrir, aunque su sonrisa se borró en seguida. Yong Hwa tenía la culpa de que los periodistas estuvieran apostados delante de su puerta. Yong Hwa tenía la culpa de que la agencia no la tuviese en cuenta para grabar un disco en solitario. Yong Hwa tenía la culpa…
—¡Es Yong Hwa!
La frase se entrelazó tan bien con sus pensamientos que tardó varios segundos en comprender lo que realmente estaba diciendo Hong Ki. Pero al contemplar la poderosa y sombría figura que estaba a sus espaldas, se dio cuenta en seguida. Era Yong Hwa. Alto como una montaña y con expresión lúgubre.
—¿Has venido a ver tu obra maestra, Yong Hwa? —se burló.
—Shin Hye… —dijo Hong Ki pestañeando.
—No he venido a ver nada —declaró Yong Hwa con una voz de fiera que hacía juego con su expresión, y pasó delante de Hong Ki para entrar en la cocina.
—No me digas que no eres responsable del escándalo de hoy —lo interrumpió Shin Hye. —¿Dónde tenías escondido al fotógrafo, Yong Hwa? Fuiste muy inteligente…
—Shin Hye, no he venido para oír tus fantasiosas acusaciones. Tu padre está en el hospital con un posible ataque al corazón y…
—¿Papá? —inquirió Shin Hye con ansiedad. —No entiendo. ¿Cómo has podido saber…?
—Tu padre vino a verme hace un rato —le contestó Yong Hwa bruscamente. —Mientras hablábamos, se desplomó con dolores en el pecho. Como médico que es, sabía exactamente lo que le estaba pasando. Lo llevé al hospital y ahora le están haciendo pruebas para ver si ha sido un ataque al corazón y otro caso similar. Quiso que viniera y me asegurara de que tu y tu madre se encuentra bien antes de salir hacia el hospital.
A Shin Hye le estaba costando trabajo asimilar todo aquello. No entendía por qué su padre había ido a ver a Yong Hwa, cómo sabía siquiera dónde vivía, porque ella desde luego lo desconocía. Pero sí comprendía que su padre estaba ingresado en el hospital y que tendría que ir a decírselo a su madre…
—Yo iré a decírselo —dijo Hong Ki con suavidad. —No te molestes, Shin Hye, pero creo que si tu madre ve lo pálida que estás se pondrá histérica. Tal vez sea mejor que se lo diga… alguien de fuera.
Shin Hye asintió.
—Tú prepárate —le dijo Hong Ki tocándole el brazo para animarla. —No tardaré.
Estaba segura de que no lo haría. En cuanto su madre se enterara de lo ocurrido, bajaría y estaría ansiosa por salir. Y en cuanto a ella, no podía pensar en qué necesitaba para estar lista. ¿Una chaqueta? Posiblemente. ¿El bolso? Sí, eso también.
—Se pondrá bien, Shin Hye —le dijo Yong Hwa con voz triste.
—Bien —respondió.
—En cuanto a lo que dijiste antes sobre el fotógrafo, no tuve nada que ver…
—Ahora no, Yong Hwa —lo cortó con agitación. —¿A qué hospital llevaste a mi padre?
Se le ocurrió pensar de repente, que tal vez no fuese el más cercano, puesto que había ido a ver a Yong Hwa. Él se encogió de hombros.
—Insistió en que lo llevara al Hospital Central—dijo Yong Hwa, y Shin Hye se tranquilizó al saber que no estaba más que a unos  kilómetros de distancia. —Yo te llevaré en coche hasta allí, Shin Hye. A ti y a tu madre. Hong Ki puede seguirnos en su coche, pero le prometí a tu padre que sería yo quien las llevaría a las dos —añadió, casi en tono desafiante.
Shin Hye no se molestó en discutir con él. ¿Qué importaba quién las llevara al hospital con tal de que llegasen para ver a su padre? Sus vidas habían vuelto a estar patas arriba desde que Yong Hwa había aparecido y todo lo que quería en aquel momento era ver a su padre y asegurarse de que realmente se encontraba bien.
Su madre estaba muy pálida cuando apareció en la cocina minutos más tarde, y Shin Hye fue a abrazarla. Siguió bajo control en el Range Rover, manteniendo una conversación educadamente distante con Yong Hwa, sentada como estaba en el asiento delantero. Sin embargo, la serenidad la abandonó por completo en cuanto los llevaron a la unidad de cuidados intensivos para ver al padre de Shin Hye. Estaba inmóvil en la cama, conectado a varios monitores, muy lejos de parecer el hombre animado y fiable que era normalmente.
Su madre se arrojó a los brazos de su marido. Shin Hye podía comprender por qué había perdido el control tan bruscamente. Su padre parecía muy débil de repente, y su rostro parecía aún más demacrado.
—Vamos a hablar con el médico —dijo Yong Hwa agarrándola del brazo para sacarla de la habitación. —Largo, Hong Ki —le dijo a su primo, que se había quedado en el pasillo porque le habían negado la entrada a la habitación por no ser familia inmediata. —Si quieres ser útil, ve a buscar café para todos.
Hong Ki pareció estar a punto de estallar al ver cómo Yong Hwa le daba órdenes de aquella manera, pero al ver la tensión en el rostro de Shin Hye contuvo su respuesta airada.
—Estaré contigo en cuanto me necesites —dijo Hong Ki estrujándole el hombro a Shin Hye con ánimo tranquilizador.
—No te necesitará —dijo Yong Hwa con brusquedad.
Hong Ki le lanzó otra mirada furiosa a Yong Hwa, pero a Shin Hye no le preocupaban sus riñas insignificantes. Lo único que quería saber era si su padre se iba a poner bien.
Pero no consiguió averiguarlo después de hablar con el médico que se ocupaba de su padre. Había habido demasiados peros y condiciones en la conversación para el gusto de Shin Hye. Las veinticuatro horas siguientes eran críticas. Lo seguirían observando de cerca durante varios días. No había que presionarlo, ni preocuparlo, necesitaba descanso absoluto. Le harían pruebas. Y más pruebas. Y más descanso. Hasta que finalmente le permitieran regresar a casa. Siempre que siguiera descansando, sin tensiones ni preocupaciones…
—Gracias, doctor—dijo Yong Hwa, haciendo una reverencia al médico antes de salir de la habitación. —Se limita a hacer su trabajo, Shin Hye —le dijo suavemente una vez que salieron al pasillo.
—Supongo —dijo Shin Hye, suspirando profundamente y cerrando por un momento lo ojos. —Sólo que… es tan… tan horrible lo que le esta pasando—reconoció con voz temblorosa.
—Lo entiendo —asintió Yong Hwa. —Sé lo que se siente cuando la vida de alguien que amas está pendiente de un hilo —añadió con voz triste, pero Shin Hye lo miró sin comprender. —Estoy hablando de ti, Shin Hye.
¿De ella? Pero…
—¡Mamá! —exclamó Shin Hye al ver a su madre saliendo de la habitación de su padre, y corrió a su lado. Las dos mujeres se abrazaron llevadas por su mutua desesperación.
—Se encuentra bien, Shin Hye —le aseguró su madre tratando de sonreír—Quiere hablar contigo. Y con Yong Hwa —añadió con énfasis, haciendo que Shin Hye se diera cuenta de que Yong Hwa, con ánimo protector, se había puesto otra vez a su lado.
¿Y Yong Hwa…? ¿Por qué iba a querer su padre ver a Yong Hwa? Shin Hye no quería que lo viera.
—No hay que disgustar a tu padre, Shin Hye —le recordó Yong Hwa al ver su expresión de rebeldía.
Shin Hye era plenamente consciente de ello, ¿pero acaso ver a Yong Hwa no lo disgustaría? ¿No había sido hablando con él como le había dado el ataque al corazón?
—Aquí viene Hong Ki con el café —dijo Yong Hwa enérgicamente—Shin Hye y yo vamos a entrar a ver al Sr. Park, Hong Ki tu quedate aqui.
Hong Ki pareció tan sorprendido por aquel giro de los acontecimientos como Shin Hye, e hizo una mueca al dejar sobre una mesa la bandeja con los vasos de plástico llenos de café.
—Pero…
—Hazlo, Hong Ki —le dijo Yong Hwa con brusquedad. —Estás aquí para ayudar, no para contribuir al caos.
Shin Hye sentía pena por Hong Ki, sabía lo furioso que debía de sentirse por cómo lo estaba tratando Yong Hwa. Pero en aquel momento no podía ayudarlo, sólo quería ver a su padre, ¡con o sin Yong Hwa! Sólo tenía cincuenta años y era horrible que le hubiera pasado una cosa así.
Seguía muy pálido, pero pareció un poco más animado cuando Shin Hye se acercó a su cama y la recibió con una afectuosa sonrisa.
—Una manera muy drástica de conseguir unas vacaciones —bromeó su padre.
—¡Papá! —exclamó Shin Hye, y la carcajada se ahogó en su garganta al sentir que las lágrimas le inundaban los ojos.
—No vayas a ponerte sentimental tú también —le dijo con firmeza. —Tu madre ya me ha puesto perdido con sus lágrimas.
Shin Hye parpadeó para contener las ganas de llorar. Sabía que estaba en lo cierto. Una de ellas tenía que permanecer fuerte. Sus padres habían estado ayudándola durante tanto tiempo…
—Creo que, en realidad, lo que intentas es librarte de todo el trabajo que hay que hacer en el jardín ahora que acaba el verano —dijo con ironía.
—Posiblemente —sonrió su padre con alivio al ver que no iba a echarse a llorar. —Yong Hwa —dijo volviendo la cabeza. —Estoy seguro de que sabes por qué quería hablar con los dos.
—Eso podría esperar—dijo Yong Hwa con voz triste.
—Ya ha esperado mucho tiempo —repuso su padre sacudiendo la cabeza. —No quiero…
—Me temo que tendrán que irse ya —anunció la enfermera que había permanecido de pie al fondo de la habitación. —El señor Park se está alterando —explicó con una mirada de pesar hacia los monitores. Su paciente la miró con fiereza.
—No estoy alterado, señorita —le espetó. —Deseo hablar con mi hija y su marido…
—Tal vez más tarde —lo tranquilizó la enfermera mirando con expresión suplicante a Shin Hye y a Yong Hwa.
—Soy médico, jovencita…
—Entonces, deberías saber que se limita a hacer su trabajo —le dijo Yong Hwa con firmeza. —Shin Hye y yo podemos volver en otro momento.
—Pero tengo que hablar con Shin Hye…
—Tienes toda una vida para hablar con Shin Hye —dijo Yong Hwa. —Y yo tampoco voy a irme a ninguna parte. Volveremos cuando estés un poco mejor.
Shin Hye todavía estaba perpleja por el hecho de que su padre había llamado a Yong Hwa su marido. Hacía mucho tiempo que sus padres ni siquiera hablaban de él, e incluso recientemente, cuando había empezado a inmiscuirse en sus vidas, se habían referido a él como Yong Hwa o «ese hombre». Su marido… ¡no era su marido!
—Yong Hwa tiene razón, papá —dijo Shin Hye, y casi se atragantó al hacerlo. —Mamá vendrá y se quedará a tu lado.
Y le estrujó la mano, pensando en lo indefenso que parecía tumbado en la cama y tan débil. Dio la impresión de que iba a seguir discutiendo, pero emitió un suspiro de capitulación.
—¿Volverás, Yong Hwa?
—Te he dicho que lo haré —asintió Yong Hwa. —Tú concéntrate en recuperarte. Yo cuidaré de ellas—lo tranquilizó.
—Gracias —dijo el padre de Shin Hye, agradecido. —Siempre se puede confiar en ti en una crisis. Con dos mujeres testarudas solas en la casa, puede pasar cualquier cosa —bromeó.
Shin Hye todavía se sentía aturdida cuando apareció en la sala de espera y apenas se percató de la presencia de su madre, que parecía mucho más serena, y de Hong Ki, que estaba sentado a su lado hablando con ella.
—Creo que al Sr. Park le gustaría que volvieras a sentarte junto a él— dijo  Yong Hwa con suavidad dirijiendose a la madre de Shin Hye.
—Tal vez sería mejor —intervino Hong Ki—, dadas las circunstancias, si en vez de que  se agotasen las dos, hicieran turnos para cuidarlo.
—Buena idea, Hong Ki —corroboró Yong Hwa enérgicamente. —Sugiero que te quedes aquí con la Sra. Park para que la puedas llevar a casa más tarde…
—No voy a dejarlo —lo interrumpió la madre de Shin Hye en tono inflexible.
—Nadie está diciendo que lo hagas —contestó Yong Hwa amablemente. —Pero si te quedas con él ahora, mientras sigue despierto, Shin Hye puede sustituirte más tarde. La llevaré a casa ahora para que descanse unas horas y volveremos cuando necesites descansar.
Los labios de la madre de Shin Hye se contrajeron con obstinación.
—No…
—¿No crees que eso sería lo mejor, Shin Hye? —la interrumpió Yong Hwa al predecir que iba a objetar.
Shin Hye tenía que reconocer que no le hacía gracia el «la llevaré a casa ahora» o «volveremos cuando necesites descansar», pero no podía protestar a que su madre y ella hicieran turnos para estar con su padre. Si no, acabaría con sus dos progenitores en el hospital, su padre recobrándose de un ataque al corazón y su madre en cama por agotamiento.
—Yong Hwa tiene razón, mamá. No le haces ningún bien a papá si te pones enferma —echó un vistazo a su reloj. —Ahora son las cuatro. Puedo volver a las nueve.
—Que sea a las doce, Shin Hye, y así podemos quedarnos con tu padre durante la noche mientras tu madre duerme un poco —declaró Yong Hwa mirándola con desafío.
Su sugerencia, si es que lo había sido, era sensata. Pero que la acompañara de regreso al hospital a medianoche, no lo era. Aunque no iba a discutir aquel punto delante de su madre, que ya estaba bastante turbada…
—Creo que será lo mejor, mamá. O si quieres, puedo quedarme contigo ahora —se ofreció al ver la expresión confusa de su madre—Y…
—No, no. Vayan. Hong Ki puede quedarse conmigo. Vuelve a las doce —añadió distraídamente antes de regresar a la habitación del padre de Shin Hye.
—Shin Hye…
—Quédate, Hong Ki —le ordenó Yong Hwa con aspereza, estrechando con más fuerza el brazo de Shin Hye. —Yo la llevaré a casa.
¿De verdad? No podía pensar con claridad, eso lo sabía, y estaba dejando que Yong Hwa tomara todas las decisiones. Pero su padre había sufrido un ataque al corazón, no les hacía falta conocer los resultados de las pruebas para saberlo, y se sentía como si su mundo se estuviera derrumbando. Sus padres siempre habían estado con ella, indestructibles, siempre…
—Está bien, Yong Hwa —accedió Hong Ki en voz baja después de estudiar la tez pálida de Shin Hye durante unos segundos. Se acercó a ella para darle un abrazo. —Se pondrá bien, ya lo verás. No parece que haya sido un ataque muy grave. Mantén la cabeza alta —le dijo con una sonrisa.
Shin Hye asintió distraídamente.
—Gracias por ayudarnos tanto, Hong Ki —dijo agradecida.
—Estoy encantado de poder hacerlo. De todas formas, ya casi soy de la familia.
—Es cierto —dijo Shin Hye, y le devolvió el abrazo.
—Muy conmovedor —comentó Yong Hwa con voz áspera mientras caminaba por el pasillo del hospital al lado de Shin Hye de camino al aparcamiento.
Shin Hye sólo le dedicó una mirada superficial, tal era la intensidad de su preocupación por su padre. Podía haber muerto aquel día. Si Yong Hwa no hubiese estado con él, no hubiese actuado tan deprisa…
—No pienses en los «y si», Shin Hye —la aconsejó mientras la ayudaba a subir al Range Rover—. Créeme, no te hará ningún bien, excepto que te angustiarás innecesariamente.
Shin Hye lo observó mientras cerraba la puerta del coche y rodeaba el vehículo para colocarse detrás del volante con expresión lúgubre. Tenía tantos «y si» en lo referente a aquel hombre. ¿Y si no hubieran tenido un accidente? ¿Y si no hubiera perdido el bebé? ¿Y si no le hubieran dicho que probablemente no tendrían más hijos? ¿Y si nunca hubiera aparecido Sue Min? ¿Y si Yong Hwa realmente la hubiese amado…?
Las lágrimas la cegaron, así que no pudo vislumbrar el rostro de Yong Hwa cuando se volvió hacia ella. Pudo sentir el calor de aquellas lágrimas en sus mejillas y un sollozo quedó atrapado en su garganta.
—¡No por favor! —le oyó murmurar a Yong Hwa salvajemente, momentos antes de que la abrazara y la estrechara contra su pecho. —No pasa nada, Shin Hye —dijo acariciándole la melena. —No pasa nada. Por favor, no llores más. No soporto verte llorar —gimió.
Pero una vez que las lágrimas se desbordaron no podía parar y los sollozos la sacudieron mientras lloraba y lloraba. Y no sólo por su padre. Por todos esos «y si» también. Había pensado que no le quedaban más lágrimas que derramar en lo referente a Yong Hwa.
Pero lloraba por todo: el pasado, el presente y el futuro; el futuro sin el hombre que había amado tan plenamente. Porque aquel hombre no había existido realmente. Y nunca lo haría…
Las lágrimas se cortaron tan bruscamente como habían empezado y Shin Hye se apartó de Yong Hwa con decisión, incapaz de mirarlo, y se acurrucó en su asiento controlando obstinadamente sus emociones.
Pudo sentir cómo Yong Hwa la miraba durante varios segundos y sintió su frustración hacia ella. Supo lo mucho que había detestado que se apartara de él. Pero Shin Hye se negó a mirarlo y permaneció muda con la cara vuelta a la ventanilla, sin ver casi el paisaje a medida que recorrían el trayecto hasta la casa de sus padres.

***
No debía haberse ido del hospital, debía haberse quedado con su padre. Podía ocurrirle cualquier cosa en su ausencia.
—No va a pasar nada, Shin Hye —dijo Yong Hwa con firmeza, haciéndole comprender que debía de haber puesto voz a sus miedos. —El estado de tu padre es estable. Tu madre está con él. Podrás atenderlo mejor durante la noche después de dormir un rato.
¿Dormir? Nunca sería capaz de dormir. Sólo había accedido a ir a casa para no poner más tensa a su madre. Y tampoco quiso comer o beber cuando Yong Hwa se lo ofreció una vez dentro de la vivienda. Sólo quería estar sola.
—No lo creo —le dijo Yong Hwa.
¡Había vuelto a decir en voz alta lo que pensaba! Ya no sabía lo que hacía…
—No voy a irme a ninguna parte, Shin Hye —le dijo con aspereza. —Así que hazte a la idea.
—Creo…
—Le prometí a tu padre que volvería contigo más tarde —le recordó. —No voy a decepcionarlo.
¡Yong Hwa había recuperado la cordura moral! Habría sido divertido si algo le hubiera resultado gracioso en aquellos momentos. Pero estaba demasiado fatigada emocionalmente como para discutir con él.
—Haz lo que quieras, Yong Hwa —le dijo—. ¡De todas formas siempre lo haces! —añadió, y se alejó, subiendo las escaleras como una autómata, buscando la intimidad de su cuarto.

***
—Estarás más cómoda si te metes en la cama como es debido —le dijo Yong Hwa desde el umbral al verla tumbada con la ropa puesta, la primera indicación que tenía Shin Hye de que la había seguido.
Lo miró perpleja. Su cuarto, el cuarto que había ocupado desde que era una niña, excepto durante su breve matrimonio con Yong Hwa, parecía demasiado pequeño con la presencia arrolladora de Yong Hwa. Se medio incorporó en la cama.
—No te muevas —le dijo Yong Hwa, y Shin Hye se detuvo y le vio atravesar la habitación hasta llegar a su lado—Shin Hye…
—Vete, Yong Hwa.
Se dio media vuelta y enterró el rostro en la almohada, sintiendo dolor en la garganta de los esfuerzos por no echarse a llorar. Porque si lo hacía, aquella vez tal vez no pudiese parar…
El colchón se hundió un poco cuando Yong Hwa se sentó junto a ella sobre la cama y tímidamente se acerco a ella para abrazarla, y se mantuvo así  sosteniendo su cuerpo suave entre sus brazos.
—No me voy a ninguna parte, Shin Hye —le recordó con los labios sobre su pelo. —Ya me fui una vez, en contra de lo que pensaba que era mejor. Nadie me echará otra vez, ¡nadie! —y la estrechó aún más. —Vete haciéndote a la idea, Shin Hye. Me quedare aquí contigo.
No sabía de qué estaba hablando, y tampoco le importaba. Su calor la rodeaba mientras  estaba sobre la cama. Shin Hye permanecía rígida e inflexible, con los ojos fuertemente cerrados, horrorizada por su inequívoca reacción a su proximidad.
—Cálmate, Shin Hye —le dijo. —¿Qué clase de hombre crees que soy? ¿En qué clase de monstruo me he convertido a tus ojos? Sólo voy a abrazarte, nada más. ¿Entendido?

Shin Hye mantuvo los ojos firmemente cerrados, y su cuerpo siguió rígido y frío. Porque había habido un «y si» que no había incluido antes en sus pensamientos… ¡no se había atrevido! ¿Y si resultaba que todavía deseaba a Yong Hwa tan locamente como podía sentir que lo hacía en aquel mismo instante…?



7 comentarios:

  1. awws, casi muero con lo del padre de Shin... Espero que si se recupere... Y tengo curiosidad de saber de que es lo que quiere hablarles a SH y YH.... Muero por el siguiente cap... :D

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  2. woaaaaaaa esta tan bueno...estoy super intrigada...

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  3. ta muy bueno, mmmm al aprecer alguien le pidio a yh k se alejara, habra sido el papa, sera de eso k kiere hablar con ellos¡? uuuuuuuu espero k pronto podamos leer sobre ellos XD

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  4. Otra cap. ya porfis me muero de la intrigaaa

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  5. Suban el otro D: que me urge saber que sigue!
    PD: Buen fic! Fighting. <3

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  6. Aigoo me encanta tu fic porfa sigue c:

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  7. Sube el proximo capitulo. Esta muy bueno c:

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