—Sigo pensando que cometes un error —murmuró
Yong Hwa con aspecto lúgubre—Su ánimo bromista de antes había desaparecido
por completo ante la testarudez de Shin Hye. Los estaba llevando de regreso al
hotel, por insistencia de Shin Hye, protestando durante todo el camino como
sólo Yong Hwa sabía hacerlo.
Shin Hye había pasado varios minutos
en el pasillo hasta que se había recuperado de la conmoción que le había
producido la acusación de Hong Ki sobre la relación entre Yong Hwa y Suzi. No
sabía por qué se había sorprendido tanto, en realidad. No había diferencia
entre que Yong Hwa tuviese una aventura estando casado con ella y que la
tuviese con una mujer casada. Seguía siendo adulterio… ¡y Yong Hwa era un
especialista en eso!
Había sido un golpe devastador hacía
tres años saber que Yong Hwa no se limitaba a cantar con Sue Min sino que
también se acostaba con ella. Y que, tal vez, no hubiese sido la primera vez
que ocurría desde que estaban juntos. Yong Hwa era un hombre al que le gustaba
vivir según sus propias normas y, aunque la fidelidad en el matrimonio era
aplicable a Shin Hye, no era necesariamente aplicable a él. De hecho, estaba
claro que no lo había sido.
Pero el que estuviera poniendo en
peligro otros matrimonios por su falta de moralidad, especialmente el de una
mujer con dos niños pequeños, era completamente repugnante para Shin Hye y
cuanto antes se alejara de él y de la casa de Suzi, mejor. A Yong Hwa le había
hecho muy poca gracia que le dijera, cuando finalmente había regresado a la
cocina, que quería irse, y había accedido al ver que permanecía inflexible.
—Es demasiado pronto para que regreses
por el coche —declaró Yong Hwa con impaciencia durante el trayecto—Llamé al
hotel antes de salir y los periodistas todavía están rondando el lugar.
A Shin Hye no le importaba. Que la
bombardearan con una andanada de preguntas no deseadas era mejor que tener que
pasar más tiempo en compañía de Yong Hwa. No había cambiado y nunca lo haría…
—Shin…
—Me llamo Shin Hye, Yong Hwa —lo
interrumpió con aspereza—. Park Shin Hye. Ese ha sido siempre mi nombre y
siempre lo será —le dijo mirándolo con desafío. Había elegido sentarse en el
asiento delantero del Range Rover, tan decepcionada como estaba que no le
importaba el lugar que ocupara en el coche.
Era ridículo, lo sabía, permitir que Yong
Hwa la perturbara de aquella manera después del tiempo que había pasado. Pero
le resultaba muy difícil, cuando estaba junto a él, borrar todo el pasado.
Después de todo, habían pasado juntos buenos momentos.
¡Pero qué equivocada había estado
acerca de Yong Hwa, y cuánto amor había creído compartir con él! Era un amo, un
poseedor, pero no tenía la mínima intención de entregarse al cien por cien.
—Para mí no —masculló con contundencia—.
¡Nunca has sido sólo Shin Hye para mí!
—Creo que lo que Shin Hye trata de
decirte —interpuso Hong Ki desde el asiento de atrás—es que lo que tengas que
decir le importa muy poco.
Shin Hye pudo ver cómo Hong Ki
disfrutaba lanzándole bromas a Yong Hwa
y pensó lo triste que era que dos primos se llevaran tan mal. Por su culpa, reconoció
en seguida, pero a pesar de todo, era triste. Como hija única que era, de
padres que también lo habían sido, siempre había considerado una lástima que no
hubiera buenas relaciones entre familiares, y siempre había deseado tener una
gran familia. Eso ya no sería posible…
—¿Sabes una cosa, Hong Ki? —replicó Yong
Hwa en voz tan baja que resultaba amenazadora—Eres más pesado ahora que hace
años.
—Viniendo de ti, lo tomo como un
cumplido —repuso Hong Ki despreocupadamente.
Shin Hye sonrió mirando por la
ventanilla. Al menos a Hong Ki ya no le molestaba la arrogancia de Yong Hwa.
Seguramente porque sabía que el tiempo que les quedaba en su compañía era muy
limitado; estaban a punto de llegar al hotel.
—Shin Hye…
—Gracias por el zumo de naranja y el
café, Yong Hwa —lo interrumpió zanjando la cuestión. —Estoy segura de que los
dos te estamos agradecidos por tu ayuda esta mañana.
—¿Ahora, vete? —dijo Yong Hwa con
mucha ironía.
Shin Hye se volvió para mirarlo sin abatirse.
—¡Exactamente!
—Eso va a resultar un poco difícil.
Tenemos una actuación esta noche —le recordó con las cejas levantadas.
—¡De ninguna manera! —le contestó Hong
Ki. —Shin Hye actúa sola o no actúa.
—Todo el mundo espera…
—¿Qué? —interpuso Hong Ki
acaloradamente—¿Verlos a los dos? No lo creo. Shin Hye cantará en un pequeño
club, no habría espacio suficiente para la masa de público que atraerian
juntos. Los organizadores del festival tendrán que anunciar que no aparecerás
antes de la actuación.
¡Estupendo! Para que nadie quedara
decepcionado, tendrían que explicar antes de que cantara que Yong Hwa no
actuaría con ella aquella noche. «Park Shin Hye en solitario, o lo toman o lo
dejan. ¡Maravilloso!», se dijo Shin Hye.
Pero conociendo a Yong Hwa como lo
conocía, no confiaba en que no hiciese una aparición sorpresa en el club.
Interrumpió la discusión de los dos hombres.
—No tengo intención de actuar esta
noche.
—¿Otra vez te hechas para atras, Shin
Hye? —le espetó Yong Hwa con expresión de burla—Pareces tenerlo como costumbre —añadió
con desprecio.
¡Nunca se había hechado para atras en
toda su vida! ¿Cómo se atrevía a decir una cosa así?
—No sabes lo que dices —le contestó Hong
Ki acaloradamente - Shin Hye tiene más agallas que las que tú tendrás nunca…
—No creo haberte dirigido a ti el
comentario, Hong Ki —replicó Yong Hwa con voz gélida—Hablaba con Shin Hye.
Shin Hye se había quedado perpleja
ante su acusación y estaba completamente de acuerdo con la indignación de Hong
Ki. Si supiera cuánto dolor había experimentado durante los últimos tres años por
sus esfuerzos para volver a andar…
—No tengo nada que añadir al
comentario de Hong Ki —le dijo fríamente—. No tengo intención de defenderme
ante ti.
—¿Pero no piensas cantar esta noche? —inquirió
con labios tensos de desaprobación.
—No —contestó Shin Hye bruscamente.
—¿Dónde está tu profesionalidad?
—Está en su sitio, Yong Hwa —le espetó—El
hecho de que continuara cantando anoche lo demuestra con creces. Aunque no
tengo nada que demostrarte, Yong Hwa, ni a ti ni a nadie —añadió con voz tensa—Y
no tengo intención de repetir la actuación de ayer.
—No…
—El tema no está abierto a discusión, Yong
Hwa —le dijo inexorablemente—Me retiro del festival.
—Lo que dije —murmuró—Estás renunciando.
Se estaba comportando de forma deliberadamente
provocativa, y Shin Hye le hizo un gesto a Hong Ki para que se callara. No
quería que mordiera el anzuelo y le diera a Yong Hwa esa satisfacción. ¿Qué
importaba su opinión?
Como Yong Hwa había predicho, todavía
había muchos reporteros arremolinados en torno al área de recepción del hotel.
—Mi coche está allí —le indicó a Yong
Hwa bruscamente, señalando el BMW de color negro. Yong Hwa observó a los
periodistas con ojos entornados.
—Tal vez seamos capaces de meter el
equipaje en tu coche antes de que se den cuenta de que somos nosotros —reconoció
a regañadientes.
¡Qué doloroso debía de ser para él,
después de todas sus advertencias alarmistas, reconocer aquello! Pero los dos
hombres realizaron el cambio de equipaje con el mínimo esfuerzo después de que Yong
Hwa aparcara su Range Rover junto al coche de Shin Hye, y los periodistas
apenas se percataron de su presencia antes de que se metieran en sus
respectivos coches y salieran del aparcamiento.
***
—Nos está siguiendo —murmuró Shin Hye
minutos más tarde después de avistar el Range Rover en el espejo retrovisor
casi en cuanto se incorporaron a la carretera principal. Yong Hwa continuó
siguiéndolos aunque iban en dirección opuesta a la de la casa donde se alojaba—¡Maldición!
—murmuró otra vez cuando encendió y apagó las luces de su potente vehículo
haciendo evidente su deseo de que parasen.
Hong Ki volvió la vista a tiempo de
ver a Yong Hwa darle a las luces otra vez.
—Ignóralo —dijo volviéndose a Shin Hye—No
tenemos nada más que decirle.
—No va a renunciar, Hong Ki —suspiró Shin
Hye minutos más tarde cuando el Range Rover no daba señales de retirarse.
—Nunca lo ha hecho —musitó Hong Ki con
ánimo lúgubre.
Shin Hye no estaba del todo de acuerdo
con él. Yong Hwa había renunciado a su matrimonio cuando las cosas se habían
puesto difíciles.
—Está bien, será mejor que pares —accedió
Hong Ki con pesar—Pero seré yo quien vaya a hablar con él —afirmó, y se estiró
en su asiento, dispuesto a salir del coche en cuanto Shin Hye lo hubiese
detenido a un lado de la carretera y había apagado el motor.
Pero, antes de que Hong Ki pudiera ni
siquiera desatarse el cinturón de seguridad, Yong Hwa había bajado de su Range
Rover y estaba de pie al lado de Shin Hye, esperando a que bajara la ventanilla
para hablar con ella. Algo que hizo a regañadientes…
—No nos hemos olvidado de la cuenta
del hotel, Yong Hwa —dijo Hong Ki—¡Te enviaremos el importe! No sabía que
estabas tan falto de dinero, si no te lo hubiera devuelto antes.
Yong Hwa miró al joven con desprecio
como única indicación de que había oído su comentario antes de centrar su
atención en Shin Hye.
—Estaremos en contacto —le dijo con
voz ronca.
Era lo último que Shin Hye quería oír,
aunque no le resultó del todo inesperado.
—¿Paraste sólo para decirme eso? —inquirió
mirándolo con impaciencia.
—No tuvimos oportunidad de decirnos
adiós.
Y antes de que Shin Hye pudiera
comprender qué quería decir, y mucho menos esquivarlo, se inclinó hacia
adelante, agachó la cabeza y tomo los labios de Shin Hye.
—¡Por amor de Dios…! —musitó Hong Ki
con incredulidad—. ¡Qué demonios…! Yong Hwa, para —le ordenó frenéticamente.
Yong Hwa no tenía intención de parar,
y fue Shin Hye, que se sentía mortificada por su breve respuesta, la que tuvo
que apartarse. Se quedó respirando con agitación mientras Yong Hwa se
incorporaba lentamente con una sonrisa de satisfacción.
—Más bien me ha parecido un hola —le
dijo en tono seductor, escrutándola con sus ojos negros.
Shin Hye sabía exactamente lo que
había parecido y todavía sentía el hormigueo en los labios. ¿Cómo se atrevía a
humillarla delante de Hong Ki de aquella manera? O tal vez era por esa razón
por la que lo había hecho. A pesar de las dos habitaciones del hotel, Yong Hwa
todavía no parecía convencido de que Hong Ki y ella no fueran amantes.
—Adiós, Yong Hwa —dijo con voz grave
antes de presionar el botón que elevaba el cristal de la ventanilla. Puso el
coche en marcha sin preocuparse si se había apartado lo bastante y aceleró sin
siquiera dirigirle una última mirada por el espejo retrovisor.
—¡Canalla! —murmuró Hong Ki.
Estaba de acuerdo con él. Pero se
sentía hundida por haber respondido. No era excusa que la hubiera asaltado por
sorpresa, que no hubiese creído que fuera capaz de tal audacia. Yong Hwa era
capaz de cualquier cosa, y debía haberlo imaginado.
Pero besarla… ¿Por qué? ¿Qué podía
ganar con eso? Excepto herirla una vez más, por supuesto…
***
—La compañía discográfica otra vez —dijo
la madre de Shin Hye con un ceño pensativo.
Shin Hye había vuelto a vivir con sus
padres en Seul, a raíz del accidente
porque no podía valerse por sí misma desde entonces… y no sólo físicamente. Sus
padres habían sido un gran apoyo durante su recuperación, pero no sabían qué
hacer ante aquella nueva y constante presión de la compañía discográfica para
que Shin Hye hiciese otro álbum con Yong Hwa.
Había sido la publicidad del festival
la que había ocasionado aquello, por supuesto. Poco después, la discográfica
había vuelto a editar uno de los viejos discos y le pedían a voces que grabara uno nuevo para
prolongar el indudable éxito. Una petición que Shin Hye había rechazado
inexorablemente en dos ocasiones durante las dos últimas semanas desde su
regreso del festival.
—¿Vuelvo a decirles que no estás? —le
dijo su madre, mirándola con expresión interrogante.
Aquella respuesta había funcionado dos
veces, pero dudaba que lo hiciera una más. El problema era que Yong Hwa ya
había accedido a hacer el álbum y aquello había incrementado la presión que
recibía para que accediera ella también.
El comportamiento de Yong Hwa no tenía
sentido. Y Shin Hye no estaba dispuesta a mantener la relación estrecha que
implicaría grabar un álbum juntos. Le había dicho que pretendía cantar en
solitario y así iba a ser.
—Yo contestaré, mamá, gracias.
Se puso en pie con aire cansino y tomó
el auricular de manos de su madre. Era una mujer de casi cincuenta años y la
semejanza entre las dos era inconfundible, aunque su madre llevaba el pelo a la
altura de los hombros y sus ojos eran de color castaño oscuro en vez de los
ojos claros de Shin Hye, heredados de su padre.
—No tienes que hacer nada que no
quieras, Shin Hye, tenlo presente —le dijo su madre estrujándole el brazo con
ánimo tranquilizador antes de dejarla para que atendiera la llamada en privado.
—No tienes por qué —corroboró una voz
demasiado familiar cuando Shin Hye se acercó el auricular al oído, y casi lo
dejó caer al reconocer al interlocutor—. Pero serías tonta si no lo haces, Shin
Hye —añadió Yong Hwa con ironía.
Se recompuso rápidamente, consciente
de que trataba de desconcertarla, pero sin deseos de darle la satisfacción de
saber que lo había conseguido.
—No sabía que habías comprado estudios
de grabación, Yong Hwa —replicó—. Pero mi respuesta sigue siendo no.
—Sólo me he ofrecido a hablar contigo
personalmente, ya que pareces resistirte tanto. Tu negativa no beneficiará a tu
carrera, Shin Hye.
—¿La mía o la tuya, Yong Hwa? —le echó
en cara—Mi carrera va exactamente como quiero, así que sólo puedo presumir que
tú eres el que necesita publicidad adicional.
Shin Hye había actuado en dos
ocasiones en las dos últimas semanas, con gran éxito en ambas. Era consciente
de que habría tenido más éxito si Yong Hwa hubiese estado con ella, y el
público había requerido su presencia al principio, pero en cuanto se habían
dado cuenta de que estaba verdaderamente sola, no la podían haber recibido más
calurosamente. Pero le habían enviado otras dos rosas rojas…
—Yo que tú no prestaría mucha atención
a Hong Ki —repuso con sorna—Sus comentarios suelen ser bastante parciales. ¿Y
dónde está mi querido primo en un día tan soleado como éste? ¿Consiguiéndote
más compromisos como el del festival?
Hong Ki estaba pasando unos días con Juniel,
que acababa de regresar de Busan. Aunque eso no era asunto de Yong Hwa, que no
parecía haberse interesado de la vida de su primo tanto como Hong Ki en la suya
durante los últimos tres años. De haberlo hecho, habría sabido lo de Juniel.
Pero Shin Hye no tenía intención de contarle la relación que Hong Ki mantenía
con ella. No tenía intención de contarle nada.
—Yong Hwa, ya le he dado a la
discográfica mi respuesta —dijo ignorando su comentario sobre Hong Ki—Y te doy
a ti la misma respuesta…
—¿Y si almorzamos juntos y lo
hablamos? —la interrumpió con decisión.
—¿Y si no almorzamos juntos y no lo
hablamos? —replicó Shin Hye en seguida, que ya no se sorprendía por su audacia.
Sólo era más osadamente arrogante de lo que recordaba—Adiós, Yong Hwa.
Y colgó antes de que pudiera salirse
con otra idea.
—¿Todo va bien? —preguntó su madre,
asomando tentativamente la cabeza por la puerta.
Shin Hye se levantó con decisión.
—No podía ir mejor —contestó animadamente,
decidiendo que era mejor no mencionar lo que Yong Hwa había dicho en la
conversación telefónica. Sus padres pensaban de él lo mismo que Hong Ki.
Su madre pareció aliviada al entrar en
la habitación.
—Cuanto antes grabes un álbum tú sola,
mejor —le dijo.
Shin Hye asintió.
El problema era que, aunque la
compañía discográfica la estaba presionando para que hiciera un álbum con Yong
Hwa, no querían oír ninguna propuesta de un álbum en solitario. Y como todavía
tenía un contrato con ellos…
Pero no siempre sería así. En cuanto
la publicidad sobre su aparición con Yong Hwa quedara olvidada, no dudaba en
que la compañía de discos comprendería el sentido de sacar un álbum en
solitario en lugar que nada. Y había escrito bastantes canciones como para
componer ese álbum.
Era extraño… Yong Hwa siempre había
sido el autor de las canciones durante su asociación, pero durante los últimos
tres años, con tanto tiempo entre manos, Shin Hye había conseguido escribir
veinte canciones ella sola. Incluso ante su ojo crítico le parecían buenas.
Tenía una callada confianza en que la compañía discográfica lo reconociera. A
su debido tiempo…
***
Trabajar en el jardín siempre había
sido un gran escape para Shin Hye y, aunque estaban en otoño, todavía había
labor que hacer en los jardines. Había echado mucho de menos la jardinería
después del accidente, y en cuanto pudo moverse, empezó a dedicar horas fuera
de la casa en silenciosa soledad, curándose tanto por dentro como por fuera.
Su perro, Bonji, jugueteaba por el jardín mientras Shin Hye se concentraba en
quitar las malas hierbas. Así su padre, un ocupado médico, no tendría que
hacerlo durante el fin de semana.
—Hola, Bonji —saludó una suave voz masculina—Tan lleno de energía como
siempre —rio Yong Hwa cuando el perro se puso a dar saltos delante de él.
Shin Hye estaba trabajando debajo del
manzano cuando oyó su voz por primera vez. Se puso de cuclillas y se dio cuenta
de que el viento le había enredado su melena, que no tenía ni un ápice de maquillaje
en la cara, que sus jeans estaban viejos y desgastados, la camisa deshilachada,
y que tenía las manos negras de haber estado removiendo la tierra de los
arriates durante una hora.
ohh! Ame el capitulo!! Estoy ansiosa por el siguiente
ResponderEliminarSe ve tan interesante sube el proximo capitulo yaaaa porfiss,este fic esta muy buena, felicidades por tu gran manera de escribir, realmente pareces una profesional :)
ResponderEliminaraaaa estoy fascinada leyendo...felicidades escribes muy bien espero con ansias el otro..no demores por fisss
ResponderEliminaresperando con ansias el proximo cap. lo adoro, jajjaa YH m hace odiorlo m hace no kerer k velvan a estar juntos XP
ResponderEliminarMORÍ CON EL CAPÍTULO, en especial el final, ¡YongHwa se aparecio en la casa de los padres de ShinHye! habrá algo... interesante. continuala! esta muy bueno. ;; <3
ResponderEliminarOh! Vaya, que buen drama. Espero que lo continúes, esta muy bueno e interesante. Fighting!
ResponderEliminarMuy muy bueno el capitulo unnie...Me encantoooo,,,,y mas el final del capitulo...jajaja
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