La compañía Enprani envió a Shin Hye a Busan
para hacerse unas fotos. Después, Shin Hye decidió ir a pasar un fin de semana
con Chae Won, quien la había invitado repetidas veces.
Las niñas eran encantadoras y le enseñaron
un libro de fotos de las escaladas de su padre en el que aparecía a menudo su
«tío Yong».
—Parece que lo están superando —dijo Shin
Hye cuando las niñas se fueron a la cama y ella y Chae Won se sentaron en el
cuarto de estar a tomar un café—A ti te costará más.
—Me costará toda una vida. Pero tengo muy
buenos recuerdos del tiempo que estuvimos juntos y dos niñas maravillosas.
Nunca me arrepentiré de haberme casado con Young Ho.
Shin Hye se preguntó de dónde sacaría Chae
Won tanta fuerza y serenidad.
—¿Trataste de convencerlo alguna vez para
que dejara de escalar?
Chae Won la miró como si hubiera
preguntado algo absurdo.
—¿Tratarías de impedir que alguien a quien
amas respirara?
Shin Hye permaneció un momento en
silencio.
—Debías comprenderlo muy bien.
—Young Ho era una persona especial...
diferente. Por supuesto que me preocupaba por él. Pero la gente muere cruzando
la calle todos los días. Ninguno de nosotros sabe cuándo morirán las personas
que amamos. Hoy, mañana, dentro de cincuenta años... Lo que importa es lo que
hacemos con el tiempo que se nos concede, sea corto o largo.
—Creo que empiezo a entender. Cuando
escuché la última cinta de Yong Hwa todo empezó a tener sentido. Pero lo cierto
es que me enfadé con él al saber que iba a volver allí, y...
—Y te asustaste —interrumpió Chae Won
—Estás enamorada de él, ¿verdad?
—A él no le importa.
—No es que no le importe, Shin Hye. Creo
que...
—¿Te habló de mí?
—Un poco. Pero estaba muy encerrado en sí
mismo, incluso antes de conocerte... en realidad, desde que murió Young Ho.
Como si hubiera algo en su mente de lo que no pudiera librarse. Algo más que
pena —los ojos de Chae Won se ensombrecieron—Traté de convencerlo para que me
dijera lo que le preocupaba, pero nunca logré llegar al fondo. Pero creo que tú
lo lograste.
—¿Cómo? —preguntó Shin Hye, aturdida.
—No estoy segura. Pero tuve esa sensación.
Yong Hwa quería protegerte.
Al día siguiente Chae Won llevó a Shin Hye
y a las niñas a comer a la ciudad y después dieron un paseo por uno de los
parques que estaba cerca de uno de los ríos de Oncheon. El río era tranquilo y
poco profundo, aunque había partes en las que la corriente se arremolinaba y
había más profundidad.
Las niñas corrían por delante con un par
de globos que Shin Hye les había comprado. La mayor tropezó y cayó, soltando el globo. Cuando Chae
Won corrió a levantarla, se puso a llorar, desconsolada. Se había hecho una
fuerte raspadura en la rodilla y la sangre corría por su pierna hasta sus
calcetines. Su hermana pequeña, con el dedo pulgar en la boca y sosteniendo en
la otra mano el globo, permaneció en silencio, mirando.
Chae Won no llevaba nada para contener la
sangre y Shin Hye le dio un pañuelo que sacó de su bolso.
—Gracias. ¿Dónde está Tae Min? —preguntó Chae
Won, mirando a su alrededor.
—Estaba aquí... —Shin Hye se volvió y vio
primero el globo que sostenía la niña, dirigiéndose hacia la orilla del río, y
más adelante, el que había soltado su hermana, dando botes y flotando hacia el
agua—Voy a por ella.
Mientras avanzaba hacia la niña, el globo
suelto dio un bote y cayó al agua. Tae Min que corría tan rápido como se lo
permitían sus piernecitas no vio la orilla y cayó al agua, hundiéndose casi al
instante.
Shin Hye oyó el grito angustiado de Chae
Won mientras corría hacia la orilla.
—¡Tae Min!
Shin Hye perdió un zapato y se detuvo para
desprenderse del otro. Luego corrió en diagonal hacia el río para acercarse a
dónde la corriente había arrastrado a la niña. Aprovechando el impulso de la
carrera, se lanzó al río.
El agua se cerró en torno a su cabeza y
pasó unos instantes de intenso pánico. Cuando salió a la superficie vio a Tae
Min frente a sí antes de que volviera a hundirse.
Shin Hye nadó velozmente hacia ella. Oyó
gritos a sus espaldas y vio gente corriendo a lo largo de la orilla. Un hombre
saltó al agua desde el otro lado.
Entonces tocó un brazo de la niña y la
alzó, volviéndola de espaldas para que mantuviera la cabeza fuera del agua.
Tae Min pataleaba y gritaba. Shin Hye oyó
a su lado la voz de un hombre.
—La niña está bien. ¿Necesitas ayuda?
Nadaron juntos hacia la orilla y Chae Won
tomó a su hija en brazos, llorando, estrechándola desesperadamente. Miró al
joven que había saltado al agua y dijo:
—Gracias. Muchas gracias. Y Shin Hye...
—se volvió hacia ella—Nunca podré agradecérles lo suficientemente.
Shin Hye permaneció sentada en la orilla,
temblando, mientras la gente los rodeaba. Milagrosamente, alguien sacó un par
de toallas. Shin Hye aceptó una, agradecida, y luego se la alcanzó al joven
mientras Chae Won frotaba a su hija con otra. Ambas niñas habían dejado de
llorar y Tae Min parecía estar disfrutando de la atención que había generado a
su alrededor.
—¿Cómo te llamas? —preguntó Shin Hye al
joven.
—Seok Hun —contestó él, sonriendo—En realidad
no me necesitabas, ¿verdad? Eres mejor nadadora que yo.
Nadadora, pensó Shin Hye. «He nadado».
Maravillada, miró las aguas de las que acababa de salir.
La
muchedumbre se dispersó gradualmente y Chae Won, Shin Hye y las niñas volvieron
al coche.
Shin Hye voló de vuelta a Seúl sin poder
creerse todavía lo que había hecho. A la semana siguiente fue a una piscina,
contrató a un entrenador privado y le contó que tenía fobia al agua debido a
que estuvo a punto de ahogarse cuando era pequeña, pero quería volver a nadar.
Y, poco a poco, consiguió acostumbrarse de
nuevo al agua. Siempre había un resto de precaución del que careció siendo una
adolescente, pero finalmente llegó el día en que se encontró disfrutando de
verdad mientras nadaba.
La noticia que había estado temiendo
apareció una mañana en los periódicos. La expedición de Yong Hwa tenía
problemas en el Himalaya. El tiempo había empeorado y se había perdido el
contacto por radio con el equipo. Los periodistas y reporteros recordaron la
tragedia de la expedición anterior. Sacaron fotos de los archivos y Shin Hye se
sintió sobrecogida al ver una desolada imagen de Yong Hwa volviendo de la
montaña para informar de la muerte de su amigo.
Llamó a Chae Won y hablaron, tratando de
infundirse mutuamente ánimos en vista de las noticias, cada vez más pesimistas.
Shin Hye pasó las horas con un nudo en la garganta y el corazón encogido,
incapaz de concentrarse en nada.
Entonces recibió una llamada de Chae Won.
—¡Están bien, Shin Hye! ¡Yong Hwa está
bien! Han llamado por radio y han comunicado que empiezan a bajar hoy mismo.
Shin Hye puso una mano sobre el auricular,
sollozando de alivio.
—Yong Hwa ha alcanzado la cima. Lo
consiguió. Young Ho estaría muy orgulloso de él. ¿Shin Hye? ¿Estás bien?
—Sí —murmuró Shin Hye—Sí. ¡Gracias, Chae
Won! ¡Gracias, Señor!
Colgó el teléfono, ocultó el rostro entre
las manos y lloró.
***
—¡No me importa lo que quieran o dejen de
querer! —bramó Shin Hye por teléfono—Estoy ocupada.
—¿Ocupada? —su agente le devolvió el
bramido—¡Tienes un contrato que cumplir!
—Olvida el contrato. Es un día libre. No
pueden asignarme un trabajo avisándome con tan poco tiempo.
—¿Qué tiene de especial ese día? ¿Tan
importante es lo que quieres hacer?—dijo Juno con aspereza
—¡Voy a ir al aeropuerto a... a dar la
bienvenida a la expedición de Corea al Himalaya, y nada me detendrá!
Hubo un breve silencio.
—Eso es exactamente lo que la compañía
quiere que hagas.
—¿Qué?
—Todos los medios de comunicación estarán
allí. El departamento de publicidad de Enprani quiere que tú también vayas a
dar a Yong Hwa la bienvenida de un héroe.
—El no querrá ese recibimiento. De hecho,
se opondría violentamente.
—No podrá evitarlo. Y será mejor que tú
aproveches la oportunidad de esa foto.
—¡No! —si iba a ser un acontecimiento
explotado en beneficio de la prensa, Shin Hye no quería formar parte de él—Esto
es un asunto privado.
—Yong Hwa es una figura pública, Shin Hye.
Tú también. No puedes evitarlo, lo sabes muy bien. Todo el país sabe quiénes son.
—¡La gente no tiene idea de nada! —exclamó
Shin Hye.
Juno suspiró.
—No seas tan difícil. Ese hombre ha estado
a punto de morir.
Shin Hye se estremeció.
—Lo sé.
—Después de lo que ha pasado, ¿qué hombre
en sus cabales no desearía volver a casa para recibir una cálida sonrisa y un hermoso
ramo de flores de parte de la chica Enprani?
Shin Hye tuvo una repentina visión de Yong
Hwa en la oscuridad del pasillo de su apartamento, su boca sobre la de ella, su
voz murmurando: «He soñado contigo... chica Enprani».
¿Habría soñado Yong Hwa con ella en las
lejanas montañas del Himalaya? ¿Le habría preocupado no poder volver nunca a
casa, no volver a verla? ¿Habría esperado que comprendiera su compulsión por
escalar cuando escuchara su última cinta?
Y si era así, ¿existía la posibilidad de
un futuro para ellos?
Tal vez podía vivir sin él, como
obviamente él podía vivir sin ella. ¿Pero no sería eso una vida a medias? ¿Y
podía ella persuadirlo de que era capaz de amarlo sin intentar atarlo a su
lado? ¿Lo amaba tanto como para respetar su libertad?
—De acuerdo —dijo Shin Hye—Allí estaré.
Insistieron en que fuera vestida con un
hermoso vestido blanco. Los miembros de la expedición fueron los primeros en
pasar por la aduana. Parecían cansados y pálidos. Algunos empujaban los
carritos del equipaje, otros llevaban enormes mochilas.
Yong Hwa tenía una gafas oscuras, y cuando
vio a Shin Hye parpadeó y movió la cabeza como si no pudiera creer lo que veían
sus ojos, entonces se quito las gafas, apartó las manos del carrito del
equipaje y éste rodó un poco por su cuenta. Él pareció no darse cuenta.
Shin Hye caminó hacia él, incapaz de
sonreír, y se detuvo a unos pasos. Los flashes de la prensa destellaron, y él
volvió a parpadear. Una periodista le colocó un micrófono delante.
—Señor Jung, ¿qué se siente al haber
conquistado la cima dónde murió su amigo el año pasado?
Yong Hwa apartó el micrófono sin mirar a la
reportera. Sus ojos estaban fijos en Shin Hye.
—¿Qué haces aquí? —preguntó, acercándose a
ella.
Los flashes de las cámaras volvieron a
destellar.
Yong Hwa estrechó a Shin Hye entre sus
brazos con fuerza. Ella vio que cerraba los ojos y sintió la calidez de su
mejilla.
El fotógrafo de Enprani dijo:
—Muy bonito. ¿Ahora Shin Hye, puedes
entregarle las flores? Vamos, Shin Hye, vuélvete un poco, mira a la camara.
¿Señor? ¿Señor Jung?
Yong Hwa alzó la cabeza. Sus ojos
destellaron.
Deslizó la mirada de la cámara de televisión
al resto del personal de los medios informativos. Luego miró el vestido de Shin
Hye. Su expresión cambió y su boca se torció en un gesto irónico.
—Ya veo. Será mejor que les demos el espectáculo
que quieren.
Su beso fue totalmente deslumbrante, lleno
de pasión. Luego apartó a Shin Hye de su lado con suavidad y dijo a los
reporteros:
—Está bien, amigos. Es suficiente por hoy.
Todos estamos muy cansados.
Yong Hwa miró a su alrededor. Algunos
miembros de la expedición estaban recibiendo la efusiva bienvenida de sus
familiares y novias.
—Lo que más deseo en este momento es un
hotel, un baño caliente y dormir durante una semana.
Yong Hwa fue a recoger el carrito del
equipaje, y Shin Hye, sintiéndose repentinamente ridícula por su espectacular
vestido, encogió los hombros.
¿Pero por qué renunciar con tanta
facilidad? Se acercó a Yong Hwa y dijo:
—Esperaba que vinieras a casa conmigo.
Las cámaras y los micrófonos todavía
estaban enfocadas sobre ellos.
—¿Forma parte de la campaña de publicidad?
—preguntó él con tono de cansancio.
Shin Hye no podía culparlo por sospechar,
pero deseaba que Yong Hwa confiara más en ella.
—En mi casa podremos estar tranquilos
—dijo—Necesito hablar contigo, Yong Hwa. Por favor. Al menos, salgamos de
este... circo.
Yong Hwa asintió.
—En eso estoy de acuerdo contigo.
Shin Hye se hizo cargo de todo. Envió al
fotógrafo a llamar a la limusina que la había llevado al aeropuerto y pidió al
chófer que metiera el equipaje de Yong Hwa en el maletero del coche.
Hundiéndose en el asiento trasero con
ella, Yong Hwa parecía un poco aturdido mientras salían del aeropuerto.
—Veo que cada vez eres más importante
—murmuró irónicamente.
—La limusina forma parte del contrato
—explicó Shin Hye—Por eso he ido a buscarte con este estúpido vestido. Pensaba
ir a recibirte de todas formas, pero la gente de Enprani quería...
—Publicidad —Yong Hwa se encogió de
hombros—Está bien.
—¿No te importa?
Él movió la cabeza.
—No, si a ti no te importa —apoyó la espalda
en el respaldo y cerró los ojos.
Shin Hye pensó que estaba dormido.
Cuando llegaron al departamento, el
conductor les ayudó a llevar el equipaje y se despidió.
—Considérate en tu casa —dijo Shin Hye—Yo
voy a cambiarme de ropa y después prepararé café y algo de comer.
—No quiero nada —musitó Yong Hwa, mirando
con anhelo la cama en la que había pasado tantas noches—Una ducha caliente me
sentaría bien.
—Por supuesto. Ya sabes dónde están las
toallas.
Shin Hye fue a su habitación, se quitó el vestido,
lo tiró sobre la cama y se puso una camiseta y unos vaqueros.
Al notar que no sonaba el agua de la ducha
echó una furtiva mirada a la habitación de invitados. Yong Hwa estaba tumbado
sobre la cama y dormía profundamente.
Apenas se movió cuando Shin Hye le quitó
las botas. Después lo tapó con una manta y Yong Hwa se dio la vuelta.
Sonriendo, Shin Hye fue al salón para llamar por teléfono a Chae Won y contarle
todo.
Bastantes horas más tarde, Yong Hwa entró
en el cuarto de baño. Ya había oscurecido. Shin Hye oyó la ducha y cerró el
libro que había estado leyendo en el sofá. Suponiendo que Yong Hwa tendría
hambre, fue a la cocina, hizo café y preparó un generoso plato de sándwiches de
jamón.
Poco después, Yong Hwa entró en el salón.
Estaba recién afeitado y tenía el pelo húmedo.
—¿Has lavado mis cosas? —preguntó.
Shin Hye había lavado y secado toda su
ropa mientras el dormía, y la había colocado sobre la silla que había junto a
la cama.
—Espero que no te importe.
—¿Importarme? —Yong Hwa negó con la
cabeza—Te lo agradezco.
Shin Hye sonrió y le señaló la mesa, ya
preparada con los sándwiches, la cafetera y dos tazas.
Yong Hwa comió y bebió en silencio. Luego
se apoyó en el respaldo de la silla y dijo:
—¿Cómo sabías exactamente lo que
necesitaba?
—Es lo que a mí me gusta tomar después de
un largo viaje en avión.
—Te amo —dijo Yong Hwa.
Shin Hye contuvo el aliento.
—¿Qué has dicho? —debía haber oído mal.
—Te amo —repitió él, como si estuviera diciendo,
«pásame la sal» o «qué buen día hace».
—¿Cu...cuándo has llegado a esa
conclusión? —balbuceó Shin Hye.
Yong Hwa le ofreció una pequeña sonrisa.
—Siempre lo he sabido. Pero no podía
decírtelo. No, hasta que hubiera escalado esa maldita montaña.
Indignada, Shin Hye casi gritó:
—¿Por qué no podías decírmelo?
Yong Hwa se encogió de hombros. Parecía
extrañamente avergonzado y ella tuvo que responderse a sí misma.
—Creíste que intentaría detenerte —dijo—No
querías darme ar... argumentos para hacerlo —se interrumpió, luchando contra la
rabia que sentía, que probablemente era injusta—Tenías razón. Lo habría
intentado... porque no lo entendía.
—Tenía miedo de correr ese riesgo.
—Ahora lo entiendo —dijo Shin Hye, indecisa—Creo.
Yong Hwa le dirigió una silenciosa mirada.
—Al menos, lo bastante como para
prometerte que nunca intentaré detenerte —añadió ella.
—¿No lo harías? —la sonrisa de Yong Hwa se
ensanchó, pero había algo extraño en todo aquello.
—Todo lo que quiero es hacerte feliz —dijo
Shin Hye—Y si eso significa que pases la mitad de tu vida en las montañas, que
así sea.
—¿Y no te volverás loca de preocupación?
—Sobreviviré —dijo Shin Hye, valerosa—Si
tú lo haces.
Yong Hwa se levantó, se acercó a ella y,
tomándola de las manos, le hizo ponerse en pie.
—¿Quieres casarte conmigo, chica Enprani?
Shin Hye volvió a contener el aliento.
—Sí —murmuró, aceptando la espera, el
temor, y la posibilidad real de un dolor que no podía imaginar, y que apenas
había entrevisto durante las últimas semanas.
—¿Querrás tener hijos?
Hubo un instante de duda mientras Shin Hye
recordaba la brillante mirada de las dos hijas de Young Ho cuando le enseñaron
orgullosas el álbum de fotos de su padre.
—Sí.
—Entonces ya no necesito escalar más
montañas.
Shin Hye abrió los ojos de par en par.
—¡Ni hablar, no puedes dejarlo! ¡No dejaré
que lo hagas, no por mí!
Yong Hwa miró las manos que aún sostenía
entre las suyas.
—¿Y si fuera por mí? —preguntó en voz
baja.
—Pero... escalar... es... es tu vida.
Nunca has querido hacer otra cosa.
—Te equivocas. Primero quise ser campeón
de esquí. Luego quise ser científico. Eso es lo que soy, un científico con un
gran interés en las montañas. Young Ho era el único que tenía un sentimiento
místico por las montañas. Juntos formábamos un buen equipo.
—Pero...
—Él nunca habría podido dejar de escalar.
Formaba parte de su ser. Chae Won lo sabía, y yo también. Compartí muchos
momentos inolvidables con él, momentos que conservaré durante el resto de mi
vida, pero ahora ya no está, y nada volverá a ser igual.
La esperanza latió con fuerza en el
corazón de Shin Hye.
—Siempre has escalado. ¿Qué harás si lo
dejas?
—He hecho lo que Young Ho me pidió. Y lo
que tenía que hacer para mi propia autoestima.
—¿Autoestima?
Yong Hwa estrechó las manos de Shin Hye
con fuerza.
—Hay algo... necesito decirte... algo que
no le he dicho a nadie —se interrumpió un momento para tomar aire—Te dije que
me habías ayudado más de lo que creías cuando escalamos juntos en Gangwon-do,
pero no comprendiste lo que quise decir.
—No entendía cómo...
—Después de la muerte de Young Ho sufrí...
una especie de crisis de confianza. Teníamos absoluta confianza el uno en el
otro, pero él era un auténtico genio en la montaña. Corría riesgos que habrían
sido desastrosos para la mayoría de la gente, y los superaba. Amaba las
montañas y parecía que ellas lo amaban a él. Él las comprendía muy bien, por
pura intuición. Supongo que casi llegué a creer... y creo que él también...
que, de alguna forma, era inmortal.
—Nadie es inmortal.
—No —Yong Hwa volvió a mirar sus manos,
aún unidas—Aprendí muy bien esa lección cuando Young Ho murió. Si él no pudo
sobrevivir, sentí que... que yo tampoco podría. No era sólo que la magia se
hubiera ido. Toda mi habilidad y experiencia parecían no tener ninguna
relevancia. Por primera vez, sentí verdadero miedo.
Shin Hye abrió la boca, atónita. Recordó
la intensa palidez de Yong Hwa cuando la llevó a escalar. Aunque estaba en mejor
forma que ella, lo vio sudoroso. En aquel momento no le dio importancia. En
ningún instante cruzó por su mente la posibilidad de que su estado físico fuera
un síntoma del miedo.
—Estaba tan asustado que tuve que
obligarme a mí mismo a empezar de nuevo, primero esquiando, después corriendo
campo a través y finalmente escalando —miró a Shin Hye con gesto preocupado—No
debí llevarte conmigo ese día. Fue una irresponsabilidad por mi parte. Si me
hubiera desmoronado entonces... te habría dejado en la estacada.
Shin Hye sabía que Yong Hwa nunca habría
hecho eso.
—¿Pero te sirvió de algo?
—Oh, sí. Tuve que pensar en ti, no en mí.
Y tú confiaste en mí, de manera que me vi obligado a dar la talla. Y lo
conseguí. La vez siguiente intenté algo más duro y supe que desde el punto de
vista de la técnica no había problemas. Pero, en el fondo, también sabía que
era un cobarde, no él héroe que tú decías ver. Ni mucho menos.
—Yong Hwa —Shin Hye alzó la mano y le
acarició una mejilla—¿Volviste al Himalaya para demostrar que no eras un
cobarde?
—Fui con la convicción de que iba a morir.
De que no volvería vivo.
Shin Hye se llevó una mano a la boca.
—Y sin embargo...
—Sentía que no podía enfrentarme a ti...
ni a mí mismo... sabiendo que había perdido el valor...
—¡No eres ningún cobarde!
Yong Hwa hizo una mueca de desagrado.
—¿No? ¿Por qué crees que la última noche
hice lo que había jurado no hacer?
—Me hiciste el amor.
—Nunca me he sentido más avergonzado en mi
vida.
—¿Avergonzado? —exclamó Shin Hye,
indignada.
—Me había repetido una y otra vez que no
tenía derecho a hacerte el amor para luego dejarte. Había visto lo que les
sucedía a las mujeres de mis amigos. A Chae Won. Ella es fuerte y se mantiene
firme por las niñas y por los padres de Young Ho. Sólo una vez vi lo que de
verdad sentía —Yong Hwa respiró profundamente y su mirada se oscureció— Nunca
había visto tanto dolor —su voz tembló—Tras oírla no quise que ninguna mujer
pasara por aquello por mí. Sobre todo tú. Sabía que estaba perdidamente
enamorado de ti... Sucedió tan rápido que no pude erigir mis defensas.
—Pues disimulaste muy bien. De hecho, me
convenciste.
—Hice todo lo posible. Sentía que tú
también te estabas enamorando de mí. Pero pensé que mientras no dejara que las
cosas fueran demasiado lejos, tú estarías bien. Pasara lo que pasara, lo
superarías. Pero metí la pata... dos veces.
—Ahora comprendo por qué te molestó tanto
que te llamara héroe.
—¿Molestarme? —Yong Hwa negó con la
cabeza—. Me sentí culpable y terriblemente avergonzado. Oírte me hizo recordar
que no tenía derecho a entrar en tu vida...
—¡Nunca he oído tantas tonterías en mi
vida! —dijo Shin Hye—. ¡En mi opinión, tener miedo de escalar la cima que mató
a tu amigo demuestra simple sentido común! Los hombres son tan... tan...
—¿Masculinos?
—Estúpidos es la palabra en la que estaba
pensando.
—¿En serio? —los ojos de Yong Hwa
brillaron. Luego rió como si se hubiera liberado de un gran peso.
—¿Hablas en serio respecto a dejarlo?
—Totalmente. Si vas a casarte conmigo, no
quiero pasarme la mitad de la vida lejos de ti.
—¿Qué harás?
—Encontraré algo. De vez en cuando me
surgen ofertas para trabajar como científico.
Shin Hye lo rodeó con los brazos,
inmensamente aliviada.
—Me alegra tanto que no murieras en esa
montaña...
—Tú me mantuviste vivo. No podía dejar de
pensar en la noche que pasamos juntos. Sabía que si lograba mi propósito,
podría dejarlo todo y volver contigo. Cuando te he visto en el aeropuerto no
podía creerlo. Estaba agotado y creí que estaba viendo visiones.
—Pero te has enfadado al creer que era un
montaje.
—Sólo momentáneamente —asintió Yong Hwa—Me
he llevado una pequeña decepción porque al principió pensé que sólo habías ido
porque deseabas verme.
—Y así era. Discutí con mi agente. Le
amenacé con romper el contrato si no me dejaba libre ese día. Entonces me dijo
que la empresa quería que acudiera a recibir a la expedición en el aeropuerto.
No pude hacer nada.
—Aún no puedo creer que todo esto sea real
—dijo Yong Hwa—Tal vez sigo dormido en el avión. O en una cueva de hielo en la
montaña. O tal vez estoy soñando de nuevo. Soñé contigo a menudo.
—¿Esto te parece un sueño? —murmuró Shin
Hye, y lo besó.
—Es un sueño, pero no me despiertes.
—Si es un sueño —dijo Shin Hye,
sonriendo—, ¿por qué no estás en la cama?
—Buena pregunta —murmuró Yong Hwa, y la
tomó en brazos para llevarla al dormitorio—¿Cuál prefieres?
—No me importa —dijo Shin Hye, con ojos
brillantes de dulce anticipación—, mientras pueda compartir la cama con el
héroe de mis sueños.
—Ese soy yo —dijo Yong Hwa con ternura.
—Sí —susurró Shin Hye—Sí, lo eres. Siempre
fuiste tú.
FIN
kjwqebfkjsdkjwbf ... owwwww dios que hermoso final de los mejores que e leido sin duda .. me encanto todo fue tan lindo .. :o por eso era que yong seguia escalndo era por eso .. aaa ahora comprendo todo bien .. me da alegria saber que shin supero su trauma ... y que lindo seran muy felices de ahora en adelante mnbzxc <3 <3 <3
ResponderEliminarWaaaaaa!! Exijo 2 temporada ahaha talvez con hijitos ahahahah...me encanto que lindo, ahora entiendo todo,yonghwa siempre amo a shinhye .. Que lindo... Enserio ame el fic, que lindo que shin supero su trauma waaa termide de leerlo en toda una noche y grite como loca... Mi mama tuvo que venir corriendo a mi cuarto para preguntarme que me pasaba... waaa lo ame enserio, gracias por alegrarnos y hacernos gritar con sus historias, por favor, nunca dejen de escribir. .
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