lunes, 13 de julio de 2015

MIENTRAS DORMÍA - CAPITULO 9

Shin Hye trató de sonreír, pero sus labios temblaban.
—Lo has disimulado muy bien —dijo—A veces pensaba que me odiabas.
—¿Odiarte? —Yong Hwa negó con la cabeza—Yo... —se interrumpió y apartó la mirada.
Shin Hye sintió una profunda decepción. Por un instante, había creído que Yong Hwa iba a decirle que la amaba.
Cuando el camarero se llevó los platos, Shin Hye alargó una mano y la colocó sobre la de Yong Hwa.
—Tus manos ya están bien —susurró.
Yong Hwa volvió su mano y tomó la de ella, estrechándola cálidamente.
—¿Qué quieres decir? —preguntó, mirándola a los ojos.
—Quiero decir que ya nada te impide tocarme—Shin Hye sonrió con suavidad, pensando que no podía ser más explícita.
No estaba preparada para la llamarada que pareció surgir de los negros ojos de Yong Hwa.
—¡Cielos, Shin Hye! —dijo—¡No digas eso!
Ella dejó de sonreír. ¿Estaría haciendo el ridículo?
—¿De qué tienes miedo? —preguntó. Porque Yong Hwa acababa de admitir que la deseaba, que ella no se había equivocado respecto a eso.
—¿Miedo? —Yong Hwa se puso rígido y soltó la mano de Shin Hye.
—Esto no es una trampa. Sólo quería...
—¿Una aventura de una noche? —dijo él con aspereza—¿Con eso te quedarías satisfecha, Shin Hye?
Shin Hye se apartó de él, sintiendo que los músculos de su rostro se endurecían de dolor. Se había ofrecido abiertamente a él para nada. Sólo había logrado hacer el ridículo. Había tratado de no pensar más allá de esa noche, pero la brusca franqueza de Yong Hwa la obligó a analizar en profundidad sus motivos.
Por supuesto que una noche no le bastaría. Ese tipo de relaciones iban en contra de sus principios. En el fondo, había esperado que cuando Yong Hwa y ella compartieran la mayor intimidad a la que pueden llegar dos personas, él sería suyo para siempre. Que no sería capaz de dejarla.
—Deberías haber seguido con Jong Suk —dijo Yong Hwa, desolado—Yo no puedo ofrecerte lo que él te ofrecía. Matrimonio. Toda una vida de seguridad.
—Yo no te he pedido eso, ¿no? —dijo Shin Hye con suavidad—¿Qué tratas de hacer, Yong Hwa? ¿Salvarme de mí misma? Eso no me gusta. Sé exactamente lo que quiero y estoy dispuesta a aceptar las consecuencias que puedan derivarse de mis actos. Así que no tomes decisiones por mí, ¿de acuerdo? Tú haz lo que quieras, por supuesto —añadió, encogiéndose de hombros y tratando de mostrarse totalmente despreocupada—Eso es cosa tuya.
Vio que las mejillas de Yong Hwa se teñían de rubor a la vez que entrecerraba los ojos.
—Sabes lo que quiero hacer —dijo finalmente, con voz profunda—He deseado hacerte el amor desde que te vi en aquella cena. Cuando te miraba, apenas podía recordar lo que tenía que decir durante mi discurso. En cuanto me di cuenta de que habías desaparecido sin hablar conmigo, salí corriendo para tratar de impedir que te fueras... y tú me presentaste a tu prometido.
Shin Hye permaneció muda, mirándolo, hipnotizada por la oscura pasión que destilaba su voz.
—El día que nos encontramos en Gangwon pensé que era el destino —continuó Yong Hwa—O que me habías seguido. Esperaba que así fuera. Pero entonces vi que aún llevabas tu anillo de compromiso.
Shin Hye bajó la mirada.
—Ya no lo llevo.
—No —Yong Hwa volvió a tomarla de la mano, y, como si hablara para sí mismo, dijo—: Espero que no te arrepientas de esto.
Les sirvieron el plato principal, pero Shin Hye apenas pudo probarlo. Terminaron el vino y Yong Hwa pidió otra botella. Sus ojos brillaban cuando brindaron en silencio. Se saltaron el postre de mutuo acuerdo, pasando directamente al café.
Yong Hwa no soltó la mano de Shin Hye durante todo el trayecto de vuelta a casa, y, en cuanto entraron en el apartamento, la estrechó entre sus brazos y empezó a besarla.
Shin Hye le rodeó el cuello con los brazos y le devolvió el beso, entreabriendo los labios, invitándolo a invadir su boca, curvando su cuerpo contra la de èl.
Lo condujo en la oscuridad hasta su dormitorio y, tras quitarle la corbata, empezó a desabrocharle los botones de la camisa. Entonces, Yong Hwa tomó el rostro de Shin Hye entre ambas manos y volvió a besarla.
Cuando sus labios se apartaron un momento, ella murmuró:
—El tobillo debe dolerte. Deberías acostarte.
—Los dos deberíamos acostarnos —dijo Yong Hwa, arrastrando consigo a Shin Hye a la cama.
Ella se apartó de sus brazos y se arrodilló ante él para quitarle los zapatos. Alzó su tobillo lesionado y la masajeó con suavidad.
—¿Mejor? —preguntó.
—Infinitamente. ¿Cómo es que no te dieron trabajo en el departamento de fisioterapia del hospital?
El se inclinó hacia delante, la tomó por la muñeca y tiró de ella hasta tumbarla a su lado. Mientras con una mano le sostenía la cabeza para besarla, con la otra bajó la cremallera trasera del vestido de Shin Hye.
Se desvistieron mutuamente entre besos y caricias y se metieron bajo las sábanas.
—Sabía que sería así —susurró Yong Hwa—Como en mis sueños. Todos esos sueños que tuve mientras estaba tumbado en la nieve, antes de que vinieran a recogerme, y más tarde, en el hospital.
—¿Soñaste conmigo mientras estabas inconsciente?
—No soñé en otra cosa. Y no he dejado de hacerlo desde entonces. En sostenerte entre mis brazos como ahora, en besarte así...
—Acaríciame —susurró Shin Hye—Acaríciame como has soñado que lo hacías... como yo he soñado que lo hicieras. Quiero sentir de nuevo tus manos en mi piel...
—¿De nuevo?
Entre brumas, Shin Hye notó que las sensuales manos de Yong Hwa se detenían.
—Por favor. Como siempre lo haces. Por favor. Hace tanto tiempo. Esta vez...
—¡Shin Hye! —Yong Hwa se apartó de ella con brusquedad y encendió la lámpara de la mesilla de noche. Luego la tomó por los hombros, furioso, como si quisiera zarandearla—. ¡No soy Jong Suk!
Shin Hye lo miró, aturdida.
—Sé que no lo eres.
Yong Hwa entrecerró los ojos amenazadoramente y ella se estremeció.
—¿Quién es ese maravilloso amante al que tanto echas de menos?
Recordando lo que había dicho en el calor de la pasión, Shin Hye se ruborizó.
—Tú.
Yong Hwa pareció enfurecerse aún más.
—Nunca hemos hecho el amor antes, y lo sabes.
Shin Hye se puso de rodillas sobre el colchón y apoyó ambas manos en los hombros de Yong Hwa.
—Sí lo hemos hecho —dijo con suavidad—A menudo, en mis sueños. Desde que tengo dieciséis años.
Por un instante, la expresión de Yong Hwa se suavizó, pero volvió a fruncir el ceño al oír las últimas palabras.
—¿Qué?
—Puede que para ti no significara nada, pero yo nunca te olvidé. No pude. Siempre has estado en mis sueños. A veces me daban miedo, como cuando soñaba que me sacabas del agua y me tumbabas en tu tabla de surf. No me daba cuenta de lo que estaba pasando. Me había quedado semi inconsciente y lo siguiente que supe fue que alguien apoyaba su boca en la mía, pero no comprendí lo que me estaba haciendo, y cuando empecé a respirar de nuevo y a luchar, él pareció querer sujetarme a la fuerza... Más tarde comprendí que no tenías tiempo para ser amable. Parecías tan enfadado... y no recordé tus palabras hasta después. Me decías una y otra vez que no iba a morir —Shin Hye sonrió y miró a Yong Hwa a los ojos— Después trataste de darme ánimos con tus palabras. Repetías que todo iba bien, que pronto llegaríamos a la playa, yo estaba temblando y me aferraba a ti, negándome a soltarte.
—Estabas aterrorizada —la mirada de Yong Hwa se oscureció.
—Histérica —admitió Shin Hye, avergonzada—Y entonces... —recordó Shin Hye—... entonces me besaste.
La breve presión de los labios de Yong Hwa en los suyos despertó en ella una cálida dulzura que recorrió su aterido cuerpo y la sacó de su terror.
—Nadie me había besado nunca así.
—¿Cómo? —dijo Yong Hwa y enseguida añadió—: ¡No pretendía ser un beso sensual! Fue algo que hice instintivamente, para tranquilizarte y que dejaras de temblar. ¡Lo último que tenía en mente era seducirte!
—Lo sé. Tenías que calmarme. Estaba poniendo nuestras vidas en peligro, aferrándome a ti de manera que no podías nadar ni maniobrar con la tabla. Podríamos habernos ahogado si no hubieras hecho algo drástico.
—Tal vez habría sido mejor abofetearte —murmuró Yong Hwa—Si hubiera podido soltar una mano.
—El beso funcionó —le recordó Shin Hye—Logró sacarme de mi histeria. Entonces dijiste, «confía en mí». Y yo lo hice.
—¿No te dijo nunca tu madre que no confiaras en ningún hombre que te dijera eso? —preguntó Yong Hwa con ironía.
Shin Hye rió.
—Menos mal que no le hice caso. De lo contrario, habría muerto ese día.
—Shin Hye...
—Así que ahora ya lo sabes —dijo ella—. Has sido el amante de mis sueños durante años. El hombre por el que medía a los demás. El hombre que venía a mí durante la noche y me hacía el amor. Nunca del todo. Siempre me despertaba antes... antes del final... pero tú me besabas y me acariciabas y me hacías anhelar más. Y según fui creciendo, los sueños se hicieron más y más explícitos. Pero no lo suficiente. Siempre despertaba... decepcionada —alzó una mano y acarició la mejilla  de Yong Hwa—Pero esta noche, por fin, mis sueños se están haciendo realidad. El hombre de mis sueños tiene un rostro ahora.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Yong Hwa cauteloso.
—Nunca supe el aspecto que tenía hasta que te encontré de nuevo. La noche de la cena pude ver por primera vez su rostro... tu rostro. Ahora sé quién eres —al ver la aturdida expresión de Yong Hwa, Shin Hye sonrió con ternura—Sé que odias que te llamen héroe, pero lo eres. Mi fuerte y maravilloso héroe de ensueño.
Se inclinó hacia delante para besarlo, pero vio con estupor que Yong Hwa se apartaba de su lado y salía de la cama.
—¡No! —exclamó, pálido—¿Por qué tienes que complicar tanto las cosas, Shin Hye? No soy un héroe. ¡No soy el maldito héroe de nadie! —se agachó para recoger desordenadamente su ropa.
—¿Qué haces?, Yong Hwa.
Él negó con la cabeza.
—No quieres un hombre real, quieres un sueño, un caballero de brillante armadura —su mirada era una acerada acusación.
—Te necesito —dijo, temblorosa, Shin Hye—Sé que eres real.
—No, no lo sabes. No sabes cuál es la realidad. Has vivido en un mundo de sueños adolescentes. No puedo dar la talla de la imagen que has creado para mí, Shin Hye. No soy el hombre con el que has soñado.
Sin añadir nada más, Yong Hwa salió y cerró la puerta a sus espaldas. Shin Hye se hundió bajo las sábanas, sintiendo que su cuerpo se enfriaba más y más, hasta que empezó a temblar.
Tardó mucho en dormirse, y cuando despertó a la mañana siguiente oyó a Yong Hwa moviéndose por la casa. Enterró el rostro en la almohada, deseando apasionadamente no tener que enfrentarse a él.
El conductor del taxi llevó el equipaje de Yong Hwa al coche. Shin Hye sabía que a éste no le habría gustado nada que ella se ofreciera a hacerlo, de manera que le había pedido al taxista que se encargara de ello, explicándole que su pasajero había tenido un accidente.
Antes de salir, Yong Hwa se detuvo en el vestíbulo y miró a Shin Hye, que estaba junto a la puerta.
—Gracias por todo —dijo formalmente—Has sido muy generosa en todos los aspectos. No le diré a nadie, excepto a Chae Won, que no estábamos comprometidos.
—Gracias —en realidad, ya no importaba, pensó Shin Hye. Dudó un instante. Pero tal vez aquella fuera su última oportunidad. Dio un paso adelante, deslizó los brazos en torno al cuello de Yong Hwa y lo besó.  
Sintió que se ponía rígido, que su boca no reaccionaba. Movió los labios sobre los suyos, deseando que respondiera, y cuando lo hizo, fue devastador. La empujó hacia atrás, atrapándola con su duro cuerpo contra la pared. El beso se alargó y se hizo más y más intenso y profundo, hasta que Shin Hye sintió que se mareaba.
De pronto escucharon los pasos del taxista,  gradualmente y sin prisa, la boca de Yong Hwa abandonó la de Shin Hye.
—Enseguida voy —dijo, sin apartar la mirada del rostro de Shin Hye.
Permaneció inmóvil un instante. Luego se volvió y, sin decir nada, se fue.
Shin Hye lo observó hasta que entró en el taxi que iba a llevarlo al aeropuerto. Él no volvió la cabeza ni una vez.
***
Tal vez fue porque no le importó que la eligieran para ser la chica Enprani. Si le hubieran pedido que adoptara una personalidad alegre y animada, le habría resultado imposible hacerlo, pero no le costó ningún esfuerzo adoptar el aire requerido de fuego oculto bajo un frío exterior. Así era como se sentía, como si una capa de hielo hubiera descendido sobre un latente fuego de necesidad y pasión mezclado con dolida furia.
—Has caído de pie —dijo Juno, entusiasmado—Eres muy afortunada.
Shin Hye no se sentía afortunada; se sentía como si un fuego la fuera consumiendo desde su interior.
Llegó una carta para Yong Hwa con el remite del editor. Shin Hye llamó a Chae Won.
La ligera y agradable voz de Chae Won llegó del otro lado de la línea.
—Me alegro de oírte, Shin Hye. ¿Cómo estás?
—Estoy bien —mintió Shin Hye—¿Qué tal le va a Yong Hwa?
—Bueno... camina mucho para ejercitar su tobillo y acude regularmente a un gimnasio. Parece estar haciendo todo lo posible para quedarse agotado.
Chae Won parecía preocupada. Shin Hye se mordió el labio inferior.
—Supongo que quiere volver a escalar —dijo, sin poder ocultar cierto tono de amargura en su voz.
—Me gustaría que trataras de hablar con él para hacerle entrar en razón.
—Si no te hace caso a ti, menos me lo hará a mí — dijo Shin Hye.
Chae Won bajó la voz.
—¿Qué sucedió entre ustedes? Yong Hwa dice que todo fue un error, que la prensa lo tergiversó todo.  
—Sí. Siento que te llevaras una impresión equivocada, pero nunca fuimos más que amigos.
—Oh —Chae Won no parecía muy convencida—Hiciste un buen trabajo ayudándolo a superar esta situación. Me alegra que pudiera contar contigo.
Al fondo se oyó la voz de una niña y Chae Won contestó, cubriendo el auricular con la mano.
—Te paso a  Yong Hwa —dijo—Hasta pronto, Shin Hye. Cuídate.
—¿Shin Hye? —Yong Hwa parecía tan cercano y vital...
Shin Hye respiró profundamente antes de contestar.
—Hola, Yong Hwa. Ha llegado una carta del editor. ¿Quieres que te la envíe?
—Ábrela —dijo él.
Shin Hye la leyó en alto. El editor estaba interesado en la historia y le había gustado mucho lo que había leído. Si Yong Hwa estaba de acuerdo, le interesaría reunirse con él para discutir algunos detalles y hablar sobre el contrato.
—Le llamaré y le sugeriré que hable contigo —dijo Yong Hwa—A fin de cuentas, tú eres la escritora. Si es que sigues interesada en el proyecto, por supuesto.
—Sigo interesada —dijo Shin Hye con firmeza—Pero tendré que consultar contigo varias cosas —aunque sólo lo haría cuando fuera estrictamente necesario. No pensaba mendigar las migajas.
Colgó el teléfono con una desagradable sensación de vacío. De manera que Yong Hwa se las estaba arreglando perfectamente sin ella. Y se estaba poniendo en forma para volver cuanto antes con su primer y único amor: las montañas.
Debería alegrarse por él. Pero la realidad era que sentía una oscura rabia que reprimía en su interior la mayor parte del tiempo.
Las sesiones de fotos y el rodaje de los anuncios de Enprani la mantuvieron ocupada durante varias semanas. Shin Hye se alegró de estar constantemente atenta a las instrucciones del director y el fotógrafo. Así no podía pensar.
Llevaba a todas partes su ordenador portátil, y en cuanto tenía un momento de descanso se ponía a trabajar en el libro. Mientras lo hacía, sentía que cada vez iba conociendo mejor a Yong Hwa.
Cuando tenía suerte dormía bien y sin soñar. Pero había mañanas que despertaba con el recuerdo de unos ojos  de intensa mirada y una sensación de pasión frustrada que la dejaban inquieta para el resto del día.
La campaña de Enprani se lanzó simultáneamente en Japon y Corea. La compañía utilizó para el fondo la imagen del Gangwon-do, un volcán cubierto de nieve. Shin Hye se acostumbró a ver su propio rostro en la televisión.
En el anuncio, con el volcán de fondo, miraba misteriosamente a la cámara, llevaba un frasco con crema a su mejilla y luego lo bajaba para abrirlo lentamente, liberando de él un etéreo vapor que rodeaba su rostro y cuando tocaba su cabello este brillaba como el cristal. Ella cerraba los ojos, simulando sentirse extasiada. Luego los abría lentamente y mirando de frente a la cámara, susurraba: «Enprani».
Lo cierto era que en ningún momento se había acercado a la nieve. Su papel se había filmado en un estudio y luego habían añadido lo demás. El anuncio había tenido mucho éxito y la compañía estaba muy satisfecha con los resultados comerciales.
Shin Hye notó que la gente se volvía a mirarla en la calle. Jong Suk le mandó unas flores con una tarjeta de felicitación y después la llamó.
Shin Hye le agradeció el detalle, sintiendo un melancólico dolor en parte de su corazón por lo que una vez compartieron, por los planes que hicieron juntos, por lo que ambos habían perdido.
Pero habría sido cruel darle falsas esperanzas. Jong Suk sugirió que se vieran y ella declinó su sugerencia con todo el tacto posible. Deseaba lo mejor para Jong Suk y lamentaba haberle hecho daño, pero si no podía tener a Yong Hwa, no quería otro hombre en su vida.
Había enviado más material al editor y después de hablar con éste llamó a Yong Hwa.
—Le gusta mucho lo que ha leído —dijo.
—Estupendo.
—Pero no quiere simplemente una historia más de una expedición fracasada. Le he dicho... que hay más. Que el libro trata de una amistad forjada en las montañas y que terminó en ellas.
Tras unos momentos de tenso silencio, Yong Hwa dijo:
—Sé lo que quieres.
—Si no te sientes capaz de hacerlo, o si te parece que no es correcto, trataré de terminar el libro sin entrar en esos detalles. Pero... sé que el libro mejoraría.
—Hablaré con Chae Won.
***
Shin Hye fue invitada a tomar parte en un programa de televisión de doce horas organizado para conseguir fondos para el hospital infantil que se iba a reconstruir en Nepal, luego que el terremoto había afectado gran parte de ella.
—Los publicistas de Enprani piensan que sería buena propaganda —le dijo su agente—Los organizadores del programa quieren que te quedes al menos seis horas ayudando al presentador, pero muchos invitados sólo aparecerán unos minutos.  
Con su vestido de Enprani, Shin Hye fue la atracción principal del programa. Tuvo que repetir dos veces ante las cámaras el ahora famoso susurro «Enprani» para algunos espectadores dispuestos a donar fuertes sumas de dinero por el privilegio de verle hacerlo al vivo.
Hacia el final del programa fue a su camerino a refrescarse un poco y volvió al estudio a tiempo para oír al presentador diciendo:
—Gracias a su esfuerzo la bandera Coreana flamea en lo más alto del Himalaya, siendo uno de los primeros compatriotas en alcanzar la cumbre, además que luego de lo ocurrido  con el desastroso terremoto, contribuyo en reconstruir el hospital central al que se planea añadir la nueva sección para niños, ¿no es cierto?
El hombre que estaba a su lado contestó:
—Con respecto al Hospital, hubo varias empresas  implicados en el proyecto, pero la mayor parte del trabajo lo hicieron los habitantes de ese país.

Shin Hye avanzó hacia las cámaras y, con un extraño sentimiento de inevitabilidad, ocupó el asiento vacío junto al nuevo invitado. Debería haber estado preparada para aquello. Era lógico que los organizadores se hubieran puesto en contacto con personas relacionadas con el País afectado por el gran terremoto. Personas como Yong Hwa. 



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2 comentarios:

  1. wow todo eso paso en un solo cap .... :p yong porque la rechazaste ? .. no se han visto en tanto tiempo y ahora se veran por primera vez despues de que quedaran .. asi como no se ... que pasara que aaaaa.... sigueeee ya deseo leer el siguiente cap .... me encanto

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  2. Wuaaaaauuu,como puedes escribir historias tan emocionantes y buenas unnie, me encanta cada vez que leo me encanta más, y que tonto de yong en rechazar a shinhye pero creo que ella esta obsesionada por el, pero creo que si esta enamorada y él ni que decir la ama pero creo que también tiene miedo en lastimarla, moriré esperando el siguiente cap.

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