La llegada de Shin Hye al plató fue
recibida con aplausos.
El presentador dijo:
—Es un placer tenerte con nosotros, Yong
Hwa. Shin Hye y tú ya se conocían, por supuesto.
Sólo entonces se volvió Yong Hwa hacia
ella. Parecía más relajado de lo que ella se sentía, pero Shin Hye no pudo leer
su expresión. Yong Hwa se inclinó en una reverencia.
—Y la chica Enprani está de vuelta con
nosotros —continuó el presentador animadamente— junto con el famoso escalador
Yong Hwa. Tu última expedición fue una
terrible tragedia, Yong Hwa, pero nos alegra que estés entre nosotros. Shin Hye
ha estado en el programa desde el principio y los donativos para los habitantes
de Nepal han aumentado sustanciosamente gracias a su presencia. No es de extrañar,
¿verdad? —el presentador guiñó un ojo a Yong Hwa—¿Quién no se sentiría
conquistado por una belleza como la suya?
Las miradas de Shin Hye y Yong Hwa se
cruzaron y ella le dedicó una irónica sonrisa. Él no se había dejado
conquistar, pensó Shin Hye.
Sin apartar la mirada de ella, Yong Hwa
dijo:
—Shin Hye es muy buena en todo lo
relacionado con la caridad.
—¿En serio? —los ojos del presentador
brillaron tras los cristales de sus gafas— Desde luego, aquí está haciendo un
gran trabajo. Sigan con sus donativos, amigos. Piensen en todos los niños
nepalíes que se beneficiarán de su generosidad.
Alguien colocó un montón de peticiones de
los televidentes ante Shin Hye y ella las leyó. Un hombre prometía un donativo
de diez mil Won si la chica Enprani le lanzaba un beso desde la cámara.
—Estoy seguro de que le has alegrado el
día —dijo el presentador cuando Shin Hye lo hizo—¡Y aquí tenemos otra petición
de un grupo de amigas que quieren donar quince mil won! Al parecer, han
decidido que Yong Hwa es un hombre muy sexy y quieren que la chica Enprani le
dé un beso de su parte. ¿Qué te parece, Shin Hye? Creo que Yong Hwa no tendrá
nada que objetar.
Shin Hye sintió que la sonrisa se le
helaba en el rostro.
La audiencia aplaudía alegremente. Yong
Hwa se volvió lentamente hacia ella.
—Soy todo tuyo —murmuró.
«Ojalá fuera así», pensó Shin Hye mientras
se inclinaba hacia él. Sus bocas se unieron y, al sentir la cálida forma de los
labios de Yong Hwa sobre los suyos, Shin Hye se ruborizo y se aparto de él. Luego los
aplausos y los gritos de ánimo no se dejaron de escuchar.
—Vaya —dijo el presentador, riendo— No hay
duda de que esto ha generado bastante calor en el estudio. Espero que las
chicas hayan disfrutado tanto con el beso como parece que lo han hecho nuestros
invitados.
Poco después, Yong Hwa fue sustituido por
un famoso jugador de rugby. Shin Hye debería haberse sentido aliviada, pero a
partir de ese momento todo le pareció aburrido.
Cuando finalizó el programa no tuvo más
remedio que quedarse un rato para asistir a un brindis de despedida que había organizado la cadena de
televisión.
Mientras hablaba con el presentador vio a
Yong Hwa en una de las entradas del estudio. Mientras lo observaba, dio la
vuelta y desapareció.
—Disculpa —dijo Shin Hye, apartándose del
presentador.
Tras recoger la bolsa con la ropa que
había llevado para el programa y su bolso, caminó decididamente hacia la
salida.
Al salir del edificio vio que un taxi se
alejaba cargado con un montón de gente. Hacía frío y el ligero vestido que
llevaba apenas la abrigaba.
La voz de Yong Hwa sonó en ese momento a
su lado.
—¿Piensas ir a casa así vestida?
Shin Hye se volvió.
—Es... esperaba tomar un taxi rápidamente.
Yong Hwa frunció el ceño.
—¿No tienes una chaqueta?
—Pensaba que no haría tanto frío —contestó
Shin Hye a la vez que se ponía a rebuscar en su bolsa—Se supone que el verano
está a punto de llegar.
Casi tiró la bolsa al sacar su ligera
chaqueta de lana. Yong Hwa alargó una mano, tomó la bolsa, la dejó en el suelo
y luego sostuvo la chaqueta para que Shin Hye se la pusiera.
—Gracias.
—Tengo el coche en esa esquina —dijo él
tras recoger la bolsa—Te llevo a casa.
—No hace falta que...
—Vamos —Yong Hwa la tomó por el brazo.
—Eres muy amable —dijo Shin Hye en cuanto
estuvo sentada junto a él en el coche.
—No digas tonterías. Sabes muy bien que no
me habría ofrecido a llevarte si no hubiera querido verte.
No parecía especialmente contento. Shin
Hye trató de contener los esperanzados latidos de su corazón.
—Pensaba ponerme en contacto contigo de
todas formas —añadió Yong Hwa.
—¿Para qué? —preguntó ella con cautela.
—Traje más para aportar al libro.
—¿En serio?
—Me pediste que lo hiciera, ¿no?
Shin Hye sintió la tentación de recordarle
que nunca se había caracterizado precisamente por hacer las cosas porque ella
se lo pidiera, pero se mordió la lengua.
Yong Hwa detuvo el coche frente a un
semáforo en rojo.
—Me alegra ver que puedes conducir —dijo
Shin Hye—Debes estar contento de haber recuperado la independencia.
Yong Hwa rió brevemente y ella creyó
captar un leve matiz de ironía en su risa.
—Te encuentras bien, ¿no? —preguntó.
—Sí. Los médicos me han dado permiso para
volver a escalar.
Shin Hye sintió que su corazón se encogía.
—Me... me alegro por ti.
—Gracias.
Shin Hye estaba segura de no haber
imaginado el sarcasmo en la voz de Yong Hwa.
—¿Entonces qué te pasa?
Yong Hwa volvió el rostro para mirarla,
pero ella no pudo ver su expresión en la penumbra.
—¿Qué más da? Mi vida es exactamente como
quería que fuera.
Por su tono de voz, Shin Hye dedujo que no
trataba de convencerla a ella, sino a sí mismo.
—¿Y tú? Supongo que este asunto de Enprani
te ha venido muy bien. Veo tus fotos por todas partes.
—Es un trabajo bien pagado.
Yong Hwa asintió.
—¿Has visto a Jong Suk últimamente?
—No. Creo que tiene otra novia.
—¿Te importa?
Shin Hye negó con la cabeza.
Poco después, Yong Hwa detuvo el coche
frente a la casa de Shin Hye. Permanecieron sentados un momento, en silencio.
Ella fue la primera en moverse.
—Es tarde. Gracias por traerme.
Yong Hwa se inclinó hacia el asiento del
pasajero y el corazón de Shin Hye latió de anticipación, pero él se limitó a
abrir la guantera para sacar un objeto de ella. Era un estuche, la grabación que
había mencionado.
—Toma —dijo.
Shin Hye la guardó en un bolsillo de su
chaqueta.
—Te llevo la bolsa —Yong Hwa abrió la
puerta del coche y salió.
Shin Hye buscó las llaves en su bolso y
después de abrir la puerta, se volvió. Yong Hwa estaba tras ella, a punto de
dejar la bolsa en el suelo. Chocaron suavemente y la bolsa cayó.
—Lo siento —susurró Shin Hye.
Yong Hwa tenía la mano apoyada en su brazo
y con el aliento le acariciaba la frente. Shin Hye aspiró su aroma y sintió una
oleada de nostalgia tan intensa que tembló.
—¿Shin Hye? —murmuró él, tomándola por el
otro brazo.
Incapaz de responder, Shin Hye apoyó la
cabeza en el hombro de Yong Hwa, sin otra intención que la de estar cerca de él
unos momentos antes de que se fuera.
—Shin Hye... —la voz de Yong Hwa sonaba
insegura.
Shin Hye oyó que gruñía y luego,
inesperadamente, sintió la dulce calidez de su boca acariciándole el cuello.
El contacto apenas duró un segundo.
—Por favor, Shin Hye... invítame a entrar.
Ella permaneció un momento con los ojos
cerrados, temiendo dejarle pasar, temiendo decirle que se fuera. Finalmente, lo
miró al rostro. Tuvo la extraña sensación de haber vivido ya esa situación, y
de pronto se sintió muy tranquila y segura de sí misma.
—Sí —dijo—Pasa.
En cuanto estuvieron dentro, como si no
pudiera esperar un segundo más, Yong Hwa la estrechó entre sus brazos y sus
labios se cerraron sobre los de ella a la vez que le quitaba la chaqueta de los
hombros, bajándosela por los brazos hasta aferrarla por las muñecas y
sostenerla así mientras sus bocas se exploraban.
Después, tomándola de la mano, caminó de
espaldas hasta el dormitorio.
—Se supone que esto no debería estar
pasando — murmuró mientras entraban, pero ella le hizo callar poniendo un dedo
sobre sus labios y sustituyéndolo luego con su boca.
—He soñado contigo —dijo Yong Hwa cuando
se apartaron—¿Pero qué hombre de este país no habrá soñado últimamente contigo?
Me has vuelto loco. Mirara donde mirara, veía tu rostro, en revistas,
periódicos, televisión... me has perseguido —sin previo aviso, tomó a Shin Hye
en sus brazos y la llevó a la cama.
La desnudó mientras le decía lo hermosa y
deseable que era y le describía cómo le hacía sentir en sus sueños cuando lo
acariciaba, cuando lo besaba en la boca, en los hombros, en las palmas de las
manos y en sitios mucho más íntimos.
Después, tras quitarse rápidamente la
ropa, se tumbó junto al cuerpo desnudo de Shin Hye y la acarició sabiamente de
pies a cabeza, observando con ojos brillantes su encendida respuesta. Cuando la
estrechó entre sus brazos, ella lo castigó con diminutos y sensuales besos en
los hombros y él rió mientras le mordisqueaba el lóbulo de la oreja en
venganza.
Después, tumbó a Shin Hye de espaldas,
extendió su pelo sobre las almohadas y acarició sus carnosos labios con el
pulgar, mirándola con pasión apenas contenida. La respiración de Shin Hye era
casi un jadeo. Deslizando una mano sobre el hombro de Yong Hwa, lo atrajo hacia
sí.
—¿Shin Hye?
Shin Hye abrió los ojos y miró el encendido
rostro que había sobre ella.
La expresión de Yong Hwa cambió, tensa y
plena de deseo.
—Sí —dijo con voz grave y ronca. Y ella
sintió como penetraba en su interior, ardiente, duro, poderoso.
Un gritito ahogado surgió de entre sus
labios antes de que la boca de Yong Hwa los poseyera como él poseía su cuerpo,
llevándola a una nueva dimensión del placer, arrastrándolo consigo en un
delicioso y abrasador torbellino.
Poco después Yong Hwa acariciaba con ternura el revuelto pelo de Shin Hye.
—Todo fue perfecto, gracias mi dama —Yong
Hwa se inclinó y la besó suavemente.
Ella deseó ser su dama. Y que él fuera su
caballero. Pero a pesar de todas las cosas románticas y apasionadas que Yong
Hwa le había dicho, no le había hecho ninguna promesa.
Shin Hye había aceptado lo sucedido de
forma consciente, sabiendo que él no quería ataduras emocionales ni
compromisos. Era inútil lamentarse. Tal vez llegara el día en que se
arrepintiera de lo que había hecho, pero en esos momentos le bastaba con
tenerlo entre sus brazos, en su cama.
—Eso... —dijo Yong Hwa con un toque de
inquietud—... no habrá sido gratitud, ¿no?
Shin Hye sonrió letárgicamente. De pronto
se sintió muy cansada.
—¿Te ha parecido gratitud? —era amor,
pensó. Pero ni siquiera en esos momentos Yong Hwa quería oírlo.
—Me ha parecido maravilloso —Yong Hwa se
volvió y por un instante, Shin Hye temió que fuera a vestirse y a irse. Pero se
limitó a apagar la luz—¿Te parece bien que me quede? —preguntó en tono casi
humilde.
—Por supuesto —contestó Shin Hye,
aliviada—Me parece muy bien.
—Ven aquí—Yong Hwa encontró a Shin Hye en
la oscuridad y la tomó entre sus brazos.
Cuando despertó a la mañana siguiente,
Shin Hye vio que Yong Hwa no estaba a su lado. Preocupada, salió de la cama y
se puso una bata.
Lo encontró en la cocina.
—He preparado café —dijo él—Iba a
llevártelo a la cama.
—Gracias —Shin Hye buscó con la mirada él
rostro de Yong Hwa y vio que su expresión era totalmente neutral—Creo que antes
me daré una ducha.
Se duchó rápidamente, luego se puso la
ropa interior y a continuación la bata antes de cepillarse el pelo, que se dejó
suelto. Su chaqueta seguía en el suelo del vestíbulo. La recogió y fue a la
cocina.
Yong Hwa estaba sentado a la mesa con una
taza frente a él y cuando Shin Hye apareció se levantó para servirle un café.
Ella se sentó frente a él y colgó la
chaqueta en el respaldo de la silla. Al hacerlo, se oyó un pequeño ruidito de
algo que golpeaba contra la madera. Buscó en el bolsillo y sacó el estuche que
Yong Hwa le había dado, colocándola entre ambos sobre la mesa.
—Escúchala cuando me haya ido —dijo Yong
Hwa.
Shin Hye alzó la mirada bruscamente,
sintiendo que la sangre abandonaba sus mejillas.
—¿Cuándo te hayas ido?
—Ayer me quedé para participar en el
programa de televisión, pero hoy tomo un avión para Busan. Tengo que pasar por mi
equipaje.
—Te vas... —murmuró Shin Hye. Yong Hwa no
sólo se iba de su casa, sino que también abandonaba el país. Debería haberlo
imaginado.
Él permaneció un momento en silencio.
Luego, dijo:
—Lo de anoche... —se interrumpió para
aclararse la garganta—No debió suceder. Siento... que todo haya ido de esta
manera, pero supongo que me oíste hablar de este viaje en el telemaratón.
Shin Hye negó con la cabeza.
—Sólo te oí hablar sobre el hospital en
Nepal.
Yong Hwa parecía extrañamente avergonzado,
incluso preocupado. Su voz también sonaba extraña.
—¿No escuchaste lo que dijimos antes?
—Estuve fuera del estudio unos quince
minutos —el corazón de Shin Hye latía aceleradamente en su pecho. Lo sabía, por
supuesto que lo sabía—Vas a volver a escalar.
—Sí. Hemos tratado de mantenerlo en
secreto hasta ahora, porque la cima que queremos escalar nunca ha sido
conquistada y no queremos que nadie se nos adelante. Pero ahora ya es del
dominio público y hablé bastante sobre ello durante el programa.
El corazón de Shin Hye se encogió de
terror. Yong Hwa volvía al Himalaya; podía quedar atrapado en alguna remota y
traidora cima y morir como Young Ho
¿Cómo iba a soportarlo?
—Fue el último deseo de Young Ho —dijo
Yong Hwa—Sabía que no iba a sobrevivir, pero quería que yo alcanzara la maldita
cima por él.
Shin Hye sintió que la sangre zumbaba en
sus oídos. ¡Yong Hwa planeaba volver a la montaña asesina!
—Sí —dijo él—. Esta vez voy a llegar
arriba. Por Young Ho.
O morirá en el intento, supuso Shin Hye.
Permaneció totalmente inmóvil. Estaba tan enfadada que no podía hablar.
—Pensaba que lo habías oído.
—Si vuelves a congelarte... ¡Sabes que
cada vez es peor!
—Lo sé.
—Podrías perder algún miembro. Podrías
morir.
—Podría —el tono de voz de Yong Hwa
carecía de emoción—Siempre existe ese peligro. No es distinto al resto de las
escaladas que he hecho.
«¡Es distinto!», pensó Shin Hye. «Antes no
te conocía, no te amaba, no sabía lo que era vivir temiendo por la vida de
otro».
—Tengo que hacerlo, Shin Hye.
—Por Young Ho —Shin Hye apretó los
dientes—¿Qué me dices de Chae Won? Dijo que no podría soportar perderte a ti
además de a su marido. ¿Y las niñas? ¿No tratabas de ser una especie de padre
para ellas?
La mandíbula de Yong Hwa se tensó.
—Chae Won...
—No me lo digas —interrumpió Shin Hye con
amargura—Chae Won comprende —Chae Won habría sido una perfecta esposa para él.
Tal vez aún podía serlo. Tenían tanto en común... Y ahora que Young Ho se había
ido...
—Shin Hye...
Ella apartó la mano que Yong Hwa trató de
tomar en la suya.
—¡Pues yo no comprendo! —estalló Shin
Hye—No puedo comprender esa absurda compulsión que te empuja a perder tu vida y
todo lo que... —lo que podrían haber compartido. Shin Hye no pudo seguir
hablando. Si seguía haciéndolo acabaría gritándole.
Yong Hwa nunca había sugerido que ella
significara algo para él. Ella era la única culpable de haberse enamorado y de
haber permitido que le hiciera el amor sin intención de darle más que las
delicias de su hermoso y viril cuerpo. Su mente y su corazón pertenecían a las
montañas.
Permanecieron sentados en silencio unos
tensos momentos. Finalmente, Yong Hwa se levantó.
—Lo siento. No debería haber venido. Lo de
anoche fue un gran error. Me he portado como un egoísta.
Porque no la amaba y sabía muy bien que
ella sí lo amaba. Shin Hye quiso que lo reconociera; quiso rogarle que se
quedara, que le permitiera amarlo durante el resto de sus vidas.
Pero eso era lo último que Yong Hwa quería
oír y sólo serviría para hacer que se sintiera culpable. Tal vez la deseara,
pero no quería su amor. Nunca se lo había pedido y ella no tenía derecho a
hacerle cargar con él.
—Escucha la grabación —dijo Yong Hwa—No
hace falta que me acompañes.
Shin Hye permaneció sentada como una
escultura de hielo mientras él se iba, sintiendo que su corazón se rompía en
mil pedazos.
***
El sonido de la voz de Yong Hwa surgiendo
del aparato hizo que una involuntaria calidez recorriera su espalda. Al
principio hablaba con evidente inseguridad, haciendo frecuentes pausas, hasta que
la suave voz de una mujer lo animó a seguir. Chae Won. Contestando a sus
tranquilas preguntas, Yong Hwa le describió cómo él y Young Ho habían dejado a
los otros miembros de la expedición en un intento de alcanzar la cima antes de
que anocheciera, cómo había sido retrasada su marcha por una pared de hielo, y
cómo Young Ho había caído, hiriéndose a pesar de los esfuerzos de Yong Hwa por
sostenerlo con la cuerda.
—Tenía las dos piernas rotas, pero yo no
podía llevarlo a cuestas en aquel terreno. Le entablillé las piernas lo mejor
que pude y Young Ho fue arrastrándose por la nieve hasta que estuvo demasiado
exhausto para seguir.
Yong Hwa dudó hasta que Chae Won lo animó
a continuar. Entonces describió los valientes esfuerzos de Young Ho por
ayudarse a sí mismo, su insistencia en que Yong Hwa volviera solo al campamento
donde esperaban los otros miembros de la expedición.
—Pero tú no quisiste hacerlo —dijo Chae
Won—Sabías que no tenía ninguna oportunidad sin ti.
—Young Ho nunca me habría dejado.
Entonces empezó a soplar una fuerte
ventisca y Yong Hwa excavó una cueva en la que él y Young Ho permanecieron
días, compartiendo un saco de dormir, sin saber que el resto de la expedición
también tenía serios problemas y no podían acudir en su ayuda. Young Ho se puso
más y más enfermo, hasta que cayó en un prolongado delirio, pensando a veces
que estaba en casa con sus hijas, y otras reviviendo aventuras anteriores con
su amigo.
La narración de Yong Hwa se volvió más
fluida y las interrupciones de Chae Won se hicieron menos frecuentes.
—Como si no pudiera creerlo. Young Ho dijo
que esta vez no iba a lograrlo y que esperaba que yo volviera algún día a
escalar esa montaña por él, a demostrar que podía hacerse. Dijo que éramos
afortunados porque, cuando estábamos en lo más alto y nada se interponía entre
nosotros y el cielo, sabíamos lo que se sentía tocando la mano de Dios. Dijo
que no podíamos haber tenido una vida mejor y que no se arrepentía de nada.
Excepto de dejarte a ti, Chae Won, y no ver a las niñas crecer —la voz de Yong
Hwa se volvió vacilante al añadir—: Entonces... me pidió que le diera la mano.
Y la sostuvo hasta... hasta que todo acabó.
La grabación continuó en silencio hasta el final, mientras
Shin Hye permanecía sentada y las lágrimas se derramaban lentamente por sus
mejillas.
ehbgfkas,mnbf .... por que yong por que ? primero .. comparten algo especial y despues te vaz pobre shin y ahora que pasara con yong en aquellas monta~as o con shin de su vida .. ya anmsv... sigueee me encantooooooo !
ResponderEliminarQue triste final de su amigo, y que triste historia vivio en las montañas, y ahora que pasara con shin hye, que hara de su vida, que lastima que todo termine asi con ellos, no lo acepto unnie, entre ellos no puede terminar todo de esa manera, hay muero por leer el siguiente cap... disculpa unnie si comento de forma anonima es que no me deja hacerlo de otra manera, pero siempre sigo todos los fics que publican espero que no demoren mucho en actualizarlo plissss.
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