— ¿Es que has perdido el juicio? —le gritó Shin Hye. Caminaba nerviosa por el despacho de Yong Hwa. Desde el escritorio hasta los ventanales y así una y otra vez — ¡No voy a irme a vivir contigo! ¿Por qué has tenido que decirle a tu familia que lo iba a hacer?
— Porque los conozco —Yong Hwa se sentó tras su escritorio, se inclinó hacia atrás y apoyó los pies en la mesa— Sabía que no saldrían del despacho hasta que no me hubiera comprometido a protegerte de alguna manera. Si no recuerdo mal, se han ido inmediatamente después.
Shin Hye lo recordaba perfectamente.
— Espero que no los haya molestado que hayamos rechazado su invitación a comer.
Había sido Yong Hwa el que había declinado la invitación argumentando que Shin Hye y él tenían un compromiso anterior. Por supuesto, era mentira.
— Me ha parecido que no te habría importado ir a comer con ellos.
Shin Hye se estremeció al pensar en aquella comida familiar. Ya había tenido bastante vida familiar para un día.
— ¿Ahora tendremos que fingir que voy a trasladarme a tu apartamento? —musitó ansiosa—Oh, mi madre tenía razón. Siempre decía que una mentira llevaba a otra y que lo mejor era decir la verdad desde el principio. Solo el cielo sabe cuántas mentiras más tendremos que inventar.
— Ha sido una pena que haya surgido lo del secuestro —Yong Hwa tamborileó con los dedos en la mesa—Quién podría haberse imaginado que iban a pensar en eso.
— ¡Ojala lo hubieras hecho tú! ¿Por qué has tenido que decir que estábamos preocupados por la seguridad de la sortija?
— Yo no estoy preocupado por la seguridad de la sortija y nunca he dicho que lo estuviera —la contradijo Yong Hwa indignado—Has sido tú la que ha comentado lo del bate de béisbol. Ha sido así como los has asustado.
— Les he dicho que nunca habíamos tenido que utilizarlo.
— Con eso no basta, Shin Hye. En eso mis tíos tienen razón. Como prometida mía, te conviertes en un objetivo muy atractivo para los delincuentes.
— Voy a quedarme en mi casa, Yong Hwa —le informó Shin Hye con firmeza—Y no me va a secuestrar nadie. Ni siquiera soy tu prometida, ¿recuerdas?
— Pero ninguno de esos locos avariciosos lo sabe. Hicimos un trabajo tan convincente en la entrevista que hasta mi propia familia cree que estamos enamorados — soltó una carcajada.
— Esto no tiene ninguna gracia —Shin Hye lo miró con el ceño fruncido— Me parece terrible haber engañado a tu familia. No me lo parecía tanto cuando estábamos preparándolo todo para evitar las llamadas de tus admiradoras y ayudar a la empresa. Además, estaba el reto de engañar a Mina Sohn. Pero tener que mentir a mis compañeras del departamento y a tus padres... —suspiró—Lo que estamos haciendo es deshonesto y...
— ¿Debo suponer que no suscribes la teoría de que el fin justifica los medios?
Shin Hye pensó en el dinero que había aceptado por representar aquel papel con el fin de que Ji Min pudiera recuperarse.
— No, claro que la suscribo. Aunque hubo otra época en la que era más idealista —añadió sombría.
— Yo también. Pero cambié de idea a los ocho años.
— Lo más triste de todo es que probablemente no estás exagerando —murmuró Shin Hye—Debe de ser difícil ser hijo de Nat Woo y Joo Yuri y no convertirte en un cínico a muy tierna edad.
— Yo preferiría definirme como pragmático. Y hablando de mi querida madre, no nos ha llamado para darnos su opinión, así que es probable que esté viniendo hacia aquí para decírnoslo personalmente.
— ¡Eso es lo último que me faltaba! —gimió Shin Hye—Tener que verme cara a cara con Joo Yuri y hacerle creer que su maravilloso hijo se ha comprometido conmigo, una trabajadora que compra sus vestidos en las rebajas.
— No su querido hijo, sino su hijo más comerciable —la corrigió Yong Hwa con una risa—Y sea de las rebajas o no, estás magnífica con ese atuendo. Me recuerdas a una industriosa abeja zumbando incesantemente en mi despacho.
Shin Hye se detuvo y lo miró fijamente.
— Te veo muy contento.
— Tú también deberías alegrarte un poco, Shin Hye. ¿Dónde está tu sentido del humor?
— No sé si lo he perdido o es que tu sentido del humor está completamente desfasado, porque a mí esto no me hace ninguna gracia...
Respingó cuando Yong Hwa se levantó y deslizó el brazo por su cintura. Amenazándola con el dedo, tiró suavemente de ella y volvió a sentarse con Shin Hye en el regazo.
Sus rostros estaban muy muy cerca. Shin Hye fijó la mirada en la fuerte línea de su barbilla, en sus ojos oscuros y en sus espesas pestañas.
— ¿Estabas diciendo...? —su tono era burlón, pero su voz era ronca y profunda y desencadenó en Shin Hye una corriente de sensualidad. Yong Hwa estiró las piernas y colocó las manos en las caderas de Shin Hye para sentarla más adecuadamente en su regazo.
Shin Hye sintió la dura presión de su excitación contra ella. Todo su cuerpo comenzó a temblar.
— Yong Hwa —musitó.
Podía ser una súplica o una protesta. O quizá una combinación de ambas cosas. Yong Hwa le estaba acariciando el labio inferior con el pulgar y ella se estremecía, dejando que los últimos vestigios de rigidez abandonaran su cuerpo.
Al sentir su aquiescencia, Yong Hwa inclinó la cabeza y buscó su boca. Entreabrió los labios de Shin Hye y deslizó entre ellos la lengua para reclamar la suya. Su beso fue ardiente, demandante y ella respondió salvajemente, deseando más. Necesitando mucho más.
Se aferró a él, arqueó la espalda y se apoyó en Yong Hwa, ofreciéndole un mejor acceso a su cuerpo. Yong Hwa aceptó aquella sensual y silenciosa invitación profundizando su beso y posando la mano sobre su seno. Delicadamente, enmarcó su redondeada suavidad.
El dulce y fiero placer que atravesó su cuerpo fue tan intenso que rozaba el dolor. Shin Hye quería que se detuviera; y al mismo tiempo que continuara eternamente. Gimió contra su boca mientras la tensión comenzaba a crecer entre sus piernas.
Con un rugido de pasión, Yong Hwa le desabrochó los botones de la blusa y deslizó la mano en su interior. Hundió los dedos en la copa de encaje negro de su sujetador y acarició el tenso y turgente pezón.
Shin Hye sentía el efecto de aquella caricia en todo su cuerpo. Se aferró a él deseándolo con una intensidad que nunca antes había experimentado.
Un fuego mágico y sensual ardía entre ellos. Cuando Yong Hwa le hizo cambiar de postura y apartó el corpiño del vestido para besar la parte superior de sus senos, Shin Hye le acarició la cabeza, deslizando los dedos por su pelo, animándolo a continuar.
Estaba tan entregada a aquel placer que no fue consciente de que Yong Hwa le había desabrochado el sujetador hasta que sintió sus labios sobre el pezón. Un ronco gemido escapó de su garganta cuando Yong Hwa le acarició el pezón con la lengua. Se retorcía entre sus brazos, ofreciéndose a él, exigiéndole casi que hicieran el amor.
Sentía un anhelante vacío en su interior que necesitaba saciar. Y Yong Hwa quería saciarlo. Su cuerpo palpitaba de forma salvaje e irradiaba un calor abrasador. Lamía los senos de Shin Hye mientras deslizaba la mano por sus piernas buscando sus caderas.
Miró a Shin Hye con expresión voraz. Contempló los senos redondeados y firmes de su falsa prometida. Bajo las medias, Shin Hye llevaba unas bragas de encaje negro, a juego con el sujetador. Yong Hwa gimió excitado. ¿Cómo iba a haberse imaginado que la acartonada Shin Hye fuera aficionada a la lencería de encaje? Después de aquel descubrimiento, cada vez que la viera se preguntaría qué llevaba debajo.
No, no tendría que preguntarse por su ropa interior. A partir de aquel momento ella misma le permitiría que la viera. Y después tendría el sublime placer de desnudarla.
De pronto Yong Hwa ya no era capaz de pensar en absoluto. Solo podía gemir de placer mientras sentía el cuerpo de Shin Hye presionándose contra él, explorándolo hasta llevar a Yong Hwa a la locura.
— Te deseo —jadeó Yong Hwa, besándola desesperadamente—Por favor, déjame hacer el amor contigo.
La cabeza le daba vueltas. Apenas podía respirar. Las caricias de Yong Hwa la hacían sentirse indefensa y poderosa al mismo tiempo.
— Yo también te deseo —se oyó susurrar a sí misma, y sus palabras parecieron repetirse en la bruma de erotismo que los envolvía.
Yong Hwa no podía recordar la última vez que había sentido un deseo tan abrasador. Buscó los labios de Shin Hye y la besó profunda, posesivamente. Ella respondió con una pasión que avivó todavía más las llamas que ardían entre ellos.
La silla de pronto resultaba agobiante. El sofá de cuero situado en un rincón del despacho parecía llamarlo. Yong Hwa se levantó, llevando a Shin Hye en brazos. Ella le rodeó el cuello con los brazos y se aferró con fuerza a él.
Yong Hwa la llevó hasta su destino, pero se detuvo antes de dejarla en el sofá. Shin Hye alzó la mirada y lo miró con ojos soñadores y resplandecientes de pasión.
Estaban tan absortos el uno en el otro que no se dieron cuenta de que se abría la puerta del despacho. Tampoco oyeron entrar a So Min, pero sí escucharon su atónita exclamación al descubrirlos.
Shin Hye deseó que se la tragara la tierra.
— Yong Hwa, déjame en el suelo.
Su voz sonaba ronca y cargada de deseo. Yong Hwa la bajo lentamente pero no dejo de abrazarla, tensó sus manos sobre ella. Ni siquiera ante la sorprendida mirada de su hermana era capaz de soltarla. La sostenía con fuerza contra su pecho y la frustración lo hacía temblar.
So Min hizo una mueca.
— Perdón. Debería haber llamado. Pero jamás podría haberme imaginado que los encontraría a punto de...
— ¡Cállate, So Min! Y sal inmediatamente de aquí.
— Deberías haber cerrado la puerta —sugirió So Min sin obedecer—O poner un guardia de seguridad para que niegue la entrada a los intrusos. Tuvieron suerte de que haya sido yo la que he entrado.
Shin Hye se retorció tan enérgicamente entre sus brazos, que Yong Hwa tuvo que soltarla con desgana y ella voló a la intimidad del baño que había al lado del despacho.
Yong Hwa se dejó caer en el sofá, apoyó los codos en las rodillas y posó la cabeza entre las manos.
So Min se sentó a su lado.
— Supongo que soy una auténtica casamentera — dijo, completamente complacida consigo misma—Shin Hye y tú son...
— Todo era parte del engaño, hermanita. Shin Hye y yo te hemos oído llegar y nos hemos puesto a actuar. Estábamos probando nuestra credibilidad como pareja. Pensábamos que si podíamos engañarte a ti, podríamos engañar a cualquiera. Y parece que lo hemos conseguido.
Shin Hye, que estaba en el baño abrochándose la blusa a toda velocidad, oyó su sardónica explicación y deseó que fuera verdad. Pero ella no estaba actuando y sabía que tampoco lo hacía Yong Hwa. Aquella explosión de pasión había sido real y, si So Min no hubiera entrado, en aquel momento estarían en el sofá...
Shin Hye se estremeció y bloqueó las provocativas imágenes que plagaban su cerebro. Rápidamente, se miró en el espejo e intentó peinarse con los dedos sin ningún éxito. Tenía las pupilas dilatadas y los labios sensualmente henchidos.
Yong Hwa miró hacia la puerta del baño y So Min le palmeó cariñosamente el brazo.
— Conmigo no tienes por qué fingir, Yong Hwa. Me encanta que estés enamorado de Shin Hye. Así resultará todo más sencillo.
— ¡No seas tonta! No estoy enamorado.
En ese momento salió Shin Hye. Yong Hwa la miró con avidez. Le bastaba verla para sentirse estimulado sensualmente. El fuego que parecía estar apagándose en sus entrañas volvió a avivarse con fuerza. Y de pronto sintió una furia irracional contra sí mismo y contra Shin Hye por hacerlo desearla. No, lejos de ser sencillo, aquello era terriblemente complicado. Nunca se había encontrado en una trampa más intrincada.
— Me voy a almorzar —dijo Shin Hye y se encaminó hacia la puerta.
— Deberías ir con ella—le aconsejó So Min.
— ¡No! —exclamaron Yong Hwa y Shin Hye al unísono.
— Después quiero salir de compras, así que solo comeré un sándwich —mintió Shin Hye. Tenía que alejarse de Yong Hwa inmediatamente—Necesito descansar al menos una hora de mis deberes de prometida.
— Tómate dos horas —respondió Yong Hwa con sarcasmo—Necesitamos descansar un poco de nuestra agobiante compañía.
— Bueno, pues juntos o separados, les sugiero que se vayan rápidamente porque ha venido tu madre, Yong Hwa— le advirtió So Min—Para eso he venido, para avisarte. Así que será mejor que se larguen si no quieren volver a representar el papel de parejita enamorada delante de ella.
— Yo ya me estoy yendo. Gracias, So Min —le agradeció Shin Hye y salió del despacho.
Se dirigió hacia las escaleras, sabiendo que la Sra. Joo Yuri subía siempre en ascensor. Tomó el ascensor en el piso veintiséis y salió del edificio sin encontrarse con nadie.
Pero Yong Hwa no tuvo tanta suerte. Estaba esperando a que llegara el ascensor cuando salió de otro de ellos Joo Yuri.
— ¿De verdad vas a casarte con tu asistente? —le preguntó nada más verlo.
Sigue, me encanto este capítulo...no vayas a dejar de escribir
ResponderEliminarOh cielos, que hermana tan imprudente, pero fue por una buena causa, por favor publica pronto, no nos dejes con la incertidumbre de qué va a pasar con ellos, la verdad cada vez está más intensa me encanta.
ResponderEliminarunnie no me mates de tanto esperar a actualizes ..... amooo tu fic de4 vdd no te tardes ok....
ResponderEliminarplease actualiza pronto estoy k no se k va a pasar siempre cada cap sucede algo inesperado x lo k s un misterio para mi asi k xfa actualiza xq m encanta tu fic...:):):)
ResponderEliminaromo!!! creo que he repasado este capitulo no se cuantas veces jaja yongshin a luchar ....xfa no demore mucho actualizando
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