miércoles, 27 de agosto de 2014

EL AMOR TENIA UN PRECIO - CAPITULO 10

— Debe de ser muy agradable estar comprometida con el jefe —comentó la recepcionista, cuando Shin Hye regresó a la oficina aquella tarde.
Yong Hwa le había dicho que se tomara dos horas libres y ella lo había hecho. Necesitaba alejarse de él para aclarar sus pensamientos. No comprendía lo que le estaba pasando. Había trabajado para Yong Hwa durante catorce meses sin que se hubieran rozado siquiera. Pero desde que Yong Hwa la había besado, era como si no pudieran estar a solas sin tocarse. Sin besarse. Y sin desear hacer mucho más.
Shin Hye se sentó tras su mesa, sintiendo que todo su cuerpo bullía con una incómoda combinación de vergüenza y excitación. No solo había respondido a los avances de Yong Hwa, sino que los había alentado.
¿Qué iba a ocurrir después de aquello?, se preguntó. Por su forma de actuar, Yong Hwa había dejado muy claro que no le importaría intimar con ella mientras fingían estar comprometidos. Y ella le había dado razones para pensar que tampoco le tenía ninguna aversión.
Pero su relación con Yong Hwa sería idéntica a todas las que le conocía: una relación limitada al sexo y a alguna que otra salida ocasional a la que no tardaría en poner fin.
Shin Hye no tenía ninguna duda. Había tardado catorce meses en aprender que Yong Hwa no tenía intención alguna de comprometerse con ninguna mujer y se engañaría si pensara que ella podía ser una excepción.
No se había sentido más desorientada en toda su vida. Pensaba que se conocía suficientemente bien a sí misma como para saber que nunca haría el amor con un hombre a no ser que estuviera enamorada de él. Pero aquella mañana había estado a punto de olvidarse de todos sus valores para hacer el amor con Yong Hwa.
Y aquello no era amor, ¡era pura lujuria!
Shin Hye gimió en voz alta y escondió la cara entre las manos. Deseaba a Yong Hwa y él estaba dispuesto a satisfacer su deseo, por lo menos en un primer momento. Y si ella estaba de acuerdo, podrían llegar a tener una vertiginosa aventura.
Pero había un serio obstáculo. Si ella hubiera sido capaz de aprender a disfrutar de una relación superficial, no se habría mantenido virgen hasta los veintiséis años. Pero allí estaba. Y no porque fuera reacia a la diversión, sino porque buscaba algo más. Quería una relación permanente.
Shin Hye predijo acongojada lo que sucedería si cedía a la atracción que sentía hacia Yong Hwa, sabía que corría el riesgo de enamorarse de un hombre que no la amaba. Shin Hye sabía además que aquélla era una situación que podía desembocar en una seria depresión. A Yong Hwa no le importaría lo que ella sintiera, esperaría que continuara trabajando para él como si no hubiera ocurrido nada. Tendría que verlo todos los días... Y encargar rosas para su siguiente amiga...
No, Shin Hye sabía que no sería capaz de soportarlo. Y no necesitaba ser licenciada en psicología para saber que la mejor forma de evitar el dolor era apartarse de aquello que lo causaba. Lo que significaba que tendría que renunciar a trabajar para Yong Hwa.
Viendo las cosas desde aquella perspectiva, desaparecía toda incertidumbre: no podía perder su trabajo mientras Ji Min continuara dependiendo de ella.
Y eso significaba que debía poner punto y final a su incipiente aventura.
— Qué amable de tu parte al honrarnos con tu presencia —se oyó la voz de Yong Hwa, haciéndola saltar en su asiento. Estaba tan absorta en sus pensamientos que no lo había oído entrar, pero en aquel momento Yong Hwa caminaba hacia su escritorio, con expresión contrariada.
Shin Hye se levantó y se colocó estratégicamente detrás de la silla.
— Me dijiste que podía tomarme dos horas libres —le recordó.
— Sabías perfectamente que no lo decía en serio. ¿Qué otra cosa se suponía que debía decir después de que dijeras que necesitabas descansar de tus deberes de prometida?
— Tú también dijiste que necesitabas descansar de nuestra agobiante compañía. ¿Tampoco era eso lo que querías decir?
— ¿Tú qué crees?
La miró de tal manera que la hizo estremecerse. La tensión volvía a surgir entre ellos. Shin Hye se sonrojó.
— Lo que creo es que sería un terrible error que volviera a repetirse lo que estábamos haciendo cuando So Min nos ha descubierto —dijo con valor.
— Supongo que te has pasado dos horas intentando convencerte de eso.
— Sí —admitió Shin Hye.
Yong Hwa frunció el ceño. Shin Hye tenía razón, por supuesto. Después de la breve visita de su madre, tan desagradable como predecible, el tiempo que había pasado separado de Shin Hye le había permitido recobrar el equilibrio. Se había recordado la que durante tanto tiempo había sido su política: las mujeres y el trabajo pertenecían a esferas separadas que nunca debían converger.
Pero, de alguna manera, oír a Shin Hye declararse a sí misma fuera de su alcance había despertado en él sus instintos atávicos. En aquel momento, le habría gustado levantarla en brazos, llevársela al despacho y tumbarla en el sofá hasta arrancar de sus labios aquellos gemidos de placer que encendían su sangre. Aun así, fue capaz de contestar:
— Sí, estoy de acuerdo contigo. Sería estúpido cometer el mismo error que esos actores de la televisión que terminan interpretando a sus personajes en la vida real.
— Y como estamos representando nuestros papeles en las oficinas de JungCorporation, nos será más fácil no mezclar la ficción con la realidad. Me refiero a que no estamos actuando en lugares románticos—se aferró al respaldo de su asiento. Los destellos del rubí centellearon al recibir los rayos del sol que se filtraban en la oficina.
— Exactamente. Y continuaremos trabajando como hasta ahora, excepto cuando estemos en presencia de otros.
  Shin Hye asintió.
— Y ahora, será mejor que intentemos aprovechar lo que nos queda de tarde. Llama al Director Kang  y pregúntale si sabe cuándo podrán reunirse con nosotros. Si tiene datos definitivos, fija fecha para una reunión.
Yong Hwa volvía a ser un hombre de negocios hablando con la asistente que había estado trabajando para él desde hacía catorce meses.
Era un alivio, se dijo Shin Hye a sí misma. Así era como quería que fueran las cosas. Así tenían que ser.
Yong Hwa regresó a su despacho, pero antes de entrar se detuvo en el marco de la puerta.
— Ah, y reserva una mesa para que salgamos mañana a cenar. So Min cree que deberían vernos juntos después de haber anunciado nuestro compromiso y yo estoy de acuerdo con ella.
— ¿En algún restaurante en particular? —preguntó Shin Hye en tono eficiente e impersonal.
— Donde tú quieras. A mí me da igual —se encogió de hombros con indiferencia—Ya sabes, como siempre, en cualquiera de los restaurantes de moda de la ciudad. Y no repares en gastos —se metió en el despacho y cerró la puerta tras él.
—«Ya sabes, como siempre» —repitió Shin Hye en un susurro—
Traducción: dejar que te vean en un restaurante de moda con un Jung debe de ser algo emocionante para una pobre trabajadora como tú, aunque para mí no representa ninguna novedad, pensó.
Shin Hye fulminó el teclado con la mirada. Cuanto más pensaba en ello, más se enfadaba.
De hecho, estaba indignada. ¿Así la veía, como a una pobre trabajadora que anhelaba atrapar las migajas que un Jung iba dejando a su paso?
Para cuando terminó de hablar, para descubrir que el Director Kang estaba fuera de la ciudad, se había calmado lo suficiente como para admitir que Yong Hwa no tenía intención de ofenderla.
Evidentemente, pretendía que su compromiso siguiera el mismo patrón que el resto de sus relaciones. Empezando por una cena en uno de los mejores restaurantes de la ciudad.
Él debía haber disfrutado de cientos de noches como aquella. Shin Hye de ninguna. Y lo que para ella sería una memorable novedad, para él no sería nada extraordinario. Quizá fuera una cuestión de orgullo, pero no podía soportar aquella disparidad.
Yong Hwa le había dicho que eligiera ella. Por supuesto, no esperaba que se lo tomara en serio. Se sobrentendía que debería desear acompañarlo a uno de sus restaurantes favoritos.
Pero Shin Hye decidió que en vez de reservar una mesa en uno de los mejores restaurantes de la ciudad, buscaría otro lugar para que cenaran juntos.

***
Yong Hwa llegó a la puerta del apartamento de Shin Hye a las siete de la tarde del día siguiente. El tiempo era sorprendentemente cálido y decenas de estudiantes paseaban por las aceras, hablando y riendo, mientras otros se asomaban a las ventanas de sus apartamentos.
Parecían tan jóvenes y despreocupados, con nada mejor que hacer que ir de fiesta por allí. Yong Hwa los miraba como si fueran habitantes de un planeta lejano.
La puerta del apartamento de Shin Hye se abrió y apareció una joven vestida con unas mallas de color verde y una enorme camiseta de algodón.
 — Te vi el otro día en televisión. Eres el señor Won, el jefe de Shin Hye.
— Querrás decir el señor Jung —la corrigió Yong Hwa, dirigiéndole la más amistosa de sus sonrisas—Jung Yong Hwa. Y, por supuesto, también soy el prometido de Shin Hye.
— Sí, claro, eso también —Kia soltó una carcajada burlona, pero no lo invitó a pasar.
Yong Hwa se tensó desagradablemente bajo su escrutinio.
— Voy a salir con Shin Hye a cenar. ¿Te importaría decirme si está en casa?
— ¿Y vas a ir así vestido? —preguntó Kia con incredulidad.
Yong Hwa bajó la mirada hacia su traje azul oscuro.
— Pues te vas a morir de calor —observó Kia y se encogió de hombros— Bueno, tú mismo pagarás la tintorería. Shin Hye, ¡acaba de llegar tu caballero andante!
Yong Hwa imaginó que el tono habría sido el mismo si estuviera anunciando que acababa de llegar un murciélago rabioso. La observó alejarse, entró en el salón y miró a su alrededor. Los muebles eran escasos. Un viejo sofá, tres sillas, todas ellas diferentes y una mesa. Solo la televisión y el equipo de vídeo parecían nuevos.
Yong Hwa concluyó que tanto la villa como el apartamento eran adecuados para estudiantes sin dinero. ¿Pero por qué viviría Shin Hye allí? El salario que le pagaba era suficiente para que viviera en un piso para ella sola, lejos del revuelo de los estudiantes. A no ser, claro estaba, que le gustara aquel ambiente...
Se le ocurrió entonces pensar en lo poco que realmente conocía a su asistente y falsa prometida. Hasta aquella noche, ni siquiera sabía que Shin Hye tenía una compañera de piso.
Shin Hye entró en aquel momento en la sala, vestida con unos vaqueros y una camiseta de manga corta. Se había dejado el pelo suelto y esbozó una radiante sonrisa al verlo.
A Yong Hwa le dio un vuelco el corazón. Tardó algunos segundos en ser completamente consciente de las enormes diferencias de su atuendo. Para entonces, su compañera de piso se había unido a ellos.
— Ir con traje al Festival de los Artistas —Kia sacudió la cabeza—Bueno, siempre hay una primera vez para todo. Y la gente como ustedes, Jung, marca sus propias reglas. Siempre ha sido así.
— Creo que ha habido un malentendido —respondió Yong Hwa. Se esforzaba en que su voz sonara tranquila y amable porque sospechaba que la compañera de Shin Hye esperaba que reaccionara violentamente.
Pero las palabras de la compañera de Shin Hye continuaban resonando en sus oídos y se preguntaba si sería así también como lo veía su asistente, como un hombre acostumbrado a hacer siempre lo que quería.
— Dijiste que fuéramos a donde yo quisiera —respondió Shin Hye con un tono tan amable como el suyo—Y he decidido que podíamos cenar en el Festival de los Artistas. Kia vendrá con nosotros. Le he dicho que no te importaría.
— Por supuesto que no —le aseguró Yong Hwa—Aunque todavía no hemos sido apropiadamente presentados.
Shin Hye hizo rápidamente las presentaciones.
— Ah, y no tienes que esforzarte en fingir que estamos comprometidos. Kia sabe la verdad.
Yong Hwa renunció a seguir fingiendo una sonrisa.
— Shin Hye, estuvimos de acuerdo en que nadie...
 — Tu abogado y tu hermana lo saben —terció Kia bruscamente—¿No crees que también Shin Hye tenía derecho a que alguien cercano a ella estuviera al tanto de todo?
Yong Hwa lo veía lógico, pero no le gustaba. Y el hecho de que Shin Hye hubiera necesitado contarle a alguien la verdad lo incomodaba. Eso demostraba que no confiaba completamente en él.
— No te preocupes, Kia sabe guardar un secreto. Es tan digna de confianza como So Min y Choi Jin Ho, te lo aseguro.
— Me gusta pensar que soy más digna de confianza que esos millonarios —murmuró Kia.
— Kia, nada de regañinas, por favor —le pidió Shin Hye. Se volvió hacia Yong Hwa, todo sonrisas—Kia y yo tenemos ciertos desacuerdos en el asunto del compromiso. ¿Nos vamos? Este es el segundo festival que se organiza en la villa y es dos veces más grande que el del año pasado.
— Nunca había oído hablar de él —le confesó Yong Hwa. Y aunque lo hubiera hecho, jamás se le habría ocurrido ir—Supongo que, además de arte, podremos encontrar algo de comer.
— ¡Claro que sí! —exclamó Shin Hye— Jen  mi otra compañera de piso, ya ha estado allí y dice que hay más puestos de comida que de arte.
— Déjame imaginar lo que vamos a encontrar. Pasteles de merengue, grasientas patatas con picante o con queso. Bebidas hechas a base de hielo y azúcar y, verduras, por aquello de no perder de vista la salud. Sin embargo, hasta la verdura estará cubierta de una salsa tan espesa como el pegamento capaz de eliminar cualquier aporte nutricional.
— ¡Se me está haciendo la boca agua! —exclamó Shin Hye—¡Vamos!
— Podrías haberme informado del cambio de planes, Shin Hye —murmuró Yong Hwa mientras se acercaban a la zona en la que se celebraba el festival.
Iban a pie. Yong Hwa había dejado el Range Rover aparcado enfrente de casa de Shin Hye, donde despertaba miradas de admiración de todos los vecinos.
— En ningún momento me has preguntado adonde íbamos —respondió Shin Hye con dulzura—Si lo hubieras hecho, habría estado encantada de decírtelo.
— Pero no tan encantada como estás ahora, disfrutando del espectáculo de verme vestido de traje en medio de un festival de comida —Yong Hwa sintió que una sonrisa asomaba a las comisuras de sus labios. Shin Hye había conseguido engañarlo y, a pesar de su irritación, no podía menos que admirarla. Rara vez conseguían sorprenderlo, pero Shin Hye lo había conseguido.
— Un festival de arte —le recordó Shin Hye con una sonrisa.
— Por supuesto. Aunque uno tiende a olvidarse del arte en medio de todas esas calorías.
Kia se adelantó para reunirse con un grupo de amigos.
— Hasta luego, Shin Hye. Espero que disfrutes de la cena, Yong Hwa —gritó.
— ¿Crees que sabe que odio este tipo de fiestas? — preguntó Yong Hwa con ironía.
— ¿Pero cómo puedes odiarlas? Son maravillosas — se dirigieron hacia un puesto en el que anunciaban algo llamado «Pollo Divino con Pita», que consistía en pollo con salsa de queso, champiñón y cebolla frita.
— Ni siquiera cuando era niño me gustaba comer en los parques de atracciones —dijo Yong Hwa mientras la observaba dar un mordisco a aquella creación. La salsa se resbalaba por sus dedos. Tomó una servilleta de papel que agarró de entre un puñado del puesto y procedió a limpiárselos. — Me acuerdo que mi padre solía comprarnos ese tipo de cosas cuando íbamos a verlo los domingos. Y a mí se me ponían los pelos de punta nada más verlos. Todavía me ocurre.
— Pobre Yong Hwa, no lo sabía —respondió Shin Hye entre risas.
— ¿Ah no? —posó la mano en la cintura de los vaqueros de Shin Hye y la apartó ligeramente para impedir que chocara con un niño que blandía un enorme algodón de azúcar como si fuera una espada.
Pero no apartó la mano cuando el peligro pasó. Al contrario, la tensó ligeramente para que Shin Hye se acercara a él.
Y la acercó tanto que Shin Hye podía sentir su calor. Sus hombros rozaban la fuerte musculatura de su pecho. Y podía apreciar el olor de su loción. Todos sus sentidos parecieron despertar.
Yong Hwa rozó su espalda con el pulgar. Shin Hye se quedó clavada donde estaba. El roce de su pulgar era increíblemente seductor. Intentó recordar las razones por las que debería guardar las distancias con Yong Hwa, por las que permitir que la tocara era una irresponsabilidad y una estupidez. Pero su cuerpo tenía sus propias prioridades y bloqueaba sus perfectamente razonadas objeciones.
Shin Hye se permitió a sí misma inclinarse contra él. Podía sentir los labios de Yong Hwa contra su sien, su respiración acariciando su pelo... Si en aquel momento levantara la cabeza, sus labios se encontrarían en un beso. Y era un beso lo que ella deseaba, admitió anhelante. Quería besarlo. Quería recordar lo excitante que era que su boca cubriera sus labios, dando y recibiendo un placer tan intenso que le bastaba pensar en él para temblar de deseo. Yong Hwa estaba tan cerca de ella que percibió su estremecimiento.
— ¿Tienes frío? —le susurró al oído. A Shin Hye le pareció tan ridícula la pregunta que soltó una sonrisa.
— No —susurró—. No tengo frío.
— ¿Y calor? —musitó.
El gemido sensual que recibió como respuesta hizo que el corazón le diera un vuelco en el pecho. No, Shin Hye no tenía frío. Tenía tanto calor como él. Pero aquel calor interno no tenía nada que ver con la temperatura. Yong Hwa deseaba desesperadamente alejarse de aquella multitud para poder estar a solas con ella. Quería estar cerca de Shin Hye, tocarla...
— Shin Hye... —dijo con voz ronca.
Pero no tuvo oportunidad de terminar lo que estaba diciendo. Porque en ese momento caminaba hacia él su prima Juniel, hija de Dong Hwan y Hana.
— ¿Yong Hwa? —la expresión de Juniel reflejó al mismo tiempo diversión e incredulidad—¿De verdad eres tú?
— Sí, soy yo—contestó Yong Hwa secamente y se separó de Shin Hye.
— No, tienes que ser un impostor —bromeó Juniel—Nadie que conozca a Jung Yong Hwa esperaría verlo nunca en un lugar como este.
—Es una sorpresa verte por aquí.
— Eso tenía que decirlo yo —sonrió radiante—Este es el último lugar en el que esperaba encontrarte, Yong Hwa. Por no mencionar la ofensiva presencia de manzanas de caramelo—se volvió hacia Shin Hye sonriendo— ¿Has sido capaz de convencerlo para que viniera? Ahora sí que estoy segura de que está locamente enamorado.
— Bueno, mi influencia tiene un límite —bromeó Shin Hye—Digamos que he conseguido traer su cuerpo, pero, definitivamente, no su espíritu.
— Ya me he enterado de su compromiso, pero no he tenido oportunidad de felicitarlos —exclamó Juniel—¡Yong Hwa, quiero que me presentes inmediatamente a tu prometida!
Yong Hwa hizo rápidamente las presentaciones.
— Shin Hye, esta es mi prima Juniel. Juniel, ella es Shin Hye.
— Me contaron  que trabajabas para Yong Hwa. ¿Cuándo empezaste a salir con él? ¿Y cómo conseguiste mantenerlo en secreto? —Juniel le dirigía las preguntas a Shin Hye. Conociendo a su primo, sabía que él no iba a proporcionarle ningún detalle interesante.
Shin Hye intentó recordar lo que le había contado a Mina Sohn, pero no era capaz.
— ¿Cuándo empezamos a salir, Yong Hwa? —se volvió hacia él con los ojos resplandecientes—No soy capaz de recordarlo. Tengo la sensación de que llevamos toda la vida juntos —añadió con un dulce susurro.
— Shin Hye y yo hemos llegado a la conclusión de que lo nuestro fue amor a primera vista. En cuanto a lo de mantener nuestra relación en secreto, ha sido fácil. Hemos sido discretos, muy, muy discretos. Ahora quiero que hables tú. Lo último que supe de ti es que estabas en Haeundae-gu . ¿Cuándo has vuelto?
— Ayer —respondió Juniel con tristeza—Mis hermanas me pidieron que viniera a casa un par de días para que pudiéramos hablar con mis padres sobre lo que está ocurriendo entre ellos. Ya sabes que... —se interrumpió y bajó la voz—últimamente no están muy bien. Esta mañana durante el desayuno estaban tan fríos el uno con el otro que parecía que apenas se conocían.
Shin Hye se sentía incómoda escuchando una conversación que debería ser privada. Juniel no había vacilado en hablar delante de ella porque la consideraba parte de la familia.
— Es terrible —musitó Yong Hwa— pero supongo que también es lógico. Lo sorprendente es que hayan sido capaces de estar juntos durante tanto tiempo —suspiró disgustado— ¡El matrimonio! ¡Qué institución tan incomprensible y ridícula!
Juniel lo miró con extrañeza.
— Me parece terrible que un hombre que acaba de comprometerse tenga esa actitud, Yong Hwa—miró a Shin Hye con compasión—Y para ti debe de ser muy difícil oírle decir esas cosas.
Shin Hye y Yong Hwa se miraron el uno al otro sin saber muy bien qué decir.
— Le gusta exagerar. Pero en realidad no piensa lo que dice —musitó Shin Hye.
Al mismo tiempo, Yong Hwa respondió:
— Es difícil cambiar las viejas costumbres. Antes pensaba así, pero es evidente que he cambiado de opinión.
— A veces Yong Hwa se opone al matrimonio por pura costumbre —continuó Shin Hye—No sé cómo consigue olvidar que su padre lleva felizmente casado con Mi Hyang casi un cuarto de siglo, o de que mi madre y mi padre también estuvieron felizmente casados durante mucho tiempo.
Juniel arqueó las cejas.
— Te sugiero que cambies esos pensamientos negativos antes de que puedan llegar a hacerte daño de verdad.
 — Estoy completamente de acuerdo —dijo Shin Hye—De hecho, ese es uno de los principios de la psicología.
— Bueno, creo que ya estoy harto de estar aquí —intervino Yong Hwa con la más encantadora de sus sonrisas—¿Alguien quiere marcharse?
— Lo siento, pero yo he quedado con unos amigos para ir al cine después de cenar —Juniel miró a su primo y sonrió—Desde luego, Yong Hwa, un traje oscuro es lo último que deberías...
— Lo sé, lo sé, ya me lo han dicho. Pero me temo que había alguien que quería darme una lección, ¿verdad, Shin Hye?
Shin Hye alzó la mirada. Yong Hwa la estaba mirando intensamente. La joven bajó los ojos para contemplar el perfil perfectamente dibujado de su boca. El recuerdo de sus besos le dejó la mente completamente en blanco.
— Bueno, tú ya me has demostrado lo que querías, Shin Hye —continuó Yong Hwa. Shin Hye tenía la mirada empañada y los labios ligeramente entreabiertos, como si estuviera esperando un beso.
Yong Hwa tomó aire.
— La próxima vez que salgamos a cenar, haré yo mismo las reservas. No volveré a ordenarle a mi asistente que las haga.
— Creo que me he perdido algo, pero a mí me parece un buen plan —exclamó Juniel alegremente—Y puesto que dos es compañía y estoy empezando a sentirme como una multitud, creo que será mejor que vaya a buscar a mis amigos y a comerme un pastel.
— Preferiría morir a comerme uno de esos pasteles —contradijo Yong Hwa.
— Esta conversación me recuerda a las vacaciones que pasamos en un parque acuático en Gangnam , los demás primos y yo teníamos cerca de  ocho años —comentó Juniel— Yong Hwa nos hacía salir a cenar fuera del parque todas las noches apelando a la necesidad de una correcta nutrición. Todavía me cuesta creer que cediéramos. ¡Él solo tenía doce años!
— Yong Hwa siempre consigue que los demás hagan lo que él quiere —respondió Shin Hye.
Una observación que debería recordar para desengancharse tanto física como emocionalmente de él. De momento, dio un paso adelante y escrutó a la multitud con la mirada, buscando a Kia.
Necesitaba a Kia. Ella era su vínculo con la realidad.
— Mi compañera de piso está por aquí. Pero no la veo.
— Quizá esté en el puesto de las manzanas de caramelo. Creo que están deliciosas. De hecho, me parece que voy a ir allí en vez de por el pastel —se reverencio ante Shin Hye para despedirse—Me alegro de que nos hayamos conocido. Creo que eres la persona ideal para mi primo. Felicidades otra vez, Yong Hwa. Volveré a Haeundae-gu  pasado mañana, pero estaré en casa para la fiesta de compromiso. No me la perdería por nada del mundo.
Se perdió entre la multitud, dejando a Shin Hye y a Yong Hwa mirándose el uno al otro. Por un momento, ninguno de los dos fue capaz de decir una sola palabra. Hasta que los dos preguntaron al unísono:

— ¿Fiesta de compromiso?


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10 comentarios:

  1. Me encanta Shinnie muy buena leccion para Yongie!!! Que pasara en la fiesta de compromiso unnie espero actualices pronto estare muy atenta adore el capitulo

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  2. m encanto l cap enserio creo k t estoy comenzando a idolatrar tienes un talento increible para dejarnos siempre n suspenso y n busca d seguir leyendo tu fic x eso please unnie publica l siguient cap lo mas pronto posible...:)

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    1. No soy la autora original pero gracias por su apoyo, mañana subir el siguiente Capítulo... Ya esta muy cerca El final. Saludos

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  3. noooooooooo!!!!! la palabra final noooooooo!!!!! esta historia es mas que buenísima......la leo despacito para que no termine rápido jajaja

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  4. woow tan rápido el final....jajaja nos tienes bien enganchadas.....mejor dile al autor (a) que escriba aquí ya que tendrá muchas lectora (e)s voraces...jojoj

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  5. ooohh!!! me tienen intrigada, exaltada,en espera del aproximo capitulo,,,jijiji ya perdí la cuenta,de cuantas veces entro a ver si esta el capitulo que continua y nada par mi pesar jejeje me tienen sufriendo en desespero jajaja

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  6. si xfa actualiza l fic xq ya estoy desesperada y kiero leer siguiente cap enserio y no es una exageracion xq creo k s l unico fic k monitoreo todos los dias pa saber si hay un nuevo cap asi k please actuliza ya q m tienes enganchadisima cn tu fic enserio t lo digo es increiblle....:):)

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    1. jajajaja......omo!!! pensé que era la única jajaja ya somos dos ya que habían dicho que iban actualizar pronto estoy enfocada en la pagina cada momento jajaja

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  7. esta buenisimo, sube el suguiente capitulo...gracias

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