viernes, 7 de marzo de 2014

LAS REGLAS DEL JUEGO - CAPITULO 9 (M - CLASIFICADO)

Yong Hwa se volvió y la agarró de los brazos—¿Qué quieres de mí.
—Lo mismo que tú quieres de mí.
Shin Hye dio un paso para estrecharse contra él.
—Por supuesto —susurró Shin Hye acariciándole el lóbulo de la oreja y dejando después que su mano descendiera por su barbilla y la parte superior de su cuello—es posible que esté equivocada respecto a lo que tú quieres—lo miró arqueando una ceja—¿Lo estoy?
A Yong Hwa se le ocurrieron un centenar de razones por las que debería alejarse de ella, pero se desmoronaron en cuanto tuvieron que enfrentarse a la respiración entrecortada de Shin Hye y al roce de sus curvas. Durante años, había experimentado los juegos inocentes de Shin Hye, su genio salvaje y después su carácter fuerte e independiente, pero jamás la había visto en aquel papel de mujer seductora.
—¿Me equivoco, Yong Hwa?
Yong Hwa cerró los ojos. Se sentía como si estuviera peleando contra un millón de demonios mientras Shin Hye continuaba presionándolo, física y verbalmente. ¡Sí! Le habría gustado gritar, estaba equivocada. Pero antes de que pudiera verbalizar aquella evidente mentira. Shin Hye había alzado la mano hasta su boca y Yong Hwa se encontró a sí mismo hundiéndose en sus maravillosos ojos marrones.
—Jamás me has mentido. Yong Hwa. No empieces a hacerlo ahora.
Shin Hye oyó un suspiro de admisión antes de que su cuerpo fuera jubilosamente bombardeado por todo tipo de sensaciones eróticas mientras Yong Hwa dejo que aquellos dedos acariciaran sus labios y la estrechó contra él. Instintivamente, la joven le rodeó el cuello con los brazos.
—Si—susurró Yong Hwa contra la columna de su cuello—Abrázame más fuerte.
Shin Hye obedeció, alzó una pierna para rozar con su zona más sensible la evidencia del deseo de Yong Hwa y recibió a cambio un gemido de aprobación que la llenó de satisfacción. Los besos de Yong Hwa en su cuello eran hipnóticos, pero ella estaba desesperada por saborearlo, necesitaba sentir los labios de Yong Hwa besando la suya. Confiando en la firmeza de sus piernas y en la fuerza de los brazos de Yong Hwa para evitar que se cayera, lo agarró de la cabeza y le hizo inclinarla hasta que quedara a sólo unos centímetros de la suya.
—Yong Hwa… bésame…
Shin Hye no estaba segura de si sus palabras eran una orden o una súplica, pero cuando Yong Hwa reclamó su boca con una urgencia que rozaba casi la brutalidad, consideró aquel gesto como una victoria. Yong Hwa estaba respondiendo de una forma en la que no había sombra de protección y, embriagada por el poder de tanta sensualidad, Shin Hye le respondió con la misma intensidad. Hundió los dedos en su pelo mientras Yong Hwa tomaba posesión de sus caderas y lo besó con el mismo abandono que él la besaba.
La mente de Yong Hwa era como un caleidoscopio de sensaciones, todas en torno a la mujer que tenía en sus brazos, una mujer cuya pasión era más contagiosa y potente de lo que jamás podría haberse imaginado. Aquella era la experiencia más dulce y a la vez la más cruel de su vida. El calor y la dulzura de su boca alimentaban su deseo, dejándolo cada vez más hambriento.
Al imaginársela desnuda y retorciéndose bajo él, aumentaba su excitación. Pero aquella excitación que lo urgía fue contraatacada por una oleada de ternura.
¡Aquella era Shin Hye! Aunque le costara la vida, iba a hacer aquello lentamente; Shin Hye se merecía algo mejor que un simple desahogo. Aquélla iba a ser la mejor experiencia sexual de su vida. Pero todas sus buenas intenciones se desvanecieron en el momento en el que Shin Hye comenzó a imitar con las caderas el provocativo movimiento de su lengua.
Shin Hye no supo en qué momento la llevó a la habitación, pero la verdad fue que cuando se encontró en la cama no le importó lo más mínimo.
—¿Tienes preservativos?
Lo preguntó en medio de una lluvia de besos que dificultó seriamente la capacidad de comprensión de Shin Hye.
—¿Eh? —preguntó, sacudida por un estremecimiento de deseo.
—¿Tienes alguna forma de protección?
—Eh, sí… en mi neceser. Está en mi maleta.
Momentos después, Yong Hwa se levantó de la cama y fue a buscar los preservativos. Durante la espera, Shin Hye no pudo evitar cierto nerviosismo, ¿qué ocurriría si Yong Hwa cambiaba de opinión?, se preguntaba.
Pero no lo hizo. Yong Hwa volvió, dejó la caja de preservativos en la mesilla y se tumbó a su lado. Shin Hye se estrechó contra él.
El contacto de las manos de Yong Hwa contra su piel en el momento en el que alzó su blusa, la dejó completamente fuera de control. Quería sentir sus manos contra sus pezones, que se erguían inquietos esperando sus caricias. Impulsada por el deseo, empezó a bajarse los pantalones del chándal, pero Yong Hwa se lo impidió.
Estupefacta, alzó la mirada hacia él.
—¿Qué es…?
Había tal veneración en expresión con la que Yong Hwa estaba mirando sus senos desnudos que ella se quedó sin respiración. Para ella, fue como si el tiempo hubiera dejado de correr mientras Yong Hwa acercaba su rostro hacia cada uno de sus pezones; cuando volvió a recobrar el sentido del tiempo, se encontraba desnuda bajo el cuerpo igualmente desnudo de Yong Hwa.
—Yong Hwa… yo quiero…
—Chsss, no hables, solo siente.
—Pero no puedo. Me has agarrado las manos.
Una sonrisa iluminó el semblante de Yong Hwa.
—Confía en mí, no las vas a necesitar. Además, o me dejas tomar a mí el control, o esto va a durar muy poco.
Con la mano libre, comenzó a acariciarle la garganta para deslizarla a continuación entre sus senos y descender hasta el monte de venus.
Shin Hye era incapaz de dominar su mente o sus cuerdas vocales para hacer ningún comentario. Su excitación aumentaba con cada una de las caricias de Yong Hwa hasta convertirse en un placer casi doloroso que le hacía arquear las caderas, buscando su mano cada vez que sentía la más mínima posibilidad de abandono.
—Relaje, cariño —susurró mientras Shin Hye se retorcía intentando liberar sus manos—relájate.
Su voz sonaba como si llegara de otra dimensión, como si se estuviera filtrando en el arcoiris de luces que inundaba la mente y el cuerpo de Shin Hye. La joven intentaba decirle lo que estaba viendo y oyendo, pero sólo podía susurrar su nombre.
Yong Hwa le soltó las manos cuando sintió los estremecimientos del orgasmo: el temor a no ser capaz de aguantar ni un segundo más, convirtió la tarea de abrir el preservativo. Conteniendo la respiración, se enfundó con dedos temblorosos el preservativo. —Yong… Yong Hwa —susurró Shin Hye con una voz que para Yong Hwa era como un ángel—ven.
Había tanto miedo o tanta admiración en su rostro que Yong Hwa estuvo a punto de desmoronarse. La emoción que surgía en su interior era una extraña mezcla de ternura, deseo y una anticipación que rozaba el miedo.
Cerró los ojos, intentando tranquilizarse un poco, pero fue una batalla perdida en cuanto Shin Hye posó las manos en su trasero y arqueó las caderas contra él.
—Enséñame cómo puede ser mejor, Yong Hwa.
La ansiedad de Shin Hye desbocó los pensamientos de Yong Hwa: el último pensamiento de éste mientras se hundía en ella, fue que al menos ya había conseguido satisfacerla por completo.
***
Al sentir que se movía el colchón, Shin Hye abrió los ojos. La luz que le llegaba desde la sala era suficiente para poder seguir con la mirada el camino de Yong Hwa hacia el baño, pero no tanto como para permitirle estudiar los movimientos de su trasero con detalle.
Un débil gemido escapó de su garganta al recordar la suavidad de la piel de su trasero… Tenía que reconocer que le había encantado poder acariciar cada centímetro de su piel. ¡Y tampoco tenía ninguna queja sobre la forma en la que Yong Hwa la había acariciado a ella!
Shin Hye era consciente de que estaba sonriendo como una tonta, pero no le importaba. ¡Jamás se había sentido tan bien, tan maravillosamente bien!
Nada la había preparado para los placeres que Yong Hwa la había mostrado aquella noche. Era como si hubiera sometido a algún hechizo… Por un momento, temió que el acontecimiento más espectacular de su vida hubiera sido un sueño, pero Yong Hwa volvió a aparecer en la puerta del baño y supo entonces que la realidad podía encerrar también buenas dosis de magia.
Entró en el dormitorio con una toalla alrededor de la cintura y el pelo revuelto; tenía un aspecto tan sexy que al principio ella ni siquiera se dio cuenta de que por alguna razón también parecía…
—¡Tú… tú! —exclamó furioso mientras se acercaba de una sola zancada a los pies de la cama—¿Por qué no me has dicho que eras virgen?
—Yo…
—¿Querías saber si tus dotes de seducción funcionaban tan bien en la vida real como en televisión? —con un rápido movimiento, recogió la blusa del suelo y se la tiró al pecho—Bueno, pues se puede decir que lo has conseguido. ¡Felicidades!
Shin Hye estaba tan sorprendida que lo único que pudo hacer fue agarrar la blusa intentado ocultar su desnudez.
—Yong Hwa… —empezó a susurrar con voz apenas audible—Yong Hwa, no sé por qué estás tan enfadado. No es…
Yong Hwa respondió con una risa ironica que le hizo olvidar a la joven todos los sentimientos agradables de aquella velada y sustituirlos por la confusión y la vergüenza. Renunció a intentar adivinar los sentimientos que se escondían detrás de los ojos de Yong Hwa porque los suyos estaban empañados en lágrimas.
—¿Enfadado? —sacudió la cabeza—Estoy mucho peor que enfadado. ¿Tienes idea de lo repugnante que me siento, Shin Hye?
Hablaba en un tono tan insultante que reactivó los pocos vestigios de orgullo que le quedaban.
—¿Te sientes repugnante? —estalló, rezando para que sus habilidades de actriz le permitieran parecer enfadada y ocultar así el dolor que albergaba en su pecho—Bien, si ésa es la típica reacción postcoito, me parece que para esta pobre tonta el sexo va a ser una experiencia excepcional. ¡Sal ahora mismo de mi habitación! —Como Yong Hwa no se movía, le tiró un almohadón.
—Shin Hye, espera…
—¡Sal inmediatamente de aquí! —gritó, tirándole un segundo almohadón—¡Desaparece de mi habitación y de mi vida para siempre!
Por un momento. Yong Hwa pareció tener intención de ignorar su orden, pero cuando vio que Shin Hye alargaba la mano hacia el despertador que había en la mesilla de noche, cambió de opinión.
***
Yong Hwa salió de su habitación a las siete de la mañana y encontró a Shin Hye hablando por teléfono. Reparó vagamente en los vaqueros y la chaqueta con los que iba vestida, pero su mente la recreaba tal como la había visto la noche anterior, al ver la melena flotando libremente sobre su espalda, tuvo que luchar contra la tentación de volver a acariciarla.
—Y le agradecería que me enviara un taxi… Sí, gracias, dentro de cuarenta minutos me parece estupendo.
—¿Te parece estupendo para qué? —le preguntó Yong Hwa cuando colgó el teléfono.
Shin Hye se volvió sobre sus talones: en su rostro se reflejaba la sorpresa y la falta de sueño, pero rápidamente levantó la barbilla en actitud desafiante.
—Me voy.
—Ya lo sé. Hemos reservado dos vuelos para las diez y cuarto de la mañana.
—Por mí, tú puedes irte cuando te apetezca, pero yo me quedo en Seul. No quiero tener que volver a sufrir tu compañía en toda mi vida.
—Ten cuidado con lo que deseas —le advirtió Yong Hwa, pero se arrepintió de sus palabras al ver el miedo que se reflejó en sus facciones.
—Si los deseos sirvieran para algo, esta mañana habría descubierto al despertarme que todo lo que ha sucedido durante estos dos días ha sido una pesadilla —lo miró con los ojos entrecerrados y Yong Hwa comprendió que no estaba hablando del incendio—Estoy deseando que desaparezcas de mi vista y te encuentres a miles de kilómetros de aquí.
—No pienso dejarte sola. Puedes odiarme todo lo que quieras, pero no seas tan inmadura como para creer que voy a dejar que corras peligro por culpa de tu orgullo.
—¡Genial! No creo que te preocupe mucho mi orgullo después del trabajo demoledor que hiciste ayer por la noche.
—Shin Hye, yo…
—¡No! —alzó la mano—Lo último que quiero oír es una disculpa.
—¿De verdad? Pues me alegro, porque no pensaba disculparme. A mí me parece que yo soy el único que se merece una disculpa por lo que ocurrió anoche.
—¿Tú? ¿Por qué? —le preguntó estupefacta.
—Porque me endilgaste la responsabilidad de quitarte la virginidad. ¡Por eso! Me engañaste, Shin Hye.
—¿Que te endilgué qué? —rió con incredulidad—¿Cómo puedes decir que te engañé, por el amor de Dios?
—Te comportaste como si fueras toda una experta en el arte de la seducción. ¡Demonios! Aprovecharme de ti después de haberme pasado años intentando protegerte de los cerdos que se te acercaban ya habría sido suficiente malo, pero descubrir que soy el único cerdo que te ha tocado… eso es…
—La tontería más grande que he oído nunca —estalló—Para empezar, tú no me has quitado nada, en todo caso, yo te lo ofrecí.
—Bien, dilo como quieras…
—Y en segundo lugar, la única razón por la que todavía era virgen era que cuando era más joven y estaba dispuesta a dar cualquier cosa para librarme del estigma de la virginidad, tú, Yong Hwa, espantaste a todos los candidatos que podrían haberme ayudado. Incluso me diste una charla fraternal explicándome que eso no era una decisión consciente, que simplemente ocurría cuando llegaba el momento oportuno. ¿Y sabes una cosa? —continuó diciendo con los brazos en jarras—Ayer por la noche, llegó el momento oportuno. Si me comporté como una mujer con experiencia, quizá sea porque he tenido muy buenos directores en las escenas de amor. O quizá porque leyendo determinados artículos en algunas revistas femeninas he aprendido suficiente teoría sobre el tema como para no comportarme como una patosa. O quizá, y sospecho que eso es lo que te asusta, porque la química entre nosotros es tan fuerte que lo único que tuve que hacer fue dejar que me guiara mi instinto.
Yong Hwa se limitaba a mirarla fijamente.
—Pues bien, te guste o no, es eso lo que ha sucedido —continuó diciendo  al ver que él no respondía—Llámalo química, atracción física o simple lujuria, pero el hecho es que a mí no me preocupa mi virginidad. Por otra parte, es evidente que si no hubiera sido virgen, tú no estarías tan enfadado, de modo que el error ha sido tuyo, no mío y no pienso dejarme arrastrar por tu complejo de culpabilidad. Además, ya es hora de que reconduzcas la promesa que le hiciste a Hyung Han de cuidarme a sus justos términos.
Al verlo apretar los labios, comprendió que por fin había conseguido penetrar en su aparente indiferencia.
—Te agradezco que en el pasado me hayas protegido de todos los hombres que se han acercado a mí con malas intenciones, pero a partir de ahora, no te confundas pensando que eres el responsable del comportamiento de mis hormonas. Tengo veintitres años, Yong Hwa, dos años más de los que tenía mi hermano cuando murió y tres años más de los que tenías tú cuando asumiste esa responsabilidad. Así, que puedes considerarte liberado del papel de ángel guardián que te asignaron.
Después de aquel desahogo, Shin Hye tuvo que esforzarse para no salir corriendo de la habitación, no sólo porque sabía que Yong Hwa debía estar esperando que hiciera una salida dramática, sino porque tenía la sensación de que el futuro de su relación dependía de su capacidad para enfrentarse a las respuestas de Yong Hwa. Pero el peso del silencio y la inescrutable expresión de Yong Hwa la hacían sentir claustrofobia.
—¿Y qué ocurrirá si yo no quiero que me liberes de ese papel?
—Como tú me has dicho en más de una ocasión, no siempre podemos tener el control sobre todos nuestros deseos.
—¿Es otra referencia a lo que ocurrió anoche?
—No, no… —respondió ella, sinceramente asombrada, pero sin dejar que cambiara de tema—Mira Yong Hwa, yo sé que siempre has hecho lo mejor para mí —decidió ignorar el sarcasmo de su risa—pero ya soy adulta, no necesito una niñera.
—Demuéstralo —la desafió—cancela el taxi y vuelve a Busan conmigo.
—Bajo estas circunstancias, no creo que sea lo más inteligente.
—Dios mío, Shin Hye —la impaciencia comenzaba a reflejarse en sus facciones—Las circunstancias son que alguien está intentando matarte. Lo que ha sucedido entre nosotros no es nada comparado con eso.
—Yong Hwa…
—Si quieres que te prometa que no volveré a ponerte la mano encima te lo prometo —dio un paso hacia ella y, violando en ese mismo momento su promesa, le puso la mano en el hombro—Y espero que por lo menos no te sientas más a salvo con un maniático que conmigo.
Y la verdad era que Shin Hye no podía negar que con Yong Hwa se sentía a salvo. Demasiado a salvo. A su lado, tenía la sensación de ser una pieza de porcelana a la que le gustaría tener encerrada en un armario. Pero el verdadero problema era que Shin Hye prácticamente acababa de darse cuenta de que emocionalmente jamás había sido inmune a Yong Hwa. Y después de la intensidad de la experiencia de la noche anterior, sabía que jamás lo sería.
Incluso en ese momento sentía el calor de sus manos a través de la chaqueta. Aquel mínimo contacto era más que suficiente para reavivar los rescoldos del deseo que quedaban en su interior. Aquella sensación le imposibilitaba pensar en los razonamientos de Yong Hwa, por lógicos que fueran. Lo único que podía hacer era observar fascinada su boca: cualquiera que los hubiera visto, habría pensado que estaba leyendo sus labios, pero el problema era que no quería leerlos, quería sentirlos, sentirlos recorriéndola desde la punta de sus pies hasta el último pelo de su cabeza.
—Shin Hye! ¿Has oído una sola palabra de lo que he dicho?
—No —contestó con sinceridad—Pero estaré encantada de volver contigo a Busan, si eso es lo que quieres.
—¿Que estás encantada de volver conmigo? —la miró con recelo—¿Se puede saber qué es lo que te ha pasado por la cabeza?
—Nada. Pero tienes razón, estaré más segura contigo en Busan que quedándome aquí sola.
—No sé si te entiendo. ¿Quieres decir que después de haberte pasado años negándolo, ahora vas a admitir que necesitas mi protección?
—Sí. Yong Hwa —confesó sin reservas—Te necesito —por miedo a haber revelado demasiado, se precipitó a aclarar—: Lo que quiero decir es que, sea quien sea el que anda detrás de mí, estoy segura de que no espera encontrarme viviendo en tu casa y trabajando en una empresa de suministros de construcción —sonrió—Dudo que a la policía pudiera habérsele ocurrido una idea mejor.
Yong Hwa sintió una oleada de incomodidad.
—¿A cuánta gente le has dicho que estabas en Busán?
—Aparte de Juno, mi agente, sólo a Se Young y algunos amigos.
—¿Y a quién le has dado la dirección de mi casa?
—No lo sé, de todas formas, dejé tu número de teléfono, no tu dirección.

Yong Hwa se volvió mientras ella iba recitando los nombres; el saber que prácticamente había anunciado públicamente su viaje a Busán le preocupaba, le preocupaba mucho.










6 comentarios:

  1. Hermoso, aunque Yong Hwa, ya debe olvidarse de aquella promesa y demostrar que verdaderamente la ama, unnie, sigue actualizando así como hasta ahora, cada vez está más emocionante. Gracias por permitirnos leerlo.

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  2. este cap esta genial xxfaa vuelve a íplicar los siguientes caps xfaa

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  3. Estupendo unnie!!! Me encanto...Pero Yong no crees q deverias de dejar a un lado ese papel de hermano y demostrarle q la amas??? Es lo mas sensato..jijiji...Espero con ansias el proximo capitulo unnie..Actualiza pronto...

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  4. Unnie!!!! esta interesante .....actualiza pronto

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  5. Genial....! actualiza pronto esta muy interesante Unnie :)

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  6. Está super no demores y pon nuevos capitulos...........gracias

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