Shin Hye observó furtivamente al hombre que la estaba esperando. A pesar
de ir vestido con unos jeans negros y una camisa, no parecía menos elegante que
los ejecutivos que revoloteaban alrededor de la cinta transportadora por la que
iban saliendo las maletas. Yong Hwa habría destacado en medio de cualquier
multitud. Medía un metro ochenta y tenía un porte atlético que le hacía
imposible pasar desapercibido, al menos ante cualquier mujer que se preciara de
serlo.
Desgraciadamente, Shin Hye se vio obligada a admitir que no sólo no le
había pasado desapercibido, sino que el pulso se le había acelerado de forma
frenética al verlo. Deseando recuperar el control sobre su inquieto corazón, se
detuvo para tomar aire.
Durante el trigésimo aniversario de boda de los Señores Jung, celebrado
unos meses antes, se había convencido de que había superado por fin el
enamoramiento de adolescente que durante tanto tiempo había sufrido por su
hijo, pero en ese momento, y con veintitrés años ya, estaba experimentando
todos los síntomas de una recaída. Como si no tuviera ya suficientes problemas.
Suspiró. Después de lo que había dejado en Seúl estar en Haeundae-Busan
era una bendición.
La mirada impaciente de una señora perfectamente arreglada le recordó
que estaba interrumpiendo el paso. Murmuró una disculpa y volvió a caminar
hacia Yong Hwa, deseando poder sofocar la oleada de adrenalina que la asaltaba a
cada paso. ¡Aquello era injusto! Se suponía que una mujer adulta no debía
reaccionar de aquella forma ante un hombre que todavía la consideraba una
adolecente.
El hombre en cuestión se fijó en ese momento en ella. Shin Hye esbozó
una serena sonrisa, decidida a no dejar que Yong Hwa la irritara. Era una
adulta, una adulta perfectamente capaz de controlar su lengua y su carácter. Y
durante el tiempo que pasara cerca de Yong Hwa, iba a controlar ambas cosas
simultáneamente. ¡Aunque tuviera que morir en el intento!
—Buenas, pequeña.
Aquel término habría sido ofensivo incluso si Shin Hye no hubiera medido
cerca de un metro sesenta y cinco, pero sus buenas intenciones la obligaban a
esperar por lo menos hasta que Yong Hwa le palmeara la cabeza para golpearlo.
Afortunadamente, Yong Hwa renunció a aquel gesto. En vez de eso, se inclinó a
modo de saludo antes de recorrerla con la mirada desde las puntas de los pies a
la cabeza. A pesar de lo que la irritaba ser sometida al detallado escrutinio
de aquel par de ojos oscuros, se obligó a relajarse… al menos en la medida que
le era posible en presencia de Yong Hwa; todavía recordaba demasiado bien
aquellos días en los que, estando el uno al lado del otro, sin mirarse si
quiera, el ambiente se espesaba de tal forma a su alrededor que casi podrían haberse consumido.
La expresión inescrutable de Yong Hwa le hizo desear tener algo
ingenioso que decir. De hecho, se habría conformado con nada con tal de poder
asegurarse de que era capaz de pensar en algo más que en el maravilloso aspecto
del hombre que estaba frente a ella. ¿Maravilloso?, se preguntó con ironía.
Aquel tipo era el hombre más sexy que había visto en su vida.
—¿Qué tal el viaje?
Era tal el caos que las hormonas habían provocado en su cerebro, que Shin
Hye tardó algunos segundos en registrar la pregunta—Ha sido horroroso. En cuanto
hemos salido de Seúl nos hemos encontrado con una tormenta que nos ha
acompañado durante casi todo el viaje.
—No sabía que te gustaba el béisbol.
La confusión que se reflejó en el rostro de Shin Hye se debió tanto a lo
inesperado de la pregunta como al efecto de la sonrisa de Yong Hwa.
—Lo digo por la gorra que llevas, jovencita —le explicó Yong Hwa,
acercándose peligrosamente a ella y palmeándole la cabeza—De todas formas, la
llevas puesta al revés. Ahora, dime cuáles son tus maletas y vámonos de aquí.
—No es que la «lleve puesta al revés», es que me la he puesto así
intencionadamente. Y, para tu información, no es de ningún equipo de béisbol,
sino de uno de baloncesto y está muy de moda.
Yong Hwa arqueó una ceja con expresión de sorpresa.
—¿Estás hablando de tu maleta?
—No, de mi gorra —estalló. Se la quitó y se la mostró para que pudiera
ver la insignia de los SK Knights.
—Me alegro de que vivir en Seul no haya hecho tambalear tu lealtad hacia
la ciudad que te vio nacer—Dijo con sarcasmo—Ahora, procura contener ese mal
genio y dime cuáles son tus maletas.
Al ver una de ellas, Shin Hye alargó la mano para agarrarla, pero no lo
consiguió porque en ese momento otro de los viajeros tropezó con ella. Sólo la
mano firme de Yong Hwa la salvó de terminar estrellándose contra la cinta
transportadora.
—Shin Hye, te he dicho que me señales tus maletas, no que te lances por
ellas.
La diversión que se adivinaba en su tono no contribuía en absoluto a
disminuir la irritación y la vergüenza de Shin Hye. Mientras esperaba a que
volvieran a pasar sus maletas, mantenía la mirada fija en la cinta; no se
atrevía a levantarla hacia Yong Hwa.
—La próxima vez que las veas —le advirtió Yong Hwa con voz
tersa—limítate a señalármelas. Quiero que salgamos de aquí antes de que alguien
te reconozca y todos tus admiradores terminen abalanzándose sobre ti en busca
de un autógrafo.
—Yong Hwa, estamos en Haeundae , no en Gamnam. Te aseguro que no voy a
causar ningún revuelo. Además, estoy segura de que en el caso de que alguien se
me acercara, me protegerías hasta con tu último aliento, lo quisiera yo o no.
—No estés tan segura—repuso Yong Hwa secamente—Ahora, deja de comportarte
como una niña malcriada y dime cuáles son tus maletas…
—¡Ésa y ésa! —exclamó, molesta al ver que Yong Hwa no tenía ninguna
dificultad para atraparlas—Y no soy yo la culpable de no estar a la altura de
tus expectativas.
Yong Hwa frunció el ceño.
—¿Qué se supone que significa eso?
—Significa que si dejaras de tratarme como a una niña caprichosa, yo
podría comportarme como una persona adulta.
—Bueno, al menos eso es algo en lo que estamos de acuerdo.
—¡Bien! ¡Estamos de acuerdo en que soy una persona adulta!
—No. En lo que estamos de acuerdo es en que eres una caprichosa.
Shin Hye giró sobre sus talones y corrió hacia la salida. Al ver su
expresión. Yong Hwa se dijo que si se había llevado su proverbial sentido del
humor con ella, debía de tenerlo en el fondo de alguna de las maletas. ¡Aquello
era grandioso! Lo último que necesitaba era soportar a Shin Hye enfadada.
Si existieran los viajes en el tiempo, Yong Hwa habría hecho una reserva
para el día en el que Shin Hye había empezado a convertirse en una mujer
despampanante y se habría detenido allí. Pero, por supuesto, no existía nada
parecido a los viajes a través del tiempo y, además, no era capaz de precisar
el día en el que había empezado aquella extraordinaria transformación. Sospechaba
que aquella evolución se había dado de forma gradual, y que la irritación que
le producía sentirse físicamente atraído hacia ella, era la que le llevaba a
pensar que el cambio había tenido lugar de un día para otro. ¡De un minuto para
otro, casi! Recordaba con la misma nitidez el día que Shin Hye había recibido una regañina por echar licor al ponche
el día de la fiesta de aniversario de sus padres, ella apenas tenia dieciséis, y sin embargo él había terminado desnudándola mentalmente… Aunque la verdad era que el modelito que llevaba Shin
Hye aquella noche era demasiado sexy.
Durante el camino hacia el coche, Shin Hye continuó en silencio. Yong
Hwa se sentía como un auténtico miserable, pero no por haberla enfadado de
aquella manera, sino porque en el fondo había agradecido la oportunidad de
poder mirarla sin tener que escucharla. Era tan canalla que hasta se había
mantenido a unos pasos detrás de ella para poder observar su caminar con
aquel short ajustado… Pero había terminado sintiéndose asquerosamente
culpable.
Shin Hye era la hermana de su mejor amigo, y sabía perfectamente que
cuando éste le había pedido antes de morir que vigilara de cerca a su hermana,
no se refería a aquello. ¡Diablos! Si Hyung Han hubiera vivido lo suficiente
para ser testigo de la forma en la que la estaba mirando, le habría dado tal
puñetazo que lo habría dejado sin dientes. Y habría sido un puñetazo justo,
razonó. Él tampoco toleraría que nadie mirara de aquella forma a Bo Jie.
Debía hacer lo imposible para controlarse, se dijo a sí mismo. Al fin y
al cabo, Shin Hye ni siquiera era su tipo. A él le gustaban las mujeres de tipo
de belleza más clásico… Y no una jovencita, con aspecto infantil, sonrisa
traviesa y una gorra de baloncesto en la cabeza… por muy hermosas que fueran
sus piernas.
Aun así, el cambio que habían experimentado sus sentimientos hacia ella era
preocupante; en el pasado, se había dicho que gran parte de la ternura que Shin
Hye le inspiraba se debía a los lazos que unían a sus respectivas familias y al
hecho de que fuera seis años menor que él. Pero entonces, ¿por qué de pronto
había empezado a pensar que la distancia entre los veintitrés y los veintinueve
era menor que la que había entre los dieciséis y los veintidós? ¿No sería que…?
—No me digas que has dejado las
llaves adentro.
El tono impaciente de Shin Hye sacó a Yong Hwa de sus pensamientos.
Automáticamente, se llevó las manos a los bolsillos.
—No.
—¿Entonces qué haces ahí parado, mirando al coche con el ceño fruncido?
—lo urgió—Me muero de ganas de hablar con Bo Jie.
—Tendrás todo el tiempo que quieras para hacerlo. No se va hasta el
domingo.
—Eso si no cambia de opinión…
—¿Crees que lo hará?
—No sería la primera vez.
Shin Hye se obligó a meterse en el coche sin hacer ningún otro
comentario, pero tuvo que morderse la lengua para mantener su pretendida
indiferencia. La pasión de Yong Hwa por los autos no era ningún secreto para
nadie y, por lo visto, ya no tenía que conformarse con vehículos de segunda
mano: aquel auto era lo último modelo de la línea Land Rover y Shin Hye sabía que valía millones. Miró a Yong
Hwa y comprendió que éste estaba esperando a que, como siempre, le pidiera que
le dejara probarlo, para poder contestarle con su ya tradicional «no». Pero
para no pedírselo tuvo que morderse la lengua con más fuerza todavía. Si seguía
mucho tiempo al lado de Yong Hwa, iba a acabar con cicatrices permanentes en la
lengua.
Consiguió mantenerse en un obstinado silencio hasta que salieron a la
carretera. Entonces, se enderezó en su asiento, secretamente satisfecha por
el ceño que marcaba la frente del conductor.
—La decisión de Bo Jie ha sido increíble —le dijo—No me enteré hasta
ayer por la noche.
—Y yo me he enterado hace un par de horas.
—Tienes que estar bromeando. ¿No te comentó nada antes de decidirse?
—No. Se ha presentado en mi despacho esta tarde y me ha dicho que se iba
y que tú ibas a venir a sustituirla.
Aquella respuesta la sorprendió; debía ser la primera vez desde hacía
años que Bo Jie tomaba una decisión sin correr a consultar a su hermano.
—¿Has hablado con tus padres? —le preguntó Yong Hwa sin apartar los ojos
de la carretera.
—Sí, ayer por la noche. Los llamé en cuanto terminé de hablar con Bo Jie
—sonrió—Estaban completamente emocionados.
—Mmm —la miró abiertamente—¿Y tú, Shin Hye? ¿También estás emocionada?
—¡Por supuesto! ¿Cómo no iba a estarlo? Ya es hora de que Bo Jie comience
a hacer cosas normales. Bueno—se corrigió, conocedora de lo susceptible que era
Yong Hwa ante las referencias a los problemas emocionales que había sufrido su
hermana en el pasado—, no es que piense que hasta ahora no ha sido una persona
normal, pero… bueno, vive un poco recluida, sólo tiene veintisiete años y es
una mujer muy hermosa y… —se interrumpió al advertir la mirada cargada de
cinismo de Yong Hwa.
—No intentes engañarme, Shin Hye. Los dos sabemos que decir que ha
vivido un poco recluida es un eufemismo.
—Bueno, admito que ha sido un poco rutinaria…
—Deja de dar rodeos. Bo Jie se ha pasado los últimos ocho años viviendo
en el pasado, ajena a todo lo que ocurría a su alrededor. Y ahora nos aparece
con esto —golpeó el volante—¡Puf! Hace seis semanas, estaba conmemorando la
muerte de Hyung Han y hoy me anuncia que se va a Japón —sacudió la cabeza—Créeme, por mucho
que me apetezca relajarme y pensar que es bueno para ella haber conseguido
romper de una vez por todas con la rutina, la verdad es que no puedo. Y a ti
todo esto te resulta tan incómodo como a mí —continuó con evidente enfado—así
que no sigas diciéndome lo que crees que yo quiero oír.
—No lo estoy haciendo. La verdad es que me encanta que Bo Jie haya
decidido tomar las riendas de su vida. Llevamos años rezando para que salga de
su rutina y ahora que por fin lo ha hecho debemos… —al ver la mirada de
incredulidad de Yong Hwa se interrumpió—De acuerdo, de acuerdo —suspiró—Admito
que una parte de mí está ligeramente preocupada porque ha sido una decisión muy
repentina. Pero hay una cierta diferencia entre decir que vas a hacer una cosa
y hacerla realmente. Tú estás preocupado porque crees que Bo Jie está haciendo
las cosas sin pensar, y lo que a mí me preocupa es que empiece a preguntarse si
no estará actuando con demasiada precipitación y decida dar marcha atrás.
Al ver el ceño fruncido de Yong Hwa añadió:
—Una persona que ha tomado tan rápidamente una decisión, puede cambiar
de opinión a la misma velocidad. Si Bo Jie siente que tenemos dudas sobre lo
que va a hacer, empezará a dudar ella misma. Y la cuestión de fondo es que
necesita hacer ese viaje. Las razones que la hayan impulsado a decidirse ahora
no deberían representar ningún problema.
Hubo algunos segundos de silencio mientras Yong Hwa pensaba en lo que Shin
Hye acababa de decirle; después se volvió hacia ella con una sonrisa en los
labios.
—¿Sabes, Shin Hye? A veces me sorprendes. Acabas de hacer una observación
muy inteligente.
Era una alabanza demasiado condescendiente para que la joven se la
tomara con alegría.
—Bueno, ya sabes lo que se dice de los niños…
—En realidad es un refrán referido a la boca de los bebés…
—Lo sé —le dirigió una sonrisa cargada de falsa dulzura—Pero no soporto
que me llamen bebé. Además, estoy intentando que descartes la imagen que tienes
de mí, ya he dejado de tomar biberones. Yong Hwa.
—Para empezar podrías ponerte una mordaza —le sugirió—No cambiaría tu
imagen, pero al menos dejaría de preocuparme que vayas a darme un mordisco cada
vez que malinterpretas uno de mis inocentes argumentos.
—Sabes, Yong Hwa, supongo que esto que voy a decirte no entra dentro de
los límites de tu imaginación, pero hay algunos hombres que encontrarían deliciosa
la idea de sentir mis dientes en su piel.
***
Cuando el coche tomó el desvío que conducía hacia aquella casa que había
sido para Shin Hye como un segundo hogar durante la adolescencia, se apoderó de
la joven una oleada de nostalgia. Sin embargo, desde que los padres de Yong Hwa
se habían ido a vivir a Tokio, al igual que los suyos, sólo había hecho una
media docena de visitas, y nunca había estado en ella más de unas cuantas
horas. Pero, al menos durante las siguientes semanas, aquella casa volvería a convertirse
en su hogar.
—¿Qué te pasa?
—Nada, sólo estaba pensando que la casa está tal como la recordaba. Cada
vez que vengo, espero encontrarme con que has hecho alguna reforma…
—¿Por qué? ¿Le pasa algo malo a la casa?
—No, nada. Es sólo que, siendo tú arquitecto y pudiendo hacer reformas a
muy bajo precio, me extraña que no hayas sucumbido a la tentación de hacer
algún cambio —sonrió—Mira, a mí, por ejemplo, me encanta la casita que me he
comprado, pero si tuviera más dinero, te aseguro que haría unas cuantas reformas.
Sin embargo, tú tienes dinero y no has hecho nada.
Yong Hwa se volvió hacia ella arqueando una ceja con gesto escéptico.
—Oh, deja de mirarme así. Mi madre no para de decir que has tenido un
éxito increíble y que desde que te has hecho cargo de la empresa de tu padre,
has cuadriplicado los beneficios.
—Ella exagera.
—Y lo dices sentado al volante del último modelo de un Ranger Rover—respondió
secamente.
Yong Hwa sonrió.
—No me había dado cuenta de que lo habías notado.
—¡Estás bromeando! ¿Cómo no voy a fijarme? ¿Qué? ¿Me vas a dejar
conducirlo mientras esté aquí?
—Como tú misma has dicho, ¡estás bromeando! Te he visto conducir. Shin
Hye.
—Pues claro, tú fuiste uno de los que me enseñó.
—No me lo recuerdes. De todas formas, Bo Jie ha dicho que puedes usar su
coche mientras esté fuera.
Aquella referencia a su hermana hizo que Shin Hye se volviera hacia la
casa.
—¿Sabes, Yong Hwa? Ahora que Bo Jie ha conseguido dejar a Hyung Han en
el pasado, quizá podamos hacerlo todos los demás —miró al que había sido el
mejor amigo de su hermano, que a su vez la estaba observando con los ojos
entrecerrados.
—¿Qué quieres decir?
—Que quizá ahora alguien se digne a explicarme todo lo que sucedió la
noche que murió.
—Shin Hye…
—No —alzó una mano para interrumpirlo—Sé lo que ocurrió después de su
muerte: estoy enterada del embarazo psicológico de Bo Jie y los problemas que
tuvo posteriormente, y hasta sé que no me dejas conducir ninguno de tus coches
porque Hyung Han iba en tu coche cuando sufrió el accidente.
Yong Hwa se tensó visiblemente al oír sus palabras y, tras apagar el
motor, agarró el picaporte.
—Deja de decir medio verdades sobre cosas que sucedieron cuando eras
sólo una niña. Olvídalo ya, Shin Hye, ahora que Bo Jie ya lo ha hecho.
—¿Tú lo has olvidado?, además yo tenía catorce años, no era una niña
Yong Hwa abrió la puerta del coche: cuando se encendió la luz del
interior. Shin Hye pudo advertir su irritación.
—No sé qué clase de fantasías ha concebido tu mente, pero procura
guardarlas para ti. No quiero que nada le afecte a Bo Jie.
—¿Esa es la razón por la que compraste esta casa cuando tus padres
decidieron que querían venderla y Bo Jie no estaba dispuesta a marcharse? —Yong
Hwa salió del coche y cerró su puerta de un portazo—Tengo razón, ¿verdad? —Insistió
la joven en cuanto salió—Por eso no has querido hacer ningún cambio, porque no
quieres hacer nada que pueda afectar a Bo Jie.
—No sabía que las actrices se dedicaban a hacer psicoanálisis cuando
están fuera del plató.
—Ya me conoces—repuso Shin Hye, encogiéndose de hombros—Soy capaz de
hacer cualquier cosa. De hecho, ahora estoy a punto de empezar a llevar las
cuentas de tu empresa.
Yong Hwa rodeó el coche para abrir el maletero.
—¿Yong Hwa? —le preguntó Shin Hye mientras se acercaba a él—Hay algo que
nunca he sido capaz de comprender…
—¿Por qué no lo dejas ya y vas hacia la casa?
—¿Por qué renunciaste a ser socio de una de las firmas más prestigiosas
de arquitectos de Seúl para hacerte
cargo de la empresa de tu padre? A lo que me refiero es a que siempre has
querido ser arquitecto, fuiste el primero de tu promoción y…
—¡Claro que no puedes comprenderlo! —cerró el capó violentamente—La
razón se llama «responsabilidad», «responsabilidad familiar». Nuestros padres trabajaron
muy duramente para levantar esta empresa y no tenía ganas de ver cómo quebraba
en manos de unos extraños.
—¿Y no echas de menos la arquitectura?
—En este momento, lo que echo de menos es la paz y la
tranquilidad que tenía antes de ir a buscarte al aeropuerto. Ahora, ¿quieres
hacer el favor de cerrar la boca y dejarme meter las maletas en casa? Estoy
deseando ir a buscar el frasco de aspirinas que tuve que comprarme la última
vez que estuviste aquí.
Esta realmente interesante, quiero saber que sucede despues. Ademas la forma en que esta bien escrita, ¡Espero el proximo capitulo con Ansias! (=
ResponderEliminar-Susy
Si porfis Unni no nos dejes con la intriga
ResponderEliminarHola!! Hace poco encontre este blog y me EH leído todos los fics jijiji xD y claro esta leí este.... Espero que no seas de esas autoras que escriben algo y lo dejan sin terminar.... Me sentiría bastante decepcionada.... En fin !! Espero de manera optismista que continúes y actualice s pronto!! :) te dejaría el nombre de mi cuenta pero no me acuerdo jejejjeje de la clave xddddd
ResponderEliminarNos vemos!!! Cuidate mucho .
Saludos
Siento haberlo dejado, los preparativos para asistir al concierto de CNBLUE me tiene ocupada sin embargo les comento que no dejarte las historias incompletas, y gracias por sus saludos y ánimos ^^
ResponderEliminarUnni eres de chile o dw Perú x q ahí estan llegando mis CN BLUE jajajajaja
ResponderEliminarWooo q duro es ...lo amo
ResponderEliminarYo fui al concierto de cnblue yonghwa es tan sexy....verlo de cerca fue el paraiso