sábado, 18 de enero de 2014

LAS REGLAS DEL JUEGO - CAPITULO 1

—¿Tienes un minuto? Al oír a su hermana Yong Hwa, elevó la mirada del proyecto en el que había estado trabajando durante toda la tarde. Cuando vio las dos tazas de humeante café que la chica llevaba, asomó a sus labios una sonrisa.
—Hermana, a cambio de un café puedo dedicarte más de un minuto! —tomó una de las tazas.—Gracias. Este proyecto me está dando más dolores de cabeza de los que esperaba.
—Seguro que conseguirás sacarlo adelante, Yong Hwa, siempre lo haces.
—¡Café y cumplidos! Así no sólo vas a conseguir un minuto de atención, sino también mi curiosidad. ¿Qué pasa? ¿Está causándote problemas algún moroso?
—En… no. Todo va estupendamente en el departamento, por esa razón he decidido viajar a Japón, me apetece ver a papá y a mamá.
Fue tal la impresión, que Yong Hwa tuvo dificultades para tragar el sorbo de café que acababa de tomar; cuando lo consiguió, abrió la boca y la cerró un par de veces antes de poder siquiera recuperar la voz. Si Bo Jie le hubiera anunciado que había aprendido a caminar por el agua no lo habría sorprendido tanto.
—¿Que vas a hacer qué?
—Ya me has oído —le dijo, como si no estuviera segura de ser capaz de repetir sus propias palabras—Tengo veintisiete años, Yong Hwa; ya es hora de que intente hacerme cargo de mi propia vida —sonrió—. Al menos eso es lo que me dice siempre todo el mundo, y bien, ayer decidí que la gente tenía razón.
Por una parte. Yong Hwa se alegraba de oírselo decir, pero por otra, le preocupaba la decisión que había tomado su hermana. Desde la muerte de Hyung Han, su mejor amigo y el prometido de Bo Jie, de la que habían pasado ya más de ocho años, se había estado preguntando si su hermana sería capaz de dejar alguna vez el pasado tras ella; hasta ese mismo momento, no había habido ningún indicio de que así pudiera ser, por eso no terminaba de convencerlo que hubiera tomado una decisión tan repentina.
La miró buscando la respuesta en su rostro.
—No me mires como si me hubiera vuelto loca, Yong Hwa.
—¡No lo estoy haciendo! —pero debía de reconocer que aquella posibilidad ya se le había pasado por la cabeza. Intentando sonreír para alejar su sentimiento de culpabilidad, se levantó, rodeó el escritorio y tomó a su hermana de la mano.
—Te has quitado el anillo de compromiso —observó.
—Sí, anoche. Creo que ésa ha sido la parte más difícil. Volar a Japón va a resultarme mucho más sencillo.
Hizo aquella confesión casi en un susurro, pero la fuerza que se ocultaba detrás de sus palabras le produjo a Yong Hwa una curiosa mezcla de alivio y cariño. Rodeó a su hermana con el brazo y la estrechó contra él. Después de tanto tiempo, por fin estaba preparada para liberarse de las sombras tras las que se había refugiado durante aquellos años. El duelo había terminado. Cuando se separaron, ambos estaban sonriendo.
—¿Se lo has dicho a papá y a mamá?
—Sí, los llamé antes de venir a trabajar —rió—Estaban sorprendidos, emocionados y aliviados… exactamente en ese orden.
—Me lo creo —vaciló antes de añadir—¿Y los Park?
Los Park eran los mejores amigos de sus padres. Y también los padres de Hyung Han.
—También están muy contentos —se le quebró ligeramente la voz—La Sra. Park me dijo que Hyung Han se alegraría de ver que soy capaz de continuar con mi vida.
Yong Hwa asintió e inmediatamente desvió la conversación hacia temas menos tristes.
—Bueno, por lo que me dijo mamá cuando hablé con ella la otra noche, creo que te va a encantar Tokio. Entonces, ¿cuándo te vas exactamente?
—El domingo.
—¡El domingo! Pero si hoy es viernes… ¿Cómo vas a conseguir el pasaporte y …?
—Tengo todos los papeles en regla. ¿No te acuerdas de que hace un par de años estuve a punto de hacer esto mismo?
Claro que lo recordaba. Park Shin Hye, la hermana pequeña de Hyung Han, había estado a punto de convencerla para que pasara unas vacaciones con ella, pero en el último minuto Bo Jie se había echado para atrás, sin decirle a nadie qué motivo había tenido para cambiar de opinión.
—De acuerdo, entonces llamaré a la señora Lee para que pueda venir a sustituirte.
—La señora Lee no está disponible, pero ya está todo arreglado —le aseguró Bo Jie—Ya he hablando con Shin Hye para que me sustituya.
—No, ¡no puedes haberme hecho eso! Bo Jie, por favor, dime que no le has pedido a Shin Hye que venga.
—Ya está todo arreglado. Llegará esta noche.
—¡Pues desarréglalo si no quieres que termine con un ataque de nervios!
—Oh, déjalo ya Yong Hwa —lo regañó—Es una solución perfecta. Shin Hye ahora no tiene trabajo.
—¡Pero es una actriz, no una contadora!
—Yo tampoco soy contadora. Lo que necesitamos es una persona de confianza, además Shin Hye estuvo dos años en la universidad haciendo…
—Estuvo dos años porque suspendió el primero. Y lo que es peor, sólo es una niña.
Bo Jie soltó una carcajada.
—Si todavía la ves como a una niña es evidente que te perdiste el episodio de Live in Heaven  en el que salía muy sexy y…
—Ahórrame los detalles de esa serie —repuso Yong Hwa secamente: su cuerpo ya estaba reaccionando al recordar aquella escena que, desgraciadamente, no se había perdido.
—Pero Yong Hwa, ¿qué problema le ves? Sólo van a ser unas semanas.
—Los terremotos apenas duran unos segundos.
—Debería haberme imaginado que ibas a ponerme dificultades.
—Bo Jie, no estoy intentando ponerte dificultades, simplemente estoy intentando ser práctico. Además, no creo que haya sido una buena idea llamar a una persona que prácticamente es de la familia.
—¿Por qué?
—¿Que por qué? Pues porque… porque Shin Hye es imprevisible. Nunca se sabe lo que va a hacer, y encima odia que le den órdenes, sobre todo que se las dé yo —añadió pesaroso—Diablos, cuestiona todo lo que le mando. Para colmo, es tan conocida que estoy seguro que se va a tener que pasar el día firmando autógrafos en la oficina. ¿De verdad crees que va a poder sacar adelante el trabajo?
—Mira. Yong Hwa, este viaje es muy importante para mí, pero puedo cancelarlo si…

—¿Qué dices? ¡Ni se te ocurra! —pensar que podía estar proporcionándole a Bo Jie una excusa para renunciar a sus planes le hizo olvidarse de su intento de preservar la cordura— Olvídate, te vas a marchar. El domingo te montarás en ese avión y Shin Hye estará sentada detrás de tu escritorio el lunes por la mañana—echó un vistazo al documento que tenía encima de la mesa y que tantos dolores de cabeza le había dado y suspiró. Comparado con lo que iba a ser vivir y trabajar con Shin Hye durante las próximas semanas, todo le parecía infinitamente sencillo.











5 comentarios:

  1. waw, parece que se pone más interesante, por favor, espero lo actualices más seguido, hasta luego.

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  2. Ow parece interesante ya me enganche, espero pronto el siguiemte cap

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  3. Se ve interesante quiero saber la jota y los días en q vas a publicar x q no tengo tiempo para leer recién he leído elcapitulo

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  4. Genial, genialll nuevo fic ^^ continuala please :)

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