viernes, 12 de julio de 2013

LA MELODIA DEL AMOR - CAPITULO 11 (M - CLASIFICADO)

(Clasificación - M)

***
Era de noche cuando Shin Hye se despertó. El reloj de la mesilla indicaba que eran más de las doce, y tardó varios segundos en comprender que el peso que tenía encima de su cintura era un brazo. El brazo de Yong Hwa. Una de sus piernas también estada cruzada sobre las suyas. Casi como si, incluso mientras dormía, se estuviese asegurando de que no huyera de él…
No sabía exactamente cuándo ni cómo se había quedado dormida en sus brazos. Había estado convencida de que no lo haría, pero el agotamiento emocional había sido más fuerte que su deseo de librarse de Yong Hwa, y se había quedado dormida.
¡Agotamiento emocional…! Su padre…
—Llamé al hospital hace poco —dijo Yong Hwa en voz baja en la oscuridad. —Tu padre sigue estable y tu madre está dormida. Nos aconsejaron que no volvieras hasta dentro de un rato.
¿Cómo había sabido que estaba despierta, y mucho menos lo que estaba pensando? Ni siquiera había movido un músculo. ¿Cómo sabía siempre…?
—Regresaré ahora mismo —declaró Shin Hye.
—Eso les dije —le aseguró Yong Hwa con ironía. —Saldremos dentro de poco.
—Te dije…
—Deja de discutir—la calló en tono cansino. —No solías ser tan desconfiada. Lo creas o no, tu padre siempre me ha agradado, y le tengo mucho respeto, así que tengo intención de ir al hospital de todas formas. Contigo o sin ti —añadió al ver que iba a volver a hablar.
Una vez más, Shin Hye no tuvo fuerzas para discutir. Yong Hwa podía hacer lo que quisiera, de todas formas siempre lo hacía. Excepto que aquel brazo sobre su cintura, la pierna sobre las suyas… Estaba demasiado cerca.
Yong Hwa se movió en la penumbra. La luz de la luna que penetraba por la ventana dejaba ver que se había apoyado sobre un codo y la miraba. ¡Estaba aún más cerca!
—Eres tan hermosa, Shin Hye —le dijo acariciando la sedosa textura de su pelo. Su voz resultaba seductora por su suavidad, y Shin Hye sintió aquella sensación familiar de que sus huesos se derretían. Apretó los labios al mirarlo.
—Ahora soy…
—Siempre fuiste hermosa—dijo con aspereza, y su mano se cerró por unos momentos sobre su pelo. —La forma en que pensaba sobre ti, sentía sobre ti, nunca ha cambiado, Shin Hye. ¡Tú eres la que ha cambiado!
—No tuve elección.
—Sí que la tuviste —dijo con furor. —Podías haberte quedado y seguir conmigo…
—Yo me quede el que se fue, fuiste tu! —replicó con el mismo furor
Yong Hwa se incorporó con expresión sombría delante de ella.
—Creo que tu padre se equivocó hace tres años —masculló salvajemente, agarrándole las manos  con las dos manos. —Debería haber permanecido cerca de ti y borrar toda esta autocompasión que parece haber entrado a formar parte de ti.
—¿Cómo te atreves? —sus ojos centellearon con un marron intenso. —No tienes ni idea…
—Tengo perfecta idea de todo por lo que has pasado físicamente —la interrumpió. —Me ocupé de saberlo. Pero nadie mencionó esta autocompasión tan monumental, esta… No, Shin Hye —dijo moviéndose rápida y fácilmente para protegerse de la mano que avanzaba para abofetearlo. —No —murmuró, antes de bajar la cabeza y tomar posesión de los labios de Shin Hye.
Como fuego ardiente, su cuerpo y cada partícula de su ser, estaba ardiendo,  por Yong Hwa, por la explosión de sentidos que sabía que sólo podía encontrar en sus brazos.
Su cuerpo reaccionó a las caricias de Yong Hwa como si no hubiese pasado el tiempo desde la última vez que habían hecho el amor. Yong Hwa movió una mano para rodear su cuerpo, y empezó a acariciar el delicado cuerpo de Shin Hye. Un calor que Shin Hye nunca había conocido le recorrió todo el cuerpo.
Se sintió fuera de control, mucho más que la primera vez con Yong Hwa hacía años… la primera vez que había estado con un hombre. Yong Hwa había sido tan suave con ella aquella noche, tan cuidadoso con su inocencia, y la había llevado una y otra vez al éxtasis antes de convertir la pasión en un fuego lento y asegurarse de no lastimarla cuando por fin la poseyó plenamente.
Otra vez la trataba de aquella forma, con manos suaves pero seguras mientras lentamente la despojaba de todas sus prendas antes de quitarse las suyas. Era hermoso en la penumbra, todo él músculo dorado y nervios, y ojos negros que contemplaban su desnudez.
¿Le parecería distinta?, se preguntó Shin Hye con nerviosismo. El accidente había dejado una cicatriz, en uno de sus muslos, una cicatriz al que ella se había acostumbrado, pero que Yong Hwa nunca había visto antes. ¿La encontraría fea? ¿Pensaría que…?
Emitió un gemido cuando Yong Hwa bajó lentamente la cabeza y empezó a besar su vientre plano y con su  mano empezó a acariciaba aquella cicatriz que la perturbaba. Su cuerpo se arqueó instintivamente.
—¡Yong Hwa…! —gimió con desesperación, con el cuerpo ardiente, y deseó a Yong Hwa, lo necesitaba… ¡cómo lo necesitaba!
Finalmente la besó como quería ser besada. El mundo entero pareció girar salvajemente cuando sintió que el placer recorría todo su cuerpo, desde las yemas de los dedos y las puntas de los pies.
Si había muerto e ido al cielo, entonces quería quedarse allí, no quería estar en ninguna otra parte más que en los brazos de Yong Hwa, comunicando con él de la forma que siempre había funcionado para ellos.
Entonces Yong Hwa la poseyó  por completo.
—Mírame, Shin Hye —dijo con voz ronca encima de ella, y Shin Hye se dio cuenta por primera vez de que había cerrado con fuerza los ojos.
Estaba magnífico encima de ella… el pelo negro revuelto sobre la frente, los ojos profundos, como pozos insondables, un leve color en las líneas duras de sus mejillas, los labios llenos, la columna bronceada de su cuello tenso, los hombros anchos y musculosos.
—Quiero que sepas que soy yo quien te está haciendo el amor, Shin Hye —le dijo bruscamente. —Y no un sustituto.
—¿Qué…?
—Soy yo, Shin Hye… Yong Hwa —murmuró con voz ronca antes de que sus labios se posaran sobre su cuello, cálido y fragante.
Encajaban tan bien, la dureza de Yong Hwa con la cálida suavidad de Shin Hye, y con aquellos movimientos lentos sintió que el placer crecía, se elevaba, amenazando con perder el control.
—Yong Hwa, no puedo, no… ¡Yong Hwa…!
Se aferró desesperadamente a sus hombros cuando todo su cuerpo explotó, y el placer fue casi demasiado intenso como para tolerarlo.
—Sí, Shin Hye —la animó Yong Hwa. —Eres mia, cariño.
Shin Hye había creído que su placer había terminado, pero no fue así. Yong Hwa la llevó a la cima dos veces más antes de que su propio cuerpo se estremeciera fuera de control…

***
Se quedaron abrazados, un nudo de brazos y piernas, los de Shin Hye tan pálidos y frágiles, los de Yong Hwa morenos y fuertes, respirando pesada y entrecortadamente en el silencio de la noche.
La realidad volvió de golpe para Shin Hye, y empezó a llorar suavemente al sentir que la invadía el recuerdo. Aquel hombre era la razón de que, cuando Hong Ki había tratado de reactivar su relación hacía dos años, no había sido capaz de reaccionar, y finalmente se hubiese enamorado de Juniel. Aquel hombre era la razón de que no pudiera estar con nadie más, de que estuviera destinada a pasar el resto de su vida sola.
Porque lo que había pasado entre ellos hacía unos momentos no podría repetirlo con nadie más. Allí, desnudos y abrazados, podían entenderse perfectamente. Separados y vestidos, no tenían nada que decirse.
—No te muevas —gimió Yong Hwa junto a su cuello justo cuando se disponía hacerlo— No quiero que te apartes de mí. ¡Mi otra mitad!
Pero no lo era y nunca lo sería. Yong Hwa sólo había regresado a su vida porque quería que cantara con él. Las lágrimas dejaron de ser silenciosas y un sollozo se agolpó en su garganta.
Yong Hwa levantó la cabeza y vio los ríos de lágrimas que empapaban sus pálidas mejillas. Levantó la mano para tocar aquellas lágrimas y se acercó las yemas de los dedos a los labios para probar la sal.
—Ojalá pudiera engañarme y pensar que son lágrimas de felicidad, que el intenso placer que acabamos de compartir te ha hecho llorar como solías hacer. Pero no es así, ¿verdad? —dijo en un tono que más parecía una afirmación que una pregunta. —No hemos hecho nada malo, Shin Hye. Sigo siendo tu marido y tú sigues siendo mi esposa.
—Y tú tienes a Suzi y yo tengo a Hong Ki —dijo Shin Hye, confiando una vez más en que Hong Ki y Juniel la perdonaran. Se sentía tan indefensa en los brazos de Yong Hwa.
Los ojos de Yong Hwa brillaron en la penumbra.
—Hong Ki ha estado extendiendo su veneno, ¿verdad? —masculló.
—¿Hong Ki…?, si lo dices por lo de Suzi . Hong Ki no me ha dicho nada al respecto.
Él nunca le haría daño deliberadamente. Mientras que aquel hombre…
¿O tal vez no lo había hecho deliberadamente tres años antes? Tal vez Yong Hwa había confiado en que no se enteraría de su traición con Sue Min. Había subestimado a la otra mujer sobre su determinación en lo referente a él.
Shin Hye nunca se había creído que la cantante le contara su relación con Yong Hwa porque sintiera remordimientos sobre lo ocurrido entre ellos. Era evidente que Sue Min había decidido que quería unir su carrera a la de Yong Hwa y que cualquier posible regreso de Shin Hye supondría el fin. Pero aquello no alteraba el hecho de que Yong Hwa había traicionado sus votos de matrimonio.
Yong Hwa la agarró por los hombros.
—Entonces, ¿quién más ha estado extendiendo esos rumores maliciosos?
—Nadie —le respondió Shin Hye con impaciencia—Los oí a Hong Ki y a ti hablar en la casa de Suzi aquella mañana.
—El que escucha, su mal oye —masculló con disgusto. —Y aprendí hace tiempo a no creer todo lo que oigo. Soy amigo de Suzi y Jong Hyun, y padrino de sus dos hijos. Adoro a esos dos pequeños…
—No quiero saberlo —exclamó Shin Hye, hallando la fuerza para empujarlo. —Tu vida, o a quien tengas en ella, no es asunto mío —le dijo fríamente, y rodó hasta su lado de la cama para luego sentarse en el borde. Se vio la cicatriz  que Yong Hwa había acariciado y se levantó rápidamente para tomar la bata de encima de la silla, ponérsela y atar el cinturón con fuerza antes de volverse para mirarlo.
Se quedó sin aliento al hacerlo, era tan hermoso. Tan dorado y tan musculoso. No había ni un gramo de grasa en su trabajado cuerpo. Cerró los ojos, y el corazón, a los efectos de aquel cuerpo.
—Tengo que volver al hospital.
—¿Qué pasara ahora? —preguntó con aspereza.
Shin Hye se encogió de hombros.
—Nada, solo fue una reacción natural…
—Eso no te lo acepto —le dijo Yong Hwa con fiereza poniéndose de pie—Lo que ha pasado no ha tenido nada que ver con la necesidad, sino con el amor. Tú…
—Exactamente —corroboró Shin Hye. —Los seres humanos siempre utilizamos el sexo para...
—Excepto que no ha sido sexo, Shin Hye —la interrumpio con suavidad. —Hemos hecho el amor, un amor sin adulterar.
Shin Hye se puso rígida al oír la última frase. El adulterio era la especialidad de Yong Hwa.
—Vives en un mundo de fantasía, Yong Hwa, si te crees eso —se burló para ocultar su dolor. —Ha sido solo sexo. Y si Hong Ki hubiese sido el que me hubiese traído, ni siquiera estaríamos teniendo esta conversación.
Yong Hwa se quedó repentinamente muy quieto, peligrosamente quieto.
—¿Quieres decir que si Hong Ki te hubiese traído habría sido él el que habría compartido tu cama?
—Por supuesto que es eso lo que quiero decir —lo despachó fácilmente. —Ahora, si me disculpas, tengo que darme una ducha antes de volver al hospital.
Se dio media vuelta y se alejó. Con cada paso que daba, esperaba que Yong Hwa la detuviera para obligarla a reconocer que lo que habían hecho no era la necesidad básica que ella decía.
Pero llegó al cuarto de baño sin que aquello ocurriera, casi incapaz de creer su suerte, y se volvió a mirar a Yong Hwa una vez que traspasó el umbral. No la estaba mirando. De hecho, estaba sentado en su lado de la cama, de espaldas a ella. Encorvado más bien, con los hombros hacia delante y la cabeza gacha.
Por un instante sintió remordimientos por las cosas tan duras que había dicho sobre su unión. Luego, decidió dejar a un lado los remordimientos. Reconocer, incluso aceptar, que habían hecho el amor destruiría todas las defensas que había conseguido levantar contra él durante los pasados tres años. Las necesitaba. No podía sobrevivir sin ellas.
Cerró la puerta con fuerza a sus espaldas, corriendo el cerrojo. No porque pensara que Yong Hwa invadiría su intimidad, no en aquellos momentos. Pero necesitaba levantar esa barrera entre ellos, necesitaba volver a echar el cerrojo en su corazón.
Abrió el grifo de la ducha y permaneció bajo aquella cascada purificadora. Borró las caricias y el aroma de Yong Hwa de su cuerpo, negándose a derramar las lágrimas que se habrían fundido con aquel chorro caliente. No podía llorar, no sería capaz de parar.
Yong Hwa ya se había vestido y estaba sentado delante de la mesa de la cocina tomando café cuando Shin Hye bajó veinte minutos después. Ni siquiera la miró cuando entró en la estancia vestida con unos jeans negros ajustados y un jersey corto de color celeste, sino que se levantó para servirle una taza de la jarra de café recién hecho que había en la cafetera.
Shin Hye no se molestó en preguntarle dónde había encontrado el café o las tazas. De hecho, no se molestó en hablar de nada. La expresión del rostro de Yong Hwa era de una total lejanía. Se sentó para tomar el café, los dos en silencio. Porque no había palabras…
—Tal vez debieras volver al hospital. Te llevaré en cuanto estés lista —dijo Yong Hwa finalmente, con voz fría y remota.
—Tal vez debiera ir yo sola…
—¡Tal vez sí!—se precipitó a decir al oír su vacilante sugerencia. —Mi presencia allí no sirve de nada… ¡salvo quizás para molestarte!
Estaba tan distante, tan distinto del hombre que le había hecho el amor hacía unos minutos. Pero eso era lo que había querido, ¿no? Había querido que se distanciara, que se fuera lejos. Excepto que…
—Creía que mi padre quería hablar contigo.
Algo brilló brevemente en el la mirada oscura de sus ojos. ¿Enfado? ¿Dolor? ¿Rechazo? No podía decir qué era. Pero en seguida lo enmascaró y su expresión insondable volvió a colocarse en su sitio.
—No era nada importante —le dijo tranquilamente. —Tal vez puedas decirle eso a tu padre por mí. Que no era importante. Exactamente eso —añadió como si hubiera tomado una decisión. —Lo comprenderá, estoy seguro.
Al menos más que Shin Hye. Pero Yong Hwa no estaba dispuesto a explicar nada, y mucho menos a ella. De hecho, parecía que hasta hablarle suponía un esfuerzo. Cuanto antes tomaran caminos separados, mejor. Pero aún así…
—Papá fue tan claro…
—Sólo tienes que darle el mensaje—dijo Yong Hwa, poniéndose bruscamente en pie. —Ya te he dicho que lo entenderá.
Y empezó a rondar como un animal enjaulado por la cocina. Shin Hye se daba cuenta que no estaba en una disposición idónea para responder a sus preguntas, pero sabía que posiblemente sólo él tendría la respuesta.
—No entiendo por qué papá fue a verte ayer.
—No hay nada que entender —musitó Yong Hwa. —Estaba molesto porque habías salido en los periódicos. Creo que también él imaginaba que yo te había tendido una trampa. Tal vez quería que saliera de tu vida. La verdad es que no lo sé, se desplomó antes de llegar a decirme por qué había ido a verme.
—Entiendo —dijo Shin Hye lentamente, sin estar del todo segura de que le estuviese diciendo toda la verdad. Aunque sus palabras tenían sentido. Su padre se había enojado al ver los periódicos y era lo bastante protector como para llegar a hacer una cosa así. Aunque todavía no entendía cómo había sabido dónde encontrarlo…
Yong Hwa sacudió la cabeza con expresión lúgubre.
—Dudo que lo hagas. Dudo que me creas sobre esas fotografías de los periódicos. Me estoy acostumbrando a que no creas ni una palabra de lo que digo. Aun así, te repito lo que te dije ayer. No tuve nada que ver con que aquel fotógrafo estuviera allí. Los periodistas me han acosado lo mismo que a ti. Pero tampoco tienes por qué creerme.
—Te creo —dijo Shin Hye. Se estaba echando atrás ante su vehemencia, estaba realmente enfadado. Lo había estado desde que había hecho esa afirmación provocativa sobre Hong Ki. ¿Pero qué más debía hacer? ¿Reconocer que ni siquiera había salido con otro hombre en los últimos tres años, y mucho menos deseado acostarse con uno? ¡Se habría expuesto demasiado! Aunque fuera cierto…
—Estoy seguro de que lo dices para darme satisfacción —dijo Yong Hwa con una mueca. —Pero no me la das. Tendrás tu contrato de grabación… tu contrato de grabación en solitario —añadió enfáticamente. —Si los dos nos negamos a trabajar juntos, te lo ofrecerán.
—¿Es eso lo que dices ahora que vas a hacer?
—¿Quieres que lo ponga sobre papel y lo firme? —inquirió con fiereza.
—Claro que no.
—Entonces, ¿qué es lo que quieres, Shin Hye? —la urgió—¿O es que sigues sin creerme? ¿Crees que me echaré atrás en todo lo que he dicho, es eso?
Su rendición parecía demasiado buena para ser verdad, lo reconocía. Nunca había visto a Yong Hwa echarse atrás en nada, y había parecido tan decidido a…
—¡Ya veo que sí! —explotó, cansado de esperar una respuesta. —Está bien —le espetó, y paseó la mirada por la cocina con ojos entornados antes de divisar el bloc de notas que su madre guardaba al lado de la nevera para apuntar las cosas que necesitaba comprar a medida que le faltaban.
Yong Hwa tomó el bloc y el bolígrafo y escribió unas pocas palabras con impaciencia antes de firmar.
—Tal vez no sea un documento legal —dijo arrojándole el bloc sobre la mesa, —pero me atendré a lo que he escrito.
Shin Hye sostuvo el bloc con dedos temblorosos, casi con miedo de leer lo que había puesto. Yong Hwa dio un bufido de burla.
—Puse que estoy fuera de tu vida, Shin Hye, tanto profesional como personalmente. Y en cuanto salga por esa puerta, será verdad. Pero hasta que lo haga… —dijo salvando la corta distancia que los separaba para estrecharla entre sus brazos. —Eres tonta, Shin Hye. Tonta y cobarde.
Abrió la boca para protestar porque la había llamado cobarde y encontró los labios de Yong Hwa devorando los suyos con un duro beso, nada parecido a cuando habían hecho el amor hacía un rato.
Mientras continuaba besándola de aquella forma comprendió la diferencia entre un acto de amor tierno y la necesidad de castigar. ¡Yong Hwa le había hecho el amor en su cuarto! No había sido sexo, como le había dicho, sino amor.

¿Significaba eso que Yong Hwa la amaba…?


8 comentarios:

  1. Aww ¡Qué romántico, siguela!

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  2. Oh My God! Esto si esta muy bueno. Hermoso, continuala. Aquí espero(?) Pero no demores demasiado. Fighting!

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  3. YongHwa tan... Hermoso. Amo a ese hombre <3 Espero que lo continúes.

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  4. Que acción! Necesito saber más, espero el siguiente capi :D

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  5. woow, estuvo buenisimo, mmmm espero con ansias el proximo, jejeje, mmm la vdd reviso todos los dias y varias veces al dia para ver si subiste el siguiente capitulo, asi m tienes de pega a la historia XD

    sigue asi lo haces muy bien

    pd: sube pronto el proximo por fis....

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  6. Que significa en el título ''(M - CLASIFICADO)" ? Expliquenme porfisss, este fan fic me tiene enviciada siempre reviso si ya se subio el siguiente cap. Plissss siguela!

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  7. Mil gracias!!! ME he enamorado del capitulo cada vez esta más interesante esperaré el proximo :)

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  8. Pues claro q la amaaa...y mucho...Algo tendra q ver su padre con toda esta situacion??? No entiendo..de que queria hablar con ellos...Me encantaaa unnie...

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