—Tenemos que salir de aquí, Shin Hye —le
dijo Hong Ki distraídamente—El personal del Hotel no va a ser capaz de
contenerlos durante mucho tiempo. Será…—fue interrumpido por un golpe rotundo
en la puerta—. ¡Maldición!
Súbitamente se sintió tan atrapado
como Shin Hye. Y era comprensible. No había ninguna puerta trasera en aquella
suite, y si la prensa había…
—¡Abre la puerta! —rugió una voz
demasiado familiar desde el otro lado— Antes de que alguien me vea aquí y sume
dos más dos… ¡y saque cinco!
—¡Yong Hwa! —murmuró Hong Ki—. Debí
saber que volvería.
—Creo que debemos abrir la puerta, Hong
Ki —dijo Shin Hye, poniéndose en pie—Yong Hwa tiene razón —¡Si lo ven…!
Se acercó rápidamente a la puerta,
corrió el pestillo y se echó hacia atrás bruscamente, justo cuando Yong Hwa
empujaba la puerta para entrar. Luego la cerró a sus espaldas.
Parecía un poco cansado. Sus mechones resaltaban
desalineados, parecía que no hubiera dormido bien. Los Jeans le caían a la altura de las caderas
y llevaba una camisa de color azul claro metida por la cintura. Shin Hye recién
había notado que estaba más delgado. Pero sus ojos seguían siendo los mismos y Shin
Hye se percató de ello y dio un paso atrás, conmocionada… Eran fríos como el mar ártico…
Aquellos ojos gélidos avistaron la
bandeja del desayuno y los periódicos esparcidos por la habitación antes de
volver a posarse en Shin Hye.
—No puedes quedarte aquí… ¿te das
cuenta? —dijo con voz áspera—. Si lo haces, quedarás prisionera en esta suite,
incapaz de…
—¿Y quién demonios tiene la culpa? —lo
atacó Hong Ki con furia, mirándolo enojado— Si no hubieras hecho tu aparición
ayer en el escenario, nada de esto…
—Callate, Hong Ki —le aconsejó Yong
Hwa con aire cansino— La vida está llena de «síes», «peros» y «quizás», y al
final del día no cambian nada. La cuestión hoy es que la prensa está siguiendo
el rastro de lo que considera una buena historia y no va a parar hasta que nos
acorrale, al menos a uno de nosotros.
—Así que pensaste que lo mejor era
venir aquí y echar más leña al fuego —dijo Hong Ki con desagrado.
—Dame el beneficio de la duda —le dijo
con desprecio
—No tengo que darte el beneficio de
nada, Yong Hwa —se burló Hong Ki—. Eres un canalla egoísta y…
—No creo que así vaya a mejorar la
situación, Hong Ki —lo interrumpió Shin Hye con suavidad, tocándole levemente
el brazo.
—Ha sido él el que ha creado la
situación…
—Hong Ki —insistió. Y sacudió la
cabeza con una sonrisa llena de comprensión ante su furia. A ella tampoco le
agradaba la situación. Pero discutir entre ellos no iba a servir de nada— Hong
Ki y yo estábamos a punto de irnos —le dijo a Yong Hwa con voz pausada.
—¿Y cómo pretendías hacerlo? —replicó—
Hay periodistas rastreando todo el hotel en busca de tu habitación en este
mismo momento. Sólo es cuestión de tiempo —hizo una mueca—Hay que agradecer que
no te hayas registrado como el señor y la señora Lee, eso los habría delatado.
No hay razón por la que tengamos que
registrarnos como señor y señora Lee —le dijo Shin Hye con desprecio—Te dejamos
a ti esa clase de recurso.
Una vena palpitó en la mandíbula
contraída de Yong Hwa, la única indicación de que estaba conteniendo una
respuesta cáustica.
—¿No podríamos dejar de pelear y salir
de aquí? —dijo con impaciencia— Tengo mi coche aparcado en la entrada lateral.
Y ya he arreglado nuestra marcha.
Shin Hye era consciente de que aquel hotel
tranquilo y apartado, aunque perteneciente a una cadena hotelera de escala
mundial, distaba de estar acostumbrado a vérselas con situaciones como la de
aquella mañana. ¡Pero irse con Yong Hwa…!
—¿Qué quieres decir con que has
«arreglado» nuestra marcha? —inquirió Shin Hye, frunciendo el ceño.
—Exactamente eso, Shin Hye: que está
arreglada. Ahora recoge tus cosas y vámonos antes de que descubran mi coche.
Tenía razón. Tendrían tiempo de
discutir sobre quién iba a pagar la cuenta del hotel cuando salieran, pero Shin
Hye estaba decidida a hacerlo. No quería estarle agradecida a Yong Hwa por nada.
Se dirigió a su dormitorio sin más
comentarios y empezó a arrojar las cuatro cosas que llevaba dentro de su maleta
con la esperanza de que Hong Ki estuviera haciendo lo mismo en vez de discutir
con Yong Hwa.
—Habitaciones separadas, ¿eh? —comentó
Yong Hwa con aire pensativo desde el umbral pasados unos instantes—Qué
interesante…
Cuando levantó la cabeza para mirarlo,
estaba ruborizada. Confió en que lo achacara al esfuerzo de hacer el equipaje,
pero deseó que no se hubiera dado cuenta de que Hong Ki y ella no seguían
siendo nada más que amigos. Si Hong Ki no era el hombre de su vida, entonces, Yong
Hwa empezaría a especular sobre quién sería…
—He preferido dormir sola desde el
accidente —le dijo con aire distante— Me resulta más cómodo.
—¿Quieres decir que hacen el amor y
luego, Hong Ki queda desterrado a su habitación? —inquirió Yong Hwa con las
cejas levantadas.
Shin Hye se puso rígida con
resentimiento. Debía de haber sabido que llegaría a una conclusión así.
—Lo que hagamos por las noches no es
asunto tuyo, Yong Hwa —le espetó—No te habíamos invitado a venir y nos has
causado más que problemas desde que llegaste. No te debo ninguna explicación.
—Eres mi esposa…
—Tú también eras mi esposo —le replicó
con voz tensa—Pero no te pregunto lo que has hecho con tu vida desde que nos
separamos. Ni con quién lo has estado haciendo. Sinceramente, no tenemos tanto tiempo
—añadió en tono ácido.
—No solías ser asi, Shin Hye.
—No solía ser muchas cosas —dijo Shin
Hye, sonrojándose otra vez—Pero la necesidad de sobrevivir te enseña
exactamente eso: o sobrevives o te hundes. ¿Nos vamos ya? —inquirió con
impaciencia—Hace cinco minutos te parecía de lo más urgente.
—Deja esa maleta —le dijo cuando Shin
Hye se disponía a bajarla al suelo— Sé que estás recuperada, Shin Hye, pero
dudo que debas cargar mucho peso. —Y tomó la maleta de sus dedos poco dóciles.
Shin Hye apartó la mano, como si se
hubiera quemado, al sentir el hormigueo allí donde su piel había mirado en
contacto con la suya. Físicamente, Yong Hwa siempre le había producido el
efecto más extraño, desde el primer momento, tanto así que solía sucumbir a su
más leve roce. Pero no había pensado que seguiría teniendo la misma influencia
sobre ella, no después de todo lo que había pasado entre los dos…
—Gracias —murmuró con clara falta de
cordialidad. ¿Qué esperaba Yong Hwa? Era la última persona de la que quería
recibir ayuda.
—De nada —respondió.
—¿Nos vamos? —dijo Hong Ki con agobio
desde el umbral—Una de las empleadas del hotel ha venido a decirnos que varios
reporteros vienen hacia aquí.
—¡Como en los viejos tiempos! —sonrió Yong
Hwa. Asió la mano de Shin Hye y tiró de ella hacia la puerta.
Sabía exactamente a lo que se refería.
En la cúspide de su popularidad, a menudo habían tenido que huir de periodistas
demasiado entusiastas, a veces con consecuencias hilarantes. Pero la idea de
reanudar su carrera en solitario nacía del deseo de que no se pareciera a los
viejos tiempos. Por eso no quería que la vieran escapar, y menos con Yong Hwa a
la cabeza.
Y tampoco necesitaba que la estuviera llevando
de la mano. Trató de soltarse pero sus dedos se cerraron apenas
perceptiblemente, sólo con la presión suficiente para no dejarla ir.
—Puedo arreglármelas sola, Yong Hwa —le
dijo con los dientes apretados.
Ni siquiera se volvió para mirarla
mientras inspeccionaba el pasillo enmoquetado para asegurarse de que todavía
podían huir sin ser molestados. Luego, los guió hacia la entrada lateral del
hotel.
—Estoy seguro —repuso—Lo que pasa es
que me gusta agarrarte de la mano —anunció con toda su vieja arrogancia.
Eso hizo que Shin Hye quisiera tratar
de soltársela más aún, pero para entonces ya habían llegado a la salida de
incendios. Salieron al exterior y el frío aire otoñal hizo que Shin Hye deseara
no haber guardado la chaqueta en la maleta.
—Dentro del coche entraremos en calor
—la tranquilizó Yong Hwa con suavidad.
Shin Hye lo miró con el ceño fruncido.
¿Cómo había adivinado que tenía frío?
Yong Hwa caminó con aire decidido
hacia el Range Rover de color negro. Le soltó la mano —¡por fin!— para quitar
el cierre de las puertas.
Shin Hye se apartó agradecida, aunque
todavía podía sentir la huella de su carne sobre la suya, y se entrelazó las
manos tratando de cortar el hormigueo que sentía.
—Tú vas atrás, Hong Ki —le dijo
sucintamente al joven mientras guardaban las dos maletas y la guitarra de Shin
Hye en el portamaletas del coche.
—No- dijo Shin Hye inmediatamente
—No quiero que vayas apretada en el
asiento de atrás — dijo Yong Hwa, rodeando el vehículo para entrar por la
puerta del conductor.
Shin Hye dudaba que ni siquiera Yong
Hwa, con toda su altura, se sintiera apretado en el asiento de atrás del Range
Rover. Parecía estar diseñado para el lujo y el confort, tenía los cristales
ahumados y los asientos de cuero de color beige. Yong Hwa se inclinó para abrir
desde dentro la puerta del asiento próximo al suyo, y la miró con expectación.
Pero Shin Hye se negaba a permitir que
Yong Hwa se saliera con la suya en todo momento. Siempre lo había hecho en el
pasado y Shin Hye había jurado que, si se volvían a encontrar alguna vez,
aprendería que ella era un individuo con ideas propias.
—Ve delante, Hong Ki —le dijo con
determinación, y rodeó el coche para subirse al asiento de atrás, manteniendo
la mirada al frente al sentir que Yong Hwa se volvía para escrutarla con
expresión divertida.
—¡Siempre has sido la mujer más
testaruda que conozco! —murmuró cuando se volvió hacia el frente para poner en
marcha el motor.
—Bueno es saber que hay cosas que no
cambian —replicó Shin Hye con ironía.
Yong Hwa se paró y se volvió otra vez
para mirarla.
—La verdad es que sí —dijo finalmente
con voz ronca.
Shin Hye tragó saliva y deseó huir de
allí y de Yong Hwa lo antes posible. Lo último que quería era tiempo para
pensar qué quería haber dicho con su comentario final.
—¿Podemos irnos, Yong Hwa? —intervino Hong
Ki con impaciencia—. ¿O pretendes quedarte aquí hasta que los periodistas nos
encuentren?
Yong Hwa ni siquiera se molestó en
responder y arrancó para alejarse del hotel. Desde el asiento de atrás, Shin
Hye tuvo ocasión de observarlo sin que se diera cuenta. Los últimos años no lo
habían tratado bien? Se preguntaba. A
pesar de lo guapo que es, tenia una expresión cansada lo que hacia que pareciera
que tuebiera mas de 27 años, su aspecto era diferente.
Tal vez la vida de soltero no había
sido tan buena como esperaba. Shin Hye había evitado saber de él durante
aquellos años, y no había querido enfrentarse con la posibilidad de que tuviera
una relación seria. Sue Min no había durado mucho, eso lo sabía, pero sin duda
había habido una sucesión de mujeres desde que Sue Min saliera de su vida. Yong
Hwa no podía estar sin compañía femenina durante mucho tiempo.
Apartó la mirada bruscamente. No le
interesaba saber con quién había compartido Yong Hwa su vida íntima. Era una
locura, una auténtica locura. Aquel hombre casi le había destrozado la vida en
una ocasión… ¡no iba a permitirle que lo intentara una segunda vez!
—¿A dónde vamos exactamente? —dijo con
una voz más áspera de lo que hubiera querido, pero sus pensamientos la llenaban
de impaciencia y tensión.
—Estoy alojado en la casa de alguien
que conozco —contestó Yong Hwa, encogiéndose de hombros sin apartar la vista de
la carretera—. Pensé que podíamos ir allí hasta que decidamos qué hacer.
¿Una amiga? La pregunta surgió
espontáneamente en su cabeza.
—Estoy segura de que Hong Ki y yo no
tenemos deseos de presentarnos allí sin ser invitados —respondió en seguida—Así
que…
—He dicho que estaba en la casa de
alguien que conozco —la interrumpió Yong Hwa con ironía—No dije que esa persona
estuviera también allí. Da la casualidad de que Jong Hyun y su familia reciden
en Seul en estos momentos y me ofreció
su casa para mi estadia. No hay ningún problema.
Tal vez no lo hubiese para él, pero Shin
Hye no contemplaba la idea de seguir en su compañía.
—Sólo tenemos que idear la forma de
sacar mi coche del hotel —empezó a decir con firmeza.
—No podrás hacerlo durante algunas
horas —contestó Yong Hwa—Mientras tanto, no nos vendrá mal tomarnos un café. Me
fijé en que apenas habías tocado el desayuno del hotel.
¡Se fijaba en demasiadas cosas para
gusto de Shin Hye!
—¿Shin Hye? —inquirió Hong Ki,
volviendo la cabeza para mirarla con preocupación.
¿Qué debía decir? No podía recuperar
su coche todavía y estaba confundida por lo que había ocurrido la noche
anterior y por la presencia de Yong Hwa.
—Un café estaría bien —aceptó
rígidamente.
—Y el desayuno —añadió Yong Hwa con
firmeza—No parece que hayas estado comiendo mucho —dijo con reprobación
contemplando su rostro en el espejo retrovisor.
Su preocupación por su bienestar
llegaba tarde. Debía haberse preocupado de ella hacía tres años, pero claro,
entonces había estado más ocupado con su carrera y con la mujer que se había
convertido en su nueva compañera de actuación. ¡Shin Hye no necesitaba ya su
interés!
—Tomaré unas tostadas con zumo de
naranja —lo tranquilizó, y sus miradas se cruzaron en el espejo durante unos
instantes llenos de fricción antes de que Yong Hwa tuviera que volver a poner
los ojos en la carretera.
—¿Hong Ki?
—Lo mismo. Si no es mucho problema —añadió
con sarcasmo.
—Para Shin Hye nunca era mucho
problema. Una de mis costumbres favoritas era llevarle el desayuno a la cama —dijo
Yong Hwa en tono suave.
Shin Hye pudo sentir el calor en las
mejillas al oír lo que era una afirmación deliberadamente provocativa. El único
desayuno en la cama que recordaba no incluía comida.
Yong Hwa trataba de sorprender su
mirada en el espejo retrovisor, pero Shin Hye se negó a darle la satisfacción
de hacerle saber que se acordaba perfectamente de aquellos desayunos en la
cama. ¿Cómo iba a olvidarlos? Su relación siempre había sido muy física, y
reaccionaban el uno al otro casi de forma instantánea. Había creído que,
después de todo lo que le había hecho, no podría seguir deseándolo. Pero no
podía negar el hormigueo que había sentido en la mano y en el brazo después de
que la tocara. ¡Ojalá pudiera!
Creyó que el día más feliz de su vida
había sido el de su boda con Yong Hwa y había imaginado que pasarían el resto
de su vida juntos. Tal vez ya no existía tal cosa como toda una vida de amor…
aunque sus padres parecían haberla encontrado. Seguían juntos después de veintisiete
años de matrimonio y muy felices, de
ello estaba segura. Quizás sólo se trataba de que había elegido a alguien como Yong
Hwa, un hombre demasiado atractivo para su propio bien… y el de cualquier
mujer.
—Ya hemos llegado —dijo Yong Hwa, y
entró en lo que parecía un largo camino de acceso a la casa, que ni siquiera
estaba aún a la vista.
—A tu amigo le gusta la privacidad —comentó
Shin Hye con ironía después de recorrer ochocientos metros, cuando acababan de
divisar la casa. Era una impresionante mansión con enredaderas de hiedra sobre
sus ladrillos rojos, y los extensos jardines que la rodeaban se mantenían en un
estado inmaculado.
—En realidad, es a su mujer a la que
le gusta la privacidad —contestó Yong Hwa, mientras aparcaba el coche en la
explanada de grava que había delante de la casa—Es Bae Suzi , la actriz.
Shin Hye la había visto en muchos
programas televisivos. Era una actriz de gran belleza y se había forjado un
nombre en las películas del momento, incluso la habían nominado a mejor actriz en
los premios BaekSang por su último papel. Alta y de pelo negro, de casi veitiseis
años y con una figura por la que la mayoría de las mujeres matarían con tal de
conseguirla, aquella parecía una ubicación extraña para su hogar.
—Jong Hyun y Suzi tienen gemelos de un
año y prefieren mantenerlos apartados de las cámaras —explicó Yong Hwa al abrir
la puerta principal.
Ya era difícil imaginar a la actriz
como una madre, con su aspecto exquisito y su cuerpo perfectamente
proporcionado, pero que hubiera tenido gemelos… ¿Cómo conseguía combinar un
matrimonio y dos hijos con una carrera de tal magnitud?
—¿Hablas de Jong Hyun tu…? .
—Es mi agente, sí —dijo Yong Hwa,
mirándolo con los ojos entornados.
Aquello era una novedad. Yong Hwa
nunca había querido tener un agente. Sin embargo, se había convertido en una
gran estrella y su carrera lo obligaba a viajar por todo el mundo. Tal vez le
resultase más fácil organizar una agenda así con la ayuda de un agente.
—Y el de Suzi me imagino—añadió Hong
Ki con dureza.
Yong Hwa volvió a mirarlo.
—¿Qué problema hay?
—Ninguno en lo que a mí respecta —contestó
Hong Ki, zanjando la cuestión.
Unos ojos grises chocaron con otros
durante largos segundos, y Shin Hye pudo sentir la tensión que había entre los
dos hombres. No entendió por qué, pero la sentía. ¿Qué diablos ocurría?
—Es una casa preciosa —dijo Shin Hye
por decir algo, aunque era cierto que era preciosa. La habían amueblado como un
hogar más que como una pieza de exposición.
—Sí —admitió Yong Hwa sin interés
mientras los guiaba hacia la espaciosa cocina en la parte de atrás de la casa.
Los paneles y armarios de roble estaban escogidos pensando en la antigüedad de
la casa y la combinación de blanco y amarillo animaba la estancia
considerablemente—Pónganse cómodos —los
invitó señalando las sillas que rodeaban la mesa de roble—Prepararé el café.
Shin Hye se sentó con alivio. ¡Aquélla
era una situación extrañísima! Allí estaba ella, sentada bastante amistosamente
tomando el café que Yong Hwa acababa de preparar, y posiblemente el desayuno,
con el hombre que había destrozado su vida por completo hacía tres años. Sólo
los coreanos podían ser así de civilizados.
Pero por muy civilizado que fuese,
aquel hombre la había traicionado y herido antes de abandonarla. Nunca debía
olvidar aquello. ¡Nunca!
—A ver qué tenemos aquí —dijo Yong Hwa,
inspeccionando la nevera—Zumo de naranja recién exprimido para la señorita —dijo
sacando una jarra del frío líquido—Exprimido con mis propias manos esta misma
mañana —le dijo poniéndola sobre la mesa—. Y pancakes —anunció sacándolos de una platillo.—¿Que también has
hecho con tus propias manos esta mañana? —se burló Hong Ki.
—No, pero fui a por ellos a comprarlos
—respondió Yong Hwa con sequedad, mirándolo fríamente—Estaban recién hechos—saco
la miel de la nevera mientras calentaba ligeramente los pancakes en el microondas—Como le gustan a Shin Hye —añadió con voz
ronca—Espero que a ti también te gusten, Hong Ki.
Su tono dio la impresión de que
realmente le importaba un comino si a su primo le gustaban o no. ¡No había otra
cosa para desayunar! Porque tenia que ser lo que a Shin Hye le gustaba…
Zumo de naranja con pancakes calientes y miel, su desayuno
favorito. Y Yong Hwa tenía todos los ingredientes. Casi como si hubiera sabido
que Hong Ki y ella iban a desayunar con él…
Había visto a los periodistas, se
habría dado cuenta de lo agobiante que sería su persecución, pero no podía
haber sabido que Hong Ki y ella desayunarían con él, ¿verdad?
Era Yong Hwa. Y el hecho de que
estuviera tan preparado para su llegada demostraba que había querido que
estuvieran allí, desayunando con él. ¿Y su presencia allí no era la prueba,
después de todo?
Shin Hye perdió el apetito de repente
y dejó lentamente el pancakes que estaba untando de miel en el plato.
—Quisiera ir al cuarto de baño —dijo
rígidamente, sintiendo la necesidad de tomar un respiro de aquella tensión.
—Sigue el pasillo, gira a la derecha y…
Te llevaré —decidió Yong Hwa enérgicamente, dejando la taza de café intacta
sobre la mesa.
Estar a solas con Yong Hwa era lo
último que quería, en aquellos momentos o en el futuro, pero había declarado su
intención de ir al baño y parecería una cobardía cambiar de idea sólo porque Yong
Hwa se había ofrecido a guiarla personalmente.
—Gracias —aceptó con brusquedad, y le
lanzó a Hong Ki una mirada de resignación.
Hong Ki le brindó una sonrisa
tranquilizadora antes de que saliera de la cocina detrás de Yong Hwa. ¿Qué más
podía hacer sino aceptar la situación? Después, cuando salieran de allí y
recuperara su vehículo, todo sería muy distinto.
—No tengas tanta aprensión —comentó
irónicamente Yong Hwa volviéndose para mirarla—No pretendo violarte en el cuarto de baño… por muy confortable que sea.
Un rubor intenso coloreó las mejillas
de Shin Hye cuando su provocativo comentario despertó en ella fugaces
pensamientos... ¿Qué estaba haciendo?
—Gracias —murmuró al entrar en la
estancia, deseando que se fuera. Pero parecía poco inclinado a hacerlo, ya que
por fin había conseguido estar a solas con ella.
—¿Gracias por qué? ¿Por no violarte o
por enseñarte dónde está el cuarto de baño? —inquirió frunciendo las cejas con
expresión burlona.
—Lo segundo, por supuesto —le espetó
con irritación—Quiero decir, ¡las dos cosas! —se corrigió con impaciencia al
ver su sonrisa y comprender exactamente lo que había dicho.
—Decídete, Shin Hye —le dijo en tono
suave e indulgente—Seguramente, Hong Ki no vendrá a buscarnos hasta dentro de
un rato…
Se estaba comportando de forma
ridícula y lo sabía, pero disfrutaba atormentarla.
—Ya decidí sobre ti hace mucho tiempo,
Yong Hwa —le espetó Shin Hye con acidez—Búscate a otra, conmigo pierdes el
tiempo.
Y le cerró la puerta en las narices. Hecho
llave con firmeza y respiró pesadamente mientras esperaba oír sus pasos
alejándose por el pasillo.
Tardó en oírlos, pero finalmente se
alejó hacia la cocina, y Shin Hye volvió a respirar libremente. ¡Qué pesadilla
habían sido aquellos últimos días! Cuanto antes se fueran de allí, mejor. Así
todo volvería a la normalidad.
Se tomó su tiempo para refrescarse. Se
retocó el brillo de labios, el colorete y se cepilló su larga melena. La blusa
azul oscura que llevaba hacía resaltar su tez blanca y sus jeans ajustados
resaltaban la esbeltez de sus caderas. No tenía aspecto de estar atravesando
una de las experiencias más traumáticas de su vida: estar tan cerca del hombre
que había amado con locura en el pasado. Cosa que agradecía, porque no quería
que Yong Hwa se diera cuenta del efecto que estaba causando en ella. ¿Acaso no
le encantaría saber los estragos que estaba haciendo en su ánimo tenso?
Encontró el camino de regreso a la
cocina sin dificultad, sobre todo porque no tuvo más que seguir el sonido de
voces masculinas enzarzadas en una discusión. Después de que Shin Hye rompiera
con Yong Hwa, Hong Ki y él nunca habían sido amigos, pero se habían comportado
educadamente por pertenecer a la misma familia. Pero ya no. Las voces se
elevaban cada vez más a medida que Shin Hye se acercaba a la cocina.
—No tienes ni idea de lo que dices, Hong
Ki —estaba diciendo Yong Hwa fríamente.
—Todos, excepto Shin Hye por lo que
parece, lo saben —replicó Hong Ki con sorna—Lo tuyo con Suzi.
Shin Hye se pegó a la pared del
pasillo y su rostro empalideció. ¿Qué pasaba…?
—Han corrido serios rumores sobre ustedes
dos durante los últimos dos años —continuó Hong Ki con desprecio—. Y mira dónde estás, alojándote en casa de Suzi .
—También es la casa de Jong Hyun —señaló
Yong Hwa con voz gélida—Y no invitaría a un hombre que creyera ser el amante de
su mujer.
—Es de todos sabido que Jong Hyun está
tan extasiado con su mujer que le daría cualquier cosa que pidiese.
—¿Incluido tener amistad con el amante
de su mujer? —se burló Yong Hwa con aspereza—Lo que dices es basura, Hong Ki, y
lo sabes.
—¿Lo sé? —le retó el joven.
—La verdad es que me importa un bledo
si lo sabes o no —declaró Yong Hwa dejando a un lado el tema—Pero te lo
advierto, no le cuentes esos rumores a Shin Hye- termino diciendo.
woaaaa esta cada vez mejor
ResponderEliminaraigoo!! Esto se puso bueno, YH es tan... Aish, no se como aguanta SHye... Pfff... De verdad quisiera creerle a YH sobre Suzy, pero no puedo.... U.u, continua pporfis :D
ResponderEliminarNOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! Justo en lo mas interesante! D: dasdasdsadds SUBE EL OTRO ;; Please Esta super bueno. Fighiting! <3
ResponderEliminaresta muy bueno, mmmm luego de leer cada capitulo llego a odiar a YH grgrggrgr
ResponderEliminartodos los dias reviso para saber si subieron un cap. nuevo, esperando con muxas ansias el proximo cap. subanlo pronto porfis...
Aishhh...aunq trato de no pensar asi creo q Yong es un .......mejor ni lo digo,...Primero la abandona en el peor momento de su vida,se va sin decir nada,regresa y le causa de nuevo problemas...y ahora esto??? Rumores sobre el y Suzy..la mujer de su agente?..Y ademas vive en la casa de ellos...Woaa realmente no se q pensar...que le pasa??? Si sigue asi se va a convertir en el malo de la historia....y no quierooooo....Es muy interesante unnie...me gusta mucho....
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